OCTAVO DOMINGO

 

MONICION DE ENTRADA:

Nuestra vida es débil, y día tras día experimentamos esa debilidad. Por eso nos resulta tan necesario encontrarnos aquí, como comunidad de creyentes, en torno al Señor que nos convoca.

Nuestro encuentro dominical es, por encima de todo, un encuentro de acción de gracias. Un encuentro de agradecimiento a Jesús que nunca nos abandona, que siempre está con nosotros.

Y es, al mismo tiempo, un encuentro que nos impulsa hacia adelante, que nos llama a ser cada vez más fieles al Evangelio y a compartir con todos el amor que hemos recibido).

ACTO PENITENCIAL

Ahora, al empezar inuestra celebración, pidamos en silencio perdón por nuestros pecados.

Tú, que nos llamas a un camino de salvación: SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que conviviste con los pecadores: CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que esperas de nosotros una respuesta de amor:SEÑOR, TEN PIEDAD.

 

1ª lectura: Eclesiástico 27,4-7.
No alabes a nadie antes de que razone

El libro del Eclesiástico, conocido también con el nombre de Sirácida, fue compuesto en hebreo por Jesús, hijo de Sirá (cf. 50,27), en Jerusalén hacia el año 200 a.C., y traducido al griego por el nieto del autor en Egipto hacia el año 120-130 (cf. prólogo). Es la obra de un hombre que reflexiona a partir de la Escritura y de la historia de Israel, y elabora un conjunto de enseñanzas para mantener y valorar la fe y la tradición del pueblo, amenazadas por la fuerza creciente de la cultura helénica. Estas enseñanzas son la "sabiduría' verdadera, que tiene como depositario a Israel, el pueblo de Dios.

Este conjunto de enseñanzas son muy variadas. Lo que hoy leemos como preparación del evangelio de este domingo es un breve poema que invita a no equivocarse a la hora de valorar las personas. Cuando se agita la criba se ve lo que había bueno o malo; cuando el alfarero pone su obra en el horno se ve si estaba bien hecha; cuando un árbol da fruto se ve qué tipo de árbol es. De la misma manera, cuando el hombre se manifiesta exteriormente se ve qué llevaba en su interior.

 

2ª lectura: 1 Corintios 15,54-58. Nos da la victoria por Jesucristo

Pablo finaliza este cap. 15 de su carta, dedicado al tema de la resurrección y a los problemas que suscitaba en la comunidad de Corinto, con una especie de himno a la victoria definitiva de la vida sobre la muerte que Jesucristo ha alcanzado.

Cuando todos los elegidos habrán llegado ya a aquella vida "incorruptible", "inmortal", entonces se habrá cumplido ya el objetivo final de Dios manifestado en la Escritura, que es la liquidación del poder de la muerte. Pablo utiliza dos textos de la Escritura (ls 25,8 y Os 13,14), citados muy libremente, para expresar este objetivo, y lo enlaza con la explicación del porqué de esta aniquilación del poder de la muerte: la causa era el pecado, y el pecado existía debido a la Ley, que mostraba qué había que hacer pero no ofrecía la fuerza para hacerlo, de modo que los hombres tenían que vivir siempre con la conciencia culpable de ser infieles a la voluntad de Dios; ahora, Jesús sí ha realizado lo que realmente es la voluntad de Dios, y el hombre puede adherirse a él y liberarse del pecado.

El razonamiento acaba con una conclusión en orden a la vida cristiana. Este convencimiento de victoria y de vida plena en Jesucristo, que estamos invitados a creer firmemente, es lo que empuja a "trabajar siempre por el Señor, sin reservas", con la seguridad de que realmente vale la pena.

 

3ª lectura: Lucas 6,39-45. Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

Tercer fragmento del "discurso del llano" de Lucas. Las enseñanzas sobre el ciego que guía a otro ciego y la de los árboles que dan buenos o malos frutos en Mateo está aplicados a los fariseos y a los falsos profetas (Mt 15,14; 7,16-2 1; 12,33-35), mientras que en Lucas se aplican a todo el mundo, empezando por los mismos discípulos, que de este modo son invitados a hacerse autocrítica seria.

En el texto se pueden distinguir tres enseñanzas:

- Primera, uno no debe creerse demasiado sabio ni pretender dirigir a los demás, sino que tiene que conocer cuáles son sus propias posibilidades y la necesidad que todos tenemos de aprender y buscar luz. El discípulo siempre debe estar en estado de aprendizaje, intentando llegar a ser como su maestro, Jesús.

- Segunda, no pretender corregir a los demás sin haber mirado antes si nosotros tenemos algo por corregir. El texto es desmesuradamente hiperbólico (¡una viga en el ejo¡ pero es que también es muy absurda la pretensión de arreglar la vida de los demás cuando uno tiene tantas cosas por arreglar en la suya. La exageración de la imagen muestra que Jesús debe tener especial interés en prevenir a sus discípulos ante esta manera de actuar, y que debí pensar que era muy fácil caer en ella.

- Tercera, una enseñanza sobre la manera de actuar y las actitudes de fondo, que se puede leer desde dos posiciones.

En primer lugar, que son los hechos, el modo de hablar y de actuar, los frutos, lo que muestra quién es y cómo es cada persona. Es lo que resume la famosa frase emblemática de Mt 7,2 que Lucas no recoge: "Por sus frutos los conoceréis".

Y en segundo lugar, lo importante es saber qué llevamos dentro, qué criterios y qué actitudes de fondo nos mueven a actuar. Porque si lo que llevamos dentro es "tesoro de bondad, 1o que aflorará serán frutos de bondad, mientras que si llevamos "tesoro de maldad", los fruto serán de maldad. Nuevamente, pues, nos hallamos con este elemento clave de la manera como Jesús entiende la actuación de sus seguidores y la suya propia, y que impregnaba evangelio del domingo pasado: hay un "modo de ser", una manera de entender la vida y la relaciones con los demás, que es la del Reino, y otra que es contraria. (No estaría de más recordar que la palabra griega que traducimos por "conversión", metanoia, quiere decir precisamente, "cambio de manera de pensar y de ver las cosas").