19 DE SEPTIEMBRE:
SAN JENARO,
obispo y mártir (+305)
Nápoles, a pesar de vivir bajo la amenaza del Vesubio, es una ciudad privilegiada por el clima suave, la naturaleza exuberante y la situación de su hermosa bahía. Pero Nápoles, la antigua Partenope, es privilegiada sobre todo porque, además de conservar las cenizas del piadoso poeta precristiano Virgilio, goza de la permanente protección de San Jenaro. Puede decirse que la devoción de San Jenaro es la misma historia de Napoles.
San Jenaro era obispo de Benevento, cerca de Nápoles. Murió mártir en la persecución de Diocleciano, la última que sufrió la iglesia antes de la paz de Constantino. La misma en que sufrieron martirio en España, Vicente, Eulalia, Severo, Engracia y los innumerables mártires de Zaragoza.
Jenaro fue apresado cuando se dirigía a la cárcel a visitar a sus cristianos. Según la tradición, salió ileso de un buen horno encendido, donde lo arrojaron. Fue conducido a Pozzuoli, primera tierra italiana que pisó San Pablo, camino de Roma, como se refiere en los Hechos de los apóstoles. Fue arrojado a las fieras en el anfiteatro, que también lo habrían respetado. Finalmente fue degollado. Le acompañaban en el martirio los diáconos Sosio, Próculo y Festo, Desiderio que tenía el ministerio del Lector, Eutiquio y Acucio. Los cristianos recogieron, como era costumbre, un poco de sangre de los mártires, en un ánfora, para colocarla ante su tumba.
Los restos de Jenaro fueron llevados de Pozzuoli a Benevento, y en 1497, por orden de Alejandro Vl, fueron colocados definitivamente en la catedral de Nápoles, en una hermosa capilla que los napolitanos construyeron en su honor en 1608, en agradecimiento por haberles librado de la peste de 1527. La capilla está ricamente adornada, es una auténtica joya de arte. Entre los pintores están el Domenichino y Ribera, el Españoleto.
Han sido varias las ocasiones en que los napolitanos han sentido la protección del Santo, además de la epidemia de peste en 1527. Entre ellas, la erupción del Vesubio de 1631, tan espantosa como la de año 79, cuando quedaron totalmente destruidas las ciudades de Pompeya y Herculano. Y también cuando el cólera de 1884 devastó la región, quedando Nápoles a salvo.
Pero la devoción a San Jenaro es conocida sobre todo por la licuefacción de la sangre de mártir. Todos los años, el 19 de septiembre, la sangre de San Jenaro, que se conserva en dos pequeñas ánforas de vidrio, donde está en estado sólido, se vuelve líquida y de color rojo vivo, como recién vertida. Cambia también de volumen y de peso. Se congrega una gran muchedumbre para venerar al Santo, y todo el pueblo puede contemplar el hecho.
Se han querido buscar explicaciones naturales a la licuefacción, pero ninguna de ellas es plenamente satisfactoria. El contenido de las ampollas ha sido sometido a examen espectroscópico. Y el resultado es que se trata de sangre humana y que se dan los fenómenos descritos.
Para los napolitanos es una clara demostración que les ofrece su Santo Patrono de su protección y de su intercesion, a favor de ellos, ante el trono de Dios. Cuando los israelitas celebraban la primera Pascua en Egipto, el ángel exterminador pasaba de largo ante las casas que tenían las puertas señaladas con la sangre del cordero ritual.
Somos mienbros del Cuerpo Místico de Cristo. Formamos como unos vasos comunicantes. Todo nos es común. La sangre de los Santos, derramada por Cristo, unida a la sangre salvífica del Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, tiene también valor de intercesión y protección.
Otros Santos de hoy: Maria dc Cervvelló, Nilo, Elias, Próculo, Desiderio,Félix, Constancio,Susana, Eutiquio, Emilia de Rodat.