PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

 

Monición de Entrada:

El Señor viene, vigilad.- La liturgia de hoy proclama gozosamente el gran anuncio: "El Señor viene".

El profeta espera en una actitud de ardiente oración (1ª. lect)

El apóstol espera dando testimonio con los dones recibidos (2ª lect)

         El Evangelio invita a permanecer siempre en actitud de espera porque no se sabe cuando vendrá el Señor. (Ev.)

Canto de entrada: Tiempo de Esperanza

Tiempo de espera, tiempo de esperanza.

Es el Señor el que llega

¡Ven a salvamos, Señor!

(Cantoral litúrgico Nacional : n' 13)

 

Acto Penitencial:

- Porque no hemos salido a tu encuentro.

- Porque nos hemos olvidado de tu venida.

- Porque nos hemos refugiado en nosotros mismos.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: "Ojalá rasgases el cielo y bajases!" Is 63,16b-I 7.19b;64,2b

La espera orada.- El profeta ora intensamente pidiendo que el Señor rasgue el cielo y baje a salvar a su pueblo.

Salmo Responsorial:

R/ "Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve`(libro del salmista: págs 25-26)

Segunda Lectura: "Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo" cor 1,3-9

La espera testimoniada por las obras .- Pablo da gracias a Dios por los dones recibidos y estimula a los corintios a mantenerse firmes hasta el final.

Evangelio: "Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa" (Mt13,33-37)

La espera en vigilancia.- Es necesario pennanecer siempre en actitud vigilante porque no se sabe el día que vendrá el Señor.

LITURGIA EUCARÍSTICA

Canto de Comunión: "Hacia ti, morada santa"

Hacia Ti, morada santa,

hacia ti, tierra del Salvador,

peregrinos, caminantes,

vamos hacia ti.

(Cantoral Litúrgico Nacional, nº 016)

 

Reflexión:

El Adviento es tiempo de espera. El Señor viene y debemos salir a su encuentro. No podemos permanecer dormidos, sino vigilantes.

Permanecer en vela significa tener encendidas las lámparas, estar despiertos con un corazón atento para percibir el paso del Señor. El viene y quiere encontrarse con nosotros.

Vigilar es ver y oír en la noche la venida del Señor, apaciguar los ruidos y crear silencio en el corazón, dominar los deseos egoístas y servir generosamente a los hermanos escuchar la palabra del Señor y conservarla en el corazón. Quien duerme ni ve ni oye.

Vigilar significa también estar activo; sólo quien se entrega a un quehacer, aleja el sueño. El quehacer cristiano es vivir y dar testimonio del Evangelio. La vigilancia nacida de la fe, lleva consigo las obras de quien espera.

 

 

DOMINGO I DE Is 63,16b-17; 64,3b-8

ADVIENTO 1 Co 1,3-9

Mc 13,33-37

 

Obra de tus manos "Tú, Señor, eres nuestro Padre..." (Is 63, 16)

A la entrada del nuevo año litúrgico, la Iglesia nuestra Madre, nos pone en los labios y en el corazón esa plegaria del profeta Isaías, para que la hagamos nuestra, para que desde lo más profundo de nuestro ser le digamos al Señor que es nuestro Padre, para que le preguntemos que por qué nos alejamos de Él, y por qué el corazón se endurece y se torna insensible al amor divino, impávido ante la terrible amenaza de un castigo eterno.

"Ojalá rasgaras el cielo y bajaras, derritiendo los montes con tu presencia". El profeta clama para que la grandeza del Se-ñor se ponga de manifiesto, a ver si así reaccionamos de nuestra indolencia y nos convertimos a Él de una vez para siempre. Pero el poder destructor, capaz de derretir las rocas, es menos convincente y persuasivo para el hombre que la fuerza del amor divino. Por eso Isaías recurre al recuerdo de la bondad del Señor para mover nuestro corazón.

 

 

Dios es siempre fiel "Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y El es fiel!" (l Co 1,9)

No podemos olvidarlo si de veras queremos ser cristianos: Dios nos ha llamado a participar de su propia vida. Ha querido que seamos hijos suyos y lo somos. Nuestra vida humana ha sido traspasada por la vida de Dios. Y sin dejar de ser hombres hemos venido a ser hijos suyos, de tal forma que nuestra vida pequeñita y estrecha se ha ensanchando hasta los límites más insospechados que podamos soñar.

Y Dios es fiel, no se arrepiente de habernos elegido. Su amor no se enfría ni se apaga. Él no se cansa de querernos y de ayudarnos. Día tras día sigue llamando a nuestra puerta para que le dejemos entrar en la intimidad de nuestros más hondos de nuestro ser...Dios está para nacer en un pobre rincón de Belén. Y nosotros hemos de corresponder a su incansable amor con la renovación constante del nuestro, con la lucha denodada por serle también siempre fieles.

 

Estad preparados "Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el mo mento..." (Mc 13, 33)

El ciclo litúrgico se abre una vez más. Ante nuestra mirada de creyentes comienza a desplegarse el Misterio de Cristo, su vida y su palabra. Hechos y dichos del Hijo de Dios, venido hasta la tierra como hombre y Dios verdadero. Acontecimientos y enseñanzas que se agolpan en el recuerdo para encender nuestro entusiasmo, nuestra fe y nuestro amor, nuestra esperanza sobre todo.

Sí, el Adviento es un período para reavivar la esperanza, la certeza de que un día, mañana quizá, Jesús volverá hasta nosotros. Llegará como en Belén, calladamente, con la misma sencillez y ternura de entonces, con la misma humildad. Y como entonces para unos, los pastores y los magos, será motivo de alegría íntima, intensa; para otros, Herodes y Jerusalén, será ocasión de temores y recelos, de ansias y de angustias.