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razones-testimonio para estar a favor de la vida de todo ser humano
Jorge
Enrique Mújica
jem@arcol.org
Abrimos
un diario y ahí están. Encendemos la televisión o la radio y no
resulta difícil encontrarlos. En internet son prácticamente
omnipresentes. El cine los ha tomado y presenta como parte de esas
libertades a las que se “tiene derecho”. Nos referimos a las voces a
favor del aborto.
Sin
embargo, hay otras tantas historias que nos enseñan la belleza que
entraña la lucha por la vida, el profundo dolor convertido en denuncia
de no pocas mujeres que han abortado o el testimonio de tantas personas
agradecidas por el don de la existencia. Son voces de mujeres y hombres
que van contracorriente y que nos dejan ver el sentimiento común de
aprecio por la vida.
El
aborto, ¿para la salud psíquica de la mujer?
Se
suele esgrimir la salud psíquica de la mujer como uno de los motivos
para justificar un aborto. Pero es justamente lo contrario lo que, las más
de las veces, suele ocasionar esa práctica.
1.
En octubre de 2008, el semanario Alba recogió el testimonio de
Cristina, una madre que sufre el síndrome post aborto. Tras
diagnosticar a su hijo con síndrome de down, la familia y los médicos
la presionaron para abortar. Sin tiempo para que lo pensara, le
administraron un fármaco abortivo: “Dos horas más tarde noté que mi
bebé empezaba a dar patadas con sus piernecitas y sus bracitos. No fue
un segundo sino un buen rato. Me sentí una asesina, pero en el fondo yo
no quería estar ahí; nadie me ayudó”, dijo.
Cristina
echa de menos el que nadie la hubiera puesto en contacto con un psicólogo
o que recibiera motivaciones para tener a su bebé. Hoy es parte de la
Asociación Víctimas del Aborto.
2.
Montserrat, una mujer barcelonesa, también abortó en octubre de 2008.
Tras resultar embarazada fue a consultar en el departamento de Salud y
Familia de Cataluña y la única alternativa que le dieron fue abortar.
Indecisa, ingresó en la clínica Les Corts y ahí le repitieron
que la mejor opción era el aborto ya que ya tenía dos hijos: “No te
explican que realmente después de un aborto provocado sufres
depresiones. Ellos sólo lo hacen por negocio. La intervención duró
cinco minutos. Entré llorando y salí llorando […] Eché de menos que
me dijeran que me lo pensara o que viniera otro día”.
En
el testimonio recogido por la Asociación Víctimas del Aborto,
Montserrat también declara: “Nos dan facilidad para abortar pero no
para sacar adelante a nuestros hijos. Yo no me he sacado un problema, me
he puesto un problema más grande encima de mis espaldas con la muerte
de mi hijo”.
3.
Esperanza Puente es la autora del libro “Yo aborté” y actualmente
es portavoz de la plataforma Red Madre. En repetidas ocasiones ha
insistido en que las clínicas abortistas son un ejemplo de inhumanidad.
En declaraciones al diario El Día, recogidas también por Aci Prensa
(10.11.2008), afirmó que “En la sala de espera las mujeres lloramos
sin lágrimas y gritamos sin voz”. “El protocolo es que las mujeres
no vean las ecografías del bebé, considerado como un conjunto de células,
o un trozo de vesículas”, agregó. Esperanza también ha denunciado
el negocio lucrativo de la eliminación de fetos, que se usan en cosmética”.
4.
“¿Qué es peor: tener el bebé o abortar? No te ponen esas dos
soluciones encima de la mesa, sólo te ponen una. Mejor abortar y se
acabo”. Son las palabras de Cristina Bote (Cr. La Gaceta de los
Negocios, 15.12.2008), una de las primeras mujeres española que,
sin pseudónimo, da la cara y habla de su aborto: “Mi primer aborto lo
hice con los ojos cerrados, porque no tenía ningún tipo de información
[…] Si me hubieran explicado qué es un aborto, qué efectos
secundarios vas a tener después… Nadie, nadie me explicó
absolutamente nada […] no me pareció lógico que la única salida que
den, cuando vienes con un bebé especial, la única solución que te den
sea el aborto. Es que no te dicen nada más. Directamente: mejor aborta,
y un problema menos”.
Ahora
Cristina, profesional en relaciones públicas, ofrece sin tapujos su
testimonio para ayudar a muchas otras mujeres
La
desinformación intencionada sobre qué es un aborto y el ofrecerlo como
una salida de escape a situaciones muchas veces difíciles, son dos tácticas
comúnmente utilizadas en los mataderos de niños.
5.
El semanario Alba (18.03.2009) recogió en una entrevista el testimonio
del matrimonio de Marta y José, dos padres de familia numerosa, a
quienes les recomendaron abortar a su hija: “En la ecografía de la
semana 20, en principio la más importante en cuanto a diagnóstico, nos
dijeron que la niña tenía quistes en la cabeza, concretamente en el
plexo coroideo y, además, el intestino hiperecogénico. Ambos son
marcadores menores de trisonimias y, sumado a mi “terrible” edad
(ella tenía entonces 39 años, ndr), era imprescindible hacerme
más pruebas diagnósticas –que eran invasivas–“. “Cuando me
negué –dice Marta– hubo un médico que lo respetó, pero en la
siguiente visita a la Seguridad Social la ginecóloga de turno me regañó,
me dijo que era protocolario y que al día siguiente tenía que ir”.
Pero
el matrimonio se mantuvo firme y, finalmente, nació Elisa, la niña
supuestamente enferma que vino al mundo completamente sana. “En ningún
momento dudamos siquiera en hacerme pruebas, sólo por el riesgo de
aborto que implican. Teníamos claro que la vida es un regalo y que,
como dice el salmo, “muchas son las pruebas que le esperan al justo
mas de todas te libra el Señor”. De hecho, fue en esa ecografía en
la que nos dijeron con seguridad que era una niña y decidimos allí
mismo que sería Elisa, del hebreo Elisabet que significa Dios ayuda”,
declaró Marta.
La
entrevista concluye con una exhortación a todas esas mujeres que se
plantean el aborto como solución: “Un hijo siempre es un regalo y
abortar es un asesinato. Las personas que conozco que se deshacen de sus
bebés se quitan el hijo y se quedan huecas, todas tocadas. Yo les diría
que busquen ayuda, que superen el embarazo y que si no lo quieren después
que lo den en adopción. Yo me lo quedaría”.
De
abortistas a felices pro vida realizados y la única mujer en la cárcel
por causa del aborto
Uno
de los testimonios más convincentes para la defensa de la vida es la de
aquellos que la eliminaban y que ahora la protegen.
6.
Bernard Nathanson es el autor de El grito silencioso. Lideró por
muchos años la mayor clínica abortista de Estados Unidos. Él mismo
dirigió personalmente más de 75,000 abortos, entre ellos el de su
propio hijo. Pero la evidencia científica sobre la realidad humana que
era el feto le hizo cambiar de opinión. En 1974 declaró: “Ya no
quedan dudas en mi cabeza de que la vida humana existe en el vientre
desde el comienzo mismo del embarazo […] Después de mirar los
ultrasonidos, ya no podía seguir como antes”.
Hoy
su voz se alza para denunciar la injusticia que supone un aborto:
“Conozco lo referente al aborto como quizá ningún otro. Conozco cada
faceta del aborto. Fui uno de los que lo hizo nacer. Ayudé a que
creciera la criatura en su infancia alimentándola de grandes dosis de
sangre y dinero. El aborto se ha convertido en un monstruo, una gargantúa
tan inimaginable que sólo pensar en volver a encerrarlo en su jaula
supera toda expectativa razonable. Y sin embargo, es nuestra misión:
una tarea hercúlea”.
7.
La historia de Stojan Adasevic es también sorprendente. Durante 26 años
fue el ginecólogo abortista más famoso de Belgrado, en Serbia. Llegó
a practicar más de 48 mil abortos durante el régimen comunista y, a
diferencia de Nathanson, ni el ultrasonido que le permitía ver al feto
le hizo cambiar su opinión y sus prácticas.
Pero
una noche soñó “con un hermoso campo, lleno de niños y de jóvenes
que jugaban y reían, de 4 a 24 años, pero que huían aterrados de él”.
En sus sueños también veía a un hombre de hábito blanco y negro que
le miraba. Y el sueño se repitió muchas noches. Al fin, en uno de esos
sueños, el monje le dijo que era Tomás de Aquino. Stojan jamás había
oído hablar del santo dominico. “¿Por qué no me preguntas quiénes
son estos niños? –le dijo Tomás–. Son los niños que tú has
ayudado a abortar”. A partir de ese momento Adasevic jamás volvió a
hacer ningún aborto. Pero le seguían viniendo presiones para que lo
hiciera. Dos años más tarde, Tomás de Aquino, según dice Adasevic,
se le volvió a aparecer en sueños para animarlo a perseverar.
Actualmente
el doctor Stojan Adasevic es uno de los líderes pro vida en Serbia.
8.
Ana Victoria Sánchez había demandado al Estado de Costa Rica ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). ¿El motivo? No
permitirle la fecundación in vitro. Pero ¿qué fue lo que hizo que Ana
Victoria retirara la demanda a mediados de diciembre de 2008 y cambiara
también de postura? Ella mismo lo declaró: “Comprendí que ser
padres no es un derecho, sino un don que da Dios, y aunque no sea fácil
de aceptar, me di cuenta y lo acepté en mi corazón”. No fue todo, la
ex demandante envió un documento a la CIDH en el que, entre otras
cosas, dice: “Concebir a un hijo en un tubo de ensayo lo convierte en
un objeto más que en un sujeto del amor conyugal, sin tomar en cuenta
los costos económicos y sobre todo los riesgos de viabilidad y salud física
y emocional que conlleva para el embrión y la propia madre, ni otras
consecuencias aún más delicadas”.
9.
Linda Gibbons es una pequeña abuelita canadiense que apenas pesa 50
kilogramos. En total ha pasado más de 75 meses en la cárcel a causa
del aborto. ¿Cuántos niños abortó? No, no fue eso. Paradójicamente,
ha sido encarcelada por manifestarse pacíficamente a favor de la vida
fuera de clínicas abortistas con pancartas que decían, por ejemplo:
“¿Por qué, mamá, si tengo mucho amor que dar”. En un artículo
publicado sobre este caso por el Calgary Herald (Cf. 04.10.2008),
Nigel Hannaford escribía: “Cuando el aborto estaba prohibido por la
ley, un hombre la desafió y al final fue premiado por ello. Luego la
ley cambió. No sólo se legalizó el aborto, sino que en muchos sitios
se prohibió permanecer ante las clínicas donde se realizan para decir eso
está mal”. Nigel también se sorprende por el tratamiento que se
le da a la libertad de expresión de la abuelita Gibbons.
“Si
Gibbons fuera una sindicalista –escribe Nigel Hannaford– que
participara en una huelga, podría gritar tanto como quisiera. En este
país, la policía se mantiene a distancia aunque rompan los cristales a
los camioneros. Entonces, ¿dónde está el problema si una mujer se
dirige pacíficamente a otra que va a una clínica abortista? Ah, dice
el otro lado, nadie tiene que intervenir con un asunto que tiene que ver
con la salud de otro. Es verdad. Pero la mujer no está enferma, está
embarazada. Dada la sangrienta realidad del aborto, preguntar a alguien
si realmente sabe lo que va a hacer parece justo”.
Las
voces de los que pudieron no haberla podido expresar y otros milagros
hechos vida
10.
“A mí me iban a abortar por malformaciones, tengo parálisis cerebral
por culpa de una burbuja de aire en el cerebro. Gracias a que mis padres
(los biológicos, ndr) me dieron en adopción he conseguido salir
adelante, soy campeona nacional de natación, he ganado un concurso de
televisión como cantante y ahora estoy estudiando una carrera. Creo que
la adopción es una de las vías más importantes a la hora de pensar en
el aborto”. Son las palabras de Miriam Fernández, una joven atractiva
de 19 años quien ofreció su testimonio el pasado 16 de febrero de 2009
para la presentación de la campaña “Su vida es tu vida: la defensa
de la vida un reto para el siglo XXI”, del Foro Español de la
Familia. El aborto es la mayor causa de mortalidad en España. Tan solo
en 2005, cada 6,2 minutos se producía un aborto.
11.
Otro testimonio es el de una mujer que prefiere mantener el anonimato.
Llamémosla María de Fátima pues nació el 13 de mayo, durante la
postguerra civil española, en el seno de una familia sevillana que no
podía mantenerla. Cuando la mamá de María de Fátima quedó
embarazada, el papá decidió que no la tendrían, incluso él mismo le
administró unos fármacos pero no pasó nada; después una segunda
ocasión y tampoco; a la tercera, la señora se plantó y no aguantó más:
“No consiento que lo intentes más, está visto que Dios no quiere que
te salgas con la tuya y yo no te voy a dejar”.
La
mujer se fue a visitar la imagen peregrina de la Virgen de Fátima para
rogarle que, pese a todo, su hija naciera sana. Cuando llegó el
momento, la niña nació completamente sana. “Mi madre no se lo creía;
la alegría la embargaba. Sabía que era domingo porque sus otros dos
hijos, mis hermanos, habían ido al colegio para la misa, pero cuando se
dio cuenta de la fecha que era, por poco no le da algo. Aquella niña
normal, gracias a la intervención de la Virgen, había nacido un trece
de mayo, fiesta de la Virgen de Fátima. ¿Alguien puede decir que fue
casualidad?”, escribió María de Fátima en el semanario Alfa y Omega
12.
A Evelin y Ralph Mann, un matrimonio de estadounidenses residentes en
Tampa Bay, Florida, los augurios durante el embarazo de hace tres años
no fueron nada halagüeños. Antes de que naciera Samuel, su pequeño
hijo que en enero de 2009 cumplió tres años, les propusieron
abortarlo.
Como
recoge CatholicNewsAgency.com en una entrevista realizada a Evelin a
finales del mes de enero de 2009, cuando los médicos detectaron que
Samuel padecía u síndrome que causa la muerte del bebé poco después
de nacido, o incluso antes del parto, les sugirieron abortarlo.
“Nosotros confiamos y creemos en Dios y algunos no querían admitir
esa parte de nosotros pero un genetista lo hizo”, afirmó la feliz mamá.
Samuel
nació a las 35 semanas y, siendo que apenas le daban unas horas, a lo
sumo unos días de vida, hoy rebosa de alegría al grado de sorprender a
los médicos por sus ganas de vivir. De ahí otra de las declaraciones
de los Mann: “Hemos atravesado por este camino y quisiéramos poder
dar la mano a quienes vienen detrás y decirles que nada es imposible
para Dios […] la clave es rezar creyendo en lo que Dios puede
hacer”.
13.
Después de que Sycloria Williams tomó el fármaco para inducir al
parto, espero un momento en el auto con su novio Shane. Poco a poco se
fue sintiendo peor hasta que, ya en la clínica abortista, dio a luz a
su hija de 23 semanas y la pudo ver: “No se movía mucho. Buscaba
aire. No lloraba, sólo gemía, sonidos lastimeros solamente”, declaró
al Florida Catholic. “Pensé que sería una burbuja, o
algo más grande, no un bebé. Parecía un bebé de agua, como esos muñecos
que llenas con agua. Era muy pequeña”, agrega.
Momentos
después entró el dueño de la clínica, cortó el cordón umbilical y
puso al bebé que aún se movía en una bolsa de deshechos para luego
echarla a la basura. “Nunca me dijeron nada sobre el hecho de que era
un bebé. Nunca dijeron nada sobre un bebé, un feto. Nada. Lo único
que escuchaba era “término” y “embarazo” y término del
embarazo. Me engañaron porque no me dijeron todo y el doctor no estaba
ahí”.
14.
Otro de los motivos por los que suele esgrimirse el aborto de un ser
humano es la violación. De haberse abocado a ese recurso, una pareja de
mellizas argentinas de casi 22 años cuya madre, con discapacidad
mental, fue violada en su juventud, hoy no podrían haber expresado su
opinión sobre este tema.
“Pensó
en darnos en adopción, pero nunca pensó en abortar. Nunca pensó en
quitarnos la posibilidad de vivir, aun siendo enferma mental, nunca pensó
en matarnos, a pesar de no querernos…”, relató una de las mellizas,
que prefirió mantener en el anonimato, la Agencia Católica de
Informaciones (Cf. 05.02.2009). Y agregó: “Amo a mi madre porque tuvo
el valor de contarme lo que pasó y puedo con ella compartir su
dolor”.
15.
Una situación no menos triste ha sido la de una joven brasileña de 13
años quien resultó embarazada a causa de una violación por parte de
su padre. Oriunda de Bahía, huérfana de madre y sin ningún familiar
dispuesto a acogerla, la futura madre expresó su deseo de tener al niño:
“La pequeña y su tutora legal comunicaron a la Fiscalía de la Niñez
y la Juventud el deseo de al adolescente de defender la vida del bebé”,
recoge el diario Folha de San Paolo a mediados de marzo de 2009.
Otros
casos límite que no dejan de sorprender
16.
Aya Jayne Soliman es un milagro no sólo porque su nombre, Aya,
significa en árabe precisamente eso. Nació a las 26 semanas de gestación
con poco menos de un kilogramo de peso, dos días después de que los médicos
declararan la muerte cerebral de Jayne Soliman, su madre.
Con
el consentimiento de su esposo, los médicos mantuvieron con vida
artificial a la conocida ex patinadora profesional, célebre en los años
80´s. De ese modo pudieron practicar la cesárea a Jayne. “Puedo
recordar el primer ultrasonido. Nos abrazamos y lloramos cuando
escuchamos sus latidos. Esperamos mucho a este bebé”, afirmó
Mahmoud, el padre de Aya.
17.
Ciertamente, el caso de Aya no es el único milagro. Emma Ray también
es conocida en Shropshire, Inglaterra, como la “bella durmiente”. En
2007 dio a luz por cesárea a su segundo hijo. Una decena de días después
sufrió un paro cardiaco y quedó en coma. ¿Las esperanzas para
recuperarse? Según el juicio de los médicos, muy bajas. Andrew, su
esposo, no se dio por vencido: “Le ponía las canciones que bailamos
en nuestro matrimonio, le hablaba con mucha suavidad, tomaba su mano, le
pellizcaba los dedos, todo el tiempo le decía que la amaba y le rogaba
que despertara”, afirma Andrew.
El
día del milagro llegó: Andrew se acercó a su esposa y le susurró:
“Emma, si me puedes escuchar, por favor dame sólo un beso”. Emma
volteó la cabeza y lo besó. “He aprendido a enamorarme de mi esposa
una y otra vez. Pero esto es lo que cualquier esposo y esposa haría.
Ella es una madre y una esposa y eso es lo único que importa”, declaró
Andrew quien cuida pacientemente de Emma pues le quedaron secuelas que
le hacen perder la memoria a corto plazo.
18.
En Chile hay un esposo enamorado que espera pacientemente el milagro.
Carlos Abarca visita tres veces al día a su esposa Erika Sotelo quien
permanece en coma desde el 3 de marzo de 1995. “Ella está esperándome,
hace cosas para que vaya a donde ella. Abre sus ojitos, no sé si ve o
no ve”, afirma. “Cuando yo le hago cariño se sonríe, cuando le
paso mi cara por su cara –quizá es por la sensación, por mi
bigote– como que le llama la atención y se ríe. Y la beso, por
supuesto, si es mi mujer”, confiesa. “Quiero protegerla, cuidarla,
que esté bien, que no le falte nada”, de ahí que ni se le pase por
la cabeza el “rehacer” su vida pues, como el mismo Carlos asegura,
“El cariño siempre va a estar enfocado en ella. Nunca he dudado. No
pretendo nada más de la vida que preocuparme de ella, no hay otra cosa
que hacer”.
19.
En España, ProVida Valencia dio a conocer la conmovedora situación de
una joven de 22 años quien desde hace 7 permanece en coma. La joven
sufrió un accidente en moto que le ocasionó una lesión cerebral
generada por una parada cardiorespiratoria. Al día de hoy no habla, no
se mueve y precisa de una sonda para alimentarse. No obstante, la mamá
cada mañana da gracias a Dios dejársela un día más, “no se me
ocurre dejar de alimentarlas y he dejado de temer, cuando sufre alguna
crisis respiratoria, que se me pueda morir en cualquier momento pues
continuamente la dejo en manos del Espíritu Santo”.
20.
¿Los hombres también sufren el aborto de sus hijos? El semanario español
Alfa y Omega (Cf. no. 638, marzo 2009) ofreció el testimonio
escrito de Theo Purington, un joven de 22 años que descubrió que no se
le reconoció su derecho a proteger a su hijo no nacido.
“En
octubre de 2006 descubrí que iba a ser padre –escribe Theo–. Mi
novia, desde hacía seis meses estaba embarazada. […] Ella dijo que no
podía seguir adelante y que tenía que abortar”. Cuando la llevó a
la clínica abortista y vio a su hijo en la ecografía se echó a
llorar: “Fue una experiencia sobrecogedora y muy bonita, hasta que
ella me miró y preguntó: “¿por qué lloras? A los gusanos también
les late el corazón”. Su hermana le había ofrecido 500 dólares para
el aborto. Insistía en hacerlo, y rompió conmigo”.
Fue
entonces cuando llamó al centro para preguntar cuáles eran sus
derechos. “No tienes ninguno”, le dijeron. Todavía una semana antes
del aborto fue a ver a su ex novia para rogarle no lo hiciera. No accedió.
Como último favor le permitió un gesto de paternidad: “Me arrodillé
y le besé el vientre a la madre de mi hijo, diciendo: “Te quiero. Papá
te verá en el cielo”. Cogí las ecografías y me fui”.
En
el mismo artículo testimonio, Theo escribe: “A un hombre no se le
permite llorar la pérdida de su hijo no nato. Me decían cosas como:
“Tu hijo ni siquiera había nacido, así que supéralo”; “Todavía
no era un bebé”; e incluso: “Tu hijo merecía morir”. Ninguna de
ellas ayudó a que cerrara la herida, sólo me sumieron en un estado de
depresión”. Actualmente este joven se dedica a tiempo completo a
ayudar a mujeres y hombres que enfrentan un embarazo imprevisto.
Todas
los casos que hemos repasado son realidades hechas testimonios y razones
a favor de la vida. Es verdad que no pululan en los medios de comunicación
–y no porque no los haya a raudales–, pero por sí mismos son
aleccionadores y estimulan a ver con una mirada más pura y serena el
don de la propia vida y el de la ajena, comenzando por la de aquellos
que están en el vientre y que no se pueden defender
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