TERCER DOMINGO
Monición de entrada:
Vocación y Conversión.- Jesús, el profeta, inicia su ministerio en Galilea y anuncia la conversión (Ev), como en otros tiempos lo hiciera el profeta Jonás en la cíudad de NínÍVC ( (1ª Lect).
La conversión consiste en abandonar las obras del pecado y despegarse de 1 bienes de este mundo. (2ªLect)
Canto de entrada:
Alrededor de tu MesaAlrededor de tu mesa venirnos a recordar, (2)
que tu palabra es camino, tu cuerpo fraternidad (2)
(Cantoral Litúrgico Nacional nº A-4)
Aspersión del agua bendita
0 Bien:
Acto penitencial:
- Tú, que eres compasivo y misericordioso.
- Tú, que anuncias a tu pueblo la conversión de su mala vida
- Tú, que perdonas y aceptas siempre a quien se
convierte y hace penitencia.
LITURGIA DE LA PALABRA:
Primera Lectura.- "Los ninivitas se convirtieron de su mala vida" (Jon.33-5.10)
La conversión anunciada por Jonás, Jonás, llamado por Dios, predica la conversión a los ninivitas. Toda la ciudad abandona sus malas obras y se convierte Dios.
Salmo responsorial:
Sal 24, 4-5ab. 6-7bc.8-9R/"Señor, enséñame tus caminos"
(Libro del Salmista: pags.197-198)Segunda Lectura.-
Vonvertíos y creed en el Evangelio" (1 Cor 7,29-3 1)La vocación del cristiano en el mundo, San Pablo advierte a los fieles de Corinto la situación presente: deben prepararse para la venida del Señor viviendo en el mundo sin tener morada fija en él.
Evangelio.-
Vonvertíos y creed en el Evangelio. (Mc. 1,14-20)Anuncio de conversión y llamada vocacional.- Jesús inicia su predicación proclamando la conversión y la creencia en la Buena Noticia.
Junto al lago llama a ser "pescadores de hombres" a unos
simples pescadores que abandonaron sus barcas y redes y le siguieron.
LITURGIA EUCARÍSTICA:
Canto de Comunión
.- "Como brotes de olivo" (Salmo 127)Como brotes de olivo,
en torno a tu mesa, Señor
así son los hijos de la Iglesia.
(Cantoral Litúrgico Nacional: nª 528)
Jesús, paseando por las orillas del lago de Galilea, eligió a sus colaboradores. Eran trabajadores sencillos y acostumbrados al esfuerzo y a la lucha cotidiana. Dejaron sus barcas y redes sobre la playa y emprendieron un nuevo estilo de vida junto al Maestro.
También hoy, Jesús pasa por las orillas de nuestro mar en búsqueda de nuevos colaboradores para que extiendan su Reino. No te hagas el sordo; sé generoso para colaborar en su misión de construir un mundo fundado en el Evangelio y en la paz, en la justicia y en la fraternidad entre todos los hombres.
Domingo III
Conversión de Nínive
"Levántate y vete a Ninive, la gran ciudad, a predicar lo que yo te indicaré. Jonás se puso en marcha. . . "(Jon 3,2-3)
Jonás había huido de Dios. Intentó escaparse de su presencia, eludir su mandato. No quería ir a Nínive para predicar y que se convirtieran de su mala vida. Era inútil marchar a un pueblo pagano que sólo pensaba en pasarlo bien.
Pero Dios persigue al profeta hasta rendirlo. Y es que a Dios no hay quien se le resista. Al final vence siempre Él. Por eso es conveniente evitar todo forcejeo inútil, no poner resistencia. Lo mejor es darle facilidades, hacer lo que su voluntad determine, sea lo que sea.
Si obramos así nos maravillaremos del resultado. Dios es así hace nacer la flor y la hierba donde sólo hay arena. Para su fuerza no hay obstáculo que se ponga en su camino... Señor, Tú sabescómo nos cuesta aceptar las cosas cuando no están de acuerdo con lo que nosotros pensamos. Cómo resulta casi imposible ver claro el horizonte de nuestra existencia.
Por eso te rogamos que ilumines nuestro pobre entendimiento con la luz de la fe, para vivir convencidos de que lo puedes todo. Y de que nos amas entrañablemente. Para que así sepamos aceptar tus planes y deseos. Por muy extraños y difíciles que nos parezcan?
"Al ver Dios lo que hacian y cómo se habian convertido de su mala conducta, tuvo compasión de ellos. . ." Jon 3,10)
Dios contempla con agrado la reacción de aquellos hombres. Desde el mayor hasta el más pequeño hacen penitencia. Se arrepienten de sus pecados. Y el mismo rey, enterado de la noticia,
se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió de saco y se sentó en ceniza. Manifestaciones todas que indican la profunda y sincera contrición que le embargaba.
Y Dios, cargado de amenazas hacía poco, se compadece y les perdona, no lleva a cabo el castigo que les tenía preparado... Qué fácil es Dios al perdón y a la compasión, qué pronto al olvido. Esta es su mayor grandeza, su misericordia ante el pecador arrepentido. Cuando nos perdona es cuando se manifiesta mejor la magnitud de su amor... Por eso no tenemos derecho a dudar de su perdón. Más aun, la desconfianza en Dios es un pecado que no se perdona. Es el pecado de los que no piden perdón, el de los que no se arrepienten por no creer en la capacidad infinita de mise- ricordia que hay en Dios.
Leales siempre
"Haz que camine con lealtad. . . " (Ps 24,5)
La lealtad es una de las cualidades más nobles que el hombre puede tener. El hombre leal es fiel a su palabra, es firme en sus sentimientos de amistad, no traiciona jamás, sigue siempre el camino que se marcó, aunque para ello tenga que sufrir grandes sacrificios.
Y si esta virtud es importante y digna de gran estima en las relaciones con los demás hombres, mucho más lo es en las relaciones con Dios. Los hombres, al fin y al cabo, son susceptibles de cambios. Somos volubles, indignos muchas veces de que se nos guarde fidelidad, ya que tampoco nosotros sabemos guardarla.
Pero Dios no. Dios es siempre fiel a sus promesas, es constante en el cumplimiento de sus compromisos, no falla jamás. De ahí que el ser leales, especialmente con Dios, es algo que hemos de valorar mucho en nuestra vida. Recordemos que el mismo Jesucristo afirmó que quien pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás no es digno del Reino de los cielos.
"Recuerda, Senor, que tu ternura y tu misericordia son eternas" (Ps 24,6)
Todo lo bueno que tenemos o que podemos tener son dones que el Señor nos concede, movido por su inmensa misericordia. Y es que nosotros, de nosotros mismos, nada merecemos, a nada tenemos derecho frente a Dios. Unos por una cosa y otros por otra, todos tenemos algo de qué arrepentirnos y de qué avergonzarnos. Y quien piensa que él no, más todavía, porque además es un soberbio, lo peor que se puede ser ante Dios.
Y como no tenemos nada, y como queremos tener el don de la lealtad, el don de la perseverancia, acudimos hoy al Señor para suplicarle humildemente que nos ayude, que nos dé su fortaleza, su gracia para permanecer leales y firmes en el camino emprendido... "Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí por compasión, Tú que eres infinitamente bueno, Señor...". Confía e insiste: "El Señor es justo y recto, pero también es compasivo y misericordioso y enseña el camino a los pecadores que se arrepienten, ayudándoles a caminar con rectitud".
El gran teatro
"Os digo esto: el momento es apremiante " (l Cor 7, 29)
El Apóstol quiere hacernos comprender que la vida de aquí abajo es corta, un puñado de años, o de días, que pasan veloces. Por eso nos apremia y nos urge para que vivamos de cara a esa otra vida que nunca termina, la única por la que realmente vale la pena luchar, esa vida eterna para la que hemos sido creados, el destino glorioso de nuestra existencia. Destino que es una meta que hay que alcanzar, un premio que hay que merecer, una plaza fuerte que hay que conquistar. Para ello es preciso darse prisa pues el tiempo que tenemos es muy poco, menos quizá de lo que nosotros nos imaginamos.
Los días de un cristiano han de estar, por tanto, llenos de buenas obras. Cada instante ha de ser una ocasión bien aprovechada de amar y de servir a Dios, y por Él, a todos los hombres. Todos los momentos son útiles para merecer, para hacer algo en honor de nuestro Dios y Señor. Para eso se nos ha concedido la vida natural, para ganarnos la sobrenatural. Tenemos que desgranar minuto a minuto, en un continuo deseo de agradar a Cristo, toda nuestra existencia. Sin esta visión corremos el peligro de llegar al final con las manos vacías, avergonzados de presentarnos ante el tribunal divino con la triste historia de una vida muerta y sin sentido.
"...porque la presentación de este mundo se termina" (lCor 7,31)
Todo cuanto nos rodea no es otra cosa que un decorado, más o menos bello, que adorna el escenario de nuestro vivir. Desde el momento de nacer comienza el primer acto de nuestra representa- ción. Luego las escenas se irán sucediendo sin cesar, una tras otra, con risas unas veces y con lágrimas otras. En ocasiones la representación se convierte en comedia, otras cambia el tema para dar paso al drama, o incluso a la tragedia. Los personajes que nos acompañan van pasando a nuestro lado, muchas veces para no volver jamás. De todas formas el espectáculo prosigue, ninguno de los actores es imprescindible. Cuando uno se va, termina para él su papel, pero la representación continúa.
Después del último mutis, comienza para cada uno la auténtica realidad. Entonces ya no hay máscaras ni afeites que disimulan y engañan. Entonces estamos ante Dios tal como somos, sin más ornato que el de las buenas acciones, sin más recomendación que la de nuestra propia vida... El gran teatro del mundo. Es una idea antigua y siempre nueva. Una realidad que ha de estimularnos a cambiar de conducta, urgirnos a vivir de cara a Dios, frente a la eternidad, empeñados siempre en rectificar y en mejorar nuestra conducta, encendidos de continuo en el deseo de amar sinceramente a Dios.
Audaces en la entrega
"Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea... " (Mc 1, 14)
Es indudable que Jesús no vino a derrocar el poder temporal de los gerifaltes de su pueblo. A Él no le interesaba la gloria y el poderío de los capitostes del mundo, Él no necesitaba el vasallaje ni el servicio de nadie. Él había venido a servir y no a ser servido. Sin embargo, el choque con los que hacían cabeza se produjo necesariamente. La envidia y la celotipia, la sospecha y el recelo, se despertó en los poderosos apenas comenzó el Señor a predicar, atrayendo a las muchedumbres tras de sí.
El Señor lo sabía y, no obstante, siguió predicando la Buena Nueva que había de traer la verdadera libertad, el rompimiento de las más fuertes cadenas que pueden aherrojar al corazón y la mente del hombre, las del egoísmo y la soberbia, las cadenas del pecado. Sí, Jesús fue valiente y firme, audaz incluso, en el cumplimiento de su misión. Pero su fortaleza y su valentía supo conjugarse con la prudencia, su audacia nunca fue osadía.
Por eso en los comienzos de su actividad, cuando aún estaba lejana la hora señalada por el Padre, Jesús al enterarse que Juan Bautista había sido encarcelado abandona la Judea y se retira a Galilea. Es la postura de quien camina al paso de Dios, sin precipitar los acontecimientos ni provocar sacrificios inútiles. En ocasiones una huida puede ser una victoria, o el silencio puede ser un gesto de autodominio, una verdadera heroicidad. En la vida hay que guiarse por la razón, sin dejarse llevar sólo por el corazon. Esto no quiere decir que no se ponga empeño, e incluso pasión, a la hora de actuar. Fuertes, valientes, audaces, pero nunca imprudentes ni osados.
Valentía sobre todo para escuchar la voz de Dios y seguirla con generosidad y prontitud. Es muy fácil aturdirse con mil preocupaciones, no pararnos a reflexionar bajo la luz de la fe, no llegar hasta las últimas consecuencias de nuestro amor a Dios. El Señor se acerca muchas veces hasta nosotros, para exigirnos y para darnos, para animarnos a vivir de modo más congruente con el Evangelio. Sí, Dios nos llama a todos y a cada uno de noso- tros, a todos nos empuja su amor para contribuir eficazmente a la salvación de todo el mundo.
Reconozcamos que muchas veces somos cristianos sólo de nombre. Nuestras relaciones con Dios se reducen a poco más de media hora en la Misa del domingo. Olvidamos que Dios está presente, cerca de nosotros, en las realidades que vivimos cada momento y que, grandes o pequeñas, constituyen el entramado de nuestra existencia... Dejemos de mirar a ras de tierra, rompamos la frontera estrecha de nuestros intereses personales. Hemos nacido para cosas más altas. Dios nos llama, respondamos con valentía, seamos audaces y generosos en la entrega.