1 DE JUNIO

SAN JUSTINO,

apologista y mártir (s. II)

Los romanos cuando se hicieron los dueños de casi el universo civilizado tenían como norma imponer a las ciudades nombres propios de su Italia imperial. Así hicieron con la antigua ciudad de Nablus, en Israel, a la que bautizaron como Flavia Neápolis. Aquí nació nuestro ilustre apologeta y mártir San Justino a finales, quizá, del siglo I.

Justino era oriundo de familia pagana, no judía, y aunque sabemos pocas cosas de su vida, sí que se puede afirmar que su trayectoria tiene mucho de común con la de San Agustín: Los dos estaban adornados de una inteligencia nada común, los dos paganos y los dos con ardientes deseos de descubrir al verdadero Dios.

Justino frecuentó una y otra escuela, la cristiana y la pagana, siempre en busca de la verdad, pues él no era de aquellos que se contentaban con la primera noticia que les llegaba.

¿Cómo llegó al verdadero conocimiento de la verdad, del Dios verdadero? Es él mismo quien así nos lo cuenta:

"Sucedió mientras me encontraba en la ciudad de Alejandría. Mientras me paseaba, absorto en mis pensamientos, por la playa, se me acercó un anciano venerable y hablamos largamente. A mí me interesaba mi tema y se lo expuse. Me llamó la atención la firmeza con que me dijo:

—"Los filósofos se han extraviado. Ninguno ha conocido al verdadero Dios.

—Si ellos no nos enseñan la verdad, ¿dónde la encontraremos?, repuse yo.

—La verdad, la virtud, la verdadera felicidad que van buscando los filósofos y no pueden encontrar, está en la Sagrada Escritura. Si tú quieres encontrar estas virtudes que vas buscando lee la Sagrada Escritura, medítala y con gran humildad pide a Dios que te abra la inteligencia y el corazón para recibirla. Sólo Dios y Jesucristo, su Hijo, pueden ayudarte en este camino".

"Terminadas estas palabras desapareció el anciano venerable. Me entregué a la lectura de los Libros Sagrados y pronto me di cuenta que aquel anciano tenía toda la razón. Nunca en libro alguno había encontrado tanta filosofía y tanta maravilla. Por ello yo me hice cristiano y ahora soy un filósofo cristiano".

Justino, una vez avanzada la fe cristiana, se entrega de lleno a extenderla por todas partes. Ante él se abren inmensos horizontes. Quiere llegar a todas partes. Escribe sin cesar porque conoce el gran valor de la pluma. El, lleno de fuego divino, argumenta, discute, defiende valientemente su fe contra cuantos la atacan o no la comprenden. Famosa se hará su frase o lema que ya muchos conocen y que él extiende con sus gestos por todas partes: "Poseer la verdad, poderla decir y callarla, es atraerse la ira de Dios".

El conoce que se pone en gran peligro, el de perder su vida por causa del Evangelio, si no modera sus ímpetus de fe y amor a Jesucristo, pero no le importa. Hasta llega a dedicar una de sus más preciosas obras apologéticas al mismo emperador Antonino Pío.

Ya maduro el fruto, iba a dar testimonio por la fe que había predicado. El Breviario en este día de su fiesta nos recoge, con trazos maravillosos, el dialogo con el cínico Rústico que quiere hacerle apostatar de su fe cristiana. Pero Justino está lleno de Dios y en un diálogo lleno de amor y convencimiento cristiano da pruebas de sus deseos de dar testimonio con su sangre por la fe que predica y escribe. Era el 166 cuando murió degollado por Jesucristo.

Otros Santos de hoy: Iñigo, Pablo, Próculo, Fortunato, Simeón, Ntra. Sra. Reina de los Ap6toles.