CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

 

Monición de Entrada:

María, la esclava del Señor.- Las lecturas hablan de un triple envío de parte de Dios: al profeta Natán a la casa de David. (1ª Lect) El arcángel Gabriel a María (Ev) Y a Pablo como mensajeros para anunciar su presencia entre los hombres (2ª Lct)

Canto de Entrada: "Jesucristo, Palabra del Padre"

Jesucristo, Palabra del Padre,

luz eterna de todo creyente ven,

y escucha la súplica ardiente,

ven, Señor, porque ya se hace tarde.

(Cantoral Litúrgico Nacional nº 2 1)

 

Acto Penitencial:

- Tú, que habitas en los puros de corazón..

- Tú, que eliges lo pequeño y lo humilde.

- Tú, que te dignaste tomar nuestra debilidad en el seno de María Virgen,

LITURGIA DE LA PALABRA.

Primera Lectura. "El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor" (Sam 7,1-5,8b-12.14a.16)

Presencia del Señor en la dinastía de David.- David decide edificar un templo para el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Dios da a David una "casa", una descendencia de la que nacerá el Mesías, el verdadero templo.

Salmo Responsorial:

R/ "Cantaré eternamente las misericordias del Señor" (Libro del Salmista: págs. 44-45)

Segunda Lectura: "El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado" (Rom 1, 1 -7)

Revelación del misterio eterno en Cristo- Pablo recuerda que Cristo ese la revelación del misterio del amor del Padre, mantenido en secreto durante siglos y manifestado en la historia.

Evangelio: "Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo" (Lc. 1,26-38)

Presencia del Señor en María.- María recibe el mensajero divino y pronuncia su "Sí". Se convierte en la nueva Arca de la Alianza y dará a luz un hijo al que el señor Dios le dará el trono de David.

 

LITURGIA EUCARISTICA

Canto de Comunión: "Una espiga"

Una espiga dorada por el sol.

el racimo que corta el viñador,

se convierten ahora en pan y vino de amor

en el cuerpo y la sangre del Señor.

(Cantoral Litúrgico Nacional nº 0 17)

 

Reflexión:

Dios tiene necesidad de los hombres para la realización de sus designios. Sus caminos no son nuestros caminos.

David pretende algo que parece razonable, construir un templo que encierre el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

Dios no vive en el estrecho ámbito de un lugar, lo desborda y lo trasciende. La realidad de una Virgen Madre es significativa de lo que Dios puede y quiere hacer. Ella, conocedora de las promesas, esperaba al Mesías y se convierte por el "si" al ángel en Madre del Esperado.

En su silencio nos enseña cómo esperar y acoger al Señor en la próxima fiesta de Navidad. Su fe debe ser nuestra fe; su esperanza, nuestra esperanza; su pobreza, nuestra pobreza.

Ella se convirtió en la verdadera morada de Dios.

 

 

DOMINGO IV 2 S 7,1-5.8b-12.14a-16

DE ADVIENTO Rm 16,25-27

                Lc 1,46-56

 

La gloria sólo a Dios "Yo te saqué de los apriscos, de andar en tre las ovejas para que fueras jefe de mi pueblo Israel" (2 S 7,8)

David no era más que un muchacho, el menor de sus hermanos, el zagal que acompañaba a los pastores de los rebaños de su padre. Cuando Samuel recibió la orden de ungir a un nuevo rey, no se pudo imaginar que el elegido sería aquel imberbe cuya única arma era una honda. El Señor quiso demostrar una vez más que Él no mira a las apariencias sino al corazón. Por otra parte, con esa elección inesperada nos enseña que en definitiva es Él quien vence y triunfa por su elegido, mero instrumento en sus manos.

Por eso Natán, después de muchos años, le recuerda al rey David lo humilde de sus orígenes. Con ello previene al monarca contra el orgullo y la soberbia, le exhorta a no presumir de nada, pues todo lo que tiene lo ha recibido del Señor... Una lección importante que cada uno de nosotros hemos de aprender. Porque en muchas ocasiones el éxito se nos sube a la cabeza. Presumimos como si el mérito fuera nuestro y, lo que es peor, despreciamos a los demás considerándonos superiores.

 

 

Misterio en la noche "Revelación del misterio mantenido en secre to durante siglos eternos y manifestado ahora..." (Rm 16,25)

Al principio de la Historia, cuando Adán se rebeló contra los planes de Dios, entonces ya se habló del Misterio: Un descendiente de la mujer nacería sobre la tierra y con fortaleza sobrehumana vencería al temible enemigo de todos los tiempos, la serpiente maligna que sedujo a la desdichada Eva. En adelante el recuerdo de esa promesa seguiría sonando en el mensaje esperanzado de los profetas.

Una noche cualquiera, cuando los hombres dormían su primer sueño, cuando el silencio era más hondo, el cielo se abrió y la luz divina llenó con su esplendor el rincón escondido de una gruta de Belén. Había venido el Esperado, había llegado el Rey, había nacido el Salvador. El Misterio se había revelado. De improviso la noche había roto su silencio y las tinieblas habían sido invadidas por la más intensa y fuerte luz. Dios mismo, un niño de pecho, había nacido de una Virgen.

 

 

El rezo del Angelus "A los seis meses, el ángel Gabriel fue en viado por Dios..." (Lc 1,26)

Los hebreos habían imaginado de muchas formas la llegada del Mesías. Algunos pensaron que llegaría de modo apoteósico, descendiendo desde lo alto hasta el atrio del Templo, ante la expectación y el asombro de todo el pueblo allí reunido. Nadie había imaginado que su venida ocurriría en el silencio y en el anonimato. Toda la grandeza y el esplendor de la Encarnación permanecieron velados en el seno inmaculado de María.

Fue uno de los momentos cruciales de la Historia, un hecho que constituye una verdad fundamental de nuestra fe... El nuevo Pueblo de Dios, la gente sencilla y buena ha comprendido la trascendencia de ese momento y lo ha plasmado en una devoción multisecular, que aún hoy sigue vigente entre nosotros: el rezo del Angelus. Un breve alto en el camino de cada jornada, para recordar y agradecer vivamente que el Hijo de Dios se haya hecho hombre y esté cerca de todos nosotros.