VIGESIM0SEXTO DOMINGO
Monición de entrada
Conversión personal y salvación, La obediencia no es una virtud de moda, y, sin embargo obedecemos. La Biblia afirma que el desorden moral lleva al hombre a la ruina (1 Lect.). Por el contrario San Pablo presenta las actitudes fundamentales para encamar los sentimientos de Jesús (2 Lect.). No es suficiente para la salvación una adhesión verbal a Cristo, sino que hace falta la concreción en las obras de la vida cotidiana (Ev.).
Canto de entrada - - Juntos como hermanos.
Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia,
vamos caminando al encuentro del Señor.
(Cantoral Litúrgico Nacional: nº 403).
Aspersión del agua bendita
o bien:
Acto penitencial.
-Tú,que eres bueno y enseñas tu camino a los pecadores-Tú, que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva
-Tú, que eres misericordioso y clemente.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera Lectura.- "Cuando el malvado se convierta de su maldad" Ez 18,25-28
La obediencia como adhesión a los valores.- Ezequiel indica que los sufrimientos y pruebas de la vida no son consecuencias necesarias de las culpas de los antepasados, sino que ante Dios cuenta el bien o mal que se hace.
Salmo responsorial.-Sa1 24 4bc-5, 6-7.8-9
R/. Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna. (Libro del SaIrnista: 296-297)
Segunda Lectura.- "Téned ante vosotros los sentimientos propios de Cristo JesúS " Fil 2, 1 -11
La obediencia como aceptación de la vida.-
San Pablo exhorta a vivir según el ejemplo de Jesús, a saber: ser compasivo y unánime,
teniendo todos un mismo sentir y un mismo pensar, siendo humildes y buscando el bien de
los demás.
Evangelio.-
Recapacitó y fue " Mt 21,28-32La vida como acogida del Reino.-
Jesús condena el orgullo de quienes se consideran justos. En cambio, muestra cómo el
Padre acoge a los pecadores si se convierten a El de Verdad.
LITURGIA EUCARISTICA
canto de comunión
.- Si me falta el amor.Si me falta el amor, no me sirve de nada.
Si me falta el amor, nada SOY (2).
(Cantoral Litúrgico Nacional: nº 742)
Reflexión
La vida es más que palabras. No es voz de Dios aquello que más nos agrada, sino lo que más nos exige. Ni es palabra de hombre la que más halaga a nuestro oído, sino la que más se ajusta a la verdad.
Las palabras bonitas endulzan las situaciones comprometidas, pero no reflejan la sinceridad del corazón.
La parábola de Jesús pone de manifiesto que las palabras no sirven cuando no son sinceras. Lo que agrada al Señor no son las palabras, sino el que hace la voluntad del Padre. Lo que agrada a Dios es lo que propone San Pablo a los fieles de Filipos.
Domingo XXVI
Hipótesis
"Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere..." (Ez 18,26)
Ezequiel propone una hipótesis. Y la propone de parte de Dios. Tan de parte de Dios que sus palabras son palabras divi-
nas. Por eso hay que recibirlas con especial atención, conscientes de su gran importancia... Dice que si un hombre justo se aparta del camino recto y muere, quedará muerto por la maldad que cometió.
Del lado que el árbol caiga, de ese lado quedará caído para siempre. El que es bueno y deja de serlo, será condenado. Es necesario por tanto ser constantes en nuestro caminar por los caminos de Dios. Jesús nos dirá que es preciso velar siempre. Pone la comparación del robo nocturno que no ocurriría si el amo de la casa velase mejor por sus bienes.
No podemos confiarnos ni un solo momento. Tenemos que vivir preocupados por agradar al Señor, siempre. Guardando con empeño sus mandamientos. Y si alguna vez fallamos, rectificar inmediatamente. Pedir enseguida perdón en el sacramento de la Penitencia. Que para eso lo ha instituido el Señor, para que podamos vivir siempre en su gracia, sin permitir que pase ni un solo momento sin su amor.
"Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida" (Ez 18,27)
Esto es lo realmente importante para nosotros: el saber que Dios nos perdona siempre que volvamos a Él. Sólo es necesario reconocer el mal que se hizo, arrepentirse de haberlo hecho y pedirle su perdón. Y entonces todo se olvida, entonces Dios nos vuelve a abrazar como a hijos suyos.
Si el malvado recapacita y se convierte de sus delitos, ciertamente vivirá y no morirá... De este modo la liturgia, con esta primera lectura del profeta Ezequiel, una vez más recalca la infinita capacidad de perdón que Dios tiene. Como queriendo dejar bien patente que mientras hay vida hay esperanza, por muy perdido que todo nos parezca. Ojalá que esto nos haga volver los ojos a nuestro Padre Dios. Para pedirle perdón, para rogarle que tenga piedad de nosotros, para decirle que se acuerde de su misericordia sin límites.
Los caminos de Dios
"Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad..." (Ps 24,4)
"Enséñame _sigue rogando el salmista_, porque tú eres mi Dios y salvador, y todo el día te estoy esperando...". Ante el hombre se cruzan muchos caminos trazados sobre la tierra, senderos que conducen a todos los lugares, mil posibilidades que se ofrecen al caminante, al "viator" que es todo ser humano. Ante todo esto lo importante es acertar con el camino que termina felizmente, escoger la senda que nos lleva a la salvación eterna.
Muchas veces, podríamos decir que cada día, se abren ante nuestros ojos diversos caminos. Entonces es importantísimo acertar y recorrer el que nos conduce hacia el bien y la paz. Por desgracia, al final del día, hemos de reconocer que a veces no supimos elegir, que nos decidimos por el camino que no era y terminamos en parajes de tristeza y de remordimiento. Pidamos hoy al Señor _cada día deberíamos hacerlo_, que nos enseñe su camino, seguros de que ese camino será siempre el mejor.
"Recuerda, Señor , que tu ternura y tu misericordia son eter- nas..." (Ps 24,6)
Parece poco apropiado hablar de la ternura de Dios. La ternura es propia, según nuestro entender, de seres sentimentales que se dejan robar el corazón con facilidad, que posponen la mente a los sentimientos... Y, sin embargo, con frecuencia se habla de la ternura de Dios en estos salmos responsoriales de la santa Misa. Ternura divina, ternura eterna, infinita.
Acogiéndonos a esos sentimientos, vamos a decir al Señor con palabras del mismo salmista: "no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud, acuérdate de mí con misericordia...". Pecados de juventud y pecados de la edad madura, de la infancia y de la vejez. Dios mío, nos da pena decirlo, pero es así. Por eso, Señor, ten misericordia de nosotros.
"El Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña a los humildes su camino". Sí, también a los pecadores, el Señor les señala el camino mejor, también a los débiles les hace caminar con rectitud. Vamos a rectificar otra vez, vamos a renovar nuestra esperanza y nuestro optimismo, para que nunca, pase lo que pase, dejemos de caminar por los caminos de Dios.
Unánimes y concordes
"Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme..." (Phil 2,1)
San Pablo escribe con acentos de súplica intensa: "Si nos une el mismo espíritu y tenéis entrañas de misericordia, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir"... Este es su mayor motivo de consuelo y de gozo, el que los cristianos se mantengan unidos por el amor mutuo y la comprensión. Ya Jesús pedía insistente al Padre eterno por la unidad íntima de los suyos, de su Iglesia. Una unidad entrañable de todos entre sí, y de todos con Cristo y el Padre en el Espíritu Santo.
No se limita el Apóstol a rogar para que se mantengan unidos. Él pasa de inmediato a dar unos consejos prácticos, lo mismo que el Maestro hizo al prescribir el amor mutuo como distintivo de los suyos. "No obréis por envidia _dice Pablo_, ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre supe- riores a los demás...". Dios quiere que comprendamos el sentido de esas palabras, y, sobre todo, que extirpemos de raíz la envidia que se esconde en nuestros corazones, la soberbia y el afán de sobresalir. Dios nos conceda reparar tanta división con mucho amor y con mucha humildad.
"Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús" (Phil 2,5)
Nos decimos cristianos y lo somos; vamos, pues, a vivir como tales. Vamos a mirarnos en Cristo, nuestro modelo y nuestro guía, nuestro Camino y nuestra Verdad, nuestra Vida: "Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cual- quiera, se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz".
Si Él, siendo Dios, se rebajó hasta esos límites de humi- llación suprema, también nosotros debemos bajarnos del alto pedestal en el que nos encaramamos, llevados del orgullo y la ambición. Dar el brazo a torcer, reconocer las propias faltas y valorar los triunfos de los demás, tener la gallardía y el coraje de saber perder y de saber rectificar, el heroísmo de obedecer a quien está por encima de nosotros y de escuchar con interés al que está por debajo. Unánimes y concordes en el pensar y en el sentir, aglutinados alrededor de Cristo y de su Vicario en la tierra.
Obras son amores
"El le contestó: Voy, señor, pero no fue" (Mt 21,30)
Prometer es fácil, el comprometerse con alguien. A veces hasta bajo palabra de honor, o incluso bajo juramento. Mientras que se trata sólo de hablar, solemos decir que haríamos tal o cual cosa, o que nunca haremos esto o aquello. Pero cuando llega la hora de actuar, la cosa es muy distinta. Entonces la realidad se impone y se elude el sacrificio, se olvidan las promesas o se niegan los compromisos contraídos.
El Señor nos enseña en esta parábola que lo que en definitiva vale son las obras y no las palabras, los hechos y no las promesas. Sería interesante oír lo que dijimos en un momento dado cuando llega la hora de actuar. Veríamos, con rubor, cuán lejos estaban las palabras de lo que luego estaríamos dispuestos a hacer.
Jesús habla aquí a los sumos sacerdotes y a los ancianos de Israel, es decir, a lo más selecto de la sociedad de su tiempo, tanto en el plano religioso como en el civil. Pensemos, pues así es, que sus palabras nos alcanzan también a nosotros, pertenezcamos al nivel social que pertenezcamos. En definitiva también nosotros pensamos que basta con hablar y prometer, o estamos convencidos, como ellos, de que somos mejores que los demás, persuadidos de que no haríamos lo que otros hacen.
Os aseguro, dice Jesús, que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino de los cielos. Estas palabras debieron herir profundamente a sus oyentes, la élite de Israel. También a nosotros nos escuecen. Pero así es. Porque esa pobre gente, tan despreciada, se sabe pecadora, y quizá se duela de serlo, aunque siga siéndolo por vicio o por la dificultad que supone dejar esa situación. Y en muchos casos, su dolor y pesar les lleva a cambiar de vida, y como la Magdalena llegan a querer con locura al Señor, que tanto les ha perdonado. Mientras el que se cree justo, o simplemente regular, vive de manera mediocre, sin grandes inquietudes por mejorar, amando con languidez y tibieza al Señor.