14 DE ENERO

SAN FULGENCIO,

obispo (+630)


Como la familia de San Basilio, como la de San Bernardo, también la familia de San Fulgencio es una familia de santos. Porque la santidad, como la vocación, es también un microbio. Algo que se contagia. Entre los doce apóstoles, por ejemplo, hay tres parejas de hermanos. Jorge Sans Vila invita a componer unas letanias en la que se invoque a los santos sacerdotes hermanos. Y agrega: "¿Os parece bien que junto a los nombres de los hermanos sacerdotes figuren también el nombre del padre y de la madre?" Y junto a los padres podíamos añadir también el nombre de las hermanas.

Efectivamente, San Fulgencio tuvo dos hermanos santos, San Leandro y San Isidoro, y una ohermana, Santa Florentina. Son los Cuatro Santos de Cartagena. Las semillas de virtud las habian sembrado, muy copiosas y fecundas, sus virtuosos y ejemplares padres, Severino y Teodora.

Fulgencio nació en Cartagena hacia el año 564. Fulgencio—fúlgido, brillante—hizo honor a su nombre, fue una espléndida lumbrera en la España visigoda, entenebrecida por el arrianismo. Durante decenios brillaron su palabra y sus escritos de Doctor de la Iglesia visigótica.

En Cartagena nacieron también Leandro y Florentina. Luego sus padres se trasladaron a Sevilla, y allí nació Isidoro. A Fulgencio le procuraron sus padres una esmerada formación. Y aunque queda pronto huérfano, bajo la tutela de su santo y sabio hermano Leandro, floreció, fulgió rápidamente como el árbol plantado junto a la corriente de las aguas.

Apasionado por el estudio y con un profundo conocimiento de lenguas clásicas y orientales, brilla a gran altura como filósofo, teólogo y orador. A esto hay que añadir un tesoro de virtudes que cultiva con esmero.

Todo lo necesitaría para defender la verdadera fe, atacada por los errores del arrianismo. Lo hace con entusiasmo, con palabra ardiente, con escritos fogosos. Tanto que el herético rey Leovigildo lo destierra a su ciudad de Cartagena. Pero Fulgencio aprovecha bien el destierro. Allí tiene tiempo de formar bien a Hermenegildo, mártir de la unidad católica española. Cuando Recaredo sube al trono y abraza la fe verdadera en el Concilio III de l oledo, año 589, le levanta el castigo y vuelve a Sevilla, de cuya Iglesia era canónigo desde hacía ya varios años.

El año 610 es nombrado obispo de Ecija. Aquí se distingue por sus dotes de apaciguador, por la entrega absoluta a su grey como buen y solícito pastor, por su celo infatigable en todas las causas justas y nobles "por su palabra de fuego, que encendía los corazones más fríos y era como espada de dos filos que atravesaba las almas", dice su biógrafo.

En una época en que los obispos solían residir poco en sus diócesis —fallo al que tuvo que poner coto el Concilio de Trento—Fulgencio cumplió siempre su oficio de vigía de su rebaño, nunca se ausentó de su sede, sino por justa causa, como asistir al Concilio de Toledo del año 610, y al de Sevilla, del año 619, presidido por su hermano Isidoro.

Tampoco descansaba su pluma, siempre al servicio de la ortodoxia. De ella salieron los Comentarios de la Escritura, tres libros de Mitologfa, y el De Fide. Había nacido entre santos y entre santos iba a morir. A su muerte acudieron los obispos San Braulio de Zaragoza y Laureano de Cádiz. Nuevo homenaje recibieron sus venerables restos al ser trasladados, por decisión de Felipe II, en 1593, al Real Monasterio de E1 Escorial.

Otros Santos de hoy: Eufrasio, Dacio, Félix, Malaquías, Macrina.