INSTRUCCIÓN RELIGIOSA

 

 

 

EL CRISTIANISMO

SUS DOGMAS, ORACIONES,

MANDAMIENTOS Y SACRAMENTOS

 

Con arreglo al nuevo Derecho Canónico.

 

Hay al fin un breve devocionario para oír la

Santa Misa, Confesar y Comulgar, Rosario,

Vía crucis, etc.

 

Es el libro ideal para instruirse fácilmente,

Pronto y bien en las cosas de Religión.

 

 

La instrucción religiosa es la luz del alma.

Cuanto el alma vale más que el cuerpo, tanto

más  vale la luz espiritual que la material.

Procuremos todos poseer luz tan preciosa

y difundirla por todas partes, para disipar

las tinieblas espirituales en que están sumidos

tantos hermanos nuestros.

____

 

Octava Edición

 

La Octava edición del libro “INSTRUCCIÓN RELIGIOSA” contiene 384 páginas.

Los ejemplares de las siete ediciones anteriores, en su conjunto, han sido 272,000.

Las más altas personalidades han hecho de este libro los mejores elogios y lo recomiendan encarecidamente.

¡Ojalá hubiera un ejemplar en todos los hogares!

El difundirlo es una obra de propaganda católica, muy agradable a Dios y provechosa para las almas.

Es uno de los mejores regalos que se pueden hacer.

 

_____

 

 

Buenos Aires, 31 Agosto 1931.

 

 

Antonio Rocca

Vic. Gen.

 

PROLOGO

 

 

 

 

 

            La religión cristiana está extendida por todo el mundo y a ella debemos nuestra civilización.

            Saber, pues, lo que es dicha religión es asunto que interesa a todos los hombres; pero los cristianos especialmente deben conocerla bien y tener de ella ideas muy claras.

            Quien ignora la religión que profesa tiene justo motivo de confusión.

            En los tiempos actuales no basta enunciar simplemente las verdades de la santa religión, sino que es necesario dar razones que satisfagan a la inteligencia.

            El catecismo es muy lacónico y necesita explicaciones que muchas veces no se pueden obtener, o por falta de tiempo, o de persona competente.

            Hay libros catequísticos con muy buenas explicaciones, pero son extensos y caros; por consiguiente, no están al alcance de la mayoría.

            Este librito explica en forma clara, breve y con razones sólidas, acomodadas a la inteligencia de todos, los dogmas, oraciones, mandamientos y sacramentos de la religión cristiana.

            Quien lo lea atentamente, conseguirá un conocimiento claro de la religión; sabrá cuál debe ser su conducta, como cristiano verdadero, en los diferentes casos de la vida, y encontrará un auxilio excelente para prepararse a la digna recepción de los santos sacramentos.

            Esta “Instrucción Religiosa” se publicó en una revista semanal, y muchos lectores pidieron la colección de los artículos, por haberlos encontrado muy interesantes.

            Teniendo en cuenta este pedido, que constituye un juicio favorable de la opinión pública, se resolvió la edición del presente libro, con la persuasión de que ha de ser para mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

 

 

 

 

 

                                                                                                      El autor

GALO MORET Pbro. S.

 

 

 

 

 

NOTA. – Lo más importante sobre lo cual el lector debe fijar la atención está en   

                letra negrita.

 

 

 

 

JUICIOS QUE HA MERECIDO ESTE LIBRO

 

 

† Juan Cardenal Cagliero:

   “Aportará grandes y óptimos frutos al pueblo cristiano”.

 

† Mariano Antonio, Arzobispo de Buenos Aires:

“Por el asunto que trata y por la manera de tratarlo, es de tanta importancia, que no debiera faltar en ningún hogar cristiano”.

 

† Francisco Alberti, Obispo de La Plata:

   “Contiene la doctrina de N. S. Jesucristo explicada en la forma más breve, sencilla y completa que se puede desear.  Se comprende entonces fácilmente por qué los Reverendísimos Prelados recomiendan a todo cristiano que procure poseer dicho libro, leerlo atentamente y hacer de él la mayor propaganda posible.

   El que lo propague, contribuirá a que la celestial doctrina del Divino Maestro sea conocida y practicada; así hará obra de apóstol, sumamente meritoria y agradable a la Divina Majestad.

   ¿Para qué sirve escribir un libro bueno si no es leído?  Los que procuran que los libros buenos sean leídos, participan del mérito del que los ha escrito”.

 

† Luis María, Obispo de Corrientes:

   “En verdad se puede afirmar que “el que lo lea atentamente conseguirá un conocimiento claro de la religión, a pesar de su brevedad, lo que lo hace más aceptable y legible y avalora su mérito.

   ¡Ojalá que llegase a manos de todos, y lo leyesen siquiera una sola vez!”

 

Francisco Reverter, Párroco de S. Cristóbal:

   “Parece increíble el caudal enorme de conocimientos que Ud. Ha encerrado en estas 300 paginitas.  Hacen muy laudable la obra la precisión teológica, la claridad al alcance de todos, lo breve de las definiciones y lo completo de los conceptos.  Dentro de cada párrafo palpita la convicción, y hay en todo el libro una unción que atrae al alma; todo esto lo hará de gran provecho para las almas.

   Hacía mucha falta una obra así: es pequeña y completa, se lee con agrado y pronto, instruye perfectamente en toda la doctrina y moral cristianas; para ciertos casos, sobre todo cuando hay que instruir a personas mayores, es obra inapreciable.  No había nada escrito con tanta adaptación a este fin.

   “Gócese su corazón de sacerdote en el bien que con la gracia de Dios va a producir su obrita tan grande por su importancia: la recomendaré con calor y entusiasmo en todas partes”.

 

Segismundo Masferrer, S. J.

   Utilísimo librito que considero digno de estar en manos de todo cristiano y de no faltar en ningún hogar”.

 

 

   Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Córdoba (Mayo 1924).

   No conocemos otra obra que con más propiedad merezca este nombre, pues ningún otro, ni con más claridad, ni con mayor brevedad, da a conocer qué es el Cristianismo, cuáles son sus Dogmas, sus Oraciones, sus Mandamientos y Sacramentos.

   Quien atentamente leyere este libro, fácilmente aprenderá cuáles deben ser las creencias y cuál la conducta de un verdadero cristiano, y se librará de muchas dudas y errores.

   La doble cualidad de ser claro y completo en su género lo hacen igualmente recomendable al ignorante y al instruido.  A uno y a otro aprovechará no poco su lectura.  Por esto resulta el libro ideal, que no debiera faltar en ningún hogar cristiano.

   Es el mejor obsequio que puede hacerse a un amigo, y su módico precio, a pesar de su hermosa encuadernación, habilita para hacer por este librito una eficaz propaganda religiosa.

 

Delegación Apostólica de Méjico, 9 de octubre 1930:

   Muy sinceramente agradezco a Ud. El envío del libro “Instrucción Religiosa”, encontrándolo de suma utilidad y provecho para el bien de las almas, primorosamente escrito y que, a no dudarlo, producirá abundantes frutos.  En vista de lo anterior, me es muy grato suplicarle se sirva enviarme 500 ejemplares.

   10 enero 1931: En vista del agrado y unánime aceptación que ha tenido su librito, desea el Excmo. Señor Delegado (Mons. Leopoldo Ruiz) se le haga un nuevo envío de 500 ejemplares.

                                                                                        José Anaya, Secretario.

 

 

Excmo. Mons. Luis Durou, Arzobispo de Guatemala, 6 febrero 1931:

   Tuve el gusto de recibir 15 paquetes certificados.  Le puedo decir que su librito ha gustado muchísimo a todo el mundo, y le suplico me mande dos mil; y también algunos de sus otros folletos: Libro de la Familia Cristiana, 100 en tela y cinco en cuero, El Santo Sacrificio de la Misa, 500; La Suprema Felicidad al alcance de todos, 500; Devoción a las Benditas Animas, 500; La Comunión frecuente, 1,000; La Cuestión más importante para todos,1,000; Matrimonio – Escuela – Estudio de la Religión, 1,000; Breve Instrucción Catequística, 500 y Modestia Cristiana, 1,000.

 

 

Excmo. Mons. E. Pérez Serantes, Obispo de Camagüey (Cuba), 25 noviembre, 1930.

   Le envío el adjunto cheque, rogándole me envíe 3,000 ejemplares de la preciosa obrita “Instrucción Religiosa”, que deseo difundir en mis misiones.

 

 

 

INSTRUCCIÓN RELIGIOSA.. 1

EL CRISTIANISMO.. 1

Con arreglo al nuevo Derecho Canónico. 1

Hay al fin un breve devocionario para oír la. 1

La instrucción religiosa es la luz del alma. 1

Octava Edición. 1

Buenos Aires, 31 Agosto 1931. 1

Antonio Rocca. 1

PROLOGO.. 1

El autor 2

NOTA. – Lo más importante sobre lo cual el lector debe fijar la atención está en. 2

JUICIOS QUE HA MERECIDO ESTE LIBRO.. 2

Francisco Reverter, Párroco de S. Cristóbal: 3

Segismundo Masferrer, S. J. 3

Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Córdoba (Mayo 1924). 3

Excmo. Mons. Luis Durou, Arzobispo de Guatemala, 6 febrero 1931: 4

Excmo. Mons. E. Pérez Serantes, Obispo de Camagüey (Cuba), 25 noviembre, 1930. 4

NOCIONES GENERALES. 19

Para qué estamos en la tierra. 19

Estamos en la tierra para servir a Dios y ganar el cielo; para nada mas. 19

Por consiguiente, en esto debemos poner todo nuestro empeño y diligencia. 19

A Dios se le sirve guardando sus mandamientos. 19

La religión verdadera nos enseña cuáles son estos divinos mandamientos. 19

Religión. 19

Indiferencia religiosa. 20

No son buenas. 20

Dogmas, preceptos y. 21

La religión cristiana es. 21

La religión cristiana es obligatoria. 22

La Biblia y la. 22

Tradición divina. 22

El nombre de cristiano. 22

Somos cristianos por la gracia de Dios. 22

Doctrina cristiana. 23

Para ser cristiano verdadero es necesario conocer y practicar la doctrina cristiana. 23

La señal del cristiano. 23

Unidad de Dios quiere decir que hay un solo Dios. 23

Trinidad de Dios quiere decir que en Dios hay tres personas realmente distintas. 23

Por la – señal † de la Santa – Cruz. 24

Partes principales de. 24

PRIMERA PARTE.. 25

LO QUE SE HA DE CREER.. 25

La fe. 25

Fe es creer lo que Dios ha revelado y la Santa Iglesia nos enseña. 25

EL CREDO.. 26

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Criador del cielo y de la tierra. 26

Y en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor. 26

Padeció debajo del Poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado. 26

Descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos. 26

Subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso. 26

Desde allí ha de venir a juzgar a los vivo y a los muertos. 26

Creo en el Espíritu Santo. 26

La Santa Iglesia Católica: la comunión de los Santos. 26

El perdón  de los pecados. 26

La resurrección de la carne. 26

La vida perdurable.   Amén. 26

ARTÍCULO I. 26

CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO, 26

Dios. 26

Pruebas de la existencia. 26

Unidad de Dios. 27

Hay un solo Dios. 27

Dios está en todo lugar: 28

Trinidad de Dios. 28

En Dios hay tres Personas realmente distintas. 28

Se llaman: El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. 28

El Padre es Dios. 28

El Hijo es Dios. 28

El Espíritu Santo es Dios. 28

Las tres Personas Divinas son el verdadero Dios. 28

Tres personas realmente distintas quiere decir que una persona no es la otra. 28

La Creación. 29

Los Ángeles. 29

En el cielo Dios creó a los Ángeles y los dotó de dones inefables. 29

Los Ángeles son espíritus puros; no tienen cuerpo. 29

Una tercera parte de los Ángeles acompañó a Luzbel en su rebelión. 29

Satanás y los demás Ángeles rebeldes fueron arrojados al infierno. 29

Llamamos demonios a los Ángeles rebeldes. 29

Todos tenemos un Ángel Custodio, que nos acompaña y guarda continuamente. 30

El hombre. 30

El alma es un espíritu inmortal. 30

El primer hombre se llamó Adán. 30

La primera mujer se llamó Eva. 30

Todos los hombres descendemos de Adán y Eva. 30

Pecado de Adán y Eva. 31

ARTÍCULO II. 31

El Redentor. 31

Ventajas de la Redención. 32

Nuestro Señor Jesucristo. 32

De las tres Personas Divinas se hizo hombre la segunda, que es el Hijo. 32

Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre. 32

Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. 33

Jesucristo tiene una sola Persona que es divina. 33

No tiene persona humana. 33

Jesús tiene dos naturalezas, divina y humana. 33

ARTÍCULO III. 33

La madre de N. S. Jesucristo fue María, la que permaneció virgen perpetuamente. 34

El Hijo de Dios se hizo hombre para redimirnos y darnos ejemplo de vida. 34

Jesús nos redimió muriendo en la Cruz. 34

Darnos ejemplo de vida quiere decir enseñarnos el camino del cielo. 34

Nos enseñó el camino del cielo con palabras y con obras. 34

Jesús vivió sobre la tierra treinta y tres años. 34

Los treinta primeros los pasó en su casa. 34

Al tener edad de trabajar, se ocupó en el humilde oficio de carpintero. 34

Jesús pasó los tres últimos años de su vida predicando el Santo Evangelio. 34

ARTÍCULO IV.. 34

PADECIÓ DEBAJO DEL PODER DE PONCIO PILATO, 34

Jesús murió en la Cruz para salvarnos. 35

La causa del pecado es el amor desordenado a los honores, riquezas y placeres. 35

ARTÍCULO V.. 35

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS, AL TERCER DÍA.. 35

ARTÍCULO VI. 36

SUBIÓ A LOS CIELOS Y ESTA SENTADO A LA.. 36

Jesús subió a los cielos cuarenta días después de su resurrección. 36

Jesús como Dios, está en todas partes. 36

Como hombre, está solamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. 36

ARTÍCULO VII. 36

DESDE ALLI HA DE VENIR A JUZGAR A LOS. 36

Jesucristo volverá del cielo visiblemente al fin del mundo. 36

Vendrá a juzgar a todos los hombres. 36

La palabra vivos significa los buenos; y la palabra muertos, los malos. 36

Los Novísimos. 36

Los Novísimos o Postrimerías del hombre son: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria. 36

La muerte. 36

El juicio. 37

Todos los hombres hemos de ser juzgados dos veces: 37

La primera en la hora de la muerte; la segunda al fin del mundo. 37

El cielo. 37

Va al cielo el que muere en gracia de Dios y no tiene deuda alguna de pena. 37

Los buenos estarán eternamente en el cielo. 37

El purgatorio. 38

Va al purgatorio el que muere en gracia de Dios y tiene alguna deuda de pena. 38

Esta deuda de pena puede ser: 38

El purgatorio es un lugar de expiación temporal. 38

Los sufragios. 38

Limbo de los niños. 39

Va al limbo de los niños el que muere con el solo pecado original. 39

El infierno. 39

Va al infierno el que muere con el pecado mortal. 39

El infierno es el lugar en donde se padecen penas eternas. 39

Basta un solo pecado mortal para merecer el infierno. 39

El fin del mundo. 41

Resurrección. 41

Al fin  del mundo todos hemos de resucitar. 41

Todos, buenos y malos, tendremos el mismo cuerpo que tenemos ahora. 41

El cuerpo de los buenos resucitará hermosísimo;  el de los malos feísimo. 41

Juicio universal. 42

ARTÍCULO VIII. 42

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad. 42

ARTICULO IX.. 43

LA SANTA IGLESIA CATÓLICA.. 43

La Iglesia Católica. 44

La Iglesia Católica es la sociedad de los fieles cuya cabeza es el Papa. 44

No pertenecen a la Iglesia Católica: 44

La verdadera Iglesia. 44

La verdadera Iglesia militante de Jesucristo es la Iglesia Católica. 44

Los milagros. 45

El Papa. 45

Legítimos Pastores. 45

La Iglesia docente. 46

El cuerpo y alma. 46

Importancia del noveno. 47

La comunión de los Santos. 47

Tesoro de la Iglesia. 47

Mérito de las obras buenas. 47

Las verdaderas riquezas son las obras buenas hechas en gracia de Dios. 48

La magnitud del galardón debe excitarnos a practicar muchas buenas obras. 48

ARTÍCULO X.. 49

EL PERDÓN DE LOS PECADOS. 49

ARTÍCULO XI. 49

LA RESURRECIÓN DE LA CARNE. 49

ARTÍCULO XII. 49

LA VIDA PERDURABLE. 49

SEGUNDA PARTE.. 50

LO QUE SE HA DE ORAR.. 50

La Esperanza. 50

La Oración. 50

El Padre Nuestro. 51

Ave María. 52

El Gloria. 53

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 53

Como era en el principio, y ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.   Amén. 53

Gloria Patri, et Fílio, et Spíritu Sancto. 53

Sícut erat in princípio, et nunc, et semper, et in saécula saeculórum.  Amén. 53

Devoción a la Santísima Virgen. 53

Después de Jesús, debemos profesar a María Santísima el mayor amor. 53

MOTIVOS DE LA DEVOCIÓN A MARÍA SANTÍSIMA. 53

Para ser verdadero devoto de María se debe procurar: 53

Culto a los Santos. 54

TERCERA PARTE.. 55

LO QUE SE HA DE OBRAR.. 55

DOCTRINA DE LA CARIDAD.. 55

La caridad. 55

El amor de Dios. 56

El amor al prójimo. 56

Hemos de amar al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. 56

Nuestro prójimo o semejante, es todo el que está o puede ir al cielo. 56

Los dos mandamientos. 57

Los diez mandamientos de la. 57

Yo soy el Señor Dios tuyo: 57

El primero: No tendrás otro Dios más que a Mí. 57

El segundo: No tomar el nombre de Dios en vano. 57

El tercero: Acuérdate de santificar las fiestas. 57

El cuarto: Honra al padre y a la madre. 57

El quinto: No matar. 57

El sexto: No fornicar. 57

El séptimo: No hurtar. 57

El octavo: No levantar falso testimonio. 57

El noveno: No desear la mujer de tu prójimo. 57

El décimo: No codiciar los bienes ajenos. 57

El pecado. 58

Pecado es faltar a la ley de Dios. 58

Se borra con el santo bautismo. 58

Materia grave significa cosa de importancia. 58

El pecado mortal se perdona de dos maneras: 58

El pecado venial se perdona arrepintiéndose de haberlo cometido. 59

EL PECADO ES EL MAYOR DE TODOS LOS MALES. 59

Debemos temer todo pecado como el mayor de todos los males. 59

MALICIA DEL PECADO MORTAL.. 59

CONSECUENCIAS DEL PECADO MORTAL. 60

CONSECUENCIAS DEL PECADO VENIAL. 60

Debemos evitar también los pecados veniales, porque: 60

MEDIOS PARA EVITAR EL PECADO.. 60

MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS EN PARTICULAR.. 60

Primer mandamiento. 60

El primer mandamiento es: No tendrás otro Dios más que a Mí. 60

LA SUPERSTICIÓN.. 61

LA IRRELIGIOSIDAD.. 62

Segundo mandamiento. 62

El segundo mandamiento es: No tomar el nombre de Dios en vano. 62

Nos manda tener mucho respeto al santo nombre de Dios. 62

LA BLASFEMIA.. 62

JURAMENTO.. 63

Jurar es poner a Dios por testigo. 63

Jurar con mentira es siempre pecado mortal, aún en cosa leve. 63

Jurar sin necesidad es pecado venial. 63

EL VOTO.. 63

Tercer mandamiento. 63

El tercer mandamiento es: Acuérdate de santificar las fiestas. 63

Santifica la fiesta el que oye Misa entera y no trabaja sin necesidad. 63

OIR MISA.. 64

El que en día festivo falta a la Misa sin justa causa, comete pecado mortal. 64

NO TRABAJAR.. 64

El trabajar sin justa causa más de dos horas en día festivo es pecado mortal. 64

Si no pasa de dos horas es pecado venial, por lo regular. 64

Cuarto mandamiento. 64

El cuarto mandamiento es: Honra al padre y a la madre. 64

DEBERES DE LOS HIJOS PARA CON SUS PADRES. 65

Los hijos deben a sus padres: amor, respeto, obediencia y asistencia. 65

DEBERES DE LOS PADRES PARA CON SUS HIJOS. 65

Los padres deben a sus hijos: amor y educación corporal y espiritual. 65

El amor debe ser interno, externo y bien ordenado. 65

EDUCACIÓN CORPORAL. 65

EDUCACIÓN ESPIRITUAL.. 65

CRIADOS Y AMOS. 65

Quinto mandamiento. 66

Prohibe hacer mal a sí mismo o a otro, de hecho, dicho o deseo. 66

Sexto y noveno mandamientos. 67

Prohibe toda acción, mirada y conversación contrarias a la castidad. 67

El noveno mandamiento es: No desear la mujer de tu prójimo. 68

Prohibe los pensamientos y deseos contrarios a la castidad. 68

TRISTES EFECTOS DE LA LUJURIA.. 68

La lujuria: 68

CAUSAS DE LA LUJURIA.. 68

MEDIOS PARA GUARDAR LA CASTIDAD.. 69

Séptimo mandamiento. 69

Prohibe dañar injustamente al prójimo en sus bienes. 69

Modos de dañar injustamente al prójimo en sus bienes: 69

NECESIDAD EXTREMA Y JUSTA COMPENSACIÓN... 70

QUÉ PECADO ES EL HURTO.. 70

RESTITUCIÓN... 71

OBSERVACIONES OPORTUNAS PARA GUARDAR EL 7º MANDAMIENTO.. 71

Octavo mandamiento. 71

Prohibe quitar injustamente la buena fama del prójimo, y la mentira. 71

Nos ordena decir siempre la verdad, pensar y hablar bien del prójimo. 71

DETRACCIÓN O MURMURACIÓN... 71

JUICIOS TEMERARIOS. 72

EL SECRETO.. 72

LA MENTIRA.. 73

RESTRICCIÓN MENTAL.. 73

Décimo mandamiento. 74

El décimo mandamiento es: No codiciar los bienes ajenos. 74

Prohibe todo deseo injusto de los bienes ajenos. 74

OBSERVACIÓN OPORTUNA.. 74

PRECEPTOS DE LA IGLESIA.. 75

El primero, oír Misa entera todos los Domigos y fiestas de guardar. 75

El segundo, ayunar en la Cuaresma, cuatro Témporas y vigilas señaladas. 75

El tercero, confesar a lo menos una vez al año. 75

El cuarto, comulgar a lo menos por Pascua. 75

El quinto, contribuir con limosnas al sostenimiento del culto divino. 75

Primer precepto. 75

El primer precepto es: Oír Misa entera todos los Domingos y fiestas de guardar. 75

Obliga a todo cristiano que tiene uso de razón. 75

DIAS FESTIVOS. 75

Según la ley general de la Iglesia son: 75

Segundo precepto: 75

ABSTINENCIA Y AYUNO.. 76

Por qué los manda la Santa Iglesia. 76

LA ABSTINENCIA.. 76

La ley de la abstinencia manda abstenerse de carne y del caldo de carne. 76

Obliga bajo culpa grave a todos los que han cumplido siete años. 76

Excusan de la abstinencia la enfermedad, la pobreza, u otra dificultad grave. 76

EL AYUNO.. 76

La ley del ayuno prescribe que se haga una sola comida al día. 76

Por la mañana un ligero desayuno, que se llama parvedad. 76

EN LA AMERICA LATINA.. 76

La cantidad de alimento no debe exceder de 60 gramos, sin contar el agua. 77

La cantidad debe ser mucho menor que en la comida ordinaria. 77

Quien no ayuna sin justa causa, comete pecado mortal. 77

DÍAS DE AYUNO Y ABSTINENCIA.. 77

Según la ley general de la Iglesia. 77

Abstinencia con ayuno: 77

DIAS DE AYUNO Y ABSTINENCIA EN LA AMERICA LATINA.. 78

Tercero y cuarto preceptos. 78

Son: Confesar a lo menos una vez al año, y comulgar a lo menos por Pascua. 78

Todo cristiano que ha llegado al uso de razón está obligado a cumplirlo. 78

TIEMPO HABIL PARA CUMPLIR CON EL PRECEPTO PASCUAL.. 78

En América Latina: desde Septuagésima hasta el 29 de Junio. 78

Los que no cumplen con el Precepto Pascual pecan mortalmente. 78

Quinto precepto. 78

El quinto precepto es: Contribuir con limosnas al sostenimiento del culto divino. 78

ACCIÓN CATÓLICA PARA LOS SEGLARES. 79

LOS DEBERES PARTICULARES DEL PROPIO ESTADO.. 79

CUARTA PARTE.. 80

LO QUE SE HA DE RECIBIR.. 80

Los Sacramentos en general. 80

El primero, Bautismo. 81

El segundo, Confirmación. 81

El tercero, Penitencia. 81

El cuarto, Eucaristía o Comunión. 81

El quinto, Extremaunción. 81

El sexto, Orden Sagrado. 81

El séptimo, Matrimonio. 81

La gracia. 81

GRACIA ACTUAL.. 81

GRACIA SANTIFICANTE Y SACRAMENTAL.. 81

Tiene la gracia santificante el que no tiene pecado mortal ni el original. 82

La gracia santificante se pierde cometiendo un pecado mortal. 82

Se recobra obteniendo el perdón del pecado mortal. 82

Sigue el camino del cielo el que vive en gracia de Dios. 82

Sigue el camino del infierno el que vive en pecado mortal. 82

La desgracia más grande es vivir y morir en pecado mortal. 82

Luego, todo nuestro empeño debe ser vivir y morir en gracia de Dios. 82

Conviene mucho comulgar diariamente, o a lo menos una vez por semana. 82

Nunca es demasiado lo que se hace para asegurar la salvación del alma. 82

La salvación del alma es el asunto más importante que tenemos. 82

Sacramentos que imprimen carácter. 82

Primer sacramento: 83

MODO DE BAUTIZAR EN CASO DE NECESIDAD.. 83

“Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. 83

CUANDO DEBEN LOS PADRES HACER BAUTIZAR A SUS HIJOS. 83

Los niños deben llevarse lo más pronto posible a la Iglesia para ser bautizados. 83

LOS PADRINOS. 84

Segundo sacramento: 84

Confirmación o Santo Crisma. 84

La Confirmación nos hace cristianos perfectos y soldados de Jesucristo. 85

MODO DE ADMINISTRAR EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN... 85

Tercer sacramento: 85

Penitencia. 86

NECESIDAD DE LA CONFESIÓN... 86

Hay obligación de confesarse: 86

BIENES DE LA CONFESIÓN... 87

FACILIDAD DE LA CONFESIÓN... 87

COSAS NECESARIAS PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN.. 88

Para hacer una buena confesión son necesarias cinco cosas: 88

Modo de hacer el examen: 88

Dolor de los pecados es un pesar de haber ofendido a Dios. 88

El dolor es de dos maneras: perfecto o de contrición; e imperfecto o de atrición. 88

NECESIDAD DEL DOLOR.. 89

Sin dolor no hay perdón de los pecados. 89

Propósito es la firme voluntad de nunca más pecar y de huir de las ocasiones. 89

QUE PECADOS HAY OBLIGACIÓN DE CONFESAR.. 90

Quien está en gracia de Dios y se confiesa, obtiene aumento de gracia. 91

FALSA VERGÜENZA DE CONFESAR LOS PECADOS. 91

TRES CLASES DE CONCIENCIA.. 92

CONFESION GENERAL.. 92

MODO PRÁCTICO DE CONFESARSE.. 92

OTRO MODO PRÁCTICO DE CONFESARSE MAS BREVE.. 92

Ave, María purísima. – Sin pecado concebida. 93

Hace tanto tiempo que me confesé. 93

LA ABSOLUCIÓN... 93

INDULGENCIAS. 94

La indulgencia es plenaria y parcial. 94

Indulgencia plenaria es el perdón de toda la pena. 94

Indulgencia parcial es el perdón de una parte de la pena. 94

CONDICIONES PARA GANAR LAS INDULGENCIAS. 95

Medios para satisfacer por las penas temporales y ganar muchas indulgencias. 96

Cuarto sacramento: 96

Eucaristía o Comunión. 96

La Eucaristía es Sacramento y Sacrificio. 96

“Este es mi Cuerpo”. “Este es el cáliz de mi Sangre”. 96

La hostia antes de la consagración es pan. 96

INSTITUCIÓN Y EFECTOS DE LA EUCARISTÍA.. 98

Este es mi Cuerpo.   Esta es mi Sangre: Haced esto en memoria mía. 98

DISPOSICIONES NECESARIAS PARA COMULGAR BIEN... 98

Para hacer una buena comunión son necesarias tres cosas: 98

PRIMERA DISPOSICIÓN.. 98

Está en gracia de Dios el que no tiene pecado mortal, ni el original. 98

No es necesario confesarse cada vez que uno comulga. 99

SEGUNDA DISPOSICIÓN.. 99

TERCERA DISPOSICIÓN.. 99

MANERA DE COMULGAR.. 100

Precepto de la Comunión. 100

Ordinariamente es a los siete años. 100

LA COMUNIÓN FRECUENTE Y DIARIA.. 101

PRINCIPALES VENTAJAS DE LA COMUNIÓN FRECUENTE.. 101

Si estás en pecado mortal, confiésate y acércate también a la sagrada comunión. 102

COMUNIÓN ESPIRITUAL. 103

La Comunión espiritual es un deseo de comulgar. 103

Puede hacerse diciendo: Jesús mío, deseo recibiros; venid a mí espiritualmente. 103

VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO.. 103

FINES DE LA SANTA MISA.. 104

FRUTO DE LA SANTA MISA Y OBLIGACIÓN DE OIRLA.. 104

MODO DE OIR LA SANTA MISA.. 105

VARIAS MANERAS DE OIR DEVOTAMENTE LA SANTA MISA.. 105

Quinto sacramento: 105

Extremaunción o Santa Unción. 105

EFECTOS DE LA EXTREMAUNCIÓN... 106

CUÁNDO Y  CON QUÉ DISPOSICIONES SE DEBE RECIBIR.. 106

LLAMAR AL SACERDOTE PARA LOS ENFERMOS. 107

EN PELIGRO DE MUERTE, SI NO SE PUEDE OBTENER UN CONFESOR.. 107

Sexto Sacramento. 107

ORDEN SAGRADO.. 107

Sagrada Jerarquía. 108

OBLIGACIONES GENERALES DE LOS CLÉRIGOS DE.. 108

NECESIDAD DEL SACERDOCIO CRISTIANO.. 109

DIGNIDAD DEL SACERDOCIO Y RESPETO QUE SE LE DEBE.. 109

DISPOSICIONES PARA ABRAZAR EL ESTADO ECLESIÁSTICO.. 110

LAS CEREMONIAS Y OBJETOS SAGRADOS. 110

Séptimo Sacramento. 111

EL MATRIMONIO.. 111

Los novios, al contraer Matrimonio, deben estar en gracia de Dios. 111

CUANDO SE PUEDE CELEBRAR EL MATRIMONIO.. 111

DEBERES DE LOS CASADOS. 112

BENDICIÓN DE LA MADRE.. 112

PROPIEDADES DEL MATRIMONIO.. 113

El divorcio permitido y el 113

IMPEDIMENTOS PARA CONTRAER MATRIMONIO.. 113

IMPEDIMENTOS IMPEDIENTES. 113

IMPEDIMENTOS DIRIMENTES. 114

DISPENSA DE LOS IMPEDIMENTOS. 115

CONCUBINATO.. 116

EL MATRIMONIO CIVIL.. 116

LA ESCUELA.. 117

LA ESCUELA LAICA.. 117

La lengua latina en la Misa. 118

Modo de leer el latín con. 118

Conserva el sonido de t: 119

PARTE QUINTA.. 119

Bienaventuranzas, Etc. 119

Virtudes principales. 120

Las virtudes teologales son tres: Fe, Esperanza y Caridad. 120

Las virtudes cardinales son cuatro: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. 120

Las ocho Bienaventuranzas. 120

Los enemigos del alma. 121

Los enemigos del alma son tres: el demonio, el mundo y la carne. 121

El demonio es el ángel condenado. 121

Se vence con la oración y la humildad. 121

El mundo es la gente mala y perversa. 121

Se vence no haciéndole caso. 122

La carne es nuestro propio cuerpo con sus malas inclinaciones. 122

Se vence con la mortificación. 122

Los siete pecados capitales o mortales. 122

El primero, Soberbia. 122

El segundo, Avaricia. 122

El tercero, Lujuria. 122

El cuarto, Ira. 122

El quinto, Gula. 122

El sexto, Envidia. 122

El séptimo, Pereza. 122

Virtudes contrarias a estos siete pecados. 122

Contra Soberbia, Humildad; 123

Contra Avaricia, Largueza; 123

Contra Lujuria, Castidad; 123

Contra Ira, Paciencia; 123

Contra Gula, Templanza; 123

Contra Envidia, Caridad; 123

Contra Pereza, Diligencia. 123

Obras de misericordia. 123

Las Obras de misericordia son catorce: 123

Siete corporales y siete espirituales: 123

Obras de misericordia corporales: 123

Obras de misericordia espirituales: 123

Los pecados contra el Espíritu Santo son seis: 124

Los pecados que claman al cielo son cuatro: 124

Modestia en el vestir. 124

El fin primario del vestido es guardar la modestia. 124

Modas antihigiénicas. 124

Modas inmorales. 125

Los adornos costosos. 125

Devotos ejercicios que. 125

Cada día. 125

Todos los días quien pueda procure: 125

El trabajo. 126

La comida. 126

Jesús, María, José. 126

Dios mío, os amo de todo corazón, porque vos sois infinitamente bueno. 126

Señor, ayudadme. 126

Señor, hágase vuestra santísima voluntad. 126

Jesús mío, quiero ser todo vuestro. 126

Jesús mío, misericordia. 126

Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y crezca siempre en mí tu amor. 126

Dios mío, yo creo en Vos; espero en Vos; Os amo sobre todas las cosas. 126

Virgen Santísima, Madre de Dios y mía, amparadme, protegedme, defendedme. 126

María, Auxilio de los Cristianos, rogad por nosotros. 126

En las tentaciones. 127

Algunas prácticas piadosas. 127

Bendito y alabado sea en todo momento el Santísimo y Divinísimo Sacramento. 127

Comportamiento en el Templo. 127

Modo de hacer la genuflexión. 128

Lo que conviene practicar. 128

Un consejo de suma importancia. 130

Una buena palabra para todos. 130

A LOS NO CREYENTES. 130

A LOS PECADORES CREYENTES. 131

A LOS JUSTOS. 131

Debemos recordar frecuentemente. 131

BREVE DEVOCIONARIO.. 132

ORACIONES. 132

Por la – señal  de la Santa – Cruz. 132

ACTO DE ADORACIÓN.. 132

EL PADRE NUESTRO.. 132

AVE MARÍA.. 132

GLORIA.. 133

CREDO.. 133

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Criador del cielo y de la tierra. 133

Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. 133

Padeció debajo del poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado. 133

Descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos. 133

Subió a los cielos: está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso. 133

Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. 133

Creo en el Espíritu Santo. 133

La Santa Iglesia Católica: la comunión de los Santos. 133

El perdón de los pecados. 133

La resurrección de la carne. 133

La vida perdurable.   Amén, 133

LA SALVE.. 133

Ruega por nos, Santa Madre de Dios. 133

ORACIÓN AL ÁNGEL CUSTODIO.. 133

LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS SON DIEZ: 133

Yo soy el Señor Dios tuyo: 133

El primero, no tendrás otro Dios más que a Mí. 133

El segundo, no tomar el nombre de Dios en vano. 133

El tercero, acuérdate de santificar las fiestas. 133

El cuarto, honra al padre y a la madre. 133

El quinto, no matar. 133

El sexto, no fornicar. 133

El séptimo, no hurtar. 133

El octavo, no levantar falso testimonio. 133

El noveno, no desear la mujer de tu prójimo. 133

El décimo, no codiciar los bienes ajenos. 133

LOS PRECEPTOS DE LA IGLESIA SON CINCO: 134

El primero, oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar. 134

El tercero, confesar a lo menos una vez al año. 134

El cuarto, comulgar a lo menos por Pascua. 134

El quinto, contribuir con limosnas al sostenimiento del culto divino. 134

LOS SACRAMENTOS SON SIETE: 134

El primero, Bautismo. 134

El segundo, Confirmación o Santo Crisma. 134

El tercero, Penitencia. 134

El cuarto, Eucaristía o Comunión. 134

El quinto, Extremaunción. 134

El sexto, Orden Sagrado. 134

El séptimo, Matrimonio. 134

ACTO DE FE.. 134

ACTO DE ESPERANZA.. 134

ACTO DE CARIDAD.. 134

ACTO DE CONTRICIÓN.. 134

Jesús mío, misericordia. 134

OTRO ACTO DE CONTRICIÓN.. 134

Jesús mío, misericordia. 134

EL ANGELUS O AVEMARIA.. 135

ANGELUS. 135

Señor. 135

Nuestro Señor Jesucristo. 135

Amén. 135

REGINA CŒLI. 136

Aleluya. 136

DE PROFUNDIS. 136

Ellos. 137

YO PECADOR.. 137

El Santo Rosario. 138

MODO PRÁCTICO.. 138

La señal de la Santa Cruz.  Acto de Contrición. 138

MISTERIOS GOZOSOS.   Lunes y Jueves. 138

MISTERIOS DOLOROSOS.   Martes y Viernes. 138

MISTERIOS GLORIOSOS.   Miércoles, sábados y Domingos. 139

Letanías de la Santísima Virgen. 139

El Vía Crucis. 141

Indulgencias del Vía Crucis. 141

Modo de hacer el Vía Crucis en la Iglesia. 142

V ESTACIÓN. – Simón cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz. 142

VII ESTACIÓN. – Jesús cae por segunda vez. 143

IX ESTACIÓN. – Jesús cae por tercera vez. 143

XI ESTACIÓN. – Jesús el clavado en la cruz. 143

XIV ESTACIÓN. – Jesús es colocado en el sepulcro. 143

ORACIONES LITÚRGICAS EN LATÍN.. 144

In nómine Patris, - et Fílii, et Spíritus – Sancti. Amen. 144

CONFESIÓN... 144

ANTES DE LA CONFESIÓN... 144

EXAMEN PARA LA CONFESIÓN.. 145

Mandamientos de la Iglesia. 145

DOLOR O CONTRICIÓN Y PROPÓSITO DE LA ENMIENDA.. 146

REFLEXIONES PARA EXCITAR EL DOLOR.. 146

DESPUÉS DE LA CONFESIÓN.. 146

Padre nuestro, Ave maría, Gloria, Ángel de Dios…... 147

PREPARACIÓN A LA SANTA COMUNIÓN.. 147

ACCIÓN DE GRACIAS. 148

COMUNIÓN REPARADORA.. 149

Anima Christi 149

ORACIÓN A JESÚS CRICIFICADO.. 150

ORACIÓN A JESÚS, REY DEL UNIVERSO.. 150

Enriquecida con indulgencia plenaria. 150

Oración a San José. 150

LA SANTA MISA.. 151

VALOR DE LA SANTA MISA.. 151

DEVOTAS ORACIONES. 152

Principio de la Misa. 152

Confíteor. 152

Kyrie, eléison. 152

Gloria in excélsis. 152

Oración. 153

Epístola. 153

Evangelio. 153

Credo. 153

Ofertorio. 154

Prefacio. 154

Sanctus. 154

Canon de la Santa Misa. 154

Elevación. (1) 155

Continúa el Canon. 155

Pater Noster. 155

Agnus Dei. 156

Comunión. 156

Ultimas Oraciones. 156

Bendición. 156

Último Evangelio. 156

Oraciones. 157

Oremos. 157

Corazón sacratísimo de Jesús.   Tened piedad de nosotros. 157

MODO DE AYUDAR A MISA.. 157

AL "KIRIE, ELEISON". 158

GLORIA.. 158

DESPUÉS DEL. 158

AL FIN DE LOS "OREMUS" SE RESPONDE: 159

M. Amen. 159

ACABADA LA EPISTOLA SE RESPONDE: 159

M. Deo grátias. 159

ANTES DEL EVANGELIO.. 159

ACABADO EL EVANGELIO SE RESPONDE: 159

M. Laus tibi, Christe. 159

CREDO.. 159

AL "ORATE FRATES". 159

AL PREFACIO.. 159

SANCTUS. 159

ANTES DEL "PATER NOSTER". 160

A LA FRACCIÓN DE LA HOSTIA.. 160

DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.. 160

AL FIN DE LOS "OREMUS" SE RESPONDE: 160

EN LAS MISAS DE DIFUNTOS SE DICE: 160

A LA BENDICIÓN.. 160

AL ÚLTIMO EVANGELIO.. 160

ACABADO EL EVANGELIO SE RESPONDE: 160

M. Deo grátias. 161

CÁNTICOS SAGRADOS. 161

Al Corazón de Jesús. 161

Venid cristianos, - Y acá en el suelo. 161

Corazón santo, etc. 161

Corazón santo, etc. 161

Cantemos al Amor. 162

Unamos nuestra voz a los cantares. 162

Los que buscáis solaz en vuestras penas. 163

Que abrase nuestro ser la viva llama. 163

Perdón ¡oh Dios mío! 163

Pequé: ya mi alma. 163

Yo fui quien del duro. 163

Perdón, etc. 163

Por mí en el tormento. 163

Oh, santo altar. 164

Hora feliz en que el Señor del Cielo. 165

Te adoro. 165

Feliz cristiano - ¡A qué convite! 165

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 165

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 165

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 165

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 166

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 166

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 166

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 166

Vuestro Cuerpo Sacrosanto. 166

Señor, que lo sois todo. 166

Si muere ¿qué le importa?. 167

Al pie del Tabernáculo. 167

A Dios queremos. 167

Para el mes de María. 168

Venid y vamos todos 168

Venimos a ofrecerte. 168

Adiós, Reina del Cielo. 168

CORO: Adiós, ¡oh Madre Mía! – Adiós, adiós, adiós. 168

De tu amable rostro – la belleza al dejar, permíteme que vuelva – tus plantas a besar. 168

Ave, María. 169

Confianza en María. 169

Bendita sea tu pureza. 170

Cruzando el mar airado. 170

Los cielos, la tierra. 171

Los cielos, la tierra. 171

Bendita entre todas. 171

Salvadnos, luciente. 171

Y cuando ya llegue. 171

Y al Cielo llevadnos. 171

A San José. 172

A San José, purísimo. 172

A aquél, que Dios altísimo. 172

A aquél que el Unigénito. 172

Ángel Santo. 172

Ángel.   Si tu alma quiere al cielo. 172

Ave, maris stella. 173

Sumens illud Ave. 173

Tantum ergo. 173

Tantum ergo Sacraméntum.. 173

Genitóri Genitóque. 174

Bendito sea Dios. 174

Os adoro. 174

ÍNDICE.. 174

Nociones generales. 175

PRIMERA PARTE.. 175

Lo que se ha de creer. 175

SEGUNDA PARTE.. 176

Lo que se ha de orar. 176

TERCERA PARTE.. 176

Lo que se ha de obrar. 176

Mandamientos de la ley de Dios en particular. 177

Primer mandamiento…………………………………………………….…….Pág. 51. 177

Preceptos de la Iglesia. 178

Primer precepto……………………………………………………………...…Pág. 68. 178

CUARTA PARTE.. 178

PARTE QUINTA.. 180

Breve devocionario. 180

Oraciones litúrgicas en latín. 181

Cánticos Sagrados. 181

Puede imprimirse. 182

Buenos Aires, 31 Agosto 1931. 182

ANTONIO ROCCA.. 182

 

 

 

 

 

NOCIONES GENERALES

__

 

Para qué estamos en la tierra.

 

Hace cien años, y aún mucho menos tiempo, no existíamos.

Ahora existimos, estamos en este mundo.

Dentro de algún tiempo, tal vez muy pronto, moriremos.

Es muy justo y razonable, pues, que averigüemos seriamente:

¿Quién nos ha dado el ser que tenemos?

¿Para qué estamos en este mundo?

¿Qué será de nosotros después de la muerte?

La razón iluminada por la fe nos dice que:

   Dios nos ha criado para conocerle, amarle y servirle en esta vida, y después gozarle para siempre en la otra.

   El fin para el cual Dios nos ha criado es tan elevado y excelente, que no puede serlo más.

   Los Ángeles del cielo y María Santísima no tienen otro fin más elevado.

   Nuestro fin es infinitamente grande.

   Estamos en la tierra para servir a Dios y ganar el cielo; para nada mas.

   Por consiguiente, en esto debemos poner todo nuestro empeño y diligencia.

   A Dios se le sirve guardando sus mandamientos.

   La religión verdadera nos enseña cuáles son estos divinos mandamientos.

 

 

Religión.

 

   Religión es el conjunto de los deberes del hombre para con Dios.

   Debemos servir a Dios como El quiere ser servido y no como a nosotros nos agrade.

   La religión verdadera es la que enseña servir a Dios como El quiere ser servido.

   La religión verdadera nos enseña de dónde venimos, para qué estamos en la tierra y cuál será nuestro paradero después de la vida presente.

   El asunto de la religión es, pues, el más digno de estudio para todo hombre de sana razón.

 

   La primera obligación que tiene todo hombre es procurar conocer y practicar la verdadera religión.

 

   Nada teme tanto la religión verdadera como el ser ignorada; pues quien la conoce bien, no puede menos que amarla sinceramente, a no ser que tenga el corazón enteramente corrompido.

   La mayor parte de las personas que aborrecen la religión, la aborrecen porque no la conocen.

   La religión no es solamente para las mujeres, sino que es también para los hombres, pues todos tienen un alma que salvar.

   Jesucristo predicó a hombres y a mujeres y confió especialmente a hombre la enseñanza de su doctrina.

 

Indiferencia religiosa

o no tener religión.

 

   El que profesa una religión, aun falsa, a lo menos demuestra el deseo de honrar de alguna manera a la divinidad, y puede ser que esté involuntariamente en el error.

   Pero el que no quiere tener ninguna religión, manifiesta no querer servir a Dios de ningún modo, se rebela contra Dios y le niega todo homenaje.

   Un hombre sin religión no merece ninguna confianza; pues no creyendo en un Dios que premia o castiga, sólo tratará de satisfacer sus propias pasiones, sin respetar derechos ajenos.

   Se enriquecerá, si puede, aunque sea robando; se entregará a la obscenidad, aún cometiendo las mayores infamias.

   La única regla de su conducta será el placer y el interés; si para conseguirlos es necesario cometer acciones indignas, las cometerá; en tal caso, su único cuidado será procurar no ser descubierto.

   La falta de honradez, justicia y demás buenas costumbres son efecto de la falta de religión.

   Es lógico: si no hubiera más vida que la presente, nuestro supremo anhelo sería gozar, mientras vivimos, todo lo posible, valiéndonos de todos los medios a nuestro alcance.

   La virtud que exige mortificación y abnegación, fuera una locura.

   Si todas las personas trataran de conocer y cumplir bien la santa religión, no habría ladrones, asesinos, borrachos, deshonestos, etc.

   La religión condena todo acto indigno, sea quien fuere el que lo cometa.

   Hay personas religiosas que tienen algún defecto, como mal carácter, etc.    Dios lo permite para que sean humildes.

   Los impíos notan estas pequeñas imperfecciones de la gente religiosa, y se escandalizan grandemente; pero no sienten rubor de los muchos y gravísimos pecados que ellos mismos cometen.

   Bien dice de ellos N. S. Jesucristo: “Ven la paja en el ojo ajeno, y no ven la viga que tienen en el suyo propio”.

 

No son buenas

todas las religiones.

 

   Como hay monedas falsas, hay también religiones falsas.

   No pueden ser buenas todas las religiones.

   No es buena la religión que manda adorar a ídolos y ofrecerles sacrificios humanos.

   Ni aun son buenas todas las religiones que se llaman cristianas; pues una afirma lo que otra niega.

   Por consiguiente, una u otra de ellas está en el error.

   Todas las religiones están de acuerdo en algunas verdades, como por ejemplo: que existe la divinidad, que es necesario honrarla, etc.

   Las religiones falsas tienen siempre algo o mucho que es de la verdadera.

   No es, pues, falso todo lo que enseñan las religiones falsas.

   Hay muchas religiones, porque hombres perversos han querido modificar a su gusto la religión verdadera.

   La falsedad de una religión está en aquello que se aparta de la verdadera.

   Para conocer cuál es la religión verdadera no es necesario conocer y examinar todas las religiones, pues esto fuera imposible.

   La razón natural nos dicta que debemos amar y servir a Dios, pedirle luz para conocer la verdad y seguirla prontamente al conocerla.

   Quien esto practica, hace todo lo que está de su parte para seguir la verdadera religión.

   El que hace todo lo que está de su parte, no está obligado a más.

   Nadie se condena por no haber practicado lo que sin culpa no conoció.

   El que por error involuntario profesa una religión falsa, creyendo de buena fe que es la verdadera y procura amar y servir a Dios lo mejor que puede, se salvará.

   Sólo Dios es el juez de las conciencias; El sabe quién está voluntaria o involuntariamente en el error.

   Quien se da cuenta de que su religión es falsa, debe dejarla y abrazar la verdadera.

   No puede seguir la religión de los padres, el que conoce que es falsa.

   La religión contiene:

 

Dogmas, preceptos y

medios para honrar a Dios.

 

    Dogmas, son las verdades fundamentales de la religión.

    Hay verdades que el entendimiento humano puede comprender, como la existencia de Dios, etc.

   Se llaman Misterios las verdades que el entendimiento humano no puede comprender, como la SSma. Trinidad, etc.

   No es de extrañar que haya misterios en la religión, pues los hay, y muchos, aún en las cosas del orden natural.

   Preceptos: son las leyes que la religión impone.

   Los Medios para honrar a Dios y santificarnos son: la oración, el santo sacrificio, etc.

 

La religión cristiana es

la única verdadera.

 

   En Jesucristo se cumplieron todas las profecías referentes al Mesías prometido.

   Nuestro Señor Jesucristo manifestó claramente y probó con grandes milagros que El era verdadero Dios.

   La doctrina cristiana es purísima.   Sus dogmas no son contrarios, sino superiores a la razón; y su moral enseña al hombre el cumplimiento de los deberes para con Dios, con el prójimo y consigo mismo; a practicar la caridad, abnegarse a sí mismo y refrenar la concupiscencia.

   El cristiano que comete una mala acción, ya en esto prácticamente deja de ser cristiano.

   Unos pobres pescadores, a quienes Jesús nombró sus apóstoles, fueron los encargados de predicar esta doctrina, tan contraria a las pasiones humanas.

   En la rápida propagación del cristianismo se ve bien claramente el dedo de Dios, y no la obra de los hombres.

   Innumerables mártires derramaron su sangre por la religión cristiana en forma tal, que sólo Dios podía darles la fortaleza de ánimo y aún la alegría, que mostraban en medio de los mayores tormentos. 

   La religión enseñada por nuestro Señor Jesucristo es, pues, divina y la única verdadera.

   La religión existe desde que empezó a existir el hombre.

   La religión primitiva, es la revelada por Dios a nuestros primeros padres Adán y Eva, que la transmitieron a sus descendientes.

 

   La religión mosaica, es el conjunto de dogmas y preceptos revelados por Dios al pueblo Hebreo, por medio de Moisés.

   La religión mosaica fue obligatoria para los Hebreos y debía durar sólo hasta la venida del Mesías.

 

La religión cristiana es obligatoria

para todos los hombres.

 

   Jesús dijo a sus Apóstoles: “Id, enseñad a todas las naciones, predicad el Evangelio a toda criatura.  Aquel que creyere y fuere bautizado, se salvará; aquel que no creyere, será condenado”.   (San Mateo, XXVIII, v. 18 y 19).

 

 

La Biblia y la

Tradición divina.

 

   Todas las verdades de la religión cristiana están contenidas en la Biblia y en la Tradición divina.

   La Biblia o Sagrada Escritura, es la palabra de Dios escrita.

   Los libros de la Biblia son 72.

   El Espíritu Santo inspiró a los hombres que los escribieron.

   La Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento.

   El Antiguo Testamento comprende 45 libros escritos antes de la venida de N. S. Jesucristo.

   El Nuevo Testamento comprende 27 libros escritos después de la venida de N. S. Jesucristo.

   Tradición divina es la palabra de Dios no escrita en la Biblia.

   La religión primitiva pasó de padres a hijos por la Tradición divina.

   La Sagrada Escritura no dice qué libros han sido inspirados por Dios; sabemos cuáles son éstos sólo por la Tradición divina.

   Por esta razón, es tan importante la Tradición divina como la misma Sagrada Escritura.

   Jesucristo no escribió libro alguno, ni mandó a los Apóstoles escribir, sino predicar el Evangelio a toda criatura; y así lo practicaron.

   Los Evangelios y demás libros del Nuevo Testamento fueron escritos algunos años después que Jesucristo subió a los cielos, cuando los Apóstoles habían ya predicado el Evangelio en muchas partes.

   La depositaria de la Tradición divina es la Iglesia de Jesucristo.

   La Tradición divina y la autoridad de la Iglesia son necesarias para saber qué libros forman la Sagrada Escritura y cómo se deben interpretar.

   Sólo se pueden leer las Biblias aprobadas por la Santa Iglesia, las cuales van acompañadas de las correspondientes notas aclaratorias del texto.

 

 

El nombre de cristiano.

 

   Somos cristianos por la gracia de Dios.

   Ser cristiano es uno de los beneficios más grandes que el Señor nos ha dispensado; por lo cual debemos dar muchas gracias a Dios todos los días.

   La palabra “cristiano” viene de Cristo Nuestro Señor.

   Es cristiano todo el que ha recibido el verdadero bautismo de Jesucristo.

   Cristiano quiere decir hombre que está bautizado y profesa la fe y la ley de Jesucristo.

   La fe y la ley de Jesucristo son santas; por consiguiente, todos los que profesan de veras esta fe y esta ley, serán también virtuosos y santos.

   Hay cristianos verdaderos y cristianos falsos.

   Cristianos verdaderos son los que cumplen lo que manda la religión cristiana; cristianos falsos son los que no lo cumplen.

 

 

Doctrina cristiana.

 

   Para ser cristiano verdadero es necesario conocer y practicar la doctrina cristiana.

   Doctrina cristiana es la que enseñó Nuestro Señor Jesucristo.

   La primera y principal obligación de todo cristiano llegado al uso de razón, es aprender bien la doctrina cristiana.

   El cristiano que no practica  la doctrina de Jesucristo, no va al cielo; y para practicarla es necesario conocerla.

   No basta saber el catecismo de un modo rutinario; es necesario entenderlo.

   El catecismo nos enseña el camino del cielo.

   Las demás ciencias nos enseñan los conocimientos útiles para nuestro bienestar en la tierra.

   El estudio del catecismo es mucho más importante que el estudio de todas las otras ciencias.

   El cielo y la salvación del alma valen infinitamente más que la tierra y todos los bienes temporales.

 

 

La señal del cristiano.

 

   La señal del cristiano es la Santa Cruz, porque es figura de Cristo crucificado, que en ella nos redimió.

   La santa cruz representa las principales verdades de la religión cristiana.

   Estas son: Unidad y Trinidad de Dios, y Redención.

   Unidad de Dios quiere decir que hay un solo Dios.

   Trinidad de Dios quiere decir que en Dios hay tres personas realmente distintas.

   Redención significa que el Hijo de Dios se hizo hombre, padeció y murió en la cruz para salvarnos.

   En la señal de la Santa Cruz, con las palabras expresamos la Unidad y Trinidad de Dios, y con la figura de la cruz, la Pasión y Muerte de N. S.

 Jesucristo.

   Haciendo la señal de la Santa Cruz manifestamos profesar todas estas verdades y todas las demás que de ellas se derivan.

   La señal de la cruz se hace trazando con la mano dos líneas: una de arriba abajo y otra de la izquierda a la derecha, como indica esta figura.

 

 

1

3 4

2

 

   El cristiano usa de esta señal en dos maneras.

   Estas son: Signar y santiguar.

   Al signarse y santiguarse, si está libre la mano izquierda, se pone extendida debajo del pecho.

   Signarse es hacer tres cruces con el dedo pulgar de la mano derecha; la primera en la frente; la segunda en la boca; y la tercera en el pecho, diciendo:

 

Por la – señal † de la Santa – Cruz

de – nuestros † ene – migos

líbranos, - Señor † Dios – nuestro.

 

   Hacemos la señal de la cruz:

   en la frente, porque nos libre Dios de los malos pensamientos;

   en la boca, porque nos libre Dios de las malas palabras;

   y en el pecho, porque nos libre Dios de las malas obras y deseos.

   Santiguarse es hacer una cruz, llevando la mano derecha a la frente, diciendo:  En el nombre del Padre,

   luego al pecho, diciendo: y del Hijo,

   de aquí al hombro izquierdo y al derecho, diciendo: y del Espíritu Santo,

   y se termina con la palabra Amén.

   Para hacer la señal de la Cruz usamos la mano derecha, porque es la principal, y en el servicio de Dios hemos de usar lo mejor.

   Cuando hacemos la señal de la Cruz, el pasar de la izquierda a la derecha indica que por virtud de la Santa Cruz hemos pasado del estado de culpa al estado de gracia.

   La señal de la Cruz debe hacerse con devoción.

   Es cosa utilísima hacer a menudo la señal de la Cruz porque tiene la virtud de avivar la fe, desechar las tentaciones y alcanzar de Dios muchas gracias.

   Conviene usar de la señal de la Cruz: por la mañana al levantarnos y por la noche al acostarnos; al principio y al fin de la comida y del trabajo; al entrar y salir de la Iglesia y especialmente al comenzar la oración.

   Siendo la Cruz el signo de nuestra redención, es muy conveniente que toda familia cristiana tenga un cuadro o imagen de Jesús crucificado en lugar visible y principal de la casa.

 

Partes principales de

la Doctrina Cristiana.

 

   Los deberes del cristiano son:

   Creer las verdades de la fe; orar con frecuencia; observar la ley de Dios y de la Iglesia; y recibir con devoción los Santos Sacramentos.

   Por consiguiente, el cristiano, al llegar al uso de razón, debe saber lo que ha de creer, orar, observar y recibir.

   Estas cuatro cosas están contenidas:

   en el credo, lo que se ha de creer;

   en el Padre nuestro y demás oraciones de la Iglesia, lo que se ha de orar;

   en los Mandamientos de la ley de Dios y Preceptos de la Iglesia, lo que se ha de observar;

   y en los Sacramentos, lo que se ha de recibir.

   Las partes principales de la Doctrina Cristiana, pues, son cuatro: Credo, Padre nuestro, Mandamientos y Sacramentos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

LO QUE SE HA DE CREER

 

 

La fe.

 

   Fe es creer lo que Dios ha revelado y la Santa Iglesia nos enseña.

   Dice San Pablo: Sin la fe es imposible agradar a Dios (Ep. A los Hebreos, XI, 6).

   Las verdades de la fe, sin cuyo conocimiento nadie, que haya llegado al uso de razón, se puede salvar, son:

   1ª- Dios existe.

   2ª- Dios premia a los buenos y castiga a los malos.

   3ª- En Dios hay tres personas realmente distintas.

   4ª- La segunda Persona divina se hizo hombre para salvarnos.

   Debemos creer todo lo que Dios ha revelado, porque Dios no puede engañarse ni engañarnos.

   Dios no revela directamente a cada uno las verdades que debemos creer.

   La Santa Iglesia es la depositaria de las verdades reveladas por Dios, y ella es la encargada de enseñárnoslas.

   Como veremos en el artículo IX del Credo, la Santa Iglesia tiene todos los títulos y caracteres necesarios que demuestran su divina institución y misión para enseñarnos lo que Dios ha revelado.

Todo lo que debemos creer está contenido explícita o implícitamente en el Credo.

 

 

EL CREDO

 

   Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Criador del cielo y de la tierra.

   Y en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor.

   Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo: nació de Santa María Virgen;

   Padeció debajo del Poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado.

   Descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos.

   Subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso.

   Desde allí ha de venir a juzgar a los vivo y a los muertos.

   Creo en el Espíritu Santo.

   La Santa Iglesia Católica: la comunión de los Santos.

   El perdón  de los pecados.

   La resurrección de la carne.

   La vida perdurable.   Amén.

   El Credo se llama Símbolo apostólico, porque lo hicieron los apóstoles, para dar a los cristianos una norma de fe.

   Todo cristiano procure saber el Credo y rezarlo con frecuencia.

   El Credo tiene doce artículos.

ARTÍCULO I

 

CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO,

CRIADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA

 

Creo significa: estoy cierto que todo lo que contiene el Credo es verdad infalible revelada por Dios.

Dios.

   Dios es el Ser Supremo, infinitamente perfecto, Criador y Señor del cielo y de la tierra.

   Sólo Dios no ha recibido el ser de nadie; todo lo demás tiene el ser recibido de Dios.

   Sólo Dios es absolutamente independiente; todos lo demás seres dependen de Dios.

Pruebas de la existencia

de Dios.

   1ª- Todas las cosas nos están diciendo: Dios nos ha dado el ser y no nosotras mismas.

   Los seres que vemos, no se han criado a sí mismos: luego existe un Creador.

   Yo mismo no me di el ser: mis padres tampoco se lo dieron a sí mismos; luego es necesario llegar a una causa primera, que es Dios.

   Sin causa primera no hay segunda, ni tercera…

   2ª- El mundo entero con su orden admirable revela la existencia de Dios, sabiduría infinita.

   3ª- Todos oímos en el fondo de nuestra conciencia, una voz que nos dice:

   No puedes matar, robar; haz el bien evita el mal; los buenos serán premiados, los malos castigados.

   Sólo el Ser Supremo puede hablar en forma igual y con tanto imperio a todos los hombres.

   Niegan la existencia de Dios los que quisieran que no lo hubiera, para poder pecar sin remordimientos de conciencia.

   Dicen los impíos: si hubiera Dios no permitiría tantos males sobre la tierra.

   Dios permite el mal para sacar siempre un mayor bien.

   Nuestro pequeño entendimiento muchas veces no puede comprender el bien que resulta de los males que nos afligen.

   El profeta David (salmo 91) dice:

   “¡cuán grandes son, Señor, tus obras! ¡Cuán insondable la profundidad de tus designios!   El hombre insensato no conoce estas cosas, ni entiende de ellas el necio”.

   Mas siempre resultarán ciertas las palabras del apóstol S. Pablo (Romanos, VIII, 28):

   Sabemos que para los que aman a Dios todas las cosas se convierten en bien.

   Procuremos, pues, amar a Dios de veras y sea ése nuestro principal deseo.

 

 

Unidad de Dios.

   Hay un solo Dios.

   No puede existir más que un Ser Supremo.

   Admitir varios dioses, es negar al verdadero Dios.

   En el supuesto de varios dioses, tuvieran más poder todos juntos que uno solo.

   Por consiguiente, ninguno fuera omnipotente, ninguno fuera verdadero Dios.

   Dios tiene todas las perfecciones en grado infinito; esto es, sin límites.

   Dios es infinitamente grande: el mundo entero, comparado con Dios, es menos que una gota de agua comparada con toda la inmensidad de los mares.

   Siendo el mundo entero como nada en comparación de Dios, yo, comparado con Dios, ¿qué soy?

   Dios es espíritu purísimo: no tiene cuerpo.

   Aunque no tiene ojos corporales, ve; El es quien nos da la vista, oído y todo cuanto tenemos.

   Dios es un ser simplicísimo: no tiene parte alguna, ni mezcla, ni composición.

   Dios es eterno: siempre ha existido, existe y existirá.

   Dios no pudo tener principio: porque si no hubiera existido siempre, de quién habría recibido El la existencia?

   Dios es inmutable: no está sujeto a mudanza alguna.   La mudanza está sólo en las criaturas.

   Dios es infinitamente bueno: es la bondad por esencia y de El viene todo lo bueno.

   Dios es infinitamente sabio: todo lo sabe; conoce todo lo pasado, lo presente y lo porvenir.

   Dios es omnipotente: todo lo puede.

   Dios no puede pecar, ni hacer lo que implica una contradicción.

   Poder pecar es una imperfección, es falta de poder.

   Lo que implica contradicción es un absurdo.

   Dios ha criado, conserva, gobierna y dispone todas las cosas a su voluntad.

   Providencia divina es el cuidado con que Dios dirige todas las cosas al fin por El señalado; se extiende aún a las cosas más pequeñas.

   Todo lo que sucede es porque Dios así lo quiere o lo permite.

   Unas cosas Dios las quiere y las manda; otras Dios no las impide, como el pecado, por no quitar al hombre su libertad y también porque del mal sabe Dios sacar grandes bienes.

   Siendo, pues, Dios infinitamente bueno, sabio y poderoso, amémosle de todo corazón, acatemos humildemente todas sus disposiciones y pongamos en El toda nuestra confianza.

   Nuestro presente y porvenir están en las manos de Dios; nada hemos de temer, si procuramos servirle fielmente.

   Dios es infinitamente santo: ama la virtud y aborrece la maldad.

   Dios es infinitamente justo: premia o castiga a cada uno según sus obras.

   Dios es infinitamente misericordioso: llama al pecador y perdona al que se arrepiente de corazón.

   Dios es veraz: no puede engañarse ni engañar.

   Dios es infinitamente fiel: cumple sus promesas y amenazas.

   Dios es inmenso: está en todas partes y no está limitado por espacio o lugar alguno.

   Dios está en Sí mismo y todas las cosas están en Dios.

   Es Dios quien contiene y sostiene todas las cosas y no las cosas a Dios.

   Dios está en todo lugar:

   por esencia, con todo su Ser

   por presencia, viéndolo todo, hasta nuestros pensamientos más ocultos; y  

   por potencia, dando y conservando el ser a todas las cosas.

   Dios está de una manera especial:

   en el Cielo, donde deja ver su divina esencia, causando gozo infinito a los bienaventurados;

en el alma del justo, Dios está por la gracia y caridad;

y  en el templo que es casa de oración, Dios está como en un trono de misericordia, dispensando favores particulares.

   Puesto que Dios está y nos ve en todo lugar, por respeto a su presencia abstengámonos siempre de pecar.

   Dios es el principio de todas las cosas, porque El las ha creado todas.

   Dios es el fin de todas las cosas, porque todas las ha hecho para su mayor gloria.   Todas las cosas dan gloria a Dios, aún los malos; pues con ellos especialmente se manifiestan la paciencia, misericordia y justicia de Dios.

   Sólo Dios es Señor y Dueño absoluto de todas las cosas.

   Dios tiene riqueza, paz, alegría, hermosura y todos los bienes sin límites; El mismo es el Bien infinito.

   Dios tiene entendimiento y voluntad.

   Dios no tiene memoria; no la necesita, porque todo lo tiene presente, aun lo pasado y lo porvenir.

 

Trinidad de Dios.

 

   En Dios hay tres Personas realmente distintas.

   Se llaman: El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

   El Padre es Dios

   El Hijo es Dios

   El Espíritu Santo es Dios.

   Las tres Personas Divinas son el verdadero Dios.

 

   Son un solo Dios porque las tres Personas Divinas son un mismo Dios, esto es, tienen una misma y única esencia o naturaleza divina.

   El Padre es el mismo Dios que el Hijo y que el Espíritu Santo.

   El Hijo es el mismo Dios que el Padre y que el Espíritu Santo.

   El Espíritu Santo es el mismo Dios que el Padre y el Hijo.

   Tres personas realmente distintas quiere decir que una persona no es la otra.

   El Padre no es la misma Persona que el Hijo y que el Espíritu Santo.

   El Hijo no es la misma Persona que el Padre y que el Espíritu Santo.

   El Espíritu Santo no es la misma Persona que el Padre y que el Hijo.

   Las tres Personas Divinas, pues, son realmente distintas.

   Ejemplo: Tres ramas de un árbol son distintas, pero son un solo árbol.

   El color, el olor y el sabor de una naranja son tres cosas distintas, pero es una sola naranja.

   Tres ángulos de un triángulo son distintos, pero son un mismo triángulo.

   No obstante, una rama no es todo el árbol, ni el color es toda la naranja, ni el ángulo es todo el triángulo.

   Mas en Dios, Ser simplicísimo, el Padre es todo Dios, el Hijo es todo Dios, y el Espíritu Santo es todo Dios.

   Cómo las tres Personas Divinas son realmente distintas, y un solo Dios, es un misterio.   Este misterio se llama de la Santísima Trinidad.

   La Santísima Trinidad es el mismo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas realmente distintas, y un solo Dios verdadero.

   El Padre es la primera Persona, porque no procede de otra Persona y de El proceden el Hijo y el Espíritu Santo.

   El Hijo es la segunda Persona, porque de El y del Padre procede el Espíritu Santo.

   El Espíritu Santo es la tercera Persona, porque procede del Padre y del Hijo.

   El Padre se conoce y al conocerse forma una imagen viva y consustancial de sí mismo; esta es la Persona del Hijo.

   El padre y el Hijo se aman: ese amor vivo y consustancial es la Persona del Espíritu Santo.

   Las tres Personas son eternas; las tres han existido siempre y ninguna existió primero que la otra.

   Las tres Personas son en todo iguales, porque las tres son un mismo Dios.

   Por consiguiente, las tres Personas son igualmente buenas, sabias, etc.

   Al Padre se le atribuye la omnipotencia, porque es el principio de las otras dos personas.

   Al Hijo se le atribuye la sabiduría, porque es el pensamiento, la idea, el Verbo del Padre.

   Al Espíritu Santo se le atribuye la bondad, porque es el amor del Padre y del Hijo.

   El Padre y el Espíritu Santo no tienen cuerpo; el Hijo tiene cuerpo en cuanto hombre.

   La Santísima Trinidad se representa:

   El Padre en forma de anciano, porque es la primera persona.

   El Hijo en forma de hombre joven, porque se hizo hombre y murió joven.

   El Espíritu Santo en forma de paloma, porque así apareció al ser bautizado N. S. Jesucristo.

 

La Creación.

 

   Dios es infinitamente feliz en Sí mismo, no necesita de nada ni de nadie.

   Movido de su bondad infinita, creó en seis días el cielo, la tierra y todo cuanto ellos contienen.

   Crear es sacar las cosas de la nada.

   Dios, por su sola voluntad todopoderosa, creó el mundo.

 

Los Ángeles.

 

   En el cielo Dios creó a los Ángeles y los dotó de dones inefables.

   Los Ángeles son espíritus puros; no tienen cuerpo.

   Luzbel, Lucifer, era el más hermoso de todos: mas lleno de soberbia, se rebeló contra Dios y dijo:

   ¡No serviré!

   Una tercera parte de los Ángeles acompañó a Luzbel en su rebelión.

   Miguel, lleno de celo por el honor de Dios, exclamó: “¡Quién como Dios!”.

   Luchó contra Luzbel y le venció.

   Satanás y los demás Ángeles rebeldes fueron arrojados al infierno.

   Llamamos demonios a los Ángeles rebeldes.

   Antes que los Ángeles pecaran, el infierno no existía.

   Dios creó el infierno para castigo de los demonios y demás pecadores impenitentes.

 

   Los Ángeles buenos en premio de su fidelidad, fueron confirmados en la gracia y ven claramente a Dios.

  

   Aunque los Ángeles estaban en el cielo, no veían a Dios; estaban en un lugar de prueba, como estamos ahora nosotros.

Si los Ángeles hubieran visto a Dios, no habrían pecado.

   Dios es infinitamente bueno y hermoso; quien le ve, no puede dejar de amarle.

   La historia de los Ángeles buenos y malos es para nosotros una lección utilísima que no debemos olvidar.

   Si servimos a Dios, imitamos a los Ángeles buenos e iremos a gozar con ellos eternamente en la gloria.

   Si pecamos y no nos arrepentimos, imitamos a los demonios y con ellos iremos a sufrir eternamente en el infierno.

   Los Ángeles son ministros de Dios.

   Todos tenemos un Ángel Custodio, que nos acompaña y guarda continuamente.

   Debemos tener gran devoción y respeto a nuestro Ángel custodio, procurando evitar el pecado para no ofender su santa presencia.

   Los Ángeles buenos son representados como niños o jóvenes con alas, para manifestar su hermosura y la rapidez con que se trasladan de un lugar a otro.

   Los demonios son representados en formas horribles, para manifestar su gran fealdad.

 

El hombre.

 

   El hombre es un ser racional compuesto de cuerpo y alma.

   El alma es un espíritu inmortal.

   El alma ejerce actos espirituales, como el pensar, querer, etc.; por consiguiente, es espíritu.

   Es inmortal, pues, siendo una substancia espiritual, simple, no tiene partes en que se pueda descomponer.

   Además el alma humana ha sido elevada por Dios a la vida sobrenatural de la gracia, para gozar eternamente con El en la gloria.

   La fe y la sana razón nos dicen que nuestra alma no muere con el cuerpo, sino que va a recibir premio o castigo eternos, según sus obras.

   El hombre es libre; puede hacer el bien o el mal, hacer una cosa o no hacerla; o puede hacer una en vez de otra.

   Tenemos libertad para hacer el mal, pero no el derecho de hacerlo.

   Por lo mismo que uno es libre para hacer el bien o el mal, merece premio o castigo.

   El hombre fue la última obra de la creación.

   Fue creado a imagen y semejanza de Dios.

   Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”.

   El Señor formó del barro el cuerpo del primer hombre; sopló en su rostro y le infundió el alma racional, dándole así la vida.

   El primer hombre se llamó Adán.

   Dios dijo: “no es bueno que el hombre esté solo: Hagámosle una ayuda semejante a él”.

   Estando Adán dormido, Dios le sacó una costilla; y con ella formó a la mujer y la presentó a Adán, quien la aceptó por esposa.

   La creación del primer hombre y de la primera mujer en la forma indicada, no es imposible.

   Dios, por ser omnipotente, puede sacar las cosas de la nada; con más razón puede cambiar una cosa en otra.

   La primera mujer se llamó Eva.

   Todos los hombres descendemos de Adán y Eva.

   Adán y Eva, adornados por Dios con la gracia santificante, moraban en el Edén o Paraíso terrenal: estaban llenos de felicidad, libres de la muerte y demás miserias.

   Del Paraíso terrenal habrían sido trasladados al celestial, sin pasar por la muerte, Todo obedecía a la voz del hombre.

   Dios concedió estos dones a Adán y a todos sus descendientes, con la condición de que Adán no comiera de la fruta del árbol llamado de la ciencia del bien y del mal.

   Esta prohibición tenía por fin probar la fidelidad de nuestros primeros padres y que demostraran reconocer el supremo dominio que tiene Dios sobre todas las cosas.

  

Pecado de Adán y Eva.

 

   Eva, engañada por el demonio, que se le presentó en figura de serpiente, comió la fruta prohibida, y comió también Adán, invitado por Eva.

   Por este pecado Adán y Eva perdieron la gracia de Dios, fueron arrojados del paraíso terrenal, y quedaron sujetos a todas las miserias de la vida y a la muerte.

   Este pecado fue de soberbia y grave desobediencia.

   Adán y Eva hicieron penitencia y se salvaron.

   El pecado de Adán y Eva se llama original.

   Han heredado el pecado original todos los descendientes de Adán por generación natural, menos María Santísima.

   Jesús no lo pudo tener, porque su persona divina es incapaz de pecado y no procedió de Adán del mismo modo que los demás hombres.

   María no lo tuvo por privilegio especialísimo, en previsión de que sería la Madre de Dios.

   Celebramos este privilegio de María el 8 de Diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción.

   El pecado de Adán acarreó al género humano la privación de la gracia de Dios, la ignorancia, la inclinación al mal, la muerte y todas las demás miserias.

   Por el pecado original, nosotros, cuando empezamos a existir no tenemos la gracia de Dios y demás dones, que tuviéramos, si Adán no hubiera pecado.

   El pecado original es voluntario y, por tanto, culpa de nosotros, sólo porque Adán lo cometió voluntariamente como cabeza de la humanidad.

   Nosotros, al contraer el pecado original, no pecamos con nuestra propia voluntad; por esto Dios no castiga, sino que simplemente no premia con el cielo, al que muere con el solo pecado original.

   Los hijos de un padre que ha disipado sus bienes, son pobres; así nos sucede a los descendientes de Adán pecador.

   Dios nada debía a Adán y a sus descendientes.

   La gracia original y todos los demás dones sobrenaturales eran concedidos graciosamente, con la condición de que Adán cumpliera el precepto divino.

   Es, pues, muy justo que los descendientes de Adán heredemos el pecado original.

 

 

 

ARTÍCULO II

Y EN JESUCRISTO, SU ÚNICO HIJO,

NUESTRO SEÑOR

 

El Redentor.

 

   El hombre, por el pecado original, se hallaba en una condición tristísima.

   No podía merecer el cielo, y después de una vida llena de culpas y miserias hubiera tenido una eternidad de penas.

   Mas la infinita misericordia de Dios no permitió que el hombre caído pereciese.

   Cuando Dios echó a Adán y Eva del paraíso terrenal, prometió un Redentor que había de salvar al género humano, y para ello envió a su propio hijo.

   Era justo que a Dios ofendido por el pecado se le diera la debida satisfacción.

   Mas ninguna pura criatura podía dar satisfacción proporcionada a la ofensa inferida al Dios de majestad infinita.

   Por esto fue necesario que el Redentor fuese hombre y Dios.

   Como hombre, pudo padecer y satisfacer; y como Dios, pudo dar a esta satisfacción un valor infinito.

   De este modo la misericordia y justicia de Dios quedaron del todo satisfechas.

   Todo pecado se perdona por los méritos del Redentor, haciendo el hombre de su parte lo necesario para la aplicación de estos méritos.

   Los hombres que existieron antes de Jesucristo, se salvaron por la fe en el Redentor, que había de venir.

   Los que han existido después y existirán, se salvarán creyendo en el Redentor que ha venido.

   Mucho perdimos por el pecado original, pero más ganamos por la Redención.

   Con razón canta la Iglesia en el oficio del Sábado Santo: ¡Oh feliz culpa, que nos mereciste un tal Redentor!

 

Ventajas de la Redención.

 

   1ª- Al unirse el Hijo de Dios a la naturaleza humana, la elevó al grado más sublime.

   2ª- Por el bautismo somos hechos miembros del cuerpo místico de Jesucristo, que es la Iglesia, de la cual  El es cabeza.

   3ª- Al ser  bautizados, por los méritos de Jesucristo tenemos más gracia que la que tuviéramos sin el pecado original.

   4ª- El bautismo borra el pecado original, pero no quita las pasiones, las miserias de la vida y de la muerte.

   Mas estos males se cambian en  grandes bienes, pues son causa de continuas batallas y victorias en esta vida; y, por consiguiente, de grandes méritos y premios en el cielo.

   Estas batallas y victorias, estos méritos y premios no existieran sin el pecado original.

   En tales batallas, si queremos, podemos vencer siempre; y si en ellas recibimos alguna herida, tenemos por la Redención medios facilísimos para curarla inmediatamente.

   Si existiesen descendientes de un Adán inocente, podrían con razón envidiar en muchas cosas la condición de los descendientes de Adán pecador, redimidos por Jesucristo.

   Hemos de procurar, pues, aprovecharnos de los tesoros infinitos de la Redención, más bien que quejarnos de nuestros primeros padres.

 

 

Nuestro Señor Jesucristo.

 

  De las tres Personas Divinas se hizo hombre la segunda, que es el Hijo.

   El Padre no se hizo hombre.

   El Espíritu Santo tampoco se hizo hombre.

   Aunque las tres Personas divinas son un mismo Dios, sólo una Persona se hizo hombre.

   Ejemplo: Un dedo de la mano puede tener un anillo, sin que lo tengan los otros dedos.

   Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre.

   Jesucristo es llamado, Jesús, Salvador, Cristo, Redentor, Mesías, etc.

   Jesús significa lo mismo que Salvador.

   Cristo significa ungido del Señor.

   Mesías significa enviado del Señor.

   El Hijo de Dios, al hacerse hombre, no dejó de ser Dios.

   Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

   Jesucristo tiene una sola Persona que es divina.

   No tiene persona humana.

   Jesucristo en cuanto hombre subsiste sólo unido inseparablemente a la Persona del Hijo de Dios.

   Jesús tiene dos naturalezas, divina y humana.

   Tiene naturaleza divina, porque es verdadero Dios; tiene naturaleza humana, porque es verdadero hombre.

   Naturaleza divina significa ser divino; y naturaleza humana ser humana.

   Jesucristo tiene, pues, el ser divino y el ser humano, pero no la Persona humana.

   Las naturalezas divina y humana están unidas a la Persona del Hijo de Dios.

   La unión de la Persona del Hijo de Dios con la naturaleza humana se llama unión hipostática.

   Jesucristo tiene cuerpo y alma como los demás hombres.

   Tiene dos entendimientos; uno divino y otro humano.

   Tiene dos voluntades; una divina y otra humana.

   Tiene una sola memoria;  sólo en cuanto es hombre.

   En cuanto Dios es igual al Padre: en cuanto hombre es menos que el Padre.

   Aunque es Dios y hombre, no hay dos, sino un solo Jesucristo.

   Es uno solo por unidad de persona.

   Como el alma y el cuerpo son un solo hombre, así Dios y hombre son un solo Jesucristo.

   En Dios hay tres Personas y una sola naturaleza, en Jesucristo hay una sola Persona y dos naturalezas.

   El cuerpo de Jesucristo debe ser adorado, por razón de la Persona Divina a la que está unido.

   Jesucristo es el Hijo único de Dios Padre, porque sólo El es Hijo suyo por naturaleza; nosotros somos hijos de Dios por creación y por adopción.

   Jesucristo es Nuestro Señor, porque es Dios y nos ha criado y nos ha redimido, dando como precio su propia sangre y vida.

 

 

 

ARTÍCULO III

 

QUE FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO, NACIÓ DE SANTA MARIA VIRGEN.

 

   Jesucristo en cuanto Dios ha existido siempre; en cuanto hombre empezó a existir desde el momento de la Encarnación.

 

   La palabra Encarnación significa que el Hijo de Dios se hizo hombre.

   El Hijo de Dios se hizo hombre tomando en el seno purísimo de María, por obra del Espíritu Santo, un cuerpo como el nuestro y un alma como la nuestra.

   Se dice que la Encarnación fue por obra del Espíritu Santo, porque es obra de bondad y amor.

   La madre de N. S. Jesucristo fue María, la que permaneció virgen perpetuamente.

   María es la única entre todas las mujeres que es a la vez madre y virgen.

   El Hijo de Dios fue concebido y nació, no como los demás hombres, sino obrando Dios sobrenatural y milagrosamente.

   Jesús en cuanto Dios tiene solamente padre.

   En cuanto hombre tiene solamente madre.

   San José no fue el padre de Jesús, pero era tenido como tal por ser esposo de María.

   El Hijo de Dios se hizo hombre para redimirnos y darnos ejemplo de vida.

   Redimirnos quiere decir librarnos del pecado y de la muerte eterna, y merecernos la gloria.

   Jesús nos redimió muriendo en la Cruz.

   Darnos ejemplo de vida quiere decir enseñarnos el camino del cielo.

   Nos enseñó el camino del cielo con palabras y con obras.

   Con obras lo hizo durante toda su vida; y con palabras los últimos tres años de ella.

   El año en que estamos ahora nos indica cuánto tiempo hace que el Hijo de Dios se hizo hombre.

   Los cristianos empezaron a contar los años desde la venida de Jesucristo.

   Desde Adán hasta Jesucristo pasaron 4000 años.

   El Hijo de Dios se hizo hombre el 25 de marzo del año 4000 de la creación.

   Nació en el portal de Belén el 25 de Diciembre.

   Dice el Santo Evangelio que Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.

   De esta manera también debemos procurar crecer nosotros.

   Jesús vivió sobre la tierra treinta y tres años.

   Los treinta primeros los pasó en su casa.

   Al tener edad de trabajar, se ocupó en el humilde oficio de carpintero.

   Jesús pasó los tres últimos años de su vida predicando el Santo Evangelio.

   Manifestó claramente que era el Hijo de Dios; y lo probó, haciendo grandes milagros.

   Daba vista a los ciegos, oído a los sordos, palabra a los mudos, curaba toda clase de enfermedades y hasta resucitaba a los muertos.

   El más grande de todos los milagros fue resucitarse a Sí mismo.

   Jesús eligió a doce hombres, casi todos pescadores ignorantes, para que lo acompañaran como sus discípulos más queridos e íntimos confidentes, en el tiempo que duró su predicación; éstos fueron los doce apóstoles.

 

 

 

ARTÍCULO IV

 

PADECIÓ DEBAJO DEL PODER DE PONCIO PILATO,

FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO.

 

   Jesús por todas partes donde pasaba hacía el bien.

   No obstante, tenía grandes enemigos.

   Como hay ahora, había entonces tres clases de gente: buenos, malos no obstinados y malos obstinados.

   Los buenos amaban a Jesús.

   Los malos no obstinados, al oír su divina palabra, se convertían.

   Pero los malos obstinados aborrecían mucho a Jesús y querían darle muerte.

   En una ocasión los judíos tomaron piedras para arrojarlas contra Jesús, quien les dijo:

   “Muchas obras buenas os he hecho; ¿por cuál de ellas me queréis matar?

   Varias veces trataron de quitar la vida a Jesús, y El desaparecía.

   Mas llegó el momento en que Jesús permitió le tomasen preso.

   Jesús fue azotado, coronado de espinas y clavado en la cruz.

   Poncio Pilato fue el juez malvado que dictó la sentencia de muerte contra Jesús.

   El conocía que Jesús era inocente; no obstante, para complacer a los judíos, pronunció la más injusta de las sentencias.

   Jesús fue clavado en la Cruz al mediodía y murió a las tres de la tarde, el Viernes antes de Pascua.

 

Jesús murió en la Cruz para salvarnos.

   Al morir Jesús, el sol se oscureció, la tierra tembló, las piedras se partieron y muchos cuerpos de santos, que habían muerto, resucitaron.

   Jesús padeció y murió realmente como hombre.

   Como Dios, no podía padecer ni morir.

   Jesús desde la Cruz nos enseñó a aborrecer el pecado  y su causa.

   La causa del pecado es el amor desordenado a los honores, riquezas y placeres.

   No necesitaba Jesús sufrir tanto para salvarnos.

   Cualquier acto de Jesús era de un valor infinito y era suficiente para salvar al mundo entero y aún a mil mundos.

   Jesús quiso sufrir tanto para que comprendiéramos:

   1º- Cuán grave mal es el pecado;

   2º- El amor inmenso que nos tiene;

   3º- Cuánto vale nuestra alma, pues para salvarla quiso Jesús derramar toda su sangre y dar su vida en medio de los más atroces tormentos.

   Cada uno debe pensar: Jesús ha muerto para salvarme a mí.  ¿Qué no debo hacer yo para corresponder al amor de Jesús y salvar mi alma?

   Jesús murió para salvar a todos los hombres; pero de tal manera murió por todos, como si muriera por uno solo.

   Como la luz del sol lo mismo aprovecha a todos que a uno solo.

   Los méritos de la pasión y muerte de Jesucristo no aprovechan a todos, porque muchos no hacen lo necesario para la aplicación de estos méritos.

   Dice San Agustín: El que te crió sin ti, no te salvará sin ti; esto es, sin tu cooperación.

 

 

 

ARTÍCULO V

 

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS, AL TERCER DÍA

RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS.

 

   Descendió a los infiernos: significa que al morir Jesús, su alma santa fue al limbo de los justos o seno de Abrahán.

   El limbo de los justos es el lugar donde iban las almas de los justos que murieron antes que Jesucristo.

   Jesús fue a buscar aquellas almas santas para llevarlas consigo al cielo.

   Ningún hombre podía entrar en el cielo antes que Jesucristo.

   Jesús no fue al infierno de los condenados.

   Jesús al tercer día después de su muerte, resucitó glorioso y triunfante para nunca más morir.

   La resurrección tuvo lugar al alba del domingo.

   Jesús estuvo resucitado cuarenta días sobre la tierra.

   Confirmó en la fe a sus discípulos, a quienes se apareció muchas veces, hablándoles del reino de Dios.

 

 

 

 

 

ARTÍCULO VI

 

SUBIÓ A LOS CIELOS Y ESTA SENTADO A LA

 DIESTRA DE DIOS PADRE TODOPODEROSO.

 

   Jesús subió a los cielos cuarenta días después de su resurrección.

   La ascensión a los cielos se efectuó en el monte Olivete en presencia de María Santísima y de los discípulos.

   Está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso: significa que Jesús tiene igual gloria que el Padre en cuanto Dios, y más que ningún otro ser creado en cuanto hombre.

   Jesús subió al cielo:

   1º- Para tomar posesión del reino que conquistó con su muerte.

   2º- Para prepararnos tronos de gloria.

   3º- Para ser nuestro Medianero y Abogado delante del Padre Eterno.

   Diez días después que Jesús subió a los cielos, envió al Espíritu Santo sobre los Apóstoles, en figura de lenguas de fuego.

   El Espíritu Santo cambió a los Apóstoles de hombres ignorantes en sapientísimos, y de imperfectos en llenos de santidad.

   Los Apóstoles predicaron el Evangelio en todas partes, confirmando el Señor su doctrina con milagros.

   Sellaron con su sangre la doctrina que predicaron.

   Jesús como Dios, está en todas partes.

   Como hombre, está solamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

  

 

ARTÍCULO VII

 

DESDE ALLI HA DE VENIR A JUZGAR A LOS

VIVOS Y A LOS MUERTOS.

 

   Jesucristo volverá del cielo visiblemente al fin del mundo.

   Vendrá a juzgar a todos los hombres.

   La palabra vivos significa los buenos; y la palabra muertos, los malos.

 

Los Novísimos.

   Los Novísimos o Postrimerías del hombre son: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria.

   Debemos recordar a menudo estos Novísimos, pues dice el Espíritu Santo:

   “En todas tus obras acuérdate de tus Postrimerías y no pecarás jamás”.  (Eclesiástico, cap. VII, v. 40).

 

La muerte.

   Morir es separarse el alma del cuerpo.

   Todos hemos de morir una sola vez; no sabemos cuándo, ni cómo, ni en dónde.

   Si esta vez erramos el paso, lo hemos errado por toda la eternidad.

   Debemos, pues, estar siempre bien preparados para morir en gracia de Dios.

 

El juicio.

   Después de la muerte inmediatamente tendrá lugar el juicio.

   El juicio es la cuenta que el hombre debe dar a Dios y la sentencia del Divino Juez.

   Todos los hombres hemos de ser juzgados dos veces:

   La primera en la hora de la muerte; la segunda al fin del mundo.

   En estos juicios se examinarán todos los pensamientos, deseos, palabras, obras y omisiones de cada hombre, desde el primer instante del uso de razón hasta el momento de la muerte.

   El juicio de la hora de la muerte se llama particular, porque es de una sola persona.

   El juicio del fin del mundo se llama universal, porque será de todos los hombres.

   La sentencia del juicio particular es irrevocable.

   La sentencia del juicio universal será la confirmación de la del juicio particular.

   Cuando uno muere, el alma va al cielo, o al purgatorio, o al limbo de los niños, o al infierno.

 

El cielo.

   Va al cielo el que muere en gracia de Dios y no tiene deuda alguna de pena.

   El que tiene alguna deuda de pena va antes al purgatorio.

   El cielo es un lugar de suma y eterna felicidad; se ve claramente a Dios; se goza de todo bien, sin mal alguno.

   La gloria esencial consiste en ver claramente a Dios.

   Es más dicha ver a Dios por un instante, que gozar eternamente de todas las riquezas, placeres y honores que se pueden imaginar en este mundo; porque el mundo entero comparado con Dios es como nada.

   ¡Qué dicha será, Dios mío, veros, no por un instante, sino por toda la eternidad!

   Los buenos estarán eternamente en el cielo.

   Todos hemos sido criados para el cielo.

   Va al cielo todo el que quiere ir de veras, resueltamente, esto es, el  que pone los medios necesarios para conseguirlo.

   Todos los hombres quieren ir al cielo; pero algunos tienen sólo el querer del perezoso; quieren ir al cielo y no quieren poner los medios necesario para conseguir el más precioso de todos los bienes.

   El cielo es el premio de valor infinito que Dios tiene reservado a los que le sirven fielmente en esta vida.

   Es un premio tan precioso que para conseguírnoslo, el mismo Hijo de Dios dió toda su sangre y aún la vida.

   Si para dárnoslo, Dios nos exigiera pedírselo de rodillas dos horas diariamente, o que hiciéramos durante un millón de años la más rigurosa penitencia, aun así el cielo fuera como regalado.

   Pero Dios no nos pide tanto, sino sólo que observemos sus divinos mandamientos; cosa bien fácil de hacer con la divina gracia, que nunca falta.

   Lo único que nos puede hacer perder el cielo es el pecado mortal.

   Si los hombres para conseguir los bienes eternos, tuvieran, no digo tanto, sino la mitad del cuidado que tienen para conseguir los bienes de la tierra, todos serían santos, todos irían al cielo.

   May ¡ay! Muchos hombres viven sobre la tierra como si tuvieran que permanecer en ella para siempre, sin cuidarse para nada de merecer la eterna felicidad.

   En el cielo los premios son proporcionados a la cantidad y calidad de las obras buenas hechas en gracia de Dios.

   Quien tiene menos premio no envidia al que tiene más; como un niño contento con su vestido chico no envidia al que lo tiene grande.

   Cada obra  buena que practicamos, estando en gracia de Dios, tiene su mérito y su premio en el cielo.

   El premio correspondiente a cada obra buena, aún a las más insignificantes, es superior a todos los bienes materiales de la tierra y durará eternamente.

   Procuremos aprovechar todos los días, y aún todos los instantes de nuestra vida, haciendo todo el bien que podamos para ir aumentando siempre nuestros méritos y premios de la gloria.

   Si los que están en el cielo pudieran tenernos envidia de algo, la tendrían, porque nosotros, mientras vivimos, podemos aumentar siempre el tesoro de méritos y de premios para el cielo, y ellos no.

 

 

El purgatorio.

   Va al purgatorio el que muere en gracia de Dios y tiene alguna deuda de pena.

   Esta deuda de pena puede ser:

   1º- Por pecados veniales; y

   2º- Por no haber hecho la debida penitencia de los pecados mortales, perdonados en cuanto a la culpa y pena eterna.

   Con la confesión bien hecha se perdonan siempre las culpas graves y la pena eterna, pero no siempre queda perdonada toda la pena temporal.

   Dios, al perdonar el pecado mortal, ordinariamente conmuta la pena eterna en una pena temporal.

   Esta pena temporal debe pagarse en esta vida o en el purgatorio.

   En esta vida se paga haciendo obras buenas, especialmente cumpliendo la penitencia impuesta por el confesor.

El purgatorio es un lugar de expiación temporal.

Las almas del purgatorio, cuando han satisfecho del todo por sus pecados, van al cielo.

Dios, infinitamente justo, ninguna obra buena o mala deja sin premio o castigo, aunque se trate de cosas pequeñas.

   Los que mueren con solos pecados veniales no merecen el infierno, ni pueden ir al cielo, porque nada manchado puede entrar en él.

   Debe, pues, existir un lugar para que las almas se purifiquen antes de entrar en el cielo.

   En el purgatorio se padece la privación de la vista de Dios, el tormento del fuego y otras penas.

   El mayor dolor de las benditas Ánimas es no poder ver a Dios y pensar que, siendo El infinitamente bueno, le han ofendido.

   Las Almas benditas, al verse manchados con el pecado, con gusto se sumergen en aquellas llamas, y aun quisieran fueran más ardientes para purificarse más pronto.

   Aprendamos de las benditas Ánimas a aborrecer el pecado, aún leve, sobre todo mal.

 

Los sufragios.

   Podemos socorrer a las benditas Ánimas, y aún librarlas del purgatorio, con oraciones, indulgencias, limosnas y otras buenas obras, y, sobre todo, con la Santa Misa.

   Se llaman Sufragios las obras buenas que se hacen a favor de las benditas Animas del purgatorio.

   Los sufragios son sólo a manera de súplicas, que la divina justicia acepta en la medida que cree conveniente.

   Por esto un alma no siempre obtiene infaliblemente todos lo efectos de los sufragios aplicados a ella especialmente.

   La Santa Iglesia aprueba que se repitan los sufragios para un mismo difunto.

   Hacen muy mal los que no se acuerdan de aliviar con sufragios a las almas de los difuntos.

   Algunos sólo procuran que el entierro sea muy suntuoso, y nada o muy poco hacen para el alivio del alma.

   El dogma de los sufragios es motivo de alegría, no sólo para los ricos, sino también para los pobres.

   Los ricos hacen muy bien en ordenar sufragios; éstos les abreviarán mucho las penas en el purgatorio.

   Los pobres tienen una madre tiernísima, que es la Santa Iglesia, la cual ruega especialmente por ellos, que son sus hijos queridísimos.

   La devoción a las benditas Animas del purgatorio es utilísima, porque hace practicar muchas obras buenas, causa grande gozo en el cielo y ayuda en gran manera a conseguir la salvación de quien practica esta devoción.

   El voto de Animas consiste en ceder para siempre a favor de las benditas Ánimas del purgatorio, toda la parte satisfactoria de nuestras buenas obras, y todos los sufragios que otros hicieren por nosotros.

   Seamos, pues, muy devotos de las benditas Animas del purgatorio.

   Procuremos socorrerlas, oyendo Misa y comulgando muy a menudo, aun diariamente, si nos es posible; recemos el Santo Rosario, el Via Crucis, etc.

Esta es devoción buena y práctica, con la cual libraremos a muchas almas del purgatorio y las haremos entrar en el cielo.

 

Limbo de los niños.

   Va al limbo de los niños el que muere con el solo pecado original.

   El que muere antes del uso de razón sin el bautismo, muere con el solo pecado original.

   En el limbo no se sufre nada; se goza la felicidad natural.

   Dios hizo, pues, un gran beneficio a los que están en el limbo, dándoles la existencia; podría haberles dejado en la nada de donde los sacó

.     Los que mueren después del uso de razón van al cielo o la infierno, según que hayan o no cumplido la ley de Dios.

 

El infierno.

   Va al infierno el que muere con el pecado mortal.

   El infierno es el lugar en donde se padecen penas eternas.

   Estas penas son de daño y sentido.

   La pena de daño es la privación de la vista de Dios, Sumo Bien.

   Es la mayor pena de los condenados.

   Cuando el alma se separa del cuerpo se dirige hacia Dios con un ímpetu irresistible, con mucha mayor vehemencia que el pez busca el agua o el que está en el fuego procura salir de él; pero Dios rechaza eternamente al alma que está en pecado mortal.

   La pena de sentido es el tormento del fuego y todo mal, sin bien alguno.

   En el infierno los demonios son los verdugos.

   Basta un solo pecado mortal para merecer el infierno.

   En el infierno la pena es proporcionada a la cantidad y calidad de los pecados cometidos.

   Es cierto que hay infierno.

   Nuestro Señor Jesucristo, que es Verdad infalible, lo dice muchas veces en el santo Evangelio.

   Dios prohibe el mal moral y debe castigar al que lo comete.

   La ley, para que los hombres sean compelidos a cumplirla, debe tener señalada una pena a los transgresores.

   Los transgresores de la ley humana son justamente castigados; con mayor razón deben ser castigados los transgresores de le ley divina.

   Nadie puede quebrantar impunemente la ley de Dios.

   Dios es infinitamente justo; así como premia a los buenos con felicidad eterna, castiga a los malos con pena eterna.

   El pecado mortal es una ofensa grave a la majestad infinita de Dios; por consiguiente, merece un castigo infinito.

   El pecador no puede sufrir un castigo infinito en la intensidad, pero sí en la duración.

   Las penas del purgatorio son poco temidas porque son temporales.

   Dios, como sabio legislador, debía establecer un castigo, que de veras apartase del pecado mortal; tal es el castigo eterno del infierno.

   El temor del infierno es una de las causas de que se cumpla la ley de Dios y las almas se salven.

   ¿Por un solo pecado que se comete en un momento castiga Dios con una eternidad de penas?

   El castigo se mide por la gravedad de la ofensa, no por el tiempo que se emplea en cometerla.

   Aun la justicia humana castiga con cárcel perpetua, y hasta con la muerte, el crimen que se ejecuta en un momento.

   Dios es Padre de misericordia para los buenos; mas, para los que mueren en pecado mortal, es juez terribilísimo.

   Los pecadores no deben confiar en que por ser Dios bueno y misericordioso, no los ha de condenar al infierno, pues es también infinitamente justo.

   Tan bueno y misericordioso como ahora era Dios cuando de un golpe arrojó al infierno a millares de ángeles.

   Por ser Dios infinitamente bueno, ama infinitamente la virtud y aborrece infinitamente el pecado: por esto nadie premia o castiga tanto como Dios.

   Si porque Dios es bueno y misericordioso no debiera castigar con el infierno, por la misma razón no debiera permitir los males sin número que existen sobre la tierra.

   Dios, en el gobierno del universo, no se rige por el sentimentalismo de los hombres.

   En este mundo, lugar de prueba y no precisamente de premios y castigos, Dios, con sabiduría y justicia infinitas, permite catástrofes horrendas, dolores acerbísimos, que alcanzan a buenos y malos.

   N. S. Jesucristo, los santos mártires, hijos queridísimos de Dios, sufrieron tormentos tan atroces que horroriza el pensarlo.

   ¿Qué no exigirá la divina justicia que sufra el pecador rebelde obstinado en el mal?

   Los que mueren en pecado mortal quedan reducidos a la misma condición que el demonio, de quien no sentimos compasión.

   Va al infierno quien quiere, pues Dios a todos da gracia abundante para no caer en el pecado; y a los pecadores, mientras viven, les ofrece siempre generoso perdón.

   Nadie se condena sino por su propia y libre voluntad, cometiendo culpa grave.

   Aun los salvajes que nunca han oído hablar de la religión cristiana, si se condenan es por su culpa; pues a donde no llega la voz del hombre llega la voz de Dios.

   ¿Quieres que no haya infierno, sino cielo para ti?.   Vive siempre en gracia de Dios; y si tienes la desgracia inmensa de perderla, procura recobrarla cuanto antes.

 

El fin del mundo.

   Para cada uno de nosotros el mundo se acaba en el momento de la muerte; pero llegará un día en que el mundo se acabará para todos.

   Nadie sabe cuándo será el fin del mundo.   Nuestro Señor Jesucristo, preguntado sobre este punto, no lo quiso decir; no obstante, indicó algunas señales que lo precederán.

   Las señales que han de preceder al fin del mundo son remotas y próximas.

   Las remotas son:

   1º- Apostasía general: la generalidad de los hombres se apartará de Dios, no haciendo caso de su divina ley.

   2º- La predicación del Evangelio por todo el mundo.

   Las señales próximas son:

   Los judíos se convertirán a la religión cristiana.

   Aparecerá el hombre del pecado, llamado Anticristo, quien, con sus palabras y falsos milagros, hará una guerra muy cruel a la Iglesia de Jesucristo y casi todo el mundo le seguirá.

   Elías y Enoch vendrán a oponerse a este hombre perverso y serán martirizados.

   El Anticristo perecerá miserablemente.

   Habrá una espantosa combinación de calamidades públicas, como hambre, peste, guerras, terremotos, inundaciones, etc.

   Pero la señal más próxima será la descomposición de la naturaleza.

   El sol se oscurecerá; la luna se teñirá de sangre; las estrellas caerán; la tierra temblará; abriéndose en muchas partes; el mar dará grandes bramidos; las fieras saldrán de los desiertos, y los hombres verán visiones espantosas y monstruos horrendos; tanto que a los infelices que presenciarán los últimos días del mundo se les secarán las carnes, horrorizados al ver a toda la naturaleza en agonía.

   De las cuatro partes de la tierra saldrá un fuego tan terrible que en pocos momentos destruirá hombres, animales, bosques, ciudades y cuanto hallare a su paso, reduciéndolo todo a un montón de cenizas.

  

 

Resurrección.

   Un ángel con  una voz a manera de trompeta dirá: Levantaos, muertos, y venid a juicio!

   Al fin del mundo, los buenos irán al cielo y los malos al infierno, con el cuerpo y con el alma.

   Dios quiere que el cuerpo acompañe al alma en el premio o castigo eternos.

   En la vida presente el cuerpo acompaña al alma en la práctica del bien o del mal; es muy justo que la acompañe también en el premio o castigo en la vida futura.

   Ahora los buenos están en el cielo y los malos en el infierno solamente con el alma.

   El alma, aunque esté sin el cuerpo, goza de la felicidad infinita del cielo, o sufre los tormentos horribles en el infierno.

   En nosotros lo principal es el alma; un cuerpo sin alma no sufre ni goza.

   Si el cuerpo sufre o goza, es por razón del alma; o mejor dicho, es el alma que sufre o goza en el cuerpo.

   Jesús y María están en el cielo en cuerpo y alma.

   Es creencia piadosa que también están San José y los santos que resucitaron, cuando resucitó Jesús.

   Al fin  del mundo todos hemos de resucitar.

   Para Dios nada hay imposible.

   Todos, buenos y malos, tendremos el mismo cuerpo que tenemos ahora.

   El cuerpo de los buenos resucitará hermosísimo;  el de los malos feísimo.

   Después de la resurrección, los cuerpos de los buenos y de los malos serán inmortales, esto es, no podrán morir jamás.

   Las dotes de los cuerpos bienaventurados son:

   1ª- Impasibilidad: no podrán sufrir jamás pena alguna.

   2ª- Claridad: resplandecerán como el sol y las estrellas del firmamento.

   3ª- Agilidad: podrán trasladarse de un lugar a otro en un instante con el solo acto de la voluntad.

  4ª- Sutileza: podrán pasar a través de los cuerpos sólidos sin obstáculo alguno.

   La resurrección de los cuerpos de los bienaventurados es una de las causas porque la Iglesia trata con tanto respeto los cuerpos de los difuntos y prohibe quemarlos.

 

Juicio universal.

   Todos los hombres resucitarán y se reunirán en el valle de Josafat.

   Jesucristo volverá del cielo con grade gloria y majestad,

   Sentado en un trono de gloria, ordenará que los buenos se coloquen a su derecha y los malos a su izquierda.

   Se abrirá el libro de las conciencias y se publicarán todos los pecados de los malos y todos los actos virtuosos de los bueno.

   El divino juez dictará la sentencia.

   A los malos les dirá: Apartaos de mí, maditos; id al fuego eterno, preparado para Satanás y sus ángeles.

   Y a los buenos les dirá: Venid, benditos de mi Padre, a gozar del reino que os tengo preparado, desde el principio del mundo.

   Dictada la sentencia, la tierra se abrirá y el infierno tragará a los réprobos., quienes en cuerpo y alma quedarán eternamente sepultados en los abismos infernales.

   El fuego atormentara los cuerpo, pero no los consumirá ni les quietará la vida.

   Jesucristo y los elegidos se elevarán a los cielos, en donde reinarán y gozarán delicias infinitas por toda la eternidad.

   ¡Qué fin tan horrible el de los malos!

   ¡Por un momento de placer, los malos se acarrean una eternidad de penas las más espantosas!

   ¡Qué fin tan dichoso el de los buenos!

   ¡Por un momento de trabajo, los buenos ganan una eternidad de gloria infinita!

 

 

ARTÍCULO VIII

CREO EN EL ESPÍRITU SANTO.

 

   El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad.

   Se llama Espíritu Santo, porque procede del Padre y del Hijo por espiración o amor.

   Al Espíritu Santo se le atribuyen especialmente la santificación de las almas y la dirección de la Iglesia.

   Los dones del Espíritu Santo son siete:

   Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios.

   Sabiduría para conocer las cosas de Dios y encontrar gusto en ellas.

   Entendimiento para entender las verdades de la fe y saber obrar conforme a ellas.

   Consejo para elegir pronto y decididamente el bien.

   Fortaleza para cumplir con valor nuestros deberes.

   Ciencia para saber usar bien de las cosas creadas y dirigirlas a Dios, su último fin.

 Piedad para amar a Dios como a Padre.

 Temor de Dios para temer el ofender a Dios más que cualquier otro mal.

   Los frutos del Espíritu Santo.   Son doce:   Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Bondad, Longanimidad, Mansedumbre, Fe, Modestia, Continencia y Castidad.

   Caridad es el amor con que los buenos aman a Dios.

   Gozo es la alegría que causa a los buenos el ser amigos de Dios.

   Paz es la tranquilidad y quietud de ánimo en que viven los buenos.

   Paciencia es la resignación y gusto con que los buenos se conforman a la voluntad de Dios en cualquier tribulación

   Benignidad es el modo suave con que los buenos tratan a todos.

   Bondad es la voluntad y el deseo que tienen los buenos de hacer al prójimo todo el bien posible.

   Longanimidad es el grande ánimo que tienen los buenos; pues toda su confianza está puesta en Dios.

   Mansedumbre es la igualdad de ánimo con que los buenos sufren las injurias, sin indignarse.

   Fe es la fidelidad con que los justos creen todo lo que Dios ha revelado.

   Modestia es el cuidado, recato y delicadeza con que los buenos proceden en todos sus actos.

   Continencia es la solicitud que tiene los buenos para reprimir las pasiones desordenadas.

   Castidad es aquella pureza interior que guardan los buenos, aborreciendo las cosas deshonestas y huyendo de las ocasiones.

   ¡Cuán hermosa es el alma que tiene los dones y Frutos del Espíritu Santo!

   Los tiene el alma que está en gracia de Dios.

   En esta alma tiene el Espíritu Santo su morada especial.

 

 

 

ARTICULO IX

 

LA SANTA IGLESIA CATÓLICA

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS.

 

   La palabra Iglesia significa sociedad o congregación.

   Iglesia de Jesucristo es la sociedad visible fundada por N. S. Jesucristo.

   La Iglesia de Jesucristo es militante, purgante y triunfante.

   Iglesia militante: la forman los que están en este mundo.

   Iglesia purgante: la forman los que están en el purgatorio.

   Iglesia triunfante: la forman los que están en el cielo.

   Para llegar a la Iglesia triunfante es necesario pertenecer primero a la Iglesia militante.

   El noveno artículo del Credo se refiere especialmente a la Iglesia militante.

   Jesucristo fundó la Iglesia para que los hombres puedan hallar siempre en ella todos los medios necesarios para su eterna salvación.

    Estos medios son: la verdadera fe, el sacrificio y los sacramentos; además los mutuos auxilios espirituales, como la oración, el consejo y el ejemplo.

   Para salvarse es necesario pertenecer de hecho, o a lo menos con el deseo implícito, a la verdadera iglesia de Jesucristo.

   La Iglesia de Jesucristo es: perpetua e infalible.

   Perpetua significa que ha de durar hasta el fin del mundo.

   Infalible significa que no puede errar.

   Jesucristo dijo: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.   Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos.

   El infierno prevalecería y Jesucristo no estaría siempre con la Iglesia, si ésta errara o desapareciera.

 

La Iglesia Católica.

   La Iglesia Católica es la sociedad de los fieles cuya cabeza es el Papa.

   Para pertenecer a la Iglesia católica es necesario:

   1º- Estar bautizado.

   2º- Creer todas las verdades de la fe.

   3º- Reconocer al Papa como cabeza de la Iglesia.

   4º- No estar excomulgado.

 

   No pertenecen a la Iglesia Católica:

   Los infieles, herejes, cismáticos, apóstatas y excomulgados.

   Infiel es el que no está bautizado.

   Hereje es el cristiano que niega con pertinacia alguna verdad de la fe.

   Cismático es el cristiano que no reconoce al Papa como cabeza de la Iglesia.

   Apóstata es el que niega con acto externo la fe católica que antes profesaba.

   Excomulgado es el cristiano que ha sido privado por la Iglesia de los bienes espirituales comunes a todos los fieles.

   El pecado, si por él no se incurre en la excomunión, no impide el pertenecer a la Iglesia.

 

La verdadera Iglesia

de Jesucristo.

   La verdadera Iglesia militante de Jesucristo es la Iglesia Católica.

   La Iglesia Católica se llama también Romana, porque el Jefe de ella es el Sumo Pontífice de Roma.

   Las notas o señales por las cuales se reconoce la verdadera Iglesia militante de Jesucristo son: una, santa, católica y apostólica.

   Una: porque Jesucristo fundó una sola.

   Santa: porque Jesucristo es Santo y la fundó para santificarnos.

   Católica: la palabra católica significa universal; Jesucristo fundó su Iglesia para todos los hombres hasta el fin del mundo.

   Apostólica: Jesucristo confió su propagación y gobierno a los apóstoles y a sus legítimos sucesores.

   Estas notas o señales las reúne solamente la Iglesia Católica.

   La Iglesia Católica es una: porque siempre ha tenido y tiene en todas partes una misma fe, unos mismos sacramentos y una misma cabeza.

   Es santa: porque su cabeza, Jesucristo, es el Santo de los santos, sus sacramentos son santos, su doctrina es santa y hace santos a los que la practican.

   Digan sus enemigos, si hay en la doctrina católica algo que no dirija al hombre hacia Dios, fuente de toda santidad.

   La religión católica prescribe una pureza de costumbres admirable.

   Esta es la principal causa porque es tan odiada por los malos.

   Sólo la religión católica tiene santos, esto es, personas de virtudes tan extraordinarias que el mismo Dios da testimonio de ellas con hechos sobrenaturales.

   Nada prueba contra la santidad de la Iglesia que haya católicos, y aún ministros del altar, que observen mala conducta.

   La Santa Iglesia católica condena la mala conducta de toda persona, sea quien fuere.

   El que es malo, lo es precisamente porque no cumple con lo que prescribe la santa Iglesia Católica.

   Es católica por razón de la doctrina, del tiempo y del lugar.

   Por razón de la doctrina.   La doctrina de la Iglesia Católica ha sido siempre la misma, sin cambio alguno.

   Al declarar la Iglesia que una verdad es de fe, no establece una nueva doctrina; solamente obliga en conciencia a creer aquella verdad, como revelada por Dios.

   En materia de disciplina la Iglesia puede cambiar sus leyes según las exigencias de los tiempos y lugares.

   Por razón del tiempo.   La Iglesia Católica existe desde que la fundó Jesucristo.

   El fundador de la Iglesia Católica es Jesucristo; si hubiera sido otro, sabríamos quién fue.

   Las demás religiones, que se llaman cristianas, cuentan su existencia desde varios años y aún siglos después de Jesucristo.

   Sabemos quiénes fueron los fundadores de esas religiones; casi todos fueron católicos que se rebelaron contra la Santa Madre Iglesia.

   El protestantismo empezó a existir quince siglos después de N. S. Jesucristo.

   Afirmar que el protestantismo es la verdadera religión cristiana es admitir que la verdadera religión cristiana empezó a existir 1500 años después de N. S. Jesucristo.

   Los mismos fundadores del protestantismo fueron católicos y después protestantes.

   El protestantismo no fue, pues, fundado por N. S. Jesucristo, y por consiguiente, no es la verdadera religión cristiana.

   Por razón de los lugares.   La Iglesia católica es para todos los hombres y está extendida en toda la tierra.

   La catolicidad es tan propia de la Iglesia Romana, que en todas partes es llamada católica, y católicos son llamados sus hijos.

   Es apostólica, porque viene de los apóstoles y tiene la misma doctrina que ellos enseñaron.

   Los milagros.

   Sólo la Iglesia católica tiene el sello divino que es el milagro.

   Milagro es un hecho sensible, superior a todas las fuerzas y leyes de la naturaleza.

   Por consiguiente, el milagro sólo puede venir de Dios.

   N. S. Jesucristo probó con milagros su divinidad.

   También los muchos milagros habidos a favor de la religión católica prueban que es la verdadera religión.

   Ninguna otra religión puede citar milagro alguno auténtico en su favor.

   El Papa.

   La Iglesia católica es la verdadera Iglesia de Jesucristo, porque en ella está el Papa.

   El Papa es el Romano Pontífice, sucesor de San Pedro, Vicario de Cristo en la tierra.

   Jesucristo dijo a San Pedro:

   “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

   “Y a ti te daré las llaves de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra, ligado será en los cielos y todo lo que desatares en la tierra será también desatado en los cielos”. (SAN MATEO, VXI, 18 y 19).

  

   Con estas palabras Jesucristo constituye a Pedro cimiento y jefe supremo de su Iglesia.

   La Iglesia debe existir hasta el fin del mundo; luego las prerrogativas de Pedro han de pasar a sus sucesores hasta el fin del mundo.

   La Iglesia no puede estar fuera de su cimiento.

   El cimiento de la Iglesia es pedro y sus sucesores.

   Luego donde están Pedro y sus sucesores allí está la Iglesia.

 

 

Legítimos Pastores

de la Iglesia.

 

   Los legítimos Pastores de la Iglesia son el Papa y los Obispos unidos a él.

   El Papa es el obispo de Roma, sucesor de San Pedro.

   Los Obispos son los sucesores de los Apóstoles.

   Jesucristo es el jefe principal o cabeza invisible de la Iglesia.   Mas la Iglesia, como sociedad perfecta y visible, debe tener un jefe visible.

   El jefe visible en toda la Iglesia es el Papa quien representa a Jesucristo en la tierra.

   El Obispo, con dependencia del Papa, es el jefe de su diócesis.

   El Obispo en la cura de almas se ayuda de los sacerdotes, y principalmente de los párrocos.

   El Párroco con dependencia del obispo, es el jefe de su parroquia.

 

 

La Iglesia docente.

 

   El Papa y los Obispos unidos a él, constituyen la Iglesia docente.

   La Iglesia docente ha recibido de Jesucristo la misión de enseñar las verdades y las leyes divinas a todos los hombres.

   Los hombres reciben solamente de la Iglesia docente el conocimiento pleno y seguro de todo lo que es necesario saber para vivir cristianamente.

   La Iglesia docente, al enseñarnos las verdades reveladas por Dios, no puede errar.

   El Papa solo, sin los Obispos, es infalible, cuando, como Maestro de todos los cristianos, define doctrinas acerca de la fe y costumbres.

   En todas las demás cosas el Papa no es infalible ni impecable.

   La infalibilidad del Papa no consiste en una revelación particular, ni en una inspiración profética, sino en una asistencia divina que preserva al Papa de todo error, cuando define las verdades reveladas.

    Sin la autoridad infalible del Jefe de la Iglesia, hubiera sido imposible la unidad de fe y creencias.

   Después que Jesús subió a los cielos, cada cristiano hubiera entendido la religión de Jesucristo a su modo, y no se sabría quién tendría la razón.

   Todos vemos la diferencia de opiniones que hay sobre asuntos relativos al orden natural.

   Más grande sería la diferencia de opiniones en las cosas referentes al orden sobrenatural.

  

 

El cuerpo y alma

de la Iglesia.

   En la Iglesia de Jesucristo se debe distinguir el cuerpo y el alma.

   El cuerpo de la Iglesia consiste en lo que tiene de visible y externo.

   El alma de la Iglesia consiste en lo interno y espiritual, especialmente en la gracia de Dios.

   Miembros vivos de la Iglesia son todos los fieles que están en gracia de Dios.

   Miembros muertos de la Iglesia son los fieles que están en pecado mortal.

   Toda persona que está en gracia de Dios pertenece al alma de la verdadera Iglesia de Jesucristo.

   Los fieles católicos que están en pecado mortal pertenecen al cuerpo de la Iglesia católica, pero no al alma.

   Los que no son católicos externamente, sin culpa suya, por no conocer la religión católica, pero aman a Dios y le sirven como saben y pueden, tienen la gracia de Dios, y pertenecen al alma de la Iglesia católica.

   Nadie puede salvarse fuera de la Iglesia católica, esto es, no hay salvación para quien muere sin pertenecer al alma de la Iglesia católica.

 

Importancia del noveno

artículo del Credo.

   Este artículo del Credo es en cierta manera el más importante de todos.

   La autoridad infalible de la Iglesia es la que nos asegura que las Sagradas Escrituras, el Evangelio y las verdades contenidas en el símbolo mismo, son reveladas por Dios.

   A más, la Sagrada Escritura puede ser entendida de maneras muy diversas.   De ahí la necesidad de que haya una autoridad infalible que las interprete rectamente.

   Creemos a la Iglesia  católica, porque ella tiene todos los caracteres necesarios que demuestran su divina institución.

   Por consiguiente, ella es nuestra maestra y guía para que podamos alcanzar la eterna salvación.

   Debemos, pues, obedecer a la Iglesia.

   Nuestro Señor Jesucristo dijo a sus Apóstoles:

   “El que a vosotros oye, a Mí me oye; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia.

   El que no oye a la Iglesia, sea tenido como gentil y publicano”.

 

La comunión de los Santos.

   La comunión de los Santos es la comunicación de bienes espirituales entre los fieles que están en gracia de Dios.

   La palabra comunión significa comunicación.

   La palabra santos significa los fieles que están en gracia de Dios.

   Bienes espirituales son la gracia, oraciones y demás buenas obras.

   Los fieles que están en gracia de Dios son miembros vivos de un mismo cuerpo místico, del cual es cabeza N. S. Jesucristo.

   En un cuerpo la cabeza deja sentir su influencia en todos los miembros, y los bienes de uno son bienes de los demás.

   La comunión de los Santos se extiende también a las Iglesias triunfante y purgante.

   Nosotros nos encomendamos a los Santos del cielo y podemos aliviar a las almas del purgatorio.

   Los Santos del cielo ruegan a Dios por nosotros y por las almas del purgatorio.

   Los que están en pecado mortal participan solamente de los bienes externos del culto y de las plegarias de los justos para obtener el perdón.

 

Tesoro de la Iglesia.

   El tesoro de la Iglesia está formado por la parte propiciatoria, impetratoria y satisfactoria de las obras buenas hechas por los justos.

   Toda obra buena hecha en gracia de Dios es meritoria, propiciatoria, impetratoria y satisfactoria.

   Meritoria: hace ganar méritos y premios para el cielo.

   Propiciatoria: aplaca la divina justicia.

   Impetratoria: consigue gracias del Señor.

   Satisfactoria: satisface la pena temporal debida por los pecados.

   La parte meritoria es del que practica la obra buena: no se puede ceder.

   Las otras partes se pueden ceder: con ellas se forma el tesoro de la Iglesia.

 

Mérito de las obras buenas.

   Las obras buenas por razón del mérito pueden ser vivas, muertas y mortificadas.

   Vivas, son las que se hacen en gracia de Dios.

   Mientras dura la gracia de Dios son dignas de mérito y de premio eterno.

   Muertas, son las que se hacen en pecado mortal.

   Nunca tendrán mérito ni premio.

   ¡Cuán triste cosa es vivir en pecado mortal!   En tal estado, aunque se hagan obras muy buenas, no se conseguirá por ellas premio alguno en la eternidad.

   No obstante, cuantas más buenas obras hace un pecador, más fácil es que consiga la gracia de la conversión.

   Mortificadas, son las obras buenas hechas en gracia de Dios, si sobreviene el pecado mortal.

   Mientras dura el pecado mortal son como muertas; pero, si se recobra la gracia de Dios, son de nuevo vivas.

   Para que las obras buenas sean meritorias, deben hacerse con la recta intención de agradar a Dios.

   Las obras buenas no tiene todas el mismo mérito, sino que unas son mucho más meritorias que otras; y aun puede suceder que una sola tenga más mérito que muchas otras juntas.

   Las obras buenas pueden ser obligatorias y no obligatorias o supererogatorias.

   Obligatorias, son las que están mandadas bajo pena de culpa, como oír Misa en los días festivos.

   Supererogatorias, las que no son de obligación, como el oír Misa diariamente.

   Las obras buenas más recomendadas por Dios en la Sagrada Escritura son:

   1º- la oración, o sea los actos relativos al culto divino, como la santa Misa, etc.

   2º- el ayuno o las obras de mortificación.

   3º- la limosna, o las obras de caridad y misericordia.

   Las verdaderas riquezas son las obras buenas hechas en gracia de Dios.

   La magnitud del galardón debe excitarnos a practicar muchas buenas obras.

   Una buena obra y el menor acto de virtud es cosa más grande y gloriosa que todas las hazañas de los más célebres conquistadores, que las negociaciones más importantes y que la conquista o el gobierno de un imperio.

   La fe nos lo enseña y la razón misma lo convence, porque todo esto no es más que la gloria de la criatura, mientras que las buenas obras y los actos de virtud procuran la gloria del Criador.

   De aquí es menester inferir que no hay ninguna comparación, ninguna proporción entre lo uno y lo otro.

   Esta verdad bien comprendida ¡qué alientos infunde en las almas buenas para practicar todas aquellas obras que pueden contribuir a la gloria de Dios! ¡Qué fervor en todos los ejercicios de piedad! ¡Qué desprecio de todo lo que no es Dios, ni dice relación de su gloria!

   Cuando leo en el Evangelio que no quedará sin premio un vaso de agua fría dado a un pobre, digo para mi: pues ¿qué será de otras infinitas buenas obras de más importancia que me son fáciles, si las hago por Dios, el cual me promete en recompensa un bien infinito por una eternidad?

   Peso despacio estas tres cosas: un bien infinito, una eternidad y una acción de un instante que tan fácil me es, y quedo sorprendido al ver mi ceguedad: ¿no debería dedicarme sin tregua a aprovechar cuidadosamente todos los instantes de mi vida para emplearlos en buenas obras? ¡Un bien infinito por tan poca cosa!¡Una bienaventuranza eterna por un momento tan breve de trabajo!

   Poco después de haber muerto una persona muy piadosa, se apareció radiante de gloria a otra, y le dijo:

“Soy sumamente feliz; pero, si algo pudiera desear, sería el volver a la vida y padecer mucho, a fin de merecer más gloria”; añadiendo, que quisiera padecer hasta el día del juicio todos los dolores que había padecido durante su última enfermedad, para lograr solamente la gloria que corresponde al mérito de una sola Ave María.

 

 

 

ARTÍCULO X

 

EL PERDÓN DE LOS PECADOS

 

   El perdón de los pecados significa que Jesucristo ha dado a su Iglesia el poder de perdonar todos los pecados.

   El bautismo y la Penitencia son los Sacramentos instituidos para el perdón de los pecados.

 

 

 

 

 

 

ARTÍCULO XI

 

LA RESURRECIÓN DE LA CARNE.

 

La resurrección de la carne  significa que el cuerpo de todos los hombres ha de resucitar.   Véase pág. 30.

 

 

 

ARTÍCULO XII

 

LA VIDA PERDURABLE.

 

   La vida perdurable significa que después de esta vida presente hay otra: o eternamente bienaventurada para los buenos en el cielo, o eternamente infeliz para los malos en el infierno.

   Nuestra alma jamás morirá; ha tenido principio, pero no tendrá fin.

   Mientras exista Dios, existirá nuestra alma.

   Dentro de mil millones de años y de siglos nuestra alma existirá y estará en el cielo o en el infierno, según como nos hayamos portado en el brevísimo tiempo de esta vida.

   ¡Locura grande es cometer el pecado! ¡Por cosas que han de pasar tan pronto!, ¡perder un cielo eterno, merecer un infierno eterno!

   Amén, al fin del Credo, significa: Así es: así lo creo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

LO QUE SE HA DE ORAR

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La Esperanza.

   Esperanza es una virtud sobrenatural por la cual confiamos firmemente alcanzar la gloria celestial.

   Fundamos nuestra esperanza en los méritos de Jesucristo y nuestras buenas obras.

   Los méritos de Jesucristo y nuestras buenas obras son como dos alas para que nuestra alma pueda volar al cielo.

   Los méritos de Jesucristo no nos faltarán jamás; lo que podrá faltarnos serán nuestras buenas obras.

   El gran medio para asegurar estas buenas obras y la perseverancia en ellas hasta la muerte es la oración.

 

La Oración.

   Oración es levantar el corazón a Dios y pedirle mercedes.

   La oración es: mental y vocal.

   Oración mental es la que se hace ejercitando las potencias del alma.

   Las potencias del alma son tres: memoria, entendimiento y voluntad.

   En la oración mental: la memoria recuerda alguna verdad cristiana; el entendimiento reflexiona sobre ella, y la voluntad hace varios actos, como dolor de los pecados, propósito de confesarse y de mudar de vida.

   El que hace bien la oración mental, aunque sea solo un cuarto de hora diariamente, conservará fácilmente la gracia de Dios.

   Dice San Alfonso: “El que ora se salva; el que no ora, se condena”.

   Oración vocal es la que se hace con palabras exteriores, como cuando rezamos el Padre Nuestro.

   En la oración vocal se debe evitar la precipitación.

   Se debe orar con atención, humildad, confianza y perseverancia.

   La distracción involuntaria no quita el mérito o valor de la oración.

   Es necesario orar frecuentemente, porque Dios lo manda, y de ordinario sólo por medio de la oración concede las gracias espirituales y temporales que necesitamos.

   Conviene orar al levantarse o acostarse y a menudo, especialmente en las tentaciones o peligros.

   La oración bien hecha, nos alcanza siempre del Señor lo que pedimos u otra cosa mejor.

   Jesucristo dijo: Pedid y recibiréis.

   La oración que se hace pidiendo la salvación de la propia alma, tiene un efecto infalible.

   Debemos pedir ante todo e incondicionalmente el perdón de nuestros pecados, la gracia de Dios y la perseverancia en ella hasta la muerte.

   Los demás bienes hemos de pedirlos condicionalmente, esto es, si son para mayor gloria de Dios y bien de nuestra alma.

   Cuando Dios no nos concede lo que le pedimos, es porque oramos mal, o porque pedimos cosas no conducentes a nuestro bien espiritual.

   Debemos pedir en nombre de N. S. Jesucristo, como El nos lo enseña y lo practica la Santa Iglesia, quien termina las oraciones con estas palabras: “Por nuestro Señor Jesucristo”.

   Oración jaculatoria es una oración brevísima, por ejemplo: ¡Dios mío, os amo de todo corazón!,¡Antes morir que pecar!¡Virgen Santísima, ayudadme!, etc.

   Conviene hacer muy a menudo oraciones jaculatorias, pues, son de mucha utilidad y un medio muy eficaz para vencer las tentaciones.

 

El Padre Nuestro.

   Padre Nuestro, que estás en los cielos, santificado sea el tu nombre; venga a nos el tu reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.

   El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; mas líbranos del mal.  Amén.

   Los Apóstoles dijeron a Jesús: “Maestro, enseñadnos a orar”.

   Jesús les respondió: “Cuando queráis orar, decid: Padre nuestro, etc.”.

   El Padre nuestro se llama oración dominical, porque la compuso N. S. Jesucristo para enseñarnos a orar.

   Por consiguiente, es la mejor de las oraciones; contiene todo cuanto debemos pedir.

   En el Padre nuestro hay siete peticiones.

   Empezamos diciendo: Padre nuestro.

   ¡Padre! ¡Qué palabra tan consoladora,  tan propia para inspirarnos confianza!

   Sólo porque Jesucristo nos lo ha dicho, podríamos animarnos a llamar Padre al que es el Ser Supremo, Señor del cielo y de la tierra.

   Dios es nuestro Padre: El nos ha criado a su imagen, nos conserva y gobierna con su providencia, y por la gracia somos sus hijos adoptivos y herederos del cielo.

   Llamamos a Dios: “Padre nuestro”, y no: “Padre mío”, porque todos somos sus hijos; por lo cual hemos de mirarnos y amarnos todos como hermanos.

   Decimos: “que estás en los cielos”, para levantar nuestra mente y corazón hacia el cielo, que es el lugar donde Dios manifiesta a sus hijos el esplendor de su gloria.

   Primera petición: santificado sea el tu nombre.

   Pedimos que Dios sea conocido y amado de todo el mundo.

   Esta es la primera petición, porque el primer deseo de nuestro corazón debe ser buscar la gloria de Dios, antes que nuestros intereses y provecho.

   Buscamos la gloria de Dios, si procuramos cumplir bien su santa ley.

   Segunda petición: Venga a nos el tu reino.

   El reino de Dios es su gracia en esta vida y su gloria en la otra.

   La Iglesia militante se llama también reino de Dios; pedimos que todos los hombres la conozcan y formen parte de ella.

   Tercera petición: Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.

   Pedimos la gracia de hacer siempre la voluntad de Dios; no que Dios haga la nuestra.

   Cuarta petición: El pan nuestro de cada día dánosle hoy.

   La palabra pan significa todo lo necesario para la vida del alma y del cuerpo.

   Quinta petición: y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

   La palabra deudas significa pecados.

   La palabra deudores se refiere a los que nos han ofendido.

   Los que no quieren perdonar al que los ofendió, al rezar el Padre nuestro, se condenan por sí mismos, diciendo a Dios que les perdone, como ellos perdonan a su prójimo.

   Sexta petición: y no nos dejes caer en la tentación.

   Tentación es una incitación al pecado.

   El pecado está, no en tener tentaciones, sino en consentirlas.

   Dios permite que seamos tentados:

   1º- Para probar nuestra fidelidad.

   2º- Para darnos ocasión de perfeccionar nuestra virtud.

   3º- Para que tengamos más mérito y premio.

   Por esto, no pedimos que no tengamos tentaciones, sino que no caigamos en ellas.

   Séptima petición: Mas líbranos del mal.

   Pedimos nos libre Dios del sumo mal, que es el pecado y su castigo.

   Pedimos a Dios que nos libre de los otros males, según convenga para nuestro bien espiritual.

   Las penas de esta vida, lo mismo que las tentaciones, son permitidas por Dios para nuestro bien espiritual, porque:

   1º- Estas penas nos hacen comprender claramente que este mundo es un destierro, un valle de lágrimas; y nos hacen concebir deseos de ir pronto al cielo.

   2º-Estas penas nos hacen más semejantes a Jesucristo, que fue propiamente Varón de dolores.

   Es justo le acompañemos en el sufrimiento, si queremos acompañarle en la gloria.

   3º- Estas penas, sufridas con paciencia, son motivo de gran mérito y premio para el cielo.

   Son tesoros preciosísimos que el Señor nos ofrece.

   Si los hombres conociesen el valor de estas penas, pedirían a Dios que no se las quitase, sino que les diese más y la debida paciencia para sufrirlas.

   Amén, al fin del Padre nuestro, quiere decir: Así sea, así lo espero.

   El Padre nuestro debe rezarse frecuentemente, sin precipitación, como está en el catecismo, sin cambiar, añadir o quitar palabras.

   Después del Padre nuestro, para alabar a la Santísima Virgen y pedir su poderosa intercesión, se suele rezar el Ave María.

 

Ave María.

   Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres; y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.

   Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.  Amén.

   Las palabras de que está compuesta el Ave María pertenecen: parte el arcángel San Gabriel, parte a Santa Isabel, y parte a la Santa Madre Iglesia.

   El Arcángel San Gabriel, al anunciar a María que sería la Madre de Dios, la saludó diciéndole: “Dios te salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres”.

   Santa Isabel, al ser visitada por María, que era ya Madre de Dios, le dijo:

 “Bendito es el fruto de tu vientre”.

   Las demás palabras son de la Santa Madre Iglesia.

   El Ave María se llama salutación angélica, porque empieza con las palabras del Arcángel San Gabriel.

 

El Gloria.

   Después del Padre nuestro y Ave María se suele rezar el Gloria en honor de la Ssma. Trinidad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

   Como era en el principio, y ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.   Amén.

   Es muy común rezar el Gloria en latín:

   Gloria Patri, et Fílio, et Spíritu Sancto.

   Sícut erat in princípio, et nunc, et semper, et in saécula saeculórum.  Amén.

 

Devoción a la Santísima Virgen.

   La Santísima Virgen María es una gran Señora, llena de gracia y de virtudes; es Madre de Dios y nuestra Madre y Abogada en el cielo.

   Está en el cielo en cuerpo y alma.

   Es invocada con varios títulos, tales como: Inmaculada Concepción, del Carmen, del Rosario, Auxilio de los Cristianos, etc.

   Después de Jesús, debemos profesar a María Santísima el mayor amor.

 

 

MOTIVOS DE LA DEVOCIÓN A MARÍA SANTÍSIMA.

 

      I.- María es la más privilegiada y amada de Dios entre todas las puras criaturas.

     II.- María es Madre de Dios.

    Por consiguiente, todo el honor que tributamos a María redunda en honor de Dios.

    III.- María es nuestra Madre y Abogada en el cielo.

   Jesús desde la cruz dijo a su discípulo Juan: Hé ahí a tu madre, refiriéndose a María.

   San Juan representa a todos los buenos cristianos, a quienes Jesús dio por madre a su propia Madre.

   IV.- El ser devoto de María es señal de predestinación, según dicen San Anselmo y otros santos.

   Predestinación significa ser elegido para el cielo.

   V.- La Santa Iglesia nos da ejemplo de cómo debemos ser devotos de María.

   La honra con un culto superior al de todos los Santos.

   Le dedica muchos templos muy suntuosos, e imágenes muy devotas.

   Tiene establecidas muchas festividades, oraciones y prácticas devotas en su honor.

   VI.- Dios se complace en conceder gracias muy extraordinarias, y a veces hasta milagrosas, a los que con  fe acuden a María.

   Para ser verdadero devoto de María se debe procurar:

   1º- Evitar el pecado e imitar sus virtudes.

   Lo que más aborrece María es el pecado.

   Debemos procurar imitar a María especialmente en la humildad, castidad y caridad.

   2º- Comulgar a menudo.

   Causa gran satisfacción a María el vernos unidos con Jesús en la sagrada Comunión.

   3º- Rezar el Santo Rosario, llevar escapulario o medalla y practicar otras obras piadosas en su honor.

   A más del Ave María la Santa Iglesia nos enseña a implorar la protección de la Virgen María con la Salve (pág. 133).

 

Culto a los Santos

y a sus Reliquias.

   Los santos son los justos del cielo que practicaron la virtud en grado heroico durante su vida mortal.

   Dios confirmó la santidad de su vida y su gloria por medio de milagros.

   Sólo la autoridad suprema de la Iglesia puede canonizar, esto es, declarar santo a uno de sus hijos.

   Cuando muere alguna persona que ha vivido con piedad y santidad extraordinarias, se dice que muere en olor de santidad y se llama Siervo de Dios.

   La veneración e invocación públicas de los que han muerto están prohibidas antes que el Papa declare su santidad.

   Pero si estamos convencidos de que una persona ha vivido santamente y está en el cielo, podemos privadamente venerarla, honrar su imagen e invocar su intercesión.

   En este caso dicho Siervo de Dios se llama:

   Venerable, cuando el Papa ha dado el decreto aprobando todas sus virtudes como practicadas en grado heroico.

   Beato, cuando el Papa da el decreto de beatificación, declarando que el Siervo de Dios está en el cielo.

   Santo, cuando el Papa le canoniza, esto es, agrega su nombre al catálogo de los Santos.

   A los Beatos se les puede rendir culto público sólo en los lugares indicados en el decreto pontificio.

   A los Santos se les puede rendir culto público en todas partes.

   Es justo y laudable venerar e invocar a los Santos.   Dios los ha colmado de gracia y de gloria y son nuestros protectores en el cielo.

   El honor que tributamos a los Santos redunda en honor del mismo Dios.

   Dios quiere que honremos a los Santos; por esto ha dispuesto concedernos gracias especiales por su intercesión.

   Dios es quien concede las gracias; los Santos son nuestros intercesores.

   La oración a los Santos, aunque muy laudable y útil, no es obligatoria.

   Jesucristo es el único mediador necesario ante el Padre: los Santos piden por los méritos y en nombre de Jesucristo.

   El culto de los Santos es muy distinto del que se da a Dios.

   A Dios se da el culto de latría, esto es, la adoración propiamente dicha, como Ser Supremo y Señor de todo el universo.

   A los Ángeles y Santos se da el culto de dulía, esto es, una veneración especial como siervos fidelísimos de Dios.

   A la Santísima Virgen se da el culto de hiperdulía, esto es, una veneración superior a la de todos los Ángeles y Santos por ser Madre de Dios.

   Conviene tener devoción especial:

   1º- a San José, Patrón de la Iglesia universal.

   2º- A los Santos Ángeles de la guarda.

   3º- A los Santos Apóstoles,

   4º- Al Santo de nuestro nombre.

   5º- A los Santos Patronos de la diócesis y parroquia, y del oficio o profesión de cada uno.

   El modo práctico de venerar a los Santos es imitar sus virtudes y pedirles intercedan por nosotros delante de Dios.

   Las imágenes de Jesucristo y de los Santos son para que por ellas nos acordemos de los que están en el cielo, y en sus imágenes les hagamos reverencia.

   Un hijo hace honor al retrato de su padre, un súbdito al de su rey; con más razón podemos rendir honores a las imágenes de Jesús y de los Santos.

   Los honores que tributamos a las imágenes no los dirigimos a la materia (tela, papel, madera o metal), sino a las personas que las imágenes representan.

   Veneramos las reliquias de los Santos, porque sus cuerpos han sido templos vivos de Dios y han de resucitar gloriosos al fin del mundo.

   Dios ha hecho con frecuencia milagros por las reliquias de los Santos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCERA PARTE

 

LO QUE SE HA DE OBRAR

 

DOCTRINA DE LA CARIDAD

MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS

PRECEPTOS DE LA IGLESIA – VIRTUDES CRISTIANAS

 

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La caridad.

   La caridad consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

   En el amor de Dios y del prójimo está comprendida toda la ley de Dios.

 

 

  El amor de Dios.

   Hemos de amar a Dios sobre todas las cosas, porque El es infinitamente bueno, y porque de El recibimos todo bien.

 

   Siendo Dios infinitamente bueno, merece amor infinito.

   Sólo el mismo Dios puede amarse como El merece ser amado.

   Nosotros, ya que no podemos amar a Dios como El merece ser amado, amémosle tanto cuanto podamos.

   La medida de nuestro amor a Dios sea amarle sin medida, amarle cada día más y más.

   Dios es quien nos da y conserva continuamente todo cuanto tenemos;

   sin su ayuda no podemos mover ni un dedo de la mano;

   y nos tiene preparado un paraíso eterno de delicias infinitas.

   Nuestro corazón debe, pues, ser todo para Dios.

   Todas las demás cosas debemos amarlas tanto, cuanto nos conducen a Dios, y detestarlas tanto, cuanto nos apartan de Dios.

   El verdadero amor de Dios consiste en guardar sus mandamientos.

   N. S. Jesucristo dijo: Si alguno me ama guardará mi palabra, esto es, mis mandamientos (SAN JUAN, XIV, 23).

   La regla, pues, para conocer si uno ama a Dios, es ver si guarda sus mandamientos.

   Todos los hombres, a excepción de alguno muy depravado, dicen que aman a Dios; pero muchos lo dicen falsamente, porque no cumplen sus mandamientos.

   No queramos  nosotros decirlo falsamente, sino con verdad.

   Repitamos con mucha frecuencia y de todo corazón la siguiente jaculatoria:

   Dios mío, os amo sobre todas las cosas, porque Vos sois infinitamente bueno y porque de Vos recibo todo bien.

 

 

 

 

El amor al prójimo.

   Hemos de amar al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

   Debemos recordar siempre que el prójimo es imagen e hijo de Dios, y un hermano nuestro.

   Es imagen de Dios: todo hombre lleva grabada en el alma la imagen de Dios.

   Es hijo de Dios: todos podemos y debemos llamar a Dios Padre nuestro.

   Es hermano nuestro: todos descendemos de Adán y Eva, y tenemos un mismo Padre, que es Dios.

   Todo hombre tiene un Ángel que lo guarda.

   Estas consideraciones deben infundir en nuestros corazones un gran respeto y amor a todo ser humano.

   Nuestro prójimo o semejante, es todo el que está o puede ir al cielo.

   Todas las personas de este mundo son nuestro prójimo, aún los malos; pues mientras viven, pueden hacerse buenos e ir al cielo.

   Nuestro respeto y amor debe ser para toda persona de cualquier raza, religión, idea u opinión.

   Pero no se debe decir: Yo respeto toda religión, idea u opinión; porque si éstas son falsas, constituyen un error.

   El error, el vicio, el pecado no merecen ser respetados, sino destruidos.

   Ataca al error, pero respeta a la persona: dice San Agustín.

   Con tal que no se haga con espíritu de venganza, no es contra la caridad desear y aún procurar que los malos sean castigados por la autoridad competente.

   Hemos de tratar a nuestro  prójimo como nosotros queremos ser justamente tratados.

   Todos queremos  que se nos trate muy bien, con toda consideración; tratemos, pues, así a los demás.

   Los brutos animales no son nuestro prójimo.

   No obstante, se deben evitar dos extremos: hacerlos sufrir sin necesidad, y tratarlos con tanto regalo como si fuesen personas.

 

Los dos mandamientos

de la caridad.

   1º- Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.

   2º- Amarás al prójimo como a ti mismo.

 

Los diez mandamientos de la

ley de Dios, o el Decálogo.

   Yo soy el Señor Dios tuyo:

   El primero: No tendrás otro Dios más que a Mí.

   El segundo: No tomar el nombre de Dios en vano.

   El tercero: Acuérdate de santificar las fiestas.

   El cuarto: Honra al padre y a la madre.

   El quinto: No matar.

   El sexto: No fornicar.

   El séptimo: No hurtar.

   El octavo: No levantar falso testimonio.

   El noveno: No desear la mujer de tu prójimo.

   El décimo: No codiciar los bienes ajenos.

   El decálogo contiene explícita o implícitamente todos los deberes del hombre en relación a Dios, al prójimo y consigo mismo.

   Dios en sus mandamientos manda que hagamos el bien y evitemos el mal; por esto cada mandamiento contiene un precepto y una prohibición.

   Dios ha impreso estos mandamientos en el corazón del hombre y los dió a Moisés en el Monte Sinaí, escritos en dos tablas de piedra.

   Los tres primeros, contenidos en la primera tabla, tienen por fin directo el honor de Dios.   Los otros siete, contenidos en la segunda tabla, tienen por fin directo el bien del prójimo.

   Nuestro Señor Jesucristo confirmó los diez mandamientos y los perfeccionó con los consejos evangélicos.

   Podemos, debemos y es absolutamente necesario, cumplir con los divinos mandamientos, para salvarnos.

   Podemos: Dios conoce nuestras fuerzas y si El manda el cumplimiento de los mandamientos, es porque sabe que podemos cumplirlos.

   Si encontramos alguna dificultad en cumplirlos, pidamos a Dios su gracia, e infaliblemente El nos ayudará y nos hará fácil lo que para nosotros fuera difícil y aún imposible.

   Debemos: porque Dios lo quiere, lo manda, y nadie como El tiene más, ni tanto derecho a ser obedecido.

   Lo exige el bien común y la sana razón.

   El código de todos los países civilizados está basado en la ley de Dios.

   Es absolutamente necesario cumplir los mandamientos: porque sólo

cumpliéndolos nos libraremos del infierno y conseguiremos el cielo.

   Basta quebrantar un solo mandamiento en cosa grave para merecer la eterna condenación.

  

 

El pecado.

   Pecado es faltar a la ley de Dios.

   El pecado es original y actual.

   Pecado original es aquel con que todos nacemos, heredado de nuestros primeros padres.

   Se borra con el santo bautismo.

   Pecado actual es el que comete voluntariamente quien tiene uso de razón.

   El pecado puede cometerse con pensamiento, deseo, palabra, obra y omisión.

   Omisión quiere decir dejar de hacer aquello a que uno está obligado.

   No todos los pecados son iguales; como entre amigos pueden surgir disgustos pequeños y graves, así también sucede entre Dios y el hombre.

   Los disgustos pequeños no rompen la amistad, pero sí los graves.

   El pecado actual puede ser mortal y venial.

   Pecado mortal es faltar a la ley de Dios en materia grave, con plena advertencia y pleno consentimiento.

   Materia grave significa cosa de importancia.

   Plena advertencia significa que el entendimiento se dé cuenta claramente de que la cosa es mala.

   No peca, por falta de advertencia, quien come carne en día prohibido, porque no sabe o no recuerda que es día de abstinencia.

   Pleno consentimiento significa que la voluntad sea del todo libre.

   Un sueño malo, de por sí, no es pecado, porque cuando uno duerme no es libre para hacer el bien o el mal.

   En donde no hay libre voluntad no hay pecado.

   No peca quien hace algo malo sin querer, compelido a viva fuerza.

   No quita la libre voluntad ser compelido, pero no a viva fuerza, a hacer algo que de otra suerte no se quisiera hacer.

   Pecaría quien por encontrarse amenazado de muerte u otro mal grave, cometiera una acción mala por su naturaleza, como insultar a Dios, abandonar la verdadera religión, etc.

   Para que haya pecado no es necesario querer directamente ofender a dio.

  Sólo el demonio u hombres semejantes al demonio pueden querer directamente ofender a Dios.

   Lo que se intenta, al pecar, es sólo satisfacer la pasión, el capricho.

   Para que haya pecado, ni aún es necesario pensar que se ofende a Dios; basta hacer libremente algo ilícito, dándose cuenta que aquello no se debe hacer, porque es malo.

   Quien hace mal sin saberlo por ignorancia culpable, peca.

   Quien ejecuta un acto, dudando si es lícito, peca.

   El que duda si un acto es lícito o ilícito debe averiguar antes; y no puede efectuarlo sin saber que es lícito.

   El medio más práctico para averiguar si un acto es lícito, es preguntar al confesor.

   Quien hace algo lícito, pero creyendo por error que es ilícito, peca.

   El pecado mortal se perdona de dos maneras:

   1º- Confesándose.

   2º- Haciendo un acto de contrición perfecta con el propósito de confesarse.

   El pecado grave se llama mortal, porque quita al alma la vida sobrenatural de la gracia santificante.

   Pecado venial es faltar a la ley de Dios de materia leve; o en cosa grave, pero sin plena advertencia o pleno consentimiento

   Se llama pecado venial, esto es, perdonable, porque no quita la gracia de Dios y se perdona fácilmente.

   El pecado venial se perdona arrepintiéndose de haberlo cometido.

 

EL PECADO ES EL MAYOR DE TODOS LOS MALES

 

   Debemos temer todo pecado como el mayor de todos los males.

   El pecado es el mal contra Dios; porque le quita la obediencia y el honor que le son debidos.

   Si Dios fuera capaz de pena, el pecado se la causaría.

   El pecado, el mal contra Dios, es un mal infinito, por ser infinita la dignidad de Dios ofendido.

   Todos los demás males son males de las criaturas; mas todas las criaturas, compradas con Dios, son como nada; por consiguiente, todos sus males son como nada comparados con el mal contra Dios.

   Por esto aun para librar de la ruina al mundo entero, jamás sería lícito cometer el más mínimo pecado.

   Nunca puede ser lícito cometer un pecado; pues si alguna vez fuera lícito, ya no sería pecado.

   El pecado es el mal del hombre; porque le quita la eterna felicidad, que es su último fin.

   Ningún otro mal causa más fatales consecuencias.

 

MALICIA DEL PECADO MORTAL

 

   El pecado mortal es una ofensa grave al Dios de Majestad infinita; por consiguiente, es una injuria infinita.

   El hombre que comete pecado mortal se rebela contra Dios: si no con palabra, con sus obras dice: No quiero servir a Dios; no quiero hacer lo que El manda.

   El hombre, si se le comprar con Dios, es infinitamente menos que un gusano comparado con todo el universo.

   ¿Un ser tan vil se atreve a rebelarse contra Dios? ¿Por qué? Por una pasión baja que no quiere dominar y, muchas veces, por cosas de ningún valor.

   Todo el que comete pecado mortal ama más a sí mismo y a las criaturas que a Dios; pues disgusta gravemente a Dios, para complacerse a sí mismo o a otros.

   ¡Pecar! ¡Ofender a Dios en su misma presencia! ¡es el colmo del atrevimiento!.

   A lo menos para pecar, buscad un lugar donde Dios no esté.   ¡Pero ese lugar no existe!

   Quien comete un pecado mortal es el ser más ingrato.   Todo lo que el hombre tiene, Dios se lo ha dado y se lo conserva, y sin embargo el pecador lo emplea para ofenderle.

   El que comete pecado mortal se hace esclavo de las pasiones y apetitos contrarios a la razón.

   El pecado mortal es el mayor de todos los males de esta vida, pues éstos los ordena Dios para medicina del pecado; ningún médico sabio hace un mal mayor para curar otro menor.

   N. S. Jesucristo, para librarnos de los pecados, aceptó los males de pena, y muy grandes, pero no el mal de culpa.

   El pecado mortal ha sido la causa de que Jesús sufriera los más crueles tormentos en su pasión santísima.

   Un solo pecado mortal cambió a unos Ángeles hermosísimos en demonios feísimos.

   Un solo pecado mortal, el de Adán, cambió el mundo, de un paraíso de delicias y goces, en un valle de lágrimas y dolores.

 

 

CONSECUENCIAS DEL PECADO MORTAL

 

   El pecado mortal:

   1º- Nos aparta de Dios y nos priva de su amor y amistad.

   2º- Nos quita los méritos y el derecho a la gloria.

   3º- Nos hace merecedores de la eterna condenación.

 

 

CONSECUENCIAS DEL PECADO VENIAL

   Debemos evitar también los pecados veniales, porque:

   1º- El pecado venial es una ofensa que se hace a Dios.

   2º- Impide muchas gracias que el Señor nos concedería.

   3º- Todo pecado venial atrae varios castigos de Dios en esta vida y en la otra.

   4º- Poco a poco conduce al pecado mortal.

 

¡JAMÁS PECAR!

 

   Sólo el pecado es el verdadero mal, pues los demás males pueden traernos grandes bienes, porque nos ayudan a conseguir mayores premios para el cielo.

   Sólo el pecado, si es grave, nos separa de Dios, nuestro Sumo Bien; y si es leve, retarda nuestra entrada en el cielo y nos priva de muchas gracias.

   Evitemos, pues, todo pecado, cueste lo que cueste.

   Digamos a menudo: primero morir que pecar.

   Si por cada vez que el hombre cometiera un pecado, tuviera que pagar una gran multa o recibir un gran castigo corporal ¿no es verdad que todos tendrían un cuidado sumo en no cometer pecados?

   Con mayor razón debemos abstenernos del pecado por no ofender a Dios, por no perder el cielo, por no merecer los castigos temporales y eternos.

  

MEDIOS PARA EVITAR EL PECADO

   1º- En las tentaciones, acudir a Dios y a la Santísima Virgen con fervorosas oraciones jaculatorias, pensando que Dios está presente en todo lugar.

   2º- Leer algún libro bueno y hacer unos minutos de meditación cada día.

   3º- Acordarse a menudo de la muerte, juicio, infierno y gloria.

   4º- Cada noche, al acostarse, hacer examen de conciencia, y pedir a Dios perdón de las faltas cometidas durante el día.

   5º- Frecuentar los Santos Sacramentos.

 

 

MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS EN PARTICULAR

 

Primer mandamiento.

   Al principio de los mandamientos se dice: Yo soy el Señor Dios tuyo.

   Estas palabras indican que Dios, por ser nuestro Criados y Señor, puede mandarnos lo que quiera, y nosotros, sus criaturas, estamos obligados a obedecerle.

   El primer mandamiento es: No tendrás otro Dios más que a Mí.

   Nos manda adorar sólo a Dios, y darle el culto debido, practicando la verdadera religión.

   Prohibe la superstición, la irreligiosidad y la ignorancia culpable de las verdades de la fe y cualquier otro pecado contra la religión.

 

LA SUPERSTICIÓN

   Superstición es dar a la criatura el culto debido sólo a Dios, o dar a Dios culto de un modo indebido.

   Son supersticiones: la idolatría, la vana observancia, la adivinación, la magia, el maleficio, las mesas giratorias, el magnetismo en algunos efectos y el espiritismo.

   Idolatría es dar a una criatura el culto supremo de adoración, debido sólo a Dios.

   Vana observancia es usar medios no proporcionados, ni instituidos por Dios, para obtener un efecto cierto.

   Es de tres clases:

   1ª- El arte de adquirir la ciencia sin trabajo.

   2ª- El arte de curar con varios signos o cosas sagradas.

   3ª- Observación de los sucesos; en vista de un suceso casual se calcula la suerte o desgracia.

   Es superstición:

   Atribuir a una oración o a cierto número de cruces la virtud de curar ciertamente una enfermedad;

   Tener por días de desgracia el martes o el viernes; considerar como de mal presagio el número 13; romper un cristal, derramar la sal; llevar amuletos para tener suerte o evitar la desgracia, etc., etc.

   Es pecado, pues, pretender sanar infaliblemente las enfermedades sólo con oraciones u otros medios inadecuados.

   Algunas personas santas han sanado enfermedades con oraciones solamente, pero esto fue por milagro y dichas personas no atribuían a sus oraciones la virtud infalible de sanar enfermedades.

   La adivinación es pretender averiguar las cosas ocultas con ayuda del demonio.

   La adivinación se hace por los astros, por las líneas de las manos, por una casualidad, por los sueños, por las cartas, etc.

   Pecan gravemente los que van a preguntar a las adivinas, se hacen decir la buenaventura, etc.: no será pecado grave si se hace para jugar, sin que ni la una ni la otra parte preste crédito, pero ni aun por juego deben hacerse estas cosas.

   El porvenir contingente y libre lo sabe sólo Dios; las adivinas no lo pueden saber.

   Los sueños enviados por Dios, para hacer conocer su voluntad, son rarísimos; por las señales que les acompañan se conoce ciertamente ser diferentes de los sueños naturales o diabólicos.

   La magia supersticiosa es el arte de hacer cosas extraordinarias, las cuales, aunque no sean sobrenaturales, son superiores a las fuerzas del hombre, y, por consiguiente, sólo pueden hacerse por intervención diabólica.

   Brujería o maleficio es el arte de dañar con intervención del demonio.

   Los casos de brujería o maleficio son rarísimos.

   Las brujas están generalmente en la cabeza de los ignorantes.

   Esta superstición es causa hasta de asesinatos y de otros crímenes gravísimos.

   El que está en gracia de Dios nada debe temer, pues tiene a Dios por Padre que lo protege con una providencia especial.

   El buen cristiano no pretende querer averiguar el porvenir por medios ilícitos; confía en la Divina Providencia y vive tranquilo.

   Mesas giratorias; es pecado de superstición el hacer preguntas a las mesas giratorias; las contestaciones sólo pueden ser por intervención diabólica.

   El magnetismo animal e hipnotismo son casi lo mismo; en general están prohibidos por los grandes peligros morales y aun físicos que encierran.

   Alguna vez podrán ser lícitos moralmente, con tan que se entienda excluir toda intervención diabólica, se recurra a medios puramente naturales, el fin sea bueno y honesto, y se emplee la debida cautela para impedir todo abuso.

   Para no equivocarse, no se haga ninguna de estas cosas sin consultar al confesor.

   El espiritismo o consulta hecha a los espíritus es un gravísimo pecado.

   Cuando menos religión tiene un pueblo, tanto más está lleno de supersticiones.

 

 

LA IRRELIGIOSIDAD

 

   La irreligiosidad es una irreverencia especial que se infiere a Dios, a las personas y cosas sagradas.

   Sacrilegio es la profanación de lugar, persona o cosa, consagradas a Dios y destinadas a su culto.

   Tentar a Dios es decir o hacer algo para probar si Dios es sabio, poderoso o dotado de cualquier otra perfección.

   Simonía es pretender comprar o vender por precio temporal algo espiritual o anexo a lo espiritual.

   La impiedad es negar a Dios todo culto.

   Las principales sectas impías son: el Liberalismo, la Masonería, el Socialismo y el Anarquismo.

   Liberalismo es el sistema que toma por criterio único y exclusivo de todo acto moral privado o público, la razón y voluntad del hombre, prescindiendo de Dios.

   Ser liberal antes significaba ser generoso, magnánimo; ahora generalmente significa pertenecer a una secta condenada por la Iglesia.

   La Masonería es una sociedad que tiene por fin principal hacer guerra a la Iglesia Católica.

   El Socialismo tiene el mismo fin que la masonería.

   Para engañar a los obreros les promete la repartición de todos los bienes, la igualdad social, etc.

   El Anarquismo es el sistema que proclama la destrucción de todo poder y autoridad, aún con la violencia.

   El Fanatismo es el furor de los sectarios, producido por ideas falsas.

   El que cumple con fidelidad las leyes de la Iglesia, confiesa y comulga a menudo, no es fanático, sino devoto.

   Los ignorantes y maliciosos confunden la devoción con el fanatismo.

   La devoción es una virtud, el fanatismo es un vicio.

 

 

Segundo mandamiento.

   El segundo mandamiento es: No tomar el nombre de Dios en vano.

   Nos manda tener mucho respeto al santo nombre de Dios.

   Prohibe nombrar a Dios sin respeto, la blasfemia, los juramentos vanos y la violación de votos.

   El nombrar a Dios y las cosas santas por enojo, risa, juego o de otro modo poco reverente, es pecado venial.

 

LA BLASFEMIA

 

   La blasfemia es decir o hacer algo injurioso a Dios o a los Santos.

   Es un pecado gravísimo: es el lenguaje del infierno: si no se oyera, no se podría creer que hubiera hombres capaces de blasfemar.

   Todas las razones que se alegan, para defender tan detestable vicio,  son puras excusas de ningún valor.

   Si el blasfemo debiera pagar una suma importante por cada blasfemia, ciertamente se enmendaría inmediatamente.

 

 

JURAMENTO

 

   Jurar es poner a Dios por testigo.

   Jura en vano el que jura sin verdad, sin justicia y sin necesidad.

   Jurar sin verdad es jurar contra lo que uno siente o con mentira.

   Jurar sin justicia es jurar una cosa injusta y mala, como hacer algún mal al prójimo.

   El que ha jurado hacer una cosa mala no debe ni puede cumplir el juramento, pues el cumplirlo sería otro pecado más.

   Jurar sin necesidad es jurar sin causa grave o por cosa de poco momento.

   Jurar con mentira es siempre pecado mortal, aún en cosa leve.

   Poner a Dios, Verdad infinita, por testigo de lo falso, es una grave irreverencia.

   Jurar sin justicia en cosa grave, es pecado mortal; en cosa leve, es venial.

   Jurar sin necesidad es pecado venial.

   También es pecado jurar en vano por las criaturas, porque se jura al Criador de ellas.

   Jurar por las criaturas es decir v. gr.: juro por mi alma, por el Cielo, por la tierra, etc., que esto es así.

   Para no jurar en vano debemos acostumbrarnos a decir simplemente sí o no, como Jesucristo nos enseña.

 

 

EL VOTO

 

   El voto es una promesa hecha a Dios, de un bien mejor, con intención de obligarse.

   El que ha hecho un voto tiene obligación de cumplirlo.

   Antes de hacer un voto conviene pensarlo bien y pedir consejo al confesor.

   El voto se puede cumplir haciendo otra cosa mejor que lo que se prometió.

   Cuando el cumplimiento de un voto fuera muy difícil, se puede pedir la conmutación o la dispensa.

   El propósito de hacer una cosa buena, de por sí no obliga.

   Por ejemplo: uno hace el propósito de oír Misa o rezar el Rosario diariamente; si lo cumple ganará mucho, pero si no lo cumple no comete pecado.

  

 

Tercer mandamiento.

   El tercer mandamiento es: Acuérdate de santificar las fiestas.

   Nos manda honrar a Dios con obras de culto en los días festivos.

   Son días de fiesta los Domingos y algunos otros días mandados por la Santa Iglesia.

   En la ley antigua se santificaba el sábado.

   En la ley nueva se santifica el Domingo, porque en tal día resucitó Jesucristo y el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles.

   Santifica la fiesta el que oye Misa entera y no trabaja sin necesidad.

  

 

OIR MISA

   El que en día festivo falta a la Misa sin justa causa, comete pecado mortal.

   Excusa de oír Misa una causa medianamente grave.

   La Misa de debe oír entera y con devoción.

   Misa entera quiere decir desde el principio hasta el fin.

   Se cumple con el precepto oyendo en distinto tiempo parte de una Misa y parte de otra; conviene que la Consagración y la Comunión sean de una misma Misa.

   Perder desde el principio de la Misa hasta antes del ofertorio, o lo restante después de la Comunión es falta leve.

   La Consagración y la Comunión son las dos partes esenciales de la Misa; basta asistir a estas dos partes para oír realmente la Misa, aunque para cumplir con el precepto en los días festivos, se debe asistir desde el principio hasta el fin.

   Se puede oír Misa y confesarse al mismo tiempo.

   Se pueden oír varias Misas a la vez, fijando la atención especialmente en una.

   A más de oír Misa, conviene ocupar el día festivo en otras obras buenas; asistir al sermón, a vísperas, leer algún libro bueno, etc.

 

 

NO TRABAJAR

 

   El tercer mandamiento prohibe trabajar en los días festivos.

   Los trabajos prohibidos son los serviles o forenses.

   Trabajos serviles son los propios de los artesanos y obreros.

   Trabajos forenses son las causas judiciales y procesos criminales, los contratos públicos, las ferias, mercados, etc.

   Es permitido en día festivo, leer, escribir, enseñar, viajar, dibujar, cazar, (sin gran estrépito), pescar, etc.

   También se permiten todos los trabajos necesarios o convenientes para la vida doméstica, como preparar la comida, barrer, limpiar, etc.

   La costumbre permite el trabajo de barbería, las ferias y mercados en algunos países.

   El trabajar sin justa causa más de dos horas en día festivo es pecado mortal.

   Si no pasa de dos horas es pecado venial, por lo regular.

   Cuando el trabajo es liviano no es pecado mortal, si no alcanza a tres horas.

   Las causas justas por las cuales es permitido trabajar en día festivo son: la caridad hacia el prójimo, la piedad hacia Dios y la necesidad.

   Cuando por alguna causa justa se debe trabajar, conviene, aunque no es obligatorio, pedir permiso al párroco.

   En los días festivos se deben evitar la ociosidad y las diversiones peligrosas.

   Puede uno tomarse algún recreo honesto y moderado, después de haber cumplido con los deberes religiosos.

   La santificación del día festivo es útil, no sólo al alma, sino también al cuerpo; pues el descanso contribuye mucho a la conservación de la salud.

   No santificar las fiestas es uno de los pecados que más atraen los justos castigos de Dios, aún en esta vida.

  

 

Cuarto mandamiento.

   El cuarto mandamiento es: Honra al padre y a la madre.

   Este mandamiento comprende las obligaciones:

   1º- De los hijos para con sus padres.

   2º- De los padres para con sus hijos.

   3º- De los inferiores para con sus superiores.

   4º- De los superiores para con sus inferiores.

 

 

DEBERES DE LOS HIJOS PARA CON SUS PADRES

 

   Los hijos deben a sus padres: amor, respeto, obediencia y asistencia.

   Amor, porque a ellos, después de Dios, deben la existencia.

   Respeto y obediencia, porque son sus superiores por naturaleza.

   La obediencia debe ser en lo que es lícito y justo, mientras están bajo la potestad de los padres y en el hogar doméstico.

   En la elección de estado los hijos no están obligados a obedecer a sus padres.

   La obligación de la obediencia cesa por varias causas, pro nunca cesa la obligación del amor y del respeto.

   Asistencia espiritual y corporal, cuándo y cuántas veces los padres la necesiten.

 

DEBERES DE LOS PADRES PARA CON SUS HIJOS

 

   Los padres deben a sus hijos: amor y educación corporal y espiritual.

   El amor debe ser interno, externo y bien ordenado.

 

EDUCACIÓN CORPORAL

   Los padres deben proteger la vida de los hijos.

   Pecan muy gravemente los que maliciosamente impiden la existencia de los hijos.

   Deben proporcionarles todo lo necesario para la vida, mientras los hijos no puedan hacerlo por sí mismos.

   Deben hacerles aprender un oficio o profesión, para que puedan ganarse el sustento y ser útiles a la sociedad.

 

EDUCACIÓN ESPIRITUAL

   El fin de la educación corporal de los hijos, es su felicidad temporal; el de la educación espiritual, es su felicidad temporal y eterna.

   Por consiguiente, la educación espiritual es mucho más importante que la corporal.

   La educación espiritual consiste en dar a los hijos doctrina, corrección y ejemplo.

   Doctrina –   Procurar que los hijos sean bautizados lo más pronto posible.

     Enseñarles por sí o por otro, la doctrina cristiana y procurar que la practiquen.

     Confiarlos, en cuanto sea posible, a maestros que sean buenos cristianos.

     Vigilarlos para que no se perviertan.

   Corrección – Debe ser moderada y prudente.

   Ejemplo – Nada persuade tanto a practicar el bien como el buen ejemplo.

   La Sagrada Familia (Jesús, María y José) es el modelo de la familia perfecta.

 

 

CRIADOS Y AMOS

MAESTROS Y DISCÍPULOS

 

    Los criados deben a sus amos: reverencia, obediencia y fidelidad.

   Los amos deben a sus criados: tratarlos bien, instruirlos, corregirlos y pagarles un salario justo.

   Los maestros y preceptores hacen las veces de los padres en cuanto a la educación y enseñanza de sus discípulos.

   Los discípulos deben a sus maestros y preceptores: amor, reverencia y obediencia.

   Los maestros y preceptores deben a sus discípulos: amor, doctrina, corrección y ejemplo.

   Se debe respetar y obedecer a las autoridades civil y eclesiástica en todo lo que ellas tienen derecho a mandar.

   Dios es quien da el derecho de mandar: los que tiene este derecho representan a Dios.

   Cuando obedecemos, debemos hacerlo con espíritu de fe, pensando que no obedecemos al hombre sino a Dios.

   Nunca el superior puede mandar lo que Dios prohibe; y si lo manda, nunca el súbdito debe ni puede obedecer, en cosas malas por su naturaleza.

   Primero se debe obedecer a Dios que a los hombres.

  

 

Quinto mandamiento.

   El quinto mandamiento es: No matar.

   Prohibe hacer mal a sí mismo o a otro, de hecho, dicho o deseo.

   Por consiguiente prohibe el homicidio, suicidio, riña, duelo, heridas, golpes, injurias, las imprecaciones y el escándalo.

   El quinto mandamiento no sólo prohibe el matar, sino todo lo que conduce a este crimen, como las disputas violentas o altercados, las palabras injuriosas, la ira, el odio, la venganza y la envidia.

   No es tan fácil el guardar bien este mandamiento.

   Sólo Dios es el dueño de la salud y vida nuestras y del prójimo; por consiguiente, sólo El puede disponer de ellas libremente.

   Homicidio es matar a otro.

   Nunca es lícito quitar voluntaria e injustamente la vida a otro.

   El aborto buscado a propósito es siempre gravísimo pecado.

   Es lícito matar a otro:

   1º En caso de legítima defensa, si no hay otro medio.

   2º Cuando se combate en guerra justa.

   3º A un criminal, por orden de la autoridad pública.

   Sólo la autoridad pública (nunca la privada) puede castigar a un criminal con la muerte.

   Suicidio es darse la muerte a sí mismo deliberadamente.

   Nunca y por ningún motivo es lícito quitarse directamente la vida.

   El suicida es un cobarde desertor que huye de la batalla de la vida; no tiene valor para sobrellevar las contrariedades.

   El suicidio es un crimen horrendo.

   Sólo la locura o la irreligión pueden inducir a cometerlo.

   El suicida, para librarse de las penas temporales, cae en las eternas del infierno.

   Es peor una hora de infierno que muchos años de penas, las más tremendas en este mundo.

   El buen cristiano, para remediar sus penas, acude, no al suicidio, sino a la ferviente oración, pidiendo a Dios que le libre de ellas o que le dé fuerzas para sufrir con paciencia.

   El que sufre y muere resignado como Dios quiere, es el soldado valiente que muere en el campo de batalla: su alma ceñirá la corona de gloria eterna.

   Es lícito, y aun acto de heroísmo, exponerse a la muerte por una causa justa: como asistir a los enfermos apestados, ceder a otro el salvavidas en caso de naufragio, etc.

   Hay obligación de poner los medios ordinarios para conservar la salud.

   Pecan los que se exponen a perder la salud o la vida sin justa causa; los que se entregan a la gula comiendo y bebiendo con exceso, etc.

   La embriaguez.  Este vicio tan detestable convierte al hombre en un ser abyecto.

   Trastorna su razón, asemejándolo a los brutos;

   acorta su vida;

   arruina sus intereses;

   lo expone a cometer cualquier crimen;

   destruye la paz del hogar;

   produce un sinnúmero de males.

   Riña es la pelea sin premeditación.

   Duelo es un combate con armas mortíferas, entre dos personas que previamente se han puesto de acuerdo para fijar el momento, lugar y armas para pelear.

   El duelo, hecho por autoridad privada, es siempre ilícito, aún a los militares.

   El duelo hecho por autoridad pública puede ser lícito en el mismo sentido que la guerra.

   Los que matan de duelo son más criminales y asesinos que los que matan en riña.

   El duelo es una acción injusta y bárbara, y por tanto no puede reparar el honor.

   Hay excomunión para todo el que voluntariamente toma parte en un duelo, aun como médico o espectador que ha ido de propósito.  

   Disputas violentas o altercados.  Se originan casi siempre por cosas de ninguna importancia y suelen terminar en insultos y peleas.

   En las discusiones, cada uno debe defender su parecer sin acritud y con caridad cristiana.

   Maldecir es pedir uno para sí o para otro algún mal grave.

   Pecan gravemente:

   1º Los que maldicen con deseo de un mal grave.

   2º Aun sin tal deseo, los padres y superiores que maldicen delante de sus inferiores por razón del escándalo.

   El desearse la muerte a sí mismo generalmente no es pecado mortal, porque uno se la desea para no sufrir tanto; suele ser una falta de paciencia.

   Puede uno desearse la muerte lícitamente:

   1º Para no ofender nunca más a Dios.

   2º Para poder ver a Dios y gozar de las delicias infinitas del cielo.

   3º Para no sufrir las miserias de esta vida, resignándose, no obstante, a la voluntad de Dios.

   Escándalo es dar al prójimo con algún dicho, hecho u omisión culpables, ocasión de pecar.

   El que comete el pecado de escándalo roba a Jesucristo las almas que le han costado la sangre y la vida.

   El Divino Redentor dijo: “¡Ay de aquél por quien viniere el escándalo! Mejor fuera que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al profundo del mar”.

   El que ha dañado al prójimo, corporal o espiritualmente, debe, si puede, reparar el mal causado.

   El quinto mandamiento nos manda perdonar a nuestros enemigos y querer bien a todos.

   El perdón de los enemigos consiste en no quererles mal y en darles las señales comunes de amistad.

   Jesús ha dicho: Perdonad y seréis perdonados: con la misma medida con que midiereis, seréis medidos.

   Para darnos ejemplo, El, estando en la cruz, perdonó a los que le escarnecía, diciendo: ¡Padre, perdónalos que no saben lo que hacen!

   Perdonemos, pues, de todo corazón; hagamos bien a los que nos hacen mal, y así alcanzaremos la divina misericordia.

 

 

Sexto y noveno mandamientos.

   El sexto mandamiento es: No fornicar.

   Prohibe toda acción, mirada y conversación contrarias a la castidad.

   El noveno mandamiento es: No desear la mujer de tu prójimo.

   Prohibe los pensamientos y deseos contrarios a la castidad.

   Estos dos mandamientos prohiben, especialmente, toda infidelidad de hecho y de deseo en el matrimonio.

   El sexto mandamiento prohibe toda lujuria externa, y el noveno toda lujuria interna.

   Lujuria es un apetito desordenado de placeres contrarios a la castidad.

   El intentar directamente satisfacer la lujuria es siempre pecado mortal: en esto no hay parvedad de materia.

   Cuando no se intenta directamente satisfacer la lujuria:

   es pecado grave, si voluntariamente y sin justo motivo se hace lo que influye notablemente a excitar la lujuria, por ejemplo: leer libros del todo obscenos, etc.

   es pecado leve, si influye levemente; por ejemplo; ver figuras ligeramente obscenas, etc.

   Pensar voluntariamente cosas deshonestas para deleitarse en ellas, aun cuando no se intente realizarlas, es pecado mortal.

   Para que el mal pensamiento sea pecado mortal es necesario que uno se dé cuenta claramente que el pensamiento es malo y que, a pesar de esto, quiera seguir pensándolo voluntariamente para recrearse en él.

   No hay pecado, si al darse un cuenta que el pensamiento es malo, lo procura apartar.

   Ni es pecado sentir inclinación a cosas malas, con tal que no se consienta y no se fomente esta inclinación.

   Aun los santos fueron muy tentados con malos pensamientos y malas inclinaciones; y esas luchas, lejos de menoscabar su pureza, la volvieron más hermosa y meritoria.

   Estas pasiones o inclinaciones son un efecto del pecado original.

   El pecado, pues, está, no en sentir la mala inclinación, sino en consentirla; esto es, en dejarse llevar por ella, haciendo lo que Dios ha prohibido.

   La virtud y el mérito consisten precisamente en que, a pesar de sentir la mala inclinación, uno resista a ella y no se deje llevar por los instintos perversos.

   Debemos ser castos en el cuerpo y en el alma, y tener gran respeto a la propia persona y a la del prójimo, por ser templo donde Dios habita con su presencia y su gracia.

   Es posible vivir castamente: Dios lo manda;  El no puede mandar lo imposible.

   La castidad no es contraria, sino muy favorable a la salud.

 

 

TRISTES EFECTOS DE LA LUJURIA

 

   La lujuria:

   causa muchas enfermedades y aun la muerte;

   es pecado abominable ante Dios y los hombres;

   endurece el corazón y embrutece al hombre;

   le hace perder la fe;

   acarrea terribles castigos en esta vida y en la otra;

   es el pecado que hace condenar más almas; es el Goliat de los vicios.

   Quien venza la lujuria, fácilmente vencerá todos los demás vicios.

 

 

CAUSAS DE LA LUJURIA

 

   La ociosidad, la cual, según dice el Espíritu Santo, ha enseñado mucha malicia.

   Las malas compañías: Dime con quién andas y te diré quién eres, dice el refrán.

   Las malas lecturas pervierten la inteligencia y corrompen el corazón.

   Conviene mucho no leer novelas de ninguna clase, ni aun las buenas, pues quien empieza a leer novelas no encuentra después gusto en otra clase de libros.

   El menor mal que causa la lectura de novelas es hacer perder el tiempo.

   Los bailes: generalmente son incentivos de la impureza; el diablo suele presidirlos.

   El ir a bailes será o no será pecado según sean los bailes y el peligro para el que va a ellos.

   Cinematógrafos y representaciones teatrales.   Es necesario averiguar bien lo que se va a representar, y no se debe ir si hay peligro para la moralidad.

   Cuanto menos se frecuenten los bailes, cinematógrafos y teatros, menos remordimientos se tendrán en la hora de la muerte.

   La intemperancia en el comer y sobre todo en el beber.

   Excederse en el vino y tener castidad es cosa imposible.

   La ocasión próxima voluntaria, porque “el que ama el peligro perecerá en él”, dice el Señor.

 

 

MEDIOS PARA GUARDAR LA CASTIDAD

 

1º En cuanto asome la tentación, rechazarla con una fervorosa jaculatoria, diciendo:

   ¡Dios mío, os amo más que a todas las cosas!

   ¡Virgen Santísima, madre mía, amparadme!

   Antes morir que pecar.

  El recuerdo de Jesús Crucificado.

  La frecuencia de los Santos Sacramentos.

  La devoción a la Santísima Virgen, que es la madre de la pureza.

5º Sobre todo huir de los peligros: sola fuga remédium: en esta clase de tentaciones sólo vence el que huye.

  Jamás será casto quien no guarda los sentidos, especialmente los ojos.

  acordarse de la muerte, juicio, infierno y gloria.

   Toda la hermosura de los cuerpos se ha de cambiar muy pronto, con la muerte, en un montón de huesos, polvo y ceniza.

   Por un vil placer que dura un momento, se  pierde el cielo y se merece una eternidad de penas.

   Los placeres ilícitos nada valen, duran poco y sólo dejan pena y amargura en el corazón.

   En el cielo gozaremos delicias infinitas, purísimas y dulcísimos, que jamás se han de acabar.

   ¡Al cielo, pues, nuestros pensamientos, al cielo nuestro corazón!

 

 

Séptimo mandamiento.

 

   El séptimo mandamiento es: No hurtar.

   Prohibe dañar injustamente al prójimo en sus bienes.

   Modos de dañar injustamente al prójimo en sus bienes:

   Quitar o retener lo ajeno contra la voluntad de su dueño.

   No pagar las deudas, pudiendo.

   Promover pleitos inútiles o injustos.

   No trabajar los empleados y obreros el tiempo debido.

   Pagar los patrones menos de lo justo, explotando a los trabajadores.

   Perjudicar propiedades ajenas.

   Herir o matar animales del prójimo.

   Dejar que se echen a perder las cosas encomendadas.

   Recibir, esconder o comprar una cosa hurtada.

   Cometer fraudes y usuras ilícitas.

 

   El fraude se comete:

   engañando al prójimo en el comercio

   con pesos, medidas o monedas falsas, y

   con mercancías averiadas;

      falsificando escrituras y documentos;

      haciendo trampas en las compras y

ventas o en cualquier otro contrato, negándose uno a dar lo justo o convenido.

 

   La usura se comete cuando se exige sin legítimo título, un interés ilícito por alguna cantidad prestada, abusando de la necesidad o ignorancia del que recibe el dinero prestado.

 

   Hurto es tomar ocultamente los bienes ajenos.

   Rapiña es tomar los bienes ajenos con violencia y manifiestamente.

 

 

NECESIDAD EXTREMA Y JUSTA COMPENSACIÓN

 

   Excusan del pecado de hurto la necesidad extrema o casi extrema, y la justa compensación.

   Necesidad extrema o casi extrema es cuando hay un peligro próximo y cierto de la vida o de otro mal muy grave.

   En este caso, si no hay otro medio para remediar la necesidad, se puede tomar sólo lo estrictamente necesario para librarse del peligro.

   Para la justa compensación es necesario que la deuda sea cierta, que no se tome más de lo que se adeuda, y que no se tenga otro medio para cobrar sin grave inconveniente.

   Para evitar el peligro de equivocarse, conviene no usar de la justa compensación, sino después de haberse aconsejado con el confesor.

   En los dos casos citados no se toma lo ajeno, sino lo propio; pues en caso de extrema necesidad todas las cosas son comunes; y en el de justa compensación, uno toma lo suyo.

   No se considera hurto comer un poco de fruta en campo ajeno, con tal que no se lleve.

   Tampoco se considera hurto, generalmente, el ir a buscar leña en bosques ajenos, con tal que no se echen a perder los árboles.

  

 

QUÉ PECADO ES EL HURTO

 

   El hurtar es pecado grave o leve según el valor de la cosa hurtada y el daño que se haya causado.

   Es pecado grave cuando se roba alguna cosa de importancia o se perjudica gravemente al prójimo.

   Se puede perjudicar gravemente al prójimo, aun quitándole cosas de poco valor.

   Es materia relativamente grave el robar a uno lo que gana ordinariamente en un día.

   En los hurtos que los hijos, que viven en familia, hacen a sus padres, se requiere doble cantidad para llegar a mortal.

   Al llegar a cierta cantidad de importancia es siempre pecado mortal, aunque se robe al Estado o a personas muy ricas.

   San Alfonso de Ligorio fijaba dicha cantidad hasta 15 francos; pero en aquellos tiempos la moneda tenía un valor superior al de ahora.

   Los hurtos pequeños son pecado grave:

     Cuando se tiene intención de llegar a una cantidad de importancia.

   2º Aun sin esta intención, si sumados en el espacio de dos meses constituyen una cantidad de importancia, el hurto pequeño que llega a constituirla es pecado grave.

   3º Cuando hay conspiración, esto es, cuando varios de común acuerdo se unen para robar o dañar al prójimo en algo de importancia.

 

 

RESTITUCIÓN

 

   El que ha robado o dañado al prójimo en sus bienes, si puede, debe restituir y resarcir los perjuicios causados.

   La restitución debe hacerse al dueño o a sus herederos: si esto no es posible, la restitución debe hacerse a los pobres o a una obra pía, para lo cual conviene consultar al confesor.

   Cuando la restitución es de cosa de poco valor, puede hacerse a los pobres o a una obra pía, si hacerla al mismo dueño, aunque se sepa quién es, ofrece algún inconveniente.

   La restitución puede y casi siempre debe hacerse secretamente; puede uno valerse de otra persona de confianza.

   El que encuentra una cosa de algún valor debe hacer la debida averiguación para encontrar al dueño y entregársela; si no lo encuentra, puede guardársela.

 

 

OBSERVACIONES OPORTUNAS PARA GUARDAR EL 7º MANDAMIENTO

 

   El séptimo mandamiento nos ordena:

   dar a cada uno lo suyo y respetar lo ajeno;

   no tener amor desordenado a los bienes temporales;

   evitar la ociosidad, la gula y todo lo que conduce al robo;

   hacer buen uso de los bienes que el Señor nos ha concedido, facilitando trabajo, asistencia y limosna a los pobres.

   La honradez es base del bienestar social.

   Los calificativos de ladrón, tramposo, etc. son deshonrosos.

   Debemos procurar portarnos de tal manera que nunca nuestra conciencia nos pueda reprochar.

   Los ladrones son castigados por las leyes divinas y humanas; si escapan de los castigos de los hombres, no escaparán de los castigos de Dios.

 

 

Octavo mandamiento.

   El octavo mandamiento es: No levantar falso testimonio.

   Prohibe quitar injustamente la buena fama del prójimo, y la mentira.

   Nos ordena decir siempre la verdad, pensar y hablar bien del prójimo.

   Se quita injustamente la buena fama del prójimo con la detracción, calumnia, sospecha y juicios temerarios.

   Este mandamiento prohibe especialmente atestiguar lo falso en juicio.

 

 

DETRACCIÓN O MURMURACIÓN

 

   Detracción o murmuración es decir, sin justo motivo, las faltas ocultas del prójimo ausente.

   Para conocer la gravedad del pecado de la murmuración se debe atender más al mayor o menor daño que pueda ocasionar, que la falta de que se murmura.

   La malicia de la murmuración está en hacer perder la buena fama al que tiene derecho a ella.

   Las causas por las cuales es lícito decir las faltas secretas del prójimo, aun cuando éste pierda la buena estimación, son:

     Notable utilidad propia, para pedir consejo, favor u obtener consuelo.

     Utilidad del mismo delincuente, para su instrucción y corrección.

   3º Utilidad pública, para evitar los males que puedan sobrevenir a la sociedad.

   4º Utilidad notable de los particulares para librarlos de ciertos peligros e inconvenientes.

   Conviene conocer a los tramposos, ladrones, a los enemigos de pagar las deudas, y en general a todos aquellos individuos cuyo trato pueda ofrecer peligros morales o materiales.

   No es murmurar el enterarse con prudencia de la conducta de una persona o familia, antes de admitirla como amistad especial, o darle entrada en casa.

   No es murmurar el hablar de una falta que es pública o casi pública, especialmente cuando ha sido publicada por los diarios o ha mediado sentencia del juez.

   No se puede revelar lo que en otro tiempo fue pública, pero que al presente no lo es, porque el tiempo ya lo hizo olvidar, especialmente si la persona aludida se enmendó.

   No se pueden descubrir las faltas secretas de los que han fallecido.

   El que induce a murmurar, peca contra la justicia.

   El que oye con gusto la murmuración, sin haber sido causa de ella, peca contra la caridad.

   No peca si se goza, no de la detracción misma, sino de oír una cosa nueva o curiosa.

   El superior peca contra la caridad, si, pudiendo, no impide la murmuración.

   El que no es superior y puede impedir fácilmente la murmuración, peca levemente si no lo hace.

   Se excusa de pecado, si no la impide por temor de que la corrección no aprovechará.

   Calumnia es decir de otro una falta, sabiendo que no la tiene.

   Nunca es lícito calumniar.

   Contumelia es la injusta lesión hecha al honor del que está presente y se da cuenta de ello.

 

 

JUICIOS TEMERARIOS

 

   Juicio temerario es cuando con firme asentimiento de la mente se atribuye al prójimo una falta, sin justos motivos.

   Sospecha es inclinarse a pensar mal, pero creyendo que tal vez el prójimo es inocente.

   Duda es suspender el juicio sobre la bondad o maldad del prójimo.

   El juicio temerario plenamente advertido sobre cosa grave es pecado mortal.

   No hay pecado, si al advertir que el juicio es temerario, se procura desecharlo.

   La sospecha y duda temerarias son sólo pecados veniales por lo regular.

   Debemos echar siempre a buena parte, en cuanto sea posible, todo lo que hace nuestro prójimo.

   Juzguemos a los demás como nosotros deseamos ser juzgados.

 

 

EL SECRETO

 

   Secreto es aquello que por su naturaleza o por especial contrato, debe conservarse oculto.

   El secreto puede ser natural, prometido y confiado.

   En ciertos casos podrá ser lícito y aun obligatorio el revelar el secreto natural y prometido.  

   El secreto confiado a un médico, abogado, etc., por razón de su oficio, no puede ser revelado a nadie, ni aun al juez que lo pregunte.

   El que abre o lee cartas de otro, sin licencia a lo menos tácita o presunta de aquél que las ha escrito o a quien van dirigidas, comete culpa grave.

   No es culpa grave:

   1º si se sabe o presume que contiene cosas de poca importancia;

   2º si se hace con justa causa, para evitar un mal público o privado, con tal que abra o lea cartas el que tenga derecho a hacerlo, y no lea más que lo necesario para conseguir este fin;

   3º si las cartas se abren por alguna ligereza o inadvertencia.

 

 

LA MENTIRA

   Mentira es manifestar con palabras o hechos lo contrario de lo que se piensa, con intención de engañar.

     La mentira puede ser dañosa, oficiosa y jocosa.

   Dañosa es la que causa daño injusto.

   Oficiosa es la que se dice en utilidad propia o ajena

   Jocosa es la que se dice por sola diversión.

   La mentira dañosa es pecado grave o leve según sea el daño que causa.

   La mentira oficiosa y jocosa son pecados veniales.

   No es mentira jocosa, y, por consiguiente, no es pecado, cuando los que oyen ya saben que aquello se dice sólo por diversión, sin ninguna intención de engañar.

   Toda mentira es pecado, porque es contraria a la verdad, y,  por tanto, contraria a Dios que es la misma verdad.

   Como hijos de Dios hemos de amar la verdad.

   Jesús dijo que el demonio es el padre de la mentira.

   La mentira es siempre una vileza, una cobardía.

   Nunca, pues, es lícito mentir, ni aun para evitar la muerte o cualquier otro mal propio o ajeno.

   Algunas veces no se puede decir claramente todo lo que se sabe y se debe recurrir a lo que se llama

 

RESTRICCIÓN MENTAL

 

   La restricción mental consiste en un acto del entendimiento que da a las palabras un sentido distinto del obvio y natural.

   Para que sea lícito es necesario:

   1º no ser puramente mental, sino que el sentido de las palabras pueda colegirse por lar circunstancias adjuntas;

   2º que el que pregunta no tenga derecho a que se le diga la verdad con toda claridad;

   3º que el decirla produjera inconvenientes.

   En algún caso muy grave aun sería lícito jurar con esta restricción mental.

   Hacer la restricción mental en las condiciones indicadas no es mentir, sino ocultar la verdad.

   La caridad, prudencia y deber inherente al oficio exigen muchas veces el ocultar la verdad.

   Al que pide dinero prestado, se le puede contestar; No tengo; pensando: No tengo para prestar.

   Al que pregunta por un asunto que nada le importa, y el darle cuenta produciría algún inconveniente, se le puede contestar: No sé nada; pensando: No sé nada para contarlo.

 

   Hipocresía es aparentar virtud o piedad con el fin de engañar.

   El que promete a otro alguna cosa, debe hacer todo lo posible para cumplir lo que ha prometido.

   El que ha faltado al octavo mandamiento debe, si puede, reparar los daños causados.

   El que ha calumniado debe retractarse.

   El que ha descubierto sin necesidad las faltas del prójimo, debe excusarlo cuanto pueda y recomendar sus buenas cualidades.

 

 

   Décimo mandamiento.

 

   El décimo mandamiento es: No codiciar los bienes ajenos.

   Prohibe todo deseo injusto de los bienes ajenos.

   El séptimo mandamiento prohibe toda injusticia externa, y el décimo prohibe toda injusticia interna.

   Dios es quien da todos los bienes de fortuna, naturaleza y gracia, y todo lo dispone con sabiduría y bondad infinitas, par bien de los que  le aman.

   Nosotros sólo debemos procurar amar a Dios y hacer su divina voluntad.

   Si Dios nos quiere pobre, no hemos de querer ser ricos.

   Si Dios nos da riquezas, empleémoslas, no en satisfacer caprichos, sino en hacer el bien.

   Jesucristo quiso ser pobre y nacer de madre pobre, y aun llamó espinas a las riquezas.

   Los pobres se salvan más fácilmente que los ricos.

   Dijo Jesucristo: Más fácil cosa es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar el rico en el reino de Dios.  (S. Marcos, X, 25).

   Por tanto, los pobres, en vez de quejarse, deben dar gracias a Dios por haberlos librado de los peligros de condenación eterna que van anexos a las riquezas.

   Los ricos deben conjurar estos peligros, haciendo limosna y todo el bien que puedan a los pobres, porque Jesucristo ha dicho: “Lo que hiciereis a uno de los pobres, a Mí lo hacéis”.

   La vida presente es brevísima; pasará como una sombra fugaz.

   Las verdaderas riquezas son las obras buenas.

   Más vale el premio eterno que Dios nos dará por un solo Padre nuestro bien rezado, que todo el oro del mundo.

   ¡Oh hombres! Si conocierais el valor de las obras buenas, todo vuestro empeño fuera enriqueceros de ellas.

   Confiemos en Dios: pongamos en sus manos todo nuestro porvenir y recordemos a menudo lo que dijo N. S. Jesucristo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se os darán por añadidura”.

 

 

OBSERVACIÓN OPORTUNA

 

   ¡Cuán hermoso fuera que todos los hombres conocieran y practicaran la ley de Dios!

   El mundo sería un cielo anticipado: no habría asesinos, ladrones, borrachos; los pobres serían socorridos abundantemente; no habría tantas enfermedades; podríamos vivir tranquilos sin temor de que nadie nos dañara injustamente.

   Nosotros no podemos hacer que todos los hombres conozcan y cumplan la ley de Dios.

   Pero podemos contribuir a que la conozcan y practiquen algunas personas de nuestras relaciones, y sobre todo, Podemos y debemos conocerla y practicarla nosotros mismos.

   Esto es lo que más nos interesa, pues así seremos miembros sanos de la sociedad, agradaremos a Dios y conseguiremos la eterna felicidad.

 

 

PRECEPTOS DE LA IGLESIA

 

   Los preceptos de la Iglesia son cinco:

   El primero, oír Misa entera todos los Domigos y fiestas de guardar.

   El segundo, ayunar en la Cuaresma, cuatro Témporas y vigilas señaladas.

   El tercero, confesar a lo menos una vez al año.

   El cuarto, comulgar a lo menos por Pascua.

   El quinto, contribuir con limosnas al sostenimiento del culto divino.

   Estos preceptos son para guardar mejor los divinos mandamientos.

   Quien quebranta los preceptos de la Iglesia en materia grave, comete pecado mortal.

 

Primer precepto.

 

   El primer precepto es: Oír Misa entera todos los Domingos y fiestas de guardar.

   Obliga a todo cristiano que tiene uso de razón.

   La Santa Iglesia desea que en los días festivos se oiga, en cuanto sea posible, la Misa parroquial:

   1º Para que los que pertenecen a la misma parroquia se unan a rogar juntos con el Párroco que es su cabeza.

   2º Para que los feligreses participen con más especialidad del Santo Sacrifico, que se aplica por ellos.

   3º Para que oigan las verdades del Evangelio que los párrocos tienen obligación de exponer en la Santa Misa.

   4º Para que tengan conocimiento de las prescripciones y avisos que en dicha Misa se publican.

 

 

DIAS FESTIVOS

 

Según la ley general de la Iglesia son:

Todos los Domingos. – Enero 1, Circuncisión. – En. 6, Epifanía – Marzo 19, San José. – Movibles: Ascensión y Corpus Christi. – Junio 29, SS. Pedro y Pablo. – Agosto 15, Asunción. – Noviembre 1, Todos los Santos. – Diciembre 8, La Inmaculada. – Dic. 25, Navidad.

 

   Sólo en estos días aquí indicados hay obligación de oír Misa y de abstenerse de trabajar; aunque es muy laudable el oír Misa siempre que se pueda.

 

Segundo precepto:

 

   El segundo precepto es: Ayunar en la Cuaresma, cuatro Témporas y vigilas señaladas: no comer carne en los días prohibidos.

 

 

ABSTINENCIA Y AYUNO

 

  Por qué los manda la Santa Iglesia.

   La Santa Iglesia manda las abstinencias y ayunos para satisfacer a Dios por nuestros pecados y mitigar las pasiones.

   El ayuno y la oración son dos cosas muy gratas a Dios y muy recomendadas en las Sagradas Escrituras.

   El ayuno sirve para disponernos mejor a la oración, para hacer penitencia de los pecados cometidos, y para preservarnos de cometer otros nuevos.

   La Cuaresma se instituyó para imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo hizo en el desierto, y para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

   El ayuno de las cuatro Témporas se ordenó:

   1º Para consagrar todas las estaciones del año con la penitencia de algunos días.

   2º Para pedir a Dios la conservación de los frutos de la tierra y darle gracias por los frutos ya recibidos.

   3º Para rogarle dé a su Iglesia buenos ministros, cuya ordenación se hace los sábados de las cuatro Témporas.

   El ayuno de las vigilias se ha instituido para prepararnos a celebrar santamente las fiestas principales.

   La abstinencia del viernes es en honor de la Pasión de N. S. Jesucristo.

 

 

LA ABSTINENCIA

 

La ley de la abstinencia manda abstenerse de carne y del caldo de carne.

   No están prohibidos los huevos, lacticinios, ni cualquier otro condimento aún de grasa de animales.

   Obliga bajo culpa grave a todos los que han cumplido siete años.

   Excusan de la abstinencia la enfermedad, la pobreza, u otra dificultad grave.

 

 

EL AYUNO

 

   La ley del ayuno prescribe que se haga una sola comida al día.

   Esta comida generalmente se hace al mediodía.

   En ella se puede tomar todo el alimento que se quiera; si no es día de abstinencia, se puede comer carne.

   Además de esta comida, se puede tomar:

   Por la mañana un ligero desayuno, que se llama parvedad.

   y por la noche una cena reducida, llamada colación.

   En cuanto a la cantidad y calidad de los manjares para la parvedad y colación se debe observar la costumbre aprobada de cada región.

 

 

EN LA AMERICA LATINA

 

   Por la mañana se puede tomar té, café, chocolate, pan, etc.; por Indulto Pontificio, leche y queso, teniendo en cuenta la ley de la parvedad: la carne y los huevos no son permitidos.

   La cantidad de alimento no debe exceder de 60 gramos, sin contar el agua.

   Por la noche se puede tomar cualquier alimento, menos la carne y el caldo de carne.

   La cantidad debe ser mucho menor que en la comida ordinaria.

   Deben tenerse en cuenta las condiciones de las personas; pues lo que para unos puede ser una comida, para otros sería sólo una pequeña e insuficiente refección.

   Cada uno puede tomar la cantidad de alimento que juzgue necesaria para poder desempeñar convenientemente su oficio.

   Los teólogos dicen que todos pueden tomar hasta 240 gramos de alimento, sin contar el agua.

   No obstante, en ciertos alimentos no se puede prescindir de contar en algo el agua: 240 gramos de pan, arroz, etc., cocidos en agua, resultarían una gran cantidad de alimento.

   En cualquiera hora del día se puede tomar té, café, u otras bebidas, aunque contengan un poco de azúcar; pero no se puede tomar leche, porque ésta se considera como alimento nutritivo.

   El comer, sin necesidad, alguna cosa insignificante, fuera del tiempo en que se permite tomar alimento, es sólo falta leve.

   No está prohibido promiscuar, esto es, comer carne y pescado en la misma comida.

   Es lícito permutar, esto es, tomar al mediodía la colación de la noche, y por la noche la comida del mediodía.

   Cesa toda ley de ayuno y de abstinencia en todos los domingos del año y fiestas de precepto; pero no cesa si la fiesta ocurre en tiempo de Cuaresma.

   Cesa lo mismo después del mediodía del Sábado Santo.

   No se anticipan las vigilias; si una vigilia cae en Domingo u otro día festivo, el ayuno o abstinencia quedan suprimidos.

   Están obligados al ayuno todos los fieles desde los veintiún años cumplidos hasta los sesenta empezados.

  Nadie debe dispensarse, sin razón suficiente, de la ley de la abstinencia y ayuno.

   Quien no ayuna sin justa causa, comete pecado mortal.

   Excusan del ayuno, la enfermedad, el trabajo pesado, la pobreza que impide tener una alimentación substanciosa, u otra dificultad grave.

   La Iglesia, como buena madre, no intenta obligar a quien el ayunar o abstenerse de comer carne le causase un grave inconveniente.

   En caso de duda conviene consultar al confesor.

   No es, pues, el ayuno una cosa tan difícil.

   Está probado que el ayuno, en las condiciones con que lo prescribe la Santa Iglesia, contribuye mucho a la conservación de la salud.

 

 

DÍAS DE AYUNO Y ABSTINENCIA

 

   Según la ley general de la Iglesia.

   Abstinencia sola, sin ayuno: Todos los viernes del año.

   Abstinencia con ayuno:

   1º Miércoles de Ceniza, todos los viernes y sábados de cuaresma.

   2º Miércoles, viernes y sábados de las cuatro témporas.

   3º Vigilias de Pentecostés, Asunción de Nuestra Señora, Todos los Santos y Navidad.

    Ayuno solo, sin abstinencia: Todos los demás días de cuaresma, a excepción de los Domingos.

   La Santa Iglesia aplica la ley de los ayunos y abstinencias en cada país según las circunstancias y condiciones especiales de sus habitantes.

   Por esta razón, cuando un buen católico va a otra nación, se procura enterar en qué forma se practica allí dicha ley.

 

DIAS DE AYUNO Y ABSTINENCIA EN LA AMERICA LATINA

 

   En virtud del Indulto Pontificio son de obligación solamente:

   Abstinencia sola, sin ayuno.   Las cuatro Vigilias: 1ª de Navidad; 2ª de Pentecostés; 3ª de los Stos. Apóstoles Pedro y Pablo; 4ª de la Asunción.

   Abstinencia con ayuno.   Miércoles de Ceniza y todos los viernes de Cuaresma.

   Ayuno solo, sin abstinencia.   Todos los demás Miércoles de Cuaresma, el Jueves Santo y el Viernes de Témporas en el Adviento.

   Nota: Este Indulto ha sido concedido para los fieles de la América Latina e Islas Filipinas.

 

 

Tercero y cuarto preceptos.

  Son: Confesar a lo menos una vez al año, y comulgar a lo menos por Pascua.

   La obligación de comulgar a lo menos por Pascua, se llama Precepto Pascual.

   Todo cristiano que ha llegado al uso de razón está obligado a cumplirlo.

   Puede cumplirse en cualquier Iglesia, pero se aconseja que la Comunión Pascual se reciba en la Iglesia Parroquial propia.

   Los que han cumplido el precepto pascual en parroquia ajena, procuren hacerlo saber al propio párroco.

 

 

TIEMPO HABIL PARA CUMPLIR CON EL PRECEPTO PASCUAL

 

   Según la ley general de la Iglesia es: desde el Domingo de Ramos hasta el primer Domingo después de Pascua.

   En América Latina: desde Septuagésima hasta el 29 de Junio.

 

   Los que no cumplen con el Precepto Pascual pecan mortalmente.

 

   Este precepto es de tanta importancia, que ni aun los enfermos se excusan de cumplirlo.

   Cuando los enfermos están imposibilitados para ir a la Iglesia, deben recibir la Comunión Pascual en su domicilio, aunque la enfermedad no sea grave.

   Quien no ha cumplido con el Precepto Pascual en el tiempo debido, debe cumplirlo cuanto antes.

   Las palabras a lo menos una vez al año indican que es mejor confesar y comulgar a menudo.

   También hay obligación de confesar y comulgar si hubiese peligro de muerte.

 

 

Quinto precepto.

   El quinto precepto es: Contribuir con limosnas al sostenimiento del culto divino.

   Todos los bienes los hemos recibido de Dios.

   Es, pues, muy justo contribuir al decoro y esplendor del culto divino, ofreciendo para ello parte de los mismos bienes que Dios nos ha dado.

   Este sacrificio de los bienes que se hace en honor de Dios, es una señal de agradecimiento y también de reconocimiento del supremo dominio que el Señor tiene sobre nosotros y sobre nuestras cosas.

   Los sacerdotes han hecho grandes sacrificios para instruirse suficientemente: deben estar siempre dispuestos para administrar los Santos Sacramentos; deben instruir a los fieles y guiarlos siempre por el camino que conduce a la eterna bienaventuranza.

   Además, los sacerdotes, que son los ministros de Jesucristo, deben, por voluntad del mismo Dios, dedicarse exclusivamente al culto divino y procurar el bien de las almas

   Los fieles deben, pues, proveer a su mantenimiento.   San Pablo dice: “El que sirve al altar, vive del altar”.

   En muchas partes no se cuenta con otras entradas, para los gastos que exige el sostenimiento del culto divino, que las limosnas de los fieles y los derechos establecidos en lo relativo a misas, funerales, bautizos y matrimonios.

   Tales derechos no son paga de la Misa, bautizo o matrimonio, sino una limosna para el sostenimiento del culto divino.

   Por consiguiente, los que pueden, tienen obligación de pagar estos derechos.

   Sin embargo, a los que son pobres, y por lo mismo imposibilitados para pagarlos, se les hace todo sin abonar nada, en especial, los bautizos y matrimonios.

   Se debe, además, contribuir con otras limosnas, cada uno según sus medios, a costear los gastos que ocasione el culto divino, especialmente el de la Iglesia parroquial.

 

 

ACCIÓN CATÓLICA PARA LOS SEGLARES

 

   Acción Católica es la cooperación de los seglares al ministerio apostólico para la salvación de las almas.

   La autoridad eclesiástica dicta las normas que se deben seguir.

   La Acción Católica consiste en amar a Dios y hacer lo posible para que los demás también le amen, a lo cual todos estamos obligados.

   Las fuerzas unidas tienen mucha más eficacia que separadas; por esta razón, donde esté establecida oficialmente la Acción Católica, deben inscribirse en ella todos los que sienten en su corazón un poco de amor a Dios.

   Los modos de efectuar la Acción Católica son: Oración, buen ejemplo y buenos consejos.

 

 

 

LOS DEBERES PARTICULARES DEL PROPIO ESTADO

Y LOS CONSEJOS EVANGÉLICOS

 

   Deberes del propio estado son aquellas obligaciones particulares que tiene cada uno por razón del estado, condición y oficio en que se halla.

   Estos deberes se derivan de los divinos mandamientos.

   Consejos Evangélicos son algunos medios propuestos por Jesucristo en el santo Evangelio, para llegar a la perfección cristiana.

   Los consejos evangélicos principales son tres: pobreza voluntaria, castidad perpetua y obediencia en todo lo que no fuere pecado.

   Los que profesan en una Orden o Congregación religiosa, hacen voto de guardar estos tres consejos evangélicos.

   Los consejos evangélicos nos ayudan a quitar del corazón el amor a las riquezas, placeres y honores.

   Por consiguiente, nos facilitan, la guarda de los mandamientos y nos aseguran mejor la eterna salvación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUARTA PARTE

 

LO QUE SE HA DE RECIBIR

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Los Sacramentos en general.

   Los sacramentos son signos sensibles, instituidos por Jesucristo para darnos la gracia.

   Los sacramentos, por medio de cosas sensibles, significan y producen la gracia divina en nuestras almas.

   Por ejemplo: en el bautismo el agua lava el cuerpo; esto significa la limpieza de toda mancha de pecado que al mismo tiempo la gracia divina produce en el alma.

   Los sacramentos son siete:

   El primero, Bautismo.

   El segundo, Confirmación.

   El tercero, Penitencia.

   El cuarto, Eucaristía o Comunión.

   El quinto, Extremaunción.

   El sexto, Orden Sagrado.

   El séptimo, Matrimonio.

   Con los siete sacramentos, Dios provee a la vida espiritual por el mismo orden con que provee a la vida natural.

   Para la vida natural son necesarias siete cosas, a saber: nacer, crecer, alimentarse, recobrar la salud perdida, reparar las fuerzas consumidas por la enfermedad, superiores que gobiernen y padres que conserven el género humano.

   Así, para la vida espiritual:

   por el Bautismo se nace;

   la Confirmación hace crecer y fortifica;

   la Penitencia cura las enfermedades espirituales;

   la Eucaristía alimenta;

   la extremaunción quita las reliquias de los pecados;

   el Orden perpetúa la sucesión de los ministros de la Iglesia;

   y el Matrimonio proporciona hijos espirituales.

   Los Sacramentos más necesarios son el Bautismo y la Penitencia.

   El Bautismo (de hecho o a lo menos de deseo) es necesario a todos.

   La Penitencia (de hecho o de deseo) es necesaria a todos los que han cometido pecado mortal después del Bautismo.

   Por la dignidad, el más grande de los sacramentos es el de la Eucaristía, porque contiene al mismo Señor Jesucristo, autor de la gracia y de los sacramentos.

   Para un sacramento se requieren materia, forma y ministro que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

   Materia es la cosa sensible que se emplea para el sacramento, como el agua en el Bautismo.

   Forma son las palabras que se profieren para hacer el sacramento.

   Ministro es la persona que hace o confiere el sacramento.

La gracia.

   El hombre no puede por sus propias fuerzas hacer lo necesario para salvarse, sino que necesita de la divina gracia.

   La gracia es un don sobrenatural y gratuito que Dios infunde en nuestras almas, por los méritos de Jesucristo, para conseguir la vida eterna.

   La gracia es actual o auxiliante, santificante o sacramental.

 

GRACIA ACTUAL

   La gracia actual es cierto auxilio y disposición con que Dios nos prepara para recibir o aumentar la gracia santificante.

   Dios concede a todos los hombres la gracia suficiente para salvarse.

   El que no se salva, es porque ha resistido a la gracia.

   La gracia no obliga a la voluntad; sólo la ayuda a obrar el bien, dejándola en completa libertad.

   Debemos, pues, cooperar a la gracia y no resistir a ella.

 

GRACIA SANTIFICANTE Y SACRAMENTAL

   Los sacramentos dan la gracia santificante y la gracia sacramental.

   La gracia santificante es un don sobrenatural que nos hace justos, hijos adoptivos de Dios y herederos de la gloria.

   Más brevemente se puede decir que la gracia santificante es la amistad con Dios.

   Nada hay más precioso que la gracia santificante.

   Tener la gracia santificante es tener al mismo Dios por amigo y padre, y estar unidos con El.

   Tiene la gracia santificante el que no tiene pecado mortal ni el original.

   El pecado mortal y el original impiden tener la gracia santificante.

   El pecado venial no impide tenerla.

   En el Bautismo recibimos por primera vez la gracia santificante.

   La gracia santificante se pierde cometiendo un pecado mortal.

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