15 DE ABRIL

SAN TELMO,

presbítero (+ 1246)

"¡San Telmo, sálvanos!" "¡Válanos San Telmo!"... Ésta es la exclamación y súplica que brota, con fe y fervor, de las gargantas y corazones de todos los hombres de la mar cuando las olas les azotan sin compasión amenazan naufragar...

Nació en la villa de Frómista, cerca de Palencia, por el año l 180 de padres muy cristianos y de familia distinguida. Fue bautizado en la parroquia de San Martín y le impusieron el nombre de Pedro González, aunque después será cencido por Telmo, ya que todos los que de una u otra manera trabajan en el mar lo tomarán como Patrón y poderoso Intercesor ante el Señor, y habla que abreviar.

Como el obispo de Palencia D. Tello Téllez de Meneses, era su tío, él fue quien lo patrocinó en sus primeros años de vida estudiantil y quien dirigirá sus pasos en la Universidad Palentina—tan famosa entonces—y en la carrera clerical hacia la que se siente inclinado. Pronto llamó la atención por sus cualidades para los estudios, en los que se le veía progresar a pasos de gigante. Pero a la vez que se entrega a los estudios también lo hace a las diversiones y a la amistad, ya que en su corazón también anidan los deseos de grandeza y dominio sobre los demás.

Los historiadores más antiguos nos lo pintan como "mancebo gentil y donairoso, de recio temple y muy dado a la ostentación". Éstas eran buenas credenciales para medrar en la carrera eclesiástica que había abrazado y en cualquiera otra que se propusiera. El mundo y el porvenir, digamos también la suerte, le acompañaban. Los honores y los honoríficos cargos van sucediéndose uno tras otro: Doctorado universitario, Canónigo, Deán del Capitulo de Palencia... Parece que a la sombra de su tío todo le sale bien. ¿No pensará también su tío en que sea su sobrino quien le suceda en el obispado de Palencia?

Pero otros eran los designios de Dios. El Señor se sirvió de un hecho, al parecer infantil y sin importancia alguna, para hacerle cambiar de ruta como hizo cambiar a Saulo en Pablo, camino de Damasco. También Telmo iba montado en un brioso caballo cuando, tratando de hacer una de sus gracias ante el público para llamar la atención, el caballo de un salto lo derribó bruscamente y cayó sobre un lodazal manchando aquellos vistosos vestidos de rica seda que vestía vanidosamente Se avergonzó al verse hecho una calamidad ante toda aquella gente que reía, se burlaba y hacía chascarrillos a su costa... "¿Cómo es posible esto?", se preguntó. Y allí mismo decidió cambiar de vida. Acudió presuroso a la puerta del convento de religiosos dominicos que había en la ciudad y pidió ser admitido a la Orden tomando el nombre de Fray Pedro... Con gran gozo de su alma hizo el noviciado y emitió los votos religiosos... Llamaba la atención por su humildad y celo apostólico. Parecía un niño y encerraba un horno de fuego en su corazón La obediencia le destinó a misionar por los pueblos, a predicar con fuego la Palabra de Dios... Recorrió muchas ciudades de España y Portugal dejando siempre atónitos a cuantos le contemplaban por el fuego que brotaba de sus labios y por la austeridad de vida que le acompañaba. El Señor empezó a obrar por su medio toda clase de milagros en mar, tierra y aire. Cuantos se encomendaban a su poderosa intercesión notaban muy pronto su valioso auxilio. Parece ser que de aquí provino el patronazgo sobre el mar y sus hombres, a pesar de que quizá nunca lo surcó ni fue hijo de marineros. Para él el mundo era un mar de calamidades y había que trabajar para salir airosos de este mar embrabecido con el ejemplo de la vida, evitando el pecado y practicando la virtud. Buen patronazgo para los hombres de mar, tierra y aire.

Los grandes de su tiempo, reyes, obispos y otros príncipes le invitan a que les acompañe en sus correrías o misiones. Fray Pedro—Telmo para sus protegidos después—sólo desea hacer el bien a todos y gastarse por Dios y por sus hermanos. Agotado y lleno de méritos muere en Tuy el 15 de abril de 1246.

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