EL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
Monición de entrada
La Eucaristía nueva eterna Alianza.- La oferta del pan y vino que Melquisedec ofrece a Abrahán para agradecer a Dios el don de la paz (1 lect), y la multiplicación de los panes (Ev.) son signos de la Eucaristía que Cristo instituyó en la noche en que iban a entregarlo (2 lect.).
Canto de entrada.- Cantemos al Amor de los amores.
Cantemos al Arnor de los amores,
cantemos al Señor.
Dios está aquí,
venid, adoradores,
adoremos a Cristo Redentor.
(Cantoral Litúrgico Nacional: n~ 08).
Aspersión del agua bendita,
o bien:
Acto penitencial.
- Tú, que eres Sacerdote único y eterno,
- Tú, que eres el Cordero con cuya sangre nos libras del pecado,
- Tú, que eres Pan inagotable para los que tienen hambre de vida eterna.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera Lectura.- "Sacó pan y vino" (Gn 14,18-20))
La oferta y bendición de Melquisedec.- Melquisedec al bendecir a Abrahán se declara superior a él, como lo es Jesús, sobre todos los sacerdotes, reyes y profetas.
Al ofrecer pan y vino al patriarca, anticipa lo que el verdadero Melquisedec, Jesucristo, hizo en el cenáculo: ofrecer el pan de vida de su Cuerpo y el cáliz de salvación, su Sangre, para celebrar la victoria de su muerte, como Melquisedec la de Abrehán.
Salmo responsorial.- Sal 109,1.2.3.4 R/. "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec (Libro del salmista: págs 184-186)
Segunda Lectura.- "Cada vez que coméis y bebéis este pan y este cál~z proclamáis la muerte del Señor" (Cor 11.23-26)
El memorial del Señor.- La Eucaristía es banquete sagrado que Jesús resucitado da a su Iglesia peregrina a través de la historia hacia la patria definitiva.
Evangelio.- ''Comieron todos y sesaciaron''(Lc. 9,11b-17)
Signo de la Eucaristia.- La~multiplicación de los panes aparece como un signo de la Eucaristía, con los mismos gestos: tomar el pan, levantar los ojos al cielo, pronunciar la bendición, partirlo y darlo a los discípúlos para distribuirlo a la gente.
LíTURGIA EUCARISTICA
Canto de Com u n ión . - Tú eres, Señor el pan de vida.
Tú eres, Señor, el Pan de vida. (Cantoral LitúrgicoNacional:n° 041).
Reflexión
Cada vez que celebramos la Eucaristía Dios renueva con nosotros su Alianza de amor. La sangre de su Hijo es "sangre derramada por nosotros y por la salvación del mundo"; por ella somos liberados de nuestras esclavitudes y nos hace partícipes de la libertad que Cristo nos ha merecido. Sólo la Sangre de Jesucristo purifica nuestras malas obras y nos devuelve la vida.
En este día en que la Iglesia conmemora la presencia sacramental de Cristo entre nosotros, elevemos nuestra oración al Señor diciendo:
"Te damos gracias, Padre santo, porque en tu Hijo nos revelas el misterio de la salvación. El, verdadero Cordero pascual, con su muerte nos libero del pecado y resucitado restauró nuestra vida.
En memoria de su entrega por nosotros nos dejó como alimento el sacramento de la Eucaristía. Derrama, Señor, tu Espiritu sobre los que adoramos y proclamamos la presencia de tu Hijo en el misterio eucarístico para que, unidos a tu Hijo sacramentalmente, compartamos con generosidad la solidaridad con todos los hombres y seamos adoradores en espíritu y en verdad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén".
SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI
Ciclo C: Gn 14,18-20 # 1 Co 11,23-26 # Lc 9,11b-17
Sacrificio de Melquisedec: "En aquellos días, Melquisedec, Rey de Salem..." (Gn 14,18)
Se trata de un misterioso personaje del Antiguo Testamento, "sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, que permanece sacerdote para siempre", según narra la epístola a los Hebreos. También en el salmo ciento diez se dice que su sacerdocio es eterno. Una figura que anunciaba a Cristo, cuyo sacerdocio en efecto es eterno, y cuyo origen se pierde en la eternidad. Un sacerdocio que no proviene de los hombres, sino del mismo Dios.
El pasaje nos dice que Abrahán le ofreció el diezmo de todo. De esa forma se pone de relieve la grandeza de ese personaje, pues quien ofrece algo siempre es inferior que aquel a quien se hace la ofrenda. Por otro lado se nos refiere que Melquisedec ofreció a Dios el pan y el vino. Un sacrificio que anunciaba también ese otro sacrificio, el de la Eucaristía donde el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que se inmolan por la salvación del mundo.
La Eucaristía, centro de la vida cristiana. "Por eso, cada vez que coméis de este pan..." (1 Co 11,26)
El Apóstol asegura que cuanto les está diciendo sobre la Eucaristía pertenece a la Tradición que arranca de Cristo, "procede del Señor" nos dice. Así fue, en efecto, pues el Maestro encomendó a sus discípulos que repitieran en memoria suya lo que El acababa de hacer, convertir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre, que se entregaba en sacrificio para la redención del mundo. De ahí que diga S.Pablo que cada vez que comemos el Pan o bebemos del Cáliz proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Proclamar la muerte de Cristo equivale a repetir su sacrificio de modo sacramental pero real. Es decir, en cada celebración eucarística se repite el sacrificio del Calvario. De ahí la importancia capital de la Eucaristía, de la Misa. Tanto que el Magisterio de la Iglesia lo considera como el centro de la vida la cristiana, la fuente de la que brota la vida de la Gracia,el acto al que se dirige toda actividad apostólica, allí donde converge cuanto la Iglesia hace y dice para la salvación del mundo.
Hasta saciarse "Comieron todos y se saciaron..." (Lc 9,17)
La multiplicación de los panes y los peces es un hecho atestiguado por todos los evangelistas, uno de esos acontecimientos considerado de capital importancia, no por lo prodigioso sino por el valor teológico que encierra, por el significado doctrinal tan rico e importante que entraña. S.Juan recordará que Jesús mismo da las claves para su interpretación, destacando su mensaje íntimamente relacionado con la Eucaristía.
El Señor se dio cuenta de que aquel milagro despierta en la muchedumbre el entusiasmo, hasta el punto de que quieren hacerlo rey. Por otro lado, les recrimina que lo busquen sólo porque se han saciado. Buscad el pan del cielo, les dice, el pan que el Hijo del Hombre os dará. Y luego les aclara que El es el Pan de vida, el Pan vivo. Quien coma de este pan no morirá para siempre. Esto es mi Cuerpo -nos recuerda- que será entregado por vosotros.