QUINTO DOMING0 DE PASCUA

 

Monicíón de entrada

Yo soy el camino, la verdad, y la vida. La liturgia de hoy pasa del Cristo resucitado a la Iglesia. ella es el nuevo templo de Dios (2ª lect.) en el que existen muchas mansiones y diversos ministerios. (1 Lect. y Ev). La Iglesia se fundamenta en la piedra angular que es Cristo (2 Lect.). El es el camino y la verdad y la vida. (Ev)

Canto de, entrada: Este es el día (Salmo 117)

Este es el día en que actuó el Señor: / sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
(Cantora¡ Litúrgico Nacional: n
º 522).

Aspersión del agua bendita (Cf. para los cantos "Domingo de Pascua")

ó bien:

Acto penitencial

- Tú, que eres la fuente del amor.

- Tú, que haces nuevas todas las cosas.

- Tú, que cuentas con nosotros para amarnos como hermanos.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura. Eligieron a siete hombres llenos de espíritu . Hech 6,1-7
Diversidad de ministerios. En la comunidad primitiva se designan a unas personas para que se dediquen a servir a los hermanos necesitados. Se distribuyen las funciones en orden a la construcción de la comunidad pascual.

Salmo reeponsorial: Sa1. 32,1-2.4-5.18-19ab.
R/ Que tu misericordia Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Libro del Salmista: págs. 150- 15 l).

Segunda Lectura. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real. Ped 2,4-9.
La iglesia, templo de Dios. Los cristianos son el verdadero templo donde se ofrece culto a Dios, cuya piedra angular es Cristo.

Evangelio. Yo soy el camino la verdad y la vida. Jn 14,142.
El papel primario de Cristo. Los cristianos somos Iglesia en la medida que estamos enraizados en Cristo, camino, verdad y vida. Conocerte equivale a ver al Padre. Dios no es ya inaccesible; es asequible en Cristo.

 

LITURGIA EUCARISTICA

Canto de Comunión : E1 cáliz que bendecimos (Salmo 115)

El cáliz que bendecimos
es la comunión de la Sangre de Cristo.
(Cantoral Litúrgico Nacional: n' 536).

 

Reflexión

En la Iglesia todos somos servidores. El Bautismo nos injerta en la comunidad de Jesús . Formarnos un pueblo sacerdotal y de servicio ministerial. Todos tenemos la misión de hacer presente en el mundo de la salvación de Jesús. El es la piedra angular y cada bautizado es piedra viva en la edificación de su Cuerpo, que es la iglesia.

Somos auténticos servidores al estilo de Jesús. Somos creyentes porque Dios nos ha hecho el gran regalo de su Hijo y nos lo da a conocer,

Nadie se inventa la fe ni la vocación. El cristiano no inventa, sino que responde a la invitación salvadora de Jesús.

El bautismo nos capacita y nos exige convertir la vida en ofrenda permanente al Señor.

 

Domingo V de Pascua

 

Discordia

"En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea..." (Act 6,1)

 

La liturgia de Pascua sigue poniendo ante nuestra consideración textos del libro de los Hechos de los Apóstoles, retazos de la vida de los primeros cristianos. Ya hemos visto cómo vivían todos unidos en un solo corazón y en una sola alma, cómo se ayu- daban los unos a los otros en todo lo que podían, moral y materialmente.

Sin embargo, hoy vemos que ya entonces hubo dificultades en la convivencia, roces entre unos y otros, opiniones encontradas. Entonces eran los cristianos de lengua griega contra los cristianos de lengua hebrea. No están conformes con su actuación y protestan, llegando a decir que es injusta, poco imparcial.

Los Apóstoles serán los encargados de dirimir la cuestión, serán los árbitros y jueces cuya decisión se aceptará incondicionalmente. Y como entonces, también luego, muchas veces a lo largo de los siglos, serán los sucesores de los Apóstoles con el Papa a la cabeza los que solucionen las cuestiones debatidas, los que digan la última palabra. A nosotros sólo nos queda aceptar con espíritu de fe lo que sea, estemos o no de acuerdo.

 

"Se los presentaron a los Apóstoles y ellos les impusieron las manos orando..." (Act 6,6)

 

Ante las quejas, los Apóstoles responden: "No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para dedicarnos a la adminis- tración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra".

Era lo propio de ellos, rezar y predicar. Lo otro, el atender a los pobres, con ser una cosa muy buena, no era propiamente lo suyo. Ellos habían de tener tiempo para la oración y para proclamar el mensaje de Cristo. Por eso deciden que propongan a siete hombres de buen espíritu y de buena formación, para que atiendan al servicio de beneficencia.

Son los primeros diáconos. Es digno de notar cómo son los Apóstoles los que les imponen las manos, consagrándolos para la misión que se les encomienda. El pueblo fiel sólo los propone, y eso porque los Apóstoles así lo determinan. Es un detalle más de la condición jerárquica, no democrática, de la Iglesia. Cristo mismo lo quiso así, y por mucho que soplen los aires de una fácil demagogia, la Iglesia no podrá cambiar sus estructuras, las que el Señor instituyó.

 

 

La mirada de Dios

 

"Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos; dad gracias al Señor..." (Ps 32,1)

 

La Iglesia nos exhorta hoy a dar gracias al Señor. Es verdad que el salmo se dirige propiamente a los justos. Pero nuestra santa Madre la Iglesia hace general esa exhortación y nos llama a todos justos, no porque lo seamos, sino porque quisiéramos serlo. Porque eso sí, lo mínimo que el Señor espera de un cristiano es que se esfuerce por serlo, aunque no acabe de conseguirlo.

De cualquier forma, cada uno de nosotros tiene motivos más que sobrados para levantar su corazón a Dios y agradecerle vivamente los beneficios recibidos, que son muchos sin duda. Desde luego más de los que merecemos... Sí, hemos de repetir muchas veces a lo largo de nuestra vida acciones de gracias; hemos de decirle a Dios: gracias, Señor, por esto y por aquello. Gracias por cuanto tengo y soy... Es de bien nacidos el ser agradecidos. Agradezcamos, pues, a nuestro buen Dios su incansable amor por nosotros.

 

"Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte" (Ps 32,18)

 

Cuando uno se sabe bajo la mirada de un ser querido, uno se siente feliz. Esos ojos amables sobre nuestra persona son como una caricia suave que nos envuelve. Especialmente si esa mirada cálida y entrañable es la del mismo Dios... Pues sepamos de una vez por todas que el Señor de los cielos y de la tierra nos mira lo mismo que un padre mira con emoción y entusiasmo a su hijo. Sí. Dios nos mira siempre, sobre todo cuando luchamos por serle fieles. Entonces, además de mirarnos, nos sonríe.

Ojalá ahondemos en cuanto esto significa para nosotros y nos esforcemos por alegrar el corazón de Dios con nuestra buena conducta. Ojalá vivamos convencidos de estar bajo la serena mirada de Dios y nos esforcemos por hacer, siempre y en todo, cuanto sabemos que es del agrado del Señor. Para conseguirlo, volvamos también nosotros la mirada hacia Él, pongamos nuestros ojos en los suyos, allá en lo más recóndito de nuestro espíritu. Podemos estar seguros de que si nuestra mirada se cruza con la suya, una dicha infinita embargará nuestra alma.

 

 

Edificar sobre roca

"Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa: el que crea en ella no quedará defraudado" (1Pet 2,6)

 

Muchas veces en el Antiguo Testamento se llama a Yahvéh con el nombre de Roca. Con ello se intenta expresar la solidez inquebrantable que supone el apoyarse en Dios. Con Él no ocurre lo que a menudo pasa con los hombres, que nos fallan cuando nos apoyamos en ellos. Vienen a ser como arenas movedizas, dan la impresión de ser un pavimento sólido, y se hunden en cuanto uno pone el pie en ellas.

En este pasaje, ese título de Roca se aplica a Jesucristo. Él es la Roca sobre la que ha de apoyarse el hombre, la piedra de granito que ha de servir de fundamento insustituible a toda edi- ficación espiritual. Él es la nueva roca, la piedra angular, el punto de apoyo sobre el que se sostiene toda la mole del edifi- cio.

Los judíos rechazaron esa piedra escogida y preciosa. Fueron malos constructores que no captaron el valor de aquel sólido basamento que es Jesucristo. Y en lugar de servirles de apoyo, les sirvió de tropiezo, de dura piedra contra la que se estrellaron. Ante cada uno de nosotros sigue presente la Roca verdadera. Ojalá sepamos construir sobre ella toda nuestra vida.

 

 

"Vosotros, en cambio, sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada..." (1 Pet 2,9)

 

"Acercándoos al Señor _nos enseña san Pedro_, la piedra de- sechada por los hombres, pero escogida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo...". Unidos al Señor venimos a formar parte del Templo del Espíritu, la casa de Dios, que es la Iglesia.

En contraposición a los que rechazaron a Jesús, los que le aceptan por medio de una fe, vivida en esperanza y caridad, vienen a transformarse en la raza elegida por Dios. Las promesas y los privilegios que gozaba el antiguo Israel por ser entonces el Pueblo de Dios, pasan ahora a la Iglesia de Cristo, ese conjunto de hombres que creen en Cristo y conforman su vida con su doctrina, formando así su nación consagrada.

Somos, por tanto, el nuevo y definitivo Pueblo de Dios, que Él ha adquirido para que proclame su grandeza divina ante toda la humanidad. De este modo, a través del testimonio vivo de nuestras palabras y nuestras obras, los hombres llegarán a conocer a Jesucristo, el único apoyo seguro, la única y verdadera roca de salvación.

 

Jesús es el camino

"No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí..." (Jn 14,1)

 

Son muchas las ocasiones en que Jesucristo anima a los su-

yos, exhortándolos a que no tengan miedo, a que no pierdan la calma. En otras ocasiones les echa en cara su falta de fe, su actitud apocada o temerosa. Para un hombre que cree en el poder y el amor de Dios no es concebible el miedo y la angustia. En esta ocasión que consideramos, las palabras de Jesús fueron pronunciadas en la última Cena, en la víspera de su pasión y muerte. Por eso tienen un mayor significado y valor.

Hay muchas moradas en la mansión del Padre, les dice, hay sitio para todos. Algunos han intrepretado estas palabras como reconocimiento de que hay múltiples formas de caminar hacia Dios, y que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra. Desde luego, es cierto que Dios, al querer libre al hombre, permite muchas maneras de amarle y de servirle. Esto nos ha de animar a caminar por nuestro propio sendero, con alegría y con decisión, conscientes de que si lo recorremos con la mirada puesta en Dios, amándole con toda el alma, nuestro camino, sea el que sea, nos llevará hasta la meta ansiada, hasta la salvación eterna de nuestra alma.

Todo camino humano, por tanto, puede ser divino. Para ello es preciso recorrerlo, decíamos, con la mirada puesta en Dios, queriéndole sobre todas las cosas. Jesús nos lo especifica y aclara todavía más, nos señala sin titubeos el camino, diciéndonos que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Por eso es necesario que todos los caminos humanos, para ser divinos, han de pasar de una forma u otra por Cristo mismo. Es decir, en nuestro caminar de cada día hemos de procurar imitar a Cristo, ser fieles a su doctrina de paz y de gozo, de esfuerzo y de lucha.

De aquí la importancia de contemplar con frecuencia la vida de Cristo, de escuchar y de meditar sus palabras, de tratarle en la oración, de recibirle en nuestra alma en la Sagrada Comunión, limpios y fortalecidos con la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia. Hay que vivir con el afán constante de no apartarnos nunca de Cristo y de estar pendiente de Él, hagamos lo que hagamos. De ese modo nos iremos pareciendo más y más a Jesús, llegaremos a identificarnos con Él, hasta el extremo de que su camino sea nuestro propio camino.