SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
Monición de entrada:
Preparad el camino del Señor.- El Profeta anuncia de parte de Dios a los desterrados el retorno a su patria.
Dios mismo caminará con su pueblo el nuevo éxodo (1ª lect.)
Pedro responde a la impaciencia de los primeros cristianos diciendo que la promesa se cumplirá.(2ªLect.)
Juan el Bautista, voz que grita en el desierto, anuncia que el Señor está cerca e invita a preparar los caminos. (Ev.)
Canto de Entrada: Preparad los caminos
Ven, Salvador¡ ! Ven a salvar a tu pueblo !
¡Ven,Salvador¡ ¡Ven a liberamos, Señor!
(Cantoral Litúrgico Nacional nº 25)
Acto Penitencial:
- Tú, que nos invitas a la confesión de nuestros pecados y a la conversión.
- Tú, que nos has purificado con el Bautismo del Espíritu.
- Tú, que eres el cielo nuevo y la tierra nueva.
LITURGIA DE LA PALABRA
Prímera Lectura: "Preparadle un camino al Señor " (Is 4o,1-5,9-11)
Anuncio de la liberación.- Isaías anuncia a los desterrados su próxima liberación y su regreso a la patria. Exhorta también a preparar el camino al Dios libertador.
Salmo Responsorial:
R/ Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.(Libro del Salrnista: págs.31-32)
Segunda Lectura: "Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva" (Ped.3,8-14)
Anuncio de un cielo nuevo y de una tierra nueva.- Los primeros cristianos aguardaban impacientes la vuelta del Señor.
Pedro sale al paso de su impaciencia y subraya la paciencia divina que ofrece a todos el tiempo necesario para su conversión.
cielo nuevo y una tierra nueva.El vendrá a instaurar un
Evangelio: "Allanad los senderos del Señor" (Mc.1,1-8)
Anuncio del que bautizará con el Espíritu, Juan, voz que grita en el desierto, invita a preparar los corazones a la venida del Mesías con la conversión y las obras buenas.
LITURGIA EUCARISTICA:
Canto de comunión: Te conocimos al partir el Pan de Comunión.
Te conocimos, Señor, al partir el pan,
Tú nos conoces, Señor, al partir el pan,
(Cantoral Litúrgico Nacional: nº 25)
Reflexión:
El tiempo de Adviento es una preparación a la venida del Señor e implica vivir las siguientes actitudes fundamentales.
- La conversión: es la vuelta sincera y total a Dios. Esto significa: dejar nuestra vida en sus manos y orientarla según el evangelio; aceptar ser guiados por El y fiarnos de su amor.
- Tomar en serio la vida cristiana: No fiarse por estar bautizado o por cumplir con ciertas prácticas religiosas, sino vivir conforme a la palabra divina y realizar obras de caridad.
- Ejercer la paciencia y el amor: Es decir: vivir la cruz de cada día con fortaleza y amor, apoyándose en la Palabra de Dios, que renueva y santifica.
DOMINGO II DE ADVIENTO
Is 40,1-5.9-11
2 P 3,8-14
Mc 1,1-8
Al encuentro de Dios "Consolad, consolad a mi pueblo..."(Is 40,1)
Pueblo desterrado que gemía junto a los ríos de Babilonia, colgadas las cítaras en los sauces, mudas las viejas y alegres canciones patrias. Años de exilio después de una terrible e invasión que asoló la tierra, el venerado templo de la Ciudad Santa convertida en un montón de escombros y cenizas. El rey y los nobles fueron torturados y ejecutados en su mayoría, mientras que la gente sencilla era conducida, como animales en manadas, hacia nuevas tierras que labrar en provecho de los vencedores.
Pero Dios no abandonó a su pueblo, a pesar de aquel tremendo castigo infligido a sus maldades. En medio del destierro resonó otra vez el canto de la consolación, con el que se vislumbra y promete un nuevo éxodo hacia la tierra prometida, en el que el Señor se pondría al frente de su pueblo para guiarlo lo mismo que el buen pastor guía a su rebaño, para conducirlo seguro y alegre a la tierra soñada de la leche y la miel.
La tierra nueva "El Señor no tarda en cumplir su promesa como creen algunos" (2 Pet 3,9)
Los temas de la espera siguen aflorando en la liturgia de Adviento. Hoy nos recuerda la Iglesia que el retraso de Dios es tan sólo aparente. No perdáis de vista una cosa, nos dice: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. Es decir, Dios está por encima del tiempo. Él posee toda la eternidad para cumplir su promesa. Pero tiene mucha paciencia y no quiere que nadie perezca, sino que todos se salven por medio de una auténtica conversión, un verdadero cambio de vida.
El día del Señor llegará como un ladrón. Y el ladrón llega cuando menos se le espera, de noche, a escondidas. Dios ha querido que sea así para que vivamos siempre en actitud de Adviento, de espera, en postura de vigilancia, con la ansiedad y el anhelo de quien aguarda la llegada de la persona amada, con el cuidado del que sabe que de un momento a otro puede finalizar todo.
Convertíos "Una voz grita en el desierto... " (Mc 1,3)
El mensaje del Bautista vale también hoy. La Iglesia, al llegar el Adviento, lo actualiza con vigor, con la misma urgencia: "Convertíos porque está cerca el Reino de los Cielos... Preparad el camino del Señor, allanad su sendero". Sí, también hoy es preciso que cambiemos de conducta, también hoy es necesaria una profunda conversión: Arrepentirnos de nuestras faltas y pecados, confesarnos humildemente ante el ministro del perdón de Dios, y emprender una nueva vida de santidad y justicia.
El Bautista apoya sus palabras con el testimonio de su vida. Su misma conducta austera y penitente es ya un clamor de urgencia que ha de resonar en nuestro interior de hombres aburguesados, callados muchas veces por el respeto humano y por la cobardía de no querer complicarnos la vida: "Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da fruto será talado y arrojado al fuego". Reflexionemos en la presencia de Dios, imploremos su ayuda para rectificar y recibirle como Él se merece.