DECIMO OCTAVO DOMINGO
Monicion de entrada
Danos siempre de ese pan.- El hombre no puede vivir sin seguridades. Por esta causa busca lo que le da estabilidad en su vida. A diferencia del maná que no libraba a Israel de la incerteza cotidiana (1º lect) Jesús se presenta como el "pan de vida" que sacia para siempre(Ev) y nos invita a renovarnos en la mente y en el espíritu (2ªlect)
Canto de entrada.- Iglesia peregrina..
Somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor,
Paz para las guerras y luz para las sombras,
Iglesia Peregrina de Dios (2).
(Cantoral Litúrgico Nacional n° 408).
Aspersión del agua bendita
o bien
Acto penitencial.
- Tu que eres el pan del cielo.
- Tu, que tienes palabras de vida eterna.
- Tu, que nos invitas a tu mesa.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera Lectura: "Yo haré llover pan del cielo" (Ef 4,17.20-24)
Busqueda de seguridad.- Israel camina hambriento por el desierto y recuerda las seguridades que tenía en Egipto. Dios generosamente le ofrece un manjar gratuito e inesperado, signo de otro manjar gratuito y salvifíco.
Salmo responsorial.- Sal 77,3 y 4bc.23-24.25yS4
R/. El Señor les dio un trigo celeste. (I.ibro del Salmista: pgs. 263 y 264 )
Segunda Lectura.- "Vestíos de la neuva condicion humana, creada a imagen de Dios" (Ef 4,17.20-24)
El hombre nuevo en Cristo- Cuando el hombre se encuentra con Cristo no puede menos que renovarse y convertirse en un hombre nuevo. Esta novedad exige una mentalidad y una vida en conformidad con Cristo.
Evangelio.- "El
que viene a mi no pasara hambre, y el que cree en mí no pasará sed " (Jn 6,24-35)
El alimento que perdura.- Despues del milagro de la multiplicacion de los panes, Jesus empieza un largo discurso. La multitud busca mas bien el pan del milagro que a su autor. Jesús se ofrece a si mismo como alimento.
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LITURGIA EUCARISTICA
Canto de Comunion.- ¿Le conoceis?
Con vosotros está
y no le conoceis,
con vosotros está,
su nombre es "El Señor" (2)
(Cantoral l.itirgico Nacional: n 0723)
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Reflexión
En el desierto Israel padece hambre y recuerda su vida en Egipto. Dios pone a prueba a su pueblo para que tenga conciencia de su condicion indigente y pobre, pero libre.
El maná es la respuesta divina a las reclamaciones y murmuraciones de un pueblo hambriento. Es signo generoso de la presencia de Dios, que no abandona a Israel. El maná es el pan del desierto. El maná que ofrece Jesús es el pan de vida eterna
La multitud buscaba ansiosa a Jesús para ser espectadora de nuevos y pretendidos signos,
Jesús rechaza sus deseos e intereses y les propone que deben buscarlo no por mera curiosidad o por los milagros, sino por el pan de la vida eterna. El maná fue un alimento de corta duracion. El verdadero pan de vida dura para siempre. Quien come de este pan vivirá eternamente y no tendra ni hambre ni sed en su peregrinar.
Domingo XVIII
En el camino del desierto
En aquellos días la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón_ (Ex 16,2)
Una vez más brota el descontento de aquellos fugitivos del desierto. A pesar de los prodigios de que fueron testigos no acaban de creer en el poder de Yahvéh. El Señor los había liberado de la terrible opresión de los egipcios, pero ellos seguían sin aceptar el amor divino, sin confiar en su infinita bondad. No consideraban que quien los había librado de lo peor, de lo más difícil, podría librarlos también de esas otras dificultades menos graves. No podían creer que si Dios había secado el Mar Rojo podía también inundar el desierto. Les pasaba como a nosotros cuando desconfiamos de la misericordia y del poder divinos, cuando nos amedrentamos con lo que tenemos por delante sin acordarnos de lo que dejamos atrás. Desconfiamos de quien tantas y tantas veces nos ha dado muestra de su poder y compasión.
Acuciados por las premuras de aquellos momentos añoran los tiempos de la esclavitud. Piensan que quizá hubiera sido mejor morir ante las ollas de los opresores que deambular por el desierto con hambre. Y en lugar de pedir humildemente la ayuda divina, se vuelven contra sus enviados, murmuran y critican entre ellos contra quienes se pusieron al frente del pueblo por mandato de Dios. Nos habéis sacado, llegan a decir, para matar de hambre a toda la comunidad_ En lugar de agradecer la liberación conseguida gracias a la intervención de Moisés y Aarón, se vuelven airados contra ellos y les acusan duramente.
Es el pan que el Señor os da a comer (Ex 16,15)
Ante aquella actitud Dios vuelve a mostrar su paciencia sin límites con aquellos nómadas rebeldes. Una vez más perdona su falta de fe, no les tiene en cuenta sus insolentes exigencias ni su ingratitud pertinaz. Así, en lugar de castigar sus murmuraciones, les envía pan y carne fresca para que coman hasta saciarse. Moisés les explica que aquel maná era el pan del cielo en el desierto.
Mucho después el Señor les hará ver que el verdadero Pan del cielo es otro muy distinto. El maná saciaba el hambre del cuerpo, el Pan que Cristo da sacia el hambre del espíritu. Aquel maná mantenía la vida material y caduca, los que lo comían acababan muriendo. Por el contrario, el Pan vivo y verdadero transmite y mantiene una vida distinta que ni la muerte podrá extinguir_ Todos somos caminantes del desierto, todos vivimos la aventura del éxodo, este largo itinerario que empieza en la cuna y termina en la tumba. Cuando el hambre nos acucie, acudamos a Cristo y Él nos dará el Pan de vida que fortalece y vivifica para siempre.
Pan de vida eterna
El Señor les dio pan del cielo (Ps 77,24)
De generación en generación recordaban los israelitas las proezas de Yahvéh en favor de su pueblo. Los padres contaban a sus hijos cómo Dios les libró del poder opresor de los egipcios, cómo los condujo a través del desierto protegiéndoles con su sombra y alumbrándolos con su luz, dándoles cada día con el maná el pan que les alimentaba y fortalecía para seguir caminando por aquellas rutas inhóspitas.
Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, eso contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder, las maravillas que realizó. Dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo_ Refiriéndose a este acontecimiento, los judíos decían rebatiendo a Jesús: Moisés nos dio el maná, en cambio Tú qué haces para que creamos en Ti. Y el Señor les contestó: Moisés no os dio pan del cielo: es mi Padre el que os da verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que bajó del cielo y da la vida al mundo . Y los judíos, deslumbrados, dijeron: Señor, danos siempre de ese pan .
El hombre comió pan de ángeles_ (Ps 77,25)
Otros judíos murmuraban contra Jesucristo porque había dicho que Él era el Pan del cielo: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Pues cómo dice ahora: Yo he bajado del cielo? Jesús les respondió: No murmuréis entre vosotros. Yo soy el pan de la vida; vuestros padres comieron el maná del desierto y murieron. Este es el pan que baja del cielo, para que el que lo coma no muera. Yo soy el pan bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo.
Fue en esta ocasión cuando las palabras del Señor causaron mayor revuelo, provocaron mayor escándalo. Incluso sus mismos discípulos decían: Duras son estas palabras. ¿Quién puede oírlas? Desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían. Y a Pedro, en nombre de todos, sólo se le ocurre decir: Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna_ Recibamos, también nosotros, con espíritu de fe esta sublime verdad, aceptemos aunque no comprendamos, fiémonos del poder y del amor de Dios y acerquémonos, entre reverentes y confiados, a comer el Cuerpo del Señor, a recibir con devoción y supremo respeto la Sagrada Eucaristía, el sacramento de la unidad y del amor.
El hombre nuevo
Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos de placer, a renovaros en la mente y el espíritu (Eph 4,21)
Es cierto, Jesús nos ha enseñado el camino que hemos de recorrer los cristianos, nos ha mostrado cuál ha de ser la manera de vivir honestamente. Sus palabras han perdurado a través de los siglos, han atravesado el espacio y el tiempo hasta llegar a cada uno de nosotros. Hoy, difícilmente hay un cristiano que no sepa qué es eso de vivir según el mensaje y la doctrina de Cristo.
Puede ocurrir que no lo ponga en práctica, o que no sepa expresar con claridad y en cada momento lo que supone ser cristiano. Pero, en el fondo, hay un sentimiento que mueve a comportarse correctamente, quizá de forma casi imperceptible_ Lo malo es que muchas veces ese sentimiento, esa intuición, esa voz de nuestra conciencia la ahogamos con otros sentimientos e inclinaciones. Y en lugar de dar paso al hombre nuevo hecho según Dios, dejamos que se manifieste el hombre viejo y corrompido por las pasiones y el egoísmo.
Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas (Eph 4,24)
Nueva condición humana, semejante a la primera que el hombre tuvo, cuando aún no la había deformado el enemigo. Imagen semejante a la prístina condición perfecta del hombre y la mujer recién creados por el divino artífice. Semejante, porque no es igual; semejante tan sólo, ya que la nueva imagen es infinitamente más perfecta que aquella imagen de la primera pareja hecha por Dios.
Nueva condición más próxima, en el parecido, al modelo inmensamente perfecto que es Dios; condición nueva del hombre justo y santo de verdad_ Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, dejad que su poder os trascienda, dejad que Dios actúe en vuestras vidas, dejad que su bondad os inunde, dejadle las manos libres a Dios. Él sólo pide para actuar en nosotros que le secundemos con nuestro sí incondicional, con nuestro pobre esfuerzo, con la pequeña renuncia de cada momento. Y si dejamos el paso libre a Dios, el hombre viejo y podrido se oscurecerá, para que resurja el hombre nuevo creado a imagen de Dios, en justicia y santidad verdaderas.
Buscar lo que vale
Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre_ (Jn 6,35)
Jesús conoce a fondo lo que se esconde en el interior del hombre. Sabe cuándo uno le busca con rectitud de intención y cuándo se mueve por motivos menos rectos. Por eso a quienes le buscan después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, les acusa de que van detrás de Él para beneficiarse otra vez de su poder divino.
Es una acusación que sigue en pie para quienes se sirven de la Iglesia, en lugar de servirla. Esos que hacen gala de religiosidad para sacar algún provecho personal, para medrar en cualquiera de las mil facetas de la vida. Es una actitud egoísta, casi sacrílega podíamos decir, pues es hacer un negocio de lo que es sagrado. Es esta una cuestión muy delicada en la que no podemos jugar. Recordemos que, según San Pablo, de Dios nadie se ríe.
De todas formas, Jesús entra en diálogo con aquellos que le buscan
por intereses bastardos, trata de hacerles comprender lo poco noble de su actitud, intenta
abrirles el entendimiento y el corazón a valores más altos y duraderos. También a
nosotros, con paciencia de años, quiere Dios iluminarnos para que busquemos lo que
realmente vale, nos fortalece para que superemos nuestra propia debilidad y alcancemos el
supremo bien que satisfaga toda ansia.
Digamos, pues: Alaba, alma mía, al Señor . Sí, alábale con toda tu alma, sin palabras
quizá, pero con el corazón encendido, vibrante ante el pensamiento y la realidad de que
Dios está a nuestro lado, muy cerca, amándonos con esa su fidelidad perpetua.
Él nunca falla, jamás se echa a trás en sus promesas, nunca engaña. Además, nos dice el salmo, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos y libera a los cautivos_ Nosotros, yo al menos sí, nos sentimos oprimidos con frecuencia, vemos que no se nos hace justicia, que no se justivaloran nuestras acciones o nuestras palabras. O nos sentimos hambrientos, con un hambre indefinida, pero cierta, una ansiedad difícil de expresar con palabras. En otras ocasiones nos vemos cautivos, sin cadenas de hierro, pero atados e inmóviles para querer, para hablar, o para actuar.