18 DE ENERO
SANTA PRISCA,
virgen y mártir (Siglo III)
En la Iglesia de Cristo han florecido siempre ejemplos sorprendentes. Hombres sin instrucción que confundían a sus jueces. Personas débiles que sacaban fuerzas de flaqueza y soportaban los tormentos sonriendo y cantando. Niños y niñas que afrontaban el martirio con una valentía y decisión que dejaban desconcertados y perplejos a sus enemigos.
Es el caso de Santa Prisca, virgen y mártir. Claudio que era ahora el emperador había conseguido brillantes victorias contra sus enemigos. Su vuelta a Roma fue ruidosa y triunfal. Pero una espina se le atragantaba y ensombrecía sus victorias. Los cristianos disfrutaban últimamente de paz, con lo que se habían multiplicado y empezaban a tener bastante influencia. Y esto Claudio, receloso, no estaba dispuesto a soportarlo.
Quiso como pagano agradecer a sus dioses las victorias obtenidas y, para congraciarse con ellos, empezó a perseguir cruelmente a los cristianos, como enemigos de sus dioses y de su imperio. Muchos mártires derramaron por Cristo su sangre en Roma, después de padecer torturas sin cuento y terribles tormentos, y fueron coronados en el paraíso.
Entre ellos está una doncella de 13 años, Prisca, tierna por su edad, pero de firme voluntad. Habia nacido en Roma y era descendiente de ilustre familia. El emperador mandó apresarla y llevarla a su presencia. Al verla de tan corta edad, pensó Claudio que fácilmente la haría cambiar de opinión. La hizo llevar al templo de Apolo para que ofreciese sacrificios. No esperaba el emperador encontrarse con unas decisiones tan firmes en la joven doncella. Prisca se negó y afirmó que sólo Jesucristo merecia adoración, y no los demonios que era lo que veneraban los gentiles.
Montó en cólera Claudio y mandó abofetearla sin compasión y luego meterla en una cárcel hedionda, entre forajidos y facinerosos, que intentaron vanamente seducirla. La azotaron con crueldad, echaron sobre sus tiernas carnes aceite hirviendo y luego la llevaron al anfiteatro ante el pueblo. Soltaron un león para que la descuartizase y devorase. Pero aquel león, olvidándose de su natural fiereza, se echó a los pies de la virgen como una oveja, y empezó a lamérselos y a acariciarla mansamente.
Los gentiles quedaron confusos, pero Claudio no cejó en su intento. Fue metida de nuevo en la cárcel y sometida a crueles y diversos tormentos que la torturaron inhumanamente. La arrojaron a una hoguera para acabar con ella de una vez, pero el fuego la respetó. Todavía no habia llegado su hora, y el Señor la sostenia con el poder de su brazo.
Pero el cruel emperador, que atribuia a la magia todos aquellos prodigios de los cristianos, no se daba por vencido. Como suele suceder en muchos casos, cuando ya se habia demostrado la protección divina sobre los mártires, llegaba por fin la corona del martirio. Fue llevada fuera de la ciudad, y allí Prisca ofreció mansamente su cabeza y se la cortaron.
Santa Prisca, dejando el mundo lleno de suavisimo olor y fragancia de su martirio, y admirado de su virginal pureza y heroica constancia, se fue al cielo a gozar de su triunfo con las vírgenes, los mártires y los ángeles. Su cuerpo fue enterrado en la Via Ostia el 18 de enero del año 269. Sus reliquias, que se conservan en Roma en la iglesia que lleva su nombre, fueron siempre muy veneradas y se les atribuyeron numerosos milagros. La iglesia de Santa Prisca, como sucede con las iglesias antiguas más importantes e Roma, goza de un titulo cardenalicio.
Otros Santos de hoy: Liberata, Margarita, Antonio, Beata Beatriz.