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TIEMPO DE CUARESMA La celebración anual de la Cuaresma es tiempo favorable, durante el cual se asciende a la santa montaña de la Pascua. El tiempo de Cuaresma, con su doble carácter, prepara tanto a los catecúmenos como a los fieles en orden a la celebración del misterio pascual. Los catecúmenos se encaminan hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la "elección" y los "escrutinios" como por la catequesis; los fieles, por su parte, dedicándose con más asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración, y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales" (Ceremonial de los Obispos, núm. 249). Toda la iniciación cristiana comporta un carácter eminentemente pascual, en cuanto es la primera participación sacramental en la Muerte y la Resurrección de Cristo. La misma Vigilia pascual ha de ser el momento adecuado para celebrar los sacramentos de la iniciación. Durante la Cuaresma hay que organizar la catequesis para aquellos adultos que, bautizados siendo niños, no la hayan recibido, y que tampoco hayan recibido aún la Confirmación y la Eucaristía. Al mismo tiempo establézcanse celebraciones penitenciales que los lleven a recibir el sacramento de la reconciliación. El tiempo de Cuaresma es también tiempo apropiado para llevar a cabo los ritos penitencíales, a modo de escrutinios, para aquellos niños no bautizados que han llegado a una edad adecuada para la catequesis, y también para aquellos niños, ya bautizados, antes de que se acerquen por primera vez al sacramento de la penitencia.
Debe darse, sobre todo en las homilías del domingo, la catequesis del misterio pascual y los sacramentos, explicando con mayor profundidad los textos del Leccionario y, de modo especial, las perícopas evangélicas, que aclaran los diversos aspectos del Bautismo y de los demás sacramentos, así como la misericordia de Dios. Los pastores expondrán la Palabra de Dios, más a menudo y con mayor empeño, en las homilías de los días de feria, en las celebraciones de la Palabra de Dios, en las celebraciones penitenciales, en las predicaciones especiales propias de este tiempo y en las visitas que hagan a las familias para su bendición anual. Los fieles participen frecuentemente en las Misas feriales y, si no es posible, invíteseles al menos a leer, en familia o privadamente, las lecturas del día. El tiempo de Cuaresma conserva su carácter penitencial. Incúlquese a los fieles, por medio de la catequesis, la naturaleza propia de la penitencia que, junto con las consecuencias sociales del pecado en cuanto es ofensa a Dio? (Ceremonial de los Obispos, núm.. 25 1) La virtud de la penitencia y su práctica son siempre elementos necesarios de la preparación pascual: su práctica son siempre elementos necesarios de la preparación pascual: su práctica externa, tanto de los individuos como de toda la comunidad, ha de ser el resultado de la conversión del corazón. Esta práctica, si bien debe acomodarse a las circunstancias y exigencias de nuestro tiempo, sin embargo, no puede prescindir del espíritu de la penitencia evangélica, y ha de orientarse también al bien de los hermanos. No se olvide tampoco la participación de la Iglesia en la acción penitencial, e insístase en la oración por los pecadores, introduciéndola frecuentemente en la oración universal. Recomiéndase a los fieles una participación más intensa y más fructuosa en la liturgia cuaresmal y en las celebraciones penitenciales. Exhórteseles, sobre todo, para que, según la ley y la tradición de la Iglesia, se acerquen en este tiempo al sacramento de la Penitencia y puedan así participar con el alma purificada en los misterios pascuales. Es muy conveniente que el sacramento de la Penitencia se celebre, durante el tiempo de Cuaresma, según el rito para reconciliar varios penitentes con confesión y absolución individual, tal como viene indicado en el Ritual Romano. Los pastores estarán más disponibles para el ejercicio del ministerio de la reconciliación y darán facilidades para celebrar el sacramento de la Penitencia. Se recomienda que se mantengan y renueven las asambleas de la Iglesia local según el modelo de las antiguas "Estaciones" romanas. Estas asambleas de fieles pueden ser convocadas junto a los sepulcros de los santos o en las principales iglesias de la ciudad, o en los santuarios, o en otros lugares tradicionales de peregrinación que sean más frecuentados en la diócesis (Ceremonial de los Obispos n' 260)
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