DECIM0SEPTIMO DOMINGO
Monicion de entrada
Compartir, signo de solidaridad.- Durante los cinco siguientes domingos se proclamará el discurso de Jesús sobre el "pan de vida", segun San Juan. La narración de la multiplicación de los panes es anuncio de la intervención salvífica de Dios. El pan compartido sacia el hambre de la gente (1º lect) y (Ev) Cristo es el pan partido y compartido en la mesa del mundo y crea solidaridad y unidad entre los hombres. (2 Lect )
Canto de entrada.- Anunciaremos tu reino, Señor.
Anunciaremos tu reino, Senor,
tu reino, Señor, tu reino.
(Cantoral Liturgico Nacional: n° 402)
Aspersión del agua bendita
o bien:
Acto penitencial.
"Yo confieso... "
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera Lectura. - Comerán y sobrará" (2 Rey. 4 ,42~44)
Compartir el pan es signo de solidaridad.- Dios se vale del profeta Eliseo y de su criado para remediar la necesidad material de la multitud. Jesus de un modo análogo tambien alimentará a otra multitud.
Salmo responsorial.- Sal 144,10-11.15-16.17-18
R/: Abre tu mano, Señor, y nos sacias (Libro del Salmista: pgs. 258 y 259)
Segunda Lectura.- "Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo"Ef 4,1-6
Vivir segun la vocacion recibida.- E1 Apostol, prisionero en Roma, exhorta a conformar nuestra vida segun la vocación a la que hemos sido llamados y a mantener la unidad con el vínculo de la paz.
Evangelio.- Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron"Jn 6,1-15
La multiplicacion de los panes.- La multiplicacion de los panes manifiesta a Jesus como el Mesias. Compartir el pan que Dios da es signo de comunion con Cristo y de solidaridad con el hermanos.
LlTURGlA EUCARISTICA
Canto de Comunion.- Te conocimos al partir el pan.
Te conocimos, Señor, al partir el pan,
Tu nos conoces, Señor, al partir el pan,
(Cantoral Litúrgico Nacional: n°025)
Reflexion
En el mundo existe el hambre. Muchos hombres y mujeres padecen hambre. De todas partes del mundo se escucha el grito angustioso y urgente de tantas personas que mueren de hambre cada dia..
Ademas del hambre material existe el hambre de otros valores humanos y cristianos. Dios no es indiferente al sufrimiento y a la soledad de los hombres; asi lo demuestra en su Hijo Jesus que se compadece de aquella multitud hambrienta.
La multiplicacion de los panes es signo profético del pan de vida eterna. La Eucaristia es el alimento de todo cristiano y anuncio profético del banquete universal. Quien comparte la compasión de Jesus con los hambrientos vive y cumple el Evangelio, cuando dice: "Tuve hambre y me disteis de comer".
DOMINGO XVII
TIEMPO ORDINARIO
MINISTROS DE DIOS
"En aquellos días vino un hombre de Bal-Salisá trayendo en la alforja el pan de las primicias..." (2 R 4,42)
Este hombre trae lo mejor de su cosecha: pan de primicias y trigo reciente. Él sabe que Eliseo es un profeta de Dios, que es un enviado del Altísimo. Y por eso le honra con lo mejor que tiene. Está convencido de que honrar a un enviado de Dios es igual que honrar al mismo Dios, una buena forma de dar culto al Señor.
Jesús dirá: "El que os recibe, a Mí me recibe, y quien me recibe, recibe al que me ha enviado".
Señor, se está perdiendo la veneración a los ministros sagrados. Es verdad que a veces esos ministros no están a la altura de la misión recibida...Admitiéndolo, incluso suponiendo lo peor que podamos imaginar, hay que tratarlos como enviados de Dios, hay que creer en los poderes que han recibido para la salvación del mundo entero. Podemos estar seguros de que ese apoyo moral y material será el mejor modo de hacerles comprender la grandeza de su ministerio y recordarles lo que significa ser enviado de Dios.
DESDE LA PRISION
"Hermanos: yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados" (Eph 4,1)
La liturgia sigue proclamando la carta de San Pablo a los efesios. Esta carta, junto a la que envió a los filipenses, a los colosenses y a Filemón, constituye el grupo de las llamadas cartas de la cautividad. Todas ellas están escritas desde la prisión. La valentía del Apóstol en predicar le ha llevado a esta situación penosa. Pero Pablo no ceja en su empeñristo y beber el cáliz del que Jesús le había hablado, cuando le había pedido para él y su hermano los primeros puestos del Reino. El Señor les denegó su petición. No desanimó Santiago sino que se entregó hasta morir.
Su figura alcanzó unos perfiles grandiosos, el pueblo fiel ha visto en él un hombre fiel y batallador. No sólo España le ha venerado siempre, persuadida de que él fue quien nos trajo la fe en Cristo Jesús. También toda Europa ha recorrido muchas veces el camino de Santiago par visitar y venerar la tumba del Apóstol Santiago. En el año jacobeo hemos sido testigo de ello.
SANTIAGO NUESTRO PADRE EN LA FE
"Dios nos ha puesto los últimos a nosotros loe apóstoles, como condenados a muerte..." (1 Co 4,9)
San Pablo escribe con cierta amarga ironía. Sigue diciendo que ellos son como un espectáculo para el mundo, los ángeles y los hobres. Añade que son necios, débiles, despreciados, perseguidos... Era verdad todo eso, visto desde la perspectivapor la alegría o por el dolor, exclama con espontaneidad: Bendito sea Dios_ Aquí Pablo expone los motivos que le hacen exclamar gozoso esas palabras tan significativas. Ante todo porque Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales, nos ha elegido para que fuéramos santos e irreprochables ante Él por el amor. Antes de crear el mundo ya pensaba Dios en cada uno de nosotros, ya nos amaba, ya deseaba favorecernos, ayudarnos, darnos la vida eterna, hacernos felices a través del amor_ Ante todo esto no cabe otra cosa que exclamar llenos de alegría: Bendito sea Dios.
Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido el perdón de los pecados (Eph 1,7)
Sigue San Pablo con entusiasmo: Él nos ha destinado en la persona de Cristo por pura iniciativa suya a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia, ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el Misterio de su Voluntad .
Un derroche, dice San Pablo. Un derroche porque son infinitos los bienes que Dios nos ha concedido, infinitos en cantidad, y, sobre todo, en cualidad. Bienes que no acabamos de apreciar porque somos tremendamente torpes, tremendamente materialistas. Por eso existe el peligro de que ese derroche por la abundancia, se convierta en un derroche por la inutilidad de su aprovechamiento. Es decir, que todo el inmenso bien que Dios nos quiere comunicar se quede en muy poco, o en nada, a causa de nuestra desidia, a causa de nuestra torpeza, de nuestra ingratitud, de nuestra mezquindad_ Ojalá recapacitemos, ojalá rectifiquemos a tiempo, ojalá comprendamos el derroche de amor que Dios hace con nosotros y le correspondamos de forma adecuada.
Enviados de Cristo
Jesús llamó a los Doce yde los cielos, en la tierra y en el mar. Tu voz, Señor, tu melodía sin nombre, tus palabras de esperanza y de amor se apagan, se estrellan, sin hacernos vibrar, ante la membrana enferma de nuestros oídos muertos.
Inmóviles, mudos. Sin hacer ningún movimiento que nos permita reanudar la marcha. Sin pronunciar una palabra que pida auxilio, ayuda y compasión para tanta pobreza_ Así estamos, Jesús, así estamos. Compadécete de nosotros, haz que se cumpla la palabra profética de Isaías. Da luz a nuestros ojos, sensibiliza nuestro oído, comunica agilidad a nuestros miembros, palabras a nuestra lengua. Que nuestra tierra se llene de gozo: Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa, el páramo será un estanque, lo reseco un manantial .
Alma mía
Alaba, alma mía, al Señor (Ps 145,1)
A veces la oración es un diálogo con uno mismo, realizado en la presencia de Dios. Y esto es lo que hace hoy el salmista, y lo que la Iglbién escucha mi voz suplicante, y la tuya, e inclina su oído hacia mí, hacia ti también, en el día en que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte dice el texto y decimos nosotros , me alcanzaron los lazos del abismo, caí en la tristeza y en la angustia. Invoqué el nombre del Señor: Señor, salva mi vida_ Quizás ahora no, o quizás sí, te encuentras en esa situación a que se refiere el salmista. De todos modos hemos de hacer nuestra esa súplica suya. Y pedir a Dios que se compadezca de nosotros y alivie nuestros sufrimientos o nuestra soledad, o nuestra tristeza; que encienda nuestro frío corazón, que sacuda nuestra indiferencia, que salve en fin nuestra vida de esa muerte que siempre nos acecha.
El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo (Ps 114,5)
El Señor es justo, da a cada uno lo suyo, castiga lo malo y premia lo bueno. Pero si en eso se quedara todo, sería como para echarse a temblar. Lo dice otro salmo, Señor, si tomas cuenta de nuestros delitos, ¿quién podrá resistir? ¿quién se podrá salvar? La respuesta que se deja entrever es la de que nadie se libraría realmente de la condena, si sólamente la justicia divina sopesara nuestras pobres vidas.
Pero, gracias a Dios, junto a esa justicia implacable brilla con fuerza su benignidad, su profunda e infinita compasión. Ante esto hemos de sentirnos aliviados, llenos de esperanza. Y si en nosotros el recuerdo de la justicia de Dios ha de despertar un santo temor que nos aleje del pecado, el recuerdo de su tremendo amor, siempre dispuesto al perdón, ha de espolearnos con vigor a ser mejores, a no pagar con desamor a quien tanto y tanto nos quiere.
El Señor guarda a los sencillos sigue el texto sacro , estando yo sin fuerzas me salvó. Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída_ Y como un propósito en consecuencia de todo eso, y que cada uno ha de concretar en su interior, acabaremos diciendo con el Espíritu Santo: Caminaré en presencia del Señor .
¡Hipócritas!
¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? (Iac 2,14)
Si hubo un defecto, un pecado, que Cristo fustigó de una manera particular, fue el de la hipocresía. Sobre todo la que se da en el campo religioso. El aparentar ser un hombre piadoso ante los hombres, y estar podrido a los ojos de Dios era algo que Jesús no podía soportar. El servirse de la religión como una careta para aparecer como una persona digna y honorable, el usar la oración o la limosna como una máscara tras la que ocultar la verdadera y sucia personalidad_ Todo eso le causa al Señor una especie de repugnancia instintiva, le hace proferir las palabras más duras que salieron de sus labios.