19 DE ENERO
SAN JUAN DE RIBERA,
obispo (+ 1611)
San Juan de Ribera nació en Sevilla. Sus padres se llamaban Pedro y Teresa, familia que se distinguía entre la nobleza por su generosidad. Enviaron a Juan a estudiar a Salamanca. Allí fue discípulo aventajado de Vitoria y de otros teólogos que brillaban a la vez en Trento. Ribera sacó sus titulos y tuvo una cátedra en la universidad. Estuvo estrechamente unido a la pléyade de santos reformadores que entonces florecían en España.
No tenía aún 30 años cuando fue nombrado por el papa Pio IV obispo de Badajoz. Se dedicó de lleno a la santificación de sus ovejas, enviando misioneros por toda la diócesis, como recuerda con gran consuelo el Maestro Ávila en una de sus cartas. También envia al concilio provincial compostelano algunos remedios prácticos para la reforma personal de los obispos, aplicación concreta del concilio tridentino.
Estos remedios reflejaban su propia vida, entregada al cuidado de sus fieles, por los que se desvivia con su oración, sus virtudes, su austeridad y predicación. Cuando predicaba, los vecinos de los lugares cercanos se convidaban mutuamente: "Vamos a oir al apóstol". Y acudían en tropel.
A los 36 años, teniendo ya el título de patriarca de Antioquía, fue trasladado a la sede de Valencia, joven de años, pero maduro ya en doctrina, virtud y prudencia. Gran madrugador, dedicaba desde el amanecer varias horas a la meditación de la Sagrada Escritura, al rezo del oficio divino y a la Misa. A veces celebraba en su capilla privada. Entonces, después de la consagración se iba el ayudante hasta que le avisaba con una campanilla, que solía ser después de dos o tres horas. Era muy parco en comer y beber. Pasaba noches sin acostarse en la cama. Atendía largamente a sus fieles. A veces se recluía en su jardín-biblioteca de la calle Alboraya. Antes de retirarse por la noche, aún pasaba horas en oración.
Pronto advirtió las necesidades de la diócesis. Hacía apenas tres lustros que había muerto Santo Tomás de Villanueva, después de más de cien años que había estado la diócesis sin la presencia de sus pastores. A Ribera le tocaba ahora aplicar las reformas de Trento. Estaba también la penosa cuestión de los moriscos, a los que catequizó largamente con poco fruto. Fueron expulsados el año 1609 por Felipe III, siendo Ribera virrey de Valencia. El arzobispo aceptó este cargo, a ruegos del rey, y Valencia disfrutó largos años de paz y de mejor administración de la justicia.
Recorrió varias veces la diócesis. Entre 1570 y 1610 llevó a cabo 2.715 visitas pastorales. Celebró siete sínodos. Atendía de modo especial a sus sacerdotes. A través de ellos reformaría al pueblo. No olvidaba a los niños, y en su retiro de Burjasot, cerca de Valencia, les catequizaba. Para los jóvenes abrió una escuela en su palacio. Fundó el Colegio de Corpus Christi para la formación del clero y honra solemne del Santísimo Sacramento.
Murió el siervo de Dios en enero de 1611. Se cuenta que en sus funerales abrió los ojos para adorar al Señor desde la consagración hasta la comunión del celebrante. Esta "lumbrera de toda España", como lo calificó San Pío V, seguiría brillando desde el cielo. Los pintores también se unieron al homenaje de sus fieles. El divino Morales refleja en su rostro un hombre de nervio, contemplativo y activo. Y cuando el Greco pintó el Entierro del Conde de Orgaz, al pintar a San Agustín mientras recoge el cadáver del conde, dibujó en su rostro las facciones de San Juan de Ribera. Nuestro Santo fue un ejemplo de devoción al Santísimo Sacramento.
Otros Santos de hoy: Mario, Marta, Canuto, Pía, Saturnino, Julio, Pablo, Jenaro, B. Marcelo Spínola.