l DE ENERO

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

No podíamos empezar mejor el Año Cristiano que bajo la protección de María, Madre de Dios. Y ¿cuál es el privilegio mayor de María? Sin duda alguna la Maternidad Divina. Y María es constituida Madre de Dios en el momento preciso de la Encarnación, cuando presta su asentimiento al plan de Dios. La Encarnación, la Divina Maternidad, es el centro y fuente de todos los privilegios de María. Los demás privilegios, todos, parten de esta raíz.

Efectivamente. Dios hizo a María, Inmaculada, para que pronunciase mejor el Sí de la Encarnación. La vida de María es una repetición mantenida de este Sí. Su presencia en la Cruz es la consumación del mismo Sí. Y la actividad maternal de María en el cielo es prolongar su servicio a la obra de Cristo.

La sexta Encíclica de Juan Pablo II, publicada el 25 de marzo de 1987, se titula precisamente La Madre del Redentor. Empieza la Encíclica afirmando que "la Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de la salvación". Y hace frecuentes referencias a la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, cuyo capítulo octavo se titula "La Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia".

La verdad sobre la maternidad divina de Maria, recuerda la Encíclica, fue confirmada solemnemente como verdad de fe de la Iglesia, con gran gozo de los cristianos, en el Concilio de Efeso el año 431. María es la Madre de Dios, la Theotokos, ya que por obra del Espíritu Santo concibió en su seno virginal y dio al mundo a Jesucristo, Hijo de Dios, consustancial al Padre. Hija y madre a la vez la llama la liturgia, "Madre de su Progenitor", y no duda en saludarla con las palabras que Dante Alighieri pone en boca de San Bernardo: "hija de tu Hijo". El Vaticano II lo confirma: "Madre de Dios Hijo, y por tanto, Hija del Padre y sagrario del Espíritu Santo".

De aquí le viene a María la grandeza de su dignidad. "María por ser Madre de Dios tiene cierta dignidad infinita" (Santo Tomás). "La dignidad de Madre de Dios toca los linderos de la divinidad" (Cayetano). "Esta dignidad es en su género infinita, por ser supremo grado de parentesco con Persona Infinita" (Suárez). "El Padre y la Virgen tuvieron naturalmente un mismo Hijo común" (San Anselmo). Palabras ciertamente atrevidas, pero avaladas por tales firmas. San Juan de Ávila exclama alborozado: " ¡ Gran cosa es, señores, esta Niña! Chiquita parece y muy grande debe ser". Un autor pone en boca de Jesús: "Mi Padre lo ha querido así, y É1 sabe lo que hace".

Esta es María. Constituida Madre de Dios en la Encarnación, constituida madre nuestra en el Calvario: "He aquí a tu Madre, he ahí a tu hijo". Tan cercana de Dios por su Divina Maternidad, y tan cercana a nosotros por su humana naturaleza. Madre de Dios para alcanzarlo todo, Madre nuestra para concederlo todo. María, dice Guardini en La Madre del Señor, es el más amable y encantador misterio de nuestra fe. La fuerte, la dulce, cuya alma es un abismo de dolor y de amor. María es madre de todos. Nadie debe acapararla: ni los que intentan hacer de ella un somnífero o un tranquilizante, ni los que la presentan como revolucionaria.

María se nos presenta siempre ejerciendo las funciones de madre. Dios era un Dios lejano, inmenso, eterno. Y la Virgen María, dice San Agustín, incorpora los manjares y elabora la leche. Así como la madre digiere la carne y la transforma en leche, así María nos hace accesible a Dios, transforma el Dios de la teodicea en un Dios de teología, evangelio y afecto.

Otros Santos de hoy: Fulgencio, Justino, Eufrosina, Eugenio, Vicente.