QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

 

 

Monición de Entrada:

La muerte, principio de vida: La liturgia se centra hoy en el misterio de Cristo, que muriendo en la Cruz se convierte en principio de salvación para todos. El profeta anuncia una nueva Alianza entre Dios y el pueblo (1ª lect.).

Jesús instaura la nueva Alianza en su Misterio Pascual, simbolizado en el grano de trigo. La Alianza pide amor y servicio. (Ev)

Cristo, sufriendo se convierte en el autor de la salvación. (2ª lect.)

 

Canto de Entrada: '"Te nsalzaré, Señor" (Salmo 29)

Te ensalzaré, Señor,

porque me has librado. (Cantoral litúrgico nacional: nº 506)

 

Acto Ponitencial.

- Tú, que con inmensa compasión borras nuestro pecados.

- Tú, que creas en nosotros un corazón puro y un espíritu firme.

- Tú, que no desprecias un corazón quebrantado y humillado.

LITTURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: "Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados" (Jer.31,31-34)

Una nueva alianza: Jeremías anuncia que Dios sellará un nuevo pacto con su pueblo, que será escrito no en piedra.

Salmo Responsorial: (Sa1 50, 3-4. 12-13. 14-15)

R/ "Oh Dios, crea en mí un corazón puro" (libro del Salm. págs: 102 -103)

Segunda Lectura: "Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor salvación eterna " (Heb 5,7-9)

Cristo, autor de la salvación.- Jesús en su vida mortal sufrió hasta la mut para sellar la nueva Alianza para siempre.

Evangelio: "Sí el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto" (Jn.12,20-33)

Anuncio del triunfo: Resulta siempre dificil comprender el dolor, el sufrmiento y la misma muerte. Jesús nos enseña su valor en la imagee del grano de trigo.

LITURGIA EUCARISTICA

Canto de Comunión: "El Señor es mi luz" (Salmo 26)

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es la defensa de mi vida.

Si el Señor es mi luz, ¿a quién temeré?

¿quien me hará temblar? (Cantoral litúrgico nacional: nº 505)

 

Reflexión:

La muerte de Jesús será la glorificación del Padre. La muerte de Jesús será fecunda como como el grano de trigo que cae en tierra y muere. La muerte de Je sús realiza la alianza anunciada por Jeremías.

Alianza nueva y eterna por la que la ley de Dios no será escrita en tablas,sino en el corazón del hombre en virtud del Espíritu. El Señor será para siempre Dios, sin idolatría alguna.

La Cuaresma es tiempo de renovación de la alianza iniciada en nuestro Bautismo y rota tantas veces por nuestra debilidad e infidelidad. El camino de renovación ha sido trazado por el mismo Cristo que oró, gritó y con lágrimas aprendió sufriendo a obedecer.

El es el camino y el modelo de nuestra vida cristiana.

 

DOMINGO V DE CUARESMA

 

Una nueva alianza "He aqui que vienen dias-dice Yahvéh- en que yo concluiré con la casa de Israel y la casa de Judá una alian za nueva " (Jer 31,31)

Aquel pueblo había roto la alianza santa. Pero Dios había permanecido siempre fiel. Y cuando la alianza fue rota, Yahvéh desea restablecerla. Pero entonces será de manera distinta, mucho más estable, eterna... Y en cada uno de nosotros se repite la historia. Hay una alianza por la que Dios se nos entrega generosamente, y por propia iniciativa, como nuestro protector y Padre. Pero una serie de infidelidades van rompiendo esos lazos de amistad...

Es necesario tomar conciencia de esta situación y rectificar a fondo: Estamos en el tiempo propicio para convertir nuestro corazón hacia Dios. Corregir nuestros errores y restablecer de nuevo la alianza que nos une con Dios. El mejor modo de hacerlo es participando con el alma limpia y el corazón contrito y humillado en el banquete sacrificial de la santa Misa, comer el Cuerpo de Cristo, beber su Sangre, "sangre de la alianza nueva y eterna", la que restablece y sella continuamente el pacto perenne del amor del Padre.

 

 

Vivir en la cruz "Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer" (Hb 5,8)

Jesús era el Hijo de Dios. Él no tenía que someterse a esa ley que es ley de vida, la del sufrimiento. Él estaba libre de todo pecado que purgar. Y sin embargo se somete al dolor y a la muerte. Acepta hasta las últimas consecuencias el hecho de haberse encarnado.Años de trabajo constante y agotador, sumergido en el anonimato de un oficio sencillo y humilde, duro y fatigoso. Años de penas y de alegrías, en el monótono transcurso de una vida ordinaria.

Y luego las correrías por tierras de Palestina, predicando el difícil mensaje de la renuncia y el olvido de sí, de la entrega generosa y desinteresada a los demás... Y al fin la pasión, la traición del amigo, la ingratitud del pueblo amado, la negación del elegido como vicario, el abandono de los suyos. La cruz y los clavos atormentando su cuerpo ante la mirada dolorida de su madre. Si Jesús, a pesar de ser el Hijo, pasa por todo eso, cómo nos extrañamos que también nosotros pasemos en nuestro caminar terreno por el sendero del Calvario.

 

 

La hora de la gloria "Entre los que habían venido a celebrar la fiesta..." (Jn 12,20)

El Evangelio de hoy nos acerca al momento crucial en el que Jesús subió al patíbulo de la Cruz para vencer con su vida a la muerte. Como los griegos de esta página evangélica, digamos también nosotros: Queremos ver a Jesús. Pero, mejor que a los apóstoles, vayamos a Santa María para manifestarle nuestro deseo de conocer más y mejor a nuestro Redentor, acerquémonos además a la Iglesia, pues en ella quiso Jesús mostrarse a los hombres como signo de salvación.

Ha llegado la hora, el momento crucial en el que el Hijo de Dios hecho hombre llegue al culmen de su gloria, a la suprema victoria sobre las fuerzas del mal. Pero antes era preciso que el grano de trigo cayera en tierra. Con estas imágenes Jesús nos está trazando todo un programa de vida: ocultarse y desaparecer, perder la vida para ganarla, quemarnos en silencio para ser luz.