CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 

Monición de Entrada:

Dios salva: La misión de Cristo en el mundo y en la historia es salvar, no condenar. El Pueblo de Dios, desterrado por sus infidelidades, es liberado por Ciro, rey de Persia. (1ª Lect)

El amor de Dios al hombre es grande. Eramos esclavos por el pecado y nos libró gratuitamente por su Hijo. (2ª Lect)

Jesús no ha venido a condenar sino a salvar. Quien acepta la luz se salva, quien prefiere las tinieblas se condena a sí mismo, (Ev)

Canto de Entrada: "Este es el día del Señor"

Este es el día del Señor
Este es el tiempo de la misericordia
celebremos el misterio de la fe.
Este es el día del Señor.

(Cantoral Litúrgico nacional nº 712)

 

Acto penitencial:

- Tú, que levantado en la Cruz proclamas el amor infinito del Padre

- Tú, que con las manos extendidas en la Cruz abrazas a todos los hombres.

- Tú, que has entregado tu vida y has derramado tu sangre para el perdón de los pecados.

LITURGIA DE LA PALABRA:

Primera Lectura: "La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y el liberación del pueblo" (Cr 36, 14-16. 19-23)

Dios liberta a Israel : Israel, cautivo en Babilonia por causa de su infidelidad a la Alianza, es liberado por el rey de Persia, Ciro fue su instrumento de Dios para liberar al Pueblo de Dios

Salmo Responsorial: Sa1 136, 1-2. 3.4.5.6

R/ "Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti. " (Libro del salmista pags,96-97)

Segunda Lectura: Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo" (Ef 2 4-10)

La salvación es un don de Dios: La salvación, regalo de Dios, llega a nosotros mediante la fe en, por y con Cristo.

Evangelio: "Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él"

(Jn 3 14-2 1)

Dios salva mundo por su Hijo: Dios ama al hombre y envía a su Hijo para sal varlo. La luz vino al mundo y muchos prefirieron las tinieblas de sus mal, obras. Unos aceptan a Cristo y creen, y otros lo rechazan

LITURGIA EUCARISTICA

canto de comunión: "Caminaré en presencia del Señor"

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. (Cantoral litúrgico nacional: nº 534)

 

Reflexión

La experiencia de Israel es también nuestra experiencia.

En la vida cotidiana sentimos la fuerza del mal que nos rodea y sucumbimos. La oscuridad de las tinieblas nos invade y nos hace experimentar el peso di la esclavitud.

Dios, en su amor infinito, nos ofrece su don salvífico gratuitamente, nos invita a salir de la esclavitud del pecado y reconstruir nuestra historia desde si misericordia.

Dios regala sin límites su amor. No ha enviado a su Hijo para condenar sino para salvar.

Nos exige, sin embargo, que creamos y amemos la luz para que nuestras obras estén hechas según su voluntad.

 

DOMINGO IV DE CUARESMA

Dios de nuestros padres "Yahvéh, Dios de sus padres, les envió continuos mensajeros..." (2Cro 36,15)

A lo largo de la historia fueron llegando los pregoneros de Dios. Venían cargados con palabras, bellas y encendidas, que animaban llenando el espíritu de paz, de deseos de ser mejores. Dios quería salvar a su pueblo... Pero el peligro acechaba a la vuelta de cualquier esquina. Los enemigos de Dios se habían conjurado, tenían planes de aniquilación, ansias de reducir el gran templo en un montón de escombros.

Hoy también el enemigo está detrás de la puerta y predica la mentira. Por desgracia, muchos le siguen y aclaman. En consecuencia se extiende el poder del demonio, se camina hacia la destrucción y la muerte...No obstante, también hoy llegan hasta nuestras calles los pregoneros de Dios, los que predican la paz, los que llaman a la conversión, los que claman por la justicia, los que cantan la belleza del amor. Hoy también, el Dios de nuestros padres quiere salvar a su pueblo.

 

 

La riqueza de Dios "Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó..." (Eph 2,4)

Esta es la riqueza de Dios, su misericordia, su amor infinito. Nosotros, los hombres, medimos las riquezas con otra medida, estimamos los bienes con una jerarquía de valores muy peculiar. Ordinariamente ponemos por encima de todo al dinero. Y hacemos una realidad el "tanto tienes, tanto vales". Otras veces es la estima, el prestigio ante los demás, el buen nombre, el aplauso, la fama. Y luchamos a costa de lo que sea por conquistar la gloria de la aprobación humana.

Pero Dios tiene una medida diversa. Él mide según el amor. Ese es el gran bien que nunca pasa. Sólo el amor queda. Por eso Dios, nunca pasa, es eterno, porque Dios es amor. Y todo el que vive y muere por amor, es verdaderamente rico, realmente dichoso... Haz, Señor, que entendamos esta realidad. Haz, sobre todo, que la vivamos. Concédenos la verdadera riqueza, el auténtico bienestar, la gracia indescriptible de vivir y morir de amor.

 

 

La santa cruz "Lo mismo que Moisés elevó la serpiente..."(Jn 3, 14).

Nicodemos, miembro del Sanedrín, pregunta y escucha las palabras de aquel aldeano, el hijo de José el carpintero. Esta es la primera enseñanza que henos de aprender de este pasaje evangélico: conseguir descender del pedestal en que a veces nos encaramamos, para escuchar con sencillez y humildad la palabra que nos viene de Dios a través, quizá, de otro hombre de menos categoría que nosotros.

Ante sus ojos se abre un panorama insospechado y grandioso, una doctrina nueva y vieja que comporta frutos de eternidad. Jesús le habla de un hecho que simboliza lo que ocurriría en el Calvario: lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Y así es en efecto. La Cruz se levanta como insignia de victoria, lábaro de salvación, bandera de paz y de perdón que manifiesta a los cuatro vientos la mayor prueba del amor de Dios.