TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

 

Monición de Entrada:

El gozo de la presencia salvífica.- El profeta, ungido por el Espíritu, es el mensajero gozoso de la esperanza (1ªLect)

El Bautista, enviado por Dios, es la voz que grita en el desierto e invita a la conversión porque el Mesías está en medio del pueblo. (Ev)

Pablo exhorta a vivir la alegría y a alejarse de todo mal. (2ª Lect)

 

Canto de Entrada: '"Esperamos tu venida"

Esperamos tu venida

ven, Jesús; ven, Salvador,

líbranos de las cadenas

del pecado y del dolor.

(Cantoral Litúrgico Nacional no 19)

 

Acto Penitencial:

- Tú, que has sido enviado para dar la libertad a los oprimidos.

- Tú, que fuiste anunciado por el Bautista.

- Tú, que eres el gozo y la paz de nuestras vidas.

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

Primera Lectura. "Desbordo de gozo con el Señor" (ls 611-2a. 10-11)

Anuncio de la gozosa liberación.- El Espíritu ha constituido a Isaías el mensajero de la esperanza para cuantos sufren y el pregonero de la liberación para cuantos están esclavizados. La segunda parte del "Magnificat" de la Antigua Alianza, es el canto del pueblo liberado, el himno de agradecimiento de los pobres que han experimentado la misericordia divina.

Salmo Responsorial:

R/ "Me alegro con mi Dios"(Libro del Salmista: págs. 36-37)

Segunda Lectura: "Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida del Señor" .(Tes. 5,1824)

Anuncio de la verdadera alegría.- Pablo exhorta a "estar siempre alegres" y a andar en santidad de vida mientras esperamos la venida definitiva de Cristo.

Evangelio: "En medio de vosotros hay uno que no conocéis" (Jn 1,6-8.19-28)

Anuncio de la presencia del Mesías en medio del pueblo.- El Bautista, enviado por Dios, da testimonio auténtico de que en medio del pueblo está uno a quien no conocen.

LITURGIA EUCARISTICA

Canto de comunión: '"Unidos en ti"

Que nos encontremos al partir el pan,

como Tú en el Padre, como el Padre en Ti,

todos como hermanos unidos a Ti.

(Cantora¡ Litúrgico Nacional nº 031)

 

Reflexión:

La Liturgia nos invita a vivir alegres en el Señor. Se busca la alegría en el alcohol, droga, sexualidad, etc.

Es una alegría superficial, falsa y vacía. El verdadero gozo se halla en la experiencia de la presencia de Aquel que está en medio de nosotros.

La alegría es el signo de vivir constantemente una sincera conversión y de aceptar la voluntad divina.

Solamente el que, como María, tenga un corazón pobre y experimente el sufrimiento de los oprimidos será capaz de experimentar la verdadera alegría,

Seamos alegres para ser artífices de un mundo nuevo fundamentado en el Evangelio.

 

 

DOMINGO III Is 61,1-2a.10-11

DE ADVIENTO 1 Ts 5,16-24

                Jn 1,6-8.19-28

 

La Buena Noticia "Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren... " (Is 61, 1).

Dios Padre se compadeció del sufrimiento de sus criaturas y quiso consolarlas, aliviarlas por medio de su Hijo Unigénito. Para eso vino Jesucristo, el Verbo de Dios hecho hombre, hasta nuestra tierra. Con Él llegó la paz y la alegría para cuantos gimen y lloran en este valle de lágrimas. Con Él nos llega, en efecto, el perdón divino, el tesoro inapreciable de la Redención.

No obstante, para alcanzar el fruto de su salvación que preparemos el corazón, mediante la oración y la penitencia. Suplicar una y otra vez, con mucha humildad y gran confianza que Dios tenga misericordia de nosotros y perdone nuestros pecados. También hay que mortificar nuestros sentidos para quedar purificados. Hemos de expiar por medio de la penitencia. Sólo así podremos recibir adecuadamente y con fruto la llegada inminente del Señor.

 

 

Siempre "Estad siempre alegres.Sed constantes en orar"(1 Ts 5,16)

Siempre quiere decir siempre. Alegres de modo continuo, pase lo que pase. Y como una fórmula mágica que lo haga posible, nos dice a renglón seguido San Pablo: "Sed constantes en orar...". Dios es nuestro Padre. Si recurrimos a Él con fe, si le buscamos con la confianza de un niño, si no dudamos de su amor infinito y de su poder ilimitado, entonces todas nuestras se convertirán en gozo, en la alegría de los hijos de Dios.

Dad en todo gracias al Señor, nos dice a continuación el Apóstol. Son tantos y tan grandes los beneficios que cada uno recibimos que tenemos motivos más que suficientes para estar hondamente agradecidos al Señor, también por esos favores que nosotros ignoramos, o esos otros que por tenerlos hace tiempo no los apreciamos. Y que esa gratitud lleve consigo una justa correspondencia, que tengamos siempre vivo el deseo de dar a Dios una prueba de gratitud, por medio de una entrega más generosa por amor suyo.

 

 

Testigos de la luz "No era él la luz, sino testigo de la luz"

(Jn 1,8)

La liturgia sigue presentando ante nuestra mirada la figura austera de Juan Bautista, el hombre enviado por Dios para preparar a los que esperan al Mesías, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. Sus palabras son recias y claras, avaladas por su conducta intachable. Y como él, también nosotros los cristianos hemos de vivir con todas sus consecuencias lo que nuestras palabras, como testigos de Cristo, han de proclamar.

Las respuestas del Bautista están llenas de sinceridad y de sencillez. Él no es un profeta, ni tampoco Elías. Él es simplemente la voz que clama en el desierto, el heraldo del Rey mesiánico que se aproxima, el adelantado que prepara los caminos de un retorno, un nuevo éxodo hacia la Tierra prometida. Las palabras de Juan Bautista son una lección de humildad y de verdad. Él confesó sin reservas quién era y quién no era, supo andar en verdad, que en eso consiste precisamente la humildad.