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de cada 5 gays tienen SIDA… y en aumento
Juanjo
Romero | DeLapsis@gmail.com El
día 23 de septiembre, el CDC —Centers for Disease Control and
Prevention, Centros para el Control de Enfermedades y Prevención—,
publicaba un estudio
de epidemiología del SIDA en las 21 principales ciudades de
USA: el 20% de los varones homosexuales tienen SIDA. No
sólo eso. Suponen más de la mitad de nuevos enfermos, y teniendo en
cuenta el ínfimo
porcentaje de la población que representan, arroja un dato
pavoroso que conmociona a los homosexualistas más recalcitrantes. Exactamente
dos semanas antes, The Lancet, publicaba otro
demoledor estudio de incidencias, que alerta alarmantemente
de países como Francia, en el que «la transmisión del VIH afecta
desproporcionadamente a ciertos grupos de riesgo, y parece estar fuera
de control en la población de homosexuales». Certifica, una vez más,
que también allí la mitad de los nuevos casos de SIDA se dan entre
varones homosexuales. Los
hechos son lo suficientemente elocuentes como para que el «colectivo»
homosexualista afronte la realidad de sus actos de una vez, y no
propongan medidas tan peregrinas como criminalizar
a los seropositivos —dos tercios de los varones
homosexuales estadounidenses están a favor—. Sólo
dos breves consideraciones colaterales: 1.
Batalla del lenguaje.
El lobby homosexualista es maestro en la manipulación del lenguaje. En
el estudio del CDC, a los sodomitas, que siempre son considerados
orgullosamente como «gays» ahora no son más que: «hombres que tienen
sexo con hombres» (MSM, men who have sex with men, y así,
abreviado, para que pase desapercibido). Enternecedor. Pero así está
en su manual, disociar el término de gay con situaciones poco guays. Está
todo escrito en el vademécum homosexualista After the Ball (Kirk
& Madsen, 1989) y en la teoría de las distancias cognitivas. El
primer nombre propuesto para el SIDA, en 1982, era GRID (Gay-related
immune deficiency). La Gay Men's Health Crisis (GMHC), con
puras técnicas de «gaystapo», consiguió intimidar a la comunidad
científica para que no prosperase la denominación. Desgraciadamente
el virus no habla y los hechos son los que son. 2.
La culpa de la Iglesia.
El lobby homosexualista se caracteriza por criminalizar calumniosamente
a la Iglesia como propagadora del SIDA por «oponerse» a los
preservativos. Deberían hacérselo mirar. Que alguien a estas alturas
de la película, crea que la propagación del sida entre los
homosexuales, se debe a la extraordinaria adhesión a las enseñanzas
del Evangelio, es de chiste. La propuesta AB (abstinencia y fidelidad) de la Iglesia es siempre la más eficaz, pero en este caso de modo absoluto. Pero, claro, una persona con inclinaciones homosexuales que decide ser casto (como recuerda el Catecismo), para los «gay-guay» no es más que un reprimido
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