DECIMOQUINTO DOMINGO

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Monicion de entrada

Elegidos y Enviados- E1 mensaje de la liturgia se resume hoy en una palabra: "misión". Yahve elige a Amos y lo saca de sus tareas para que profetice a la casa de Israel (1ª lect) Jesus envia a los doce a predicar la conversion (Ev) . Nosotros hemos sido elegidos antes de la creacion del mundo a ser santos e irreprochables ante El por el amor. (2ª Lec )

 

Canto de entrada.- Que sea tu palabra.

Que sea tu palabra semilla de unidad

un signo de que llegara la esperanza y la verdad.

(Cantoral Litúrgico Nacional: n° 733)

 

Aspersion del agua bendita

o bien:

Acto penitencial

- Por tu sangre hemos recibido la redencion y el perdon de los pecados.

- En ti, el Padre nos destino a ser sus hijos para alabanza de su gloria.

- En tu persona fuimos hechos santos para llevar una vida de amor en el

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LITURGIA DE LA PALABRA

 

Pri mera lectura . - "Ve y profetiza a mi pueblo " Am 7,12-15

Eleccion y mision del profeta.- Dios eligio y envio a Amos para que profetizara a su pueblo. Proviene de una region pobre y su palabra molesta a los poderosos de Israel. El profeta sufre el rechazo y la oposicion: solo tiene en su favor el mandato y la fuerza del Señor.

 

Salmo responsorial.- Sal 84,9ab-10, 11-12. 13-14

R "Muestranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvacion. " (Libro dcl Salmista: pgs 248-249).

 

Segunda Lectura.- "Nos eligió en la peprsona de Cristo, antes de crear el mundo" Ef 1,3-14

Dios nos eligió para ser sus hijos.- San Pablo describe admirablemente el plan que Dios tiene sobre cada uno.de nosotros. Dios nos ha elegido no por nuestros meritos, sino en su Hijo, Cristo, a ser santos e irreprochables ante El por el amor.

Evangelio.- "Los fiue errviando Mc 6,7-13

Las condiciones de la mision.- Jesus envio a los Doce a predicar. Las condiciones necesarias para la proclamacion del Evangelio son.: tener autoridad en nombre de Jesus pobreza de medios, radicalidad en el mensaje y servicio generoso a los necesitados.

LlTURGIA EUCARISTICA

 

Canto de Comunion.- "Gustad y ved"

Gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a El,

Gustad y ved que bueno es el Señor,

dichoso el que se acoge a El. (Cantoral LitúrcoNacionat . n° 035)

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Reflexion

Para ser misionero no es necesario ir a tierras lejanas, sino que donde vivimos y nos movemos podemos anunciar y testimoniar el Evangelio.

A nuestro lado encontramos personas que lloran y sufren, que esperan y desesperan y tienden su mano para que las socorramos.

Solamente con la gracia y la fuerza del Señor se puede proclamar el Evangelio y sembrar la semilla del Reino.

En el camino misionero el Señor nos invita a llevar con nosotros el baston de la fe y las sandalias de la esperanza, el pan de su palabra que alimenta y sacia, y la tunica que cubre el necesitado.

Todo bautizado es misionero en su ambiente: familia, trabajo, diversion.

 

Domingo XV

 

El coraje de un profeta

 

El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel (Am 7,15)

Amós era labrador. Allá por las tierras del sur, cultivaba las verdes higueras de Judá, pastoreaba su rebaño, inmerso en la soledad ancha de aquellos paisajes llenos de historia santa. Y un día llegó a sus oídos la voz recia de Yahvéh, esa voz de muchas aguas que estaba buscando quien proclamara su mensaje de justa indignación. Israel, la adúltera del norte, se había olvidado de Dios. Y era preciso recordarle las exigencias de este Dios enamorado. Y Amós fue escogido y enviado. Y esa vocación y misión serán su carta de garantía, como la firma que avala la autenticidad de sus palabras.

Y es que el verdadero profeta sólo lo es el llamado por Dios, el que recibe la misión de hablar en su nombre. Por eso en la Iglesia, en el pueblo de Dios, sólo se puede considerar verdadero profeta al que llama Dios a través de sus apóstoles, de sus obispos. Y será buen profeta cuando transmita el mensaje que se le ha confiado. Tanto es así, que cuando caigan en la tentación de pronunciar palabras propias, o palabras ajenas a las que le fueron confiadas, estarán traicionando al que le envió.

Estamos necesitados de verdaderos profetas, de hombres llamados por Dios, enviados con la misión de proclamar el divino mensaje. Hombres fieles que no se dejen llevar de sus propios intereses, que no pretendan estar de moda, atraerse el aplauso de la multitud. Hombres que no traicionen al que le envió, al Obispo que le confió la delicada misión de hacer resonar en las mentes y en los corazones la palabra de Dios.

Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan y profetiza allí (Am 7,12)

Amós ha llegado hasta Betel, llevando palabras de fuego contra los que no cumplen la ley de Yahvéh, contra todos aquellos que reducían el culto de Dios a una serie de prácticas meramente externas, a un vivir cómodo y sin complicaciones personales, sin entrega total y sin abnegación de sí mismos. Su palabra escuece, levanta inquietud y zozobra en los espíritus aburguesados, en los que quieren vivir a gusto, sin lucha, sin doblegarse ante el criterio del que hace cabeza.

También Amasías, el sacerdote de Betel, ha sentido en su carne el golpe rudo de la palabra de Amós. Y protesta y se revuelve rabioso: Vete a tu tierra, visionario. Come allí tu pan y predica a los tuyos. Déjanos en paz_ Amasías estaba a gusto, tranquilo en su vida fácil, sin lucha. Por eso las exigencias de este hombre de campo que brama en nombre de Dios, le molestan, le resultan insoportables. Y le manda callar.

Como hemos hecho nosotros cuando la palabra de Dios nos ha llegado preñada de exigencias y de renuncias. Nos hemos rebelado, nos hemos justificado, hemos buscado mil razones para escabullirnos, para seguir haciendo lo que nos ha resultado más fácil. Y hemos protestado contra los que, en nombre de Dios y enviados por Él, nos han hablado claramente de entrega, de justicia, de verdad, de humildad.

 

 

Ojalá hoy escuches

 

Voy a escuchar lo que dice el Señor_ (Ps 84,9)

Ojalá sea también un deseo tuyo este de escuchar hoy al Señor. Sí, ojalá escuches y no endurezcas tu corazón como lo endurecieron los israelitas en el desierto. Las palabras que siguen en el salmo, ésas que hemos de escuchar en este momento, dicen así: Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra_ Qué verdad es que los pensamientos del Señor son pensamientos de paz y no de aflicción. Lo que Él desea para cada uno de nosotros es nuestra misma felicidad, la alegría y el sosiego de nuestro espíritu.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo . La misericordia de Dios va de generación en generación, su amor dura por siempre; sin dejarse abatir por la falta de correspondencia, está abierto de forma permanente al perdón y al comenzar de nuevo. Y al mismo tiempo su justicia no tiene paliativos ni favoritismos, la justicia de Dios que todo lo ve y todo lo sabe, sin necesidad de testigos, ni abogados defensores o fiscales implacables. Párate un poco a pensar en todo esto, para que te animes en la lucha por corresponder a ese amor y fidelidad, en el afán por superar con éxito el examen final de tu vida.

 

Muéstranos, Señor, tu misericordia_ (Ps 84,8)

 

Y danos tu salvación , continúa la oración del salmista, que hemos de hacer oración personal, diálogo de tú a tú con Dios nuestro Padre_ El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante Él, la salvación seguirá sus pasos.

En aquella tierra, lo mismo que en la nuestra, la lluvia en el tiempo oportuno era decisiva para las cosechas. Aquellos hombres, que el salmista representa, también cultivaban el trigo y la cebada, los olivares y las viñas. Eran tierras de secano, sometidas a las aguas que el cielo enviaba o retiraba. De ahí esa actitud de dependencia casi absoluta de la bendición de lo alto. Si Dios mandaba el agua, todo estaba salvado. Si no, eran inútiles todas las fatigas y sudores del año.

En la vida espiritual ocurre otro tanto. Somos tierra de secano. Sólo tenemos cosecha cuando hay lluvia, sólo daremos algún fruto sobrenatural si Dios nos riega con su gracia. Con razón decía el Apóstol que ni el que planta ni el que siega es nada, sino sólo Dios que da el crecimiento. Y también Jesús nos asegura que sin Él nada podemos. Acudamos, pues, a Dios con insistencia, con humildad, para que nos mande la lluvia necesaria.

 

 

Un derroche

 

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo (Eph 1,3)

 

Muchas veces en los escritos paulinos encontramos lo que técnicamente se llama una doxología , exclamaciones de alabanza a Dios, expresiones llenas de júbilo y de gratitud. En este pasaje tenemos una de las más bellas y extensas doxologías de San Pablo. Comienza con esta frase que todavía hoy es usual entre nosotros: Bendito sea Dios . Una expresión que la gente sencilla y buena sigue repitiendo en circunstancias de alegría y también de penas.