20 DE FEBRERO
SAN LEÓN,
obispo (siglo VIII)
Ravenna es una hermosa ciudad italiana que tiene, entre sus muchos tesoros artísticos, las iglesias bizantinas más bellas de Occidente, como San Vital, San Apolinar Nuevo y San Apolinar in Classe, todas incomparables y del siglo VI. Contiene también los célebres mausoleos de Gala Placidia y Teodorico, y el sepulcro de Dante Alighieri. Es también la patria de importantes artistas, y sobre todo de Santos. Como San León.
San León, obispo de Catania, en Sicilia, había nacido en Ravenna, hacia la mitad del siglo Vlll. Fue llamado el Taumaturgo, por los muchos milagros que hacia. Sus padres le educaron para las glorias humanas.
Pero eran distintas las aspiraciones de León. Se puso bajo la dirección del obispo de Ravenna, quien viendo su poreza de costumbres y su celo apostólico, decidió conferirle la ordenación sacerdotal.
Pudo disfrutar de él poco tiempo, pues muerto Sabino, obispo de Catania, se decidieron los electores por León, no sin antes haber pedido a Dios acierto en la elección. León se oponía, pero le obligaron a aceptar.
"Buen arzobispo será, pues que no lo quiso ser". Estas palabras que pone Pemán en boca de Isabel la Católica, al conocer la resistencia de Cisneros para aceptar la silla primada de Toledo, valen también para San León. Después de su resistencia, puso todo su empeño en cumplir su misión apostólica. Se dedicó a la reforma de costumbres, a la instrucción religiosa de sus fieles, a defender la verdad ante los herejes, al cuidado de todos.
Vivía, como dichas para él, las recomendaciones de San Pedro en su primera Carta: "Apacentad el rebaño de Dios que os ha sido confiado, no por fuerza sino con blandura, según Dios. Ni por sórdido lucro, sino con prontitud de ánimo. No como dominadores sobre la heredad, sino sirviendo de ejemplo al rebaño. Así recibiréis la corona inmarcesible de la gloria".
Pero San León ha pasado a la posteridad sobre todo por los muchos milagros que se le atribuyen. El prodigio más famoso fue el que sucedió con el mago Lindoro. Lindoro había sido primero cristiano, pero luego se entregó a las artes mágicas, con fines ambiciosos y con afán de medro. No sólo usaba su magia para deslumbrar y engañar, sino que además causaba innumerables daños y perjuicios a todos los habitantes de la provincia.
El emperador ordenó su traslado a Constantinopla para deshacerse de él, pero Lindoro logró escabullirse repetidas veces. No pudieron nada contra él. San León en cambio, con su celo, constancia y santidad admirable, logró reducirle, y toda la comarca gozó de paz y mucha tranquilidad.
Este y otros prodigios, como los que realizó para convertir en templos cristianos, lugares que antes habían estado dedicados a los ídolos, hicieron extenderse su fama de santidad. De todas partes acudían a verle y oírle. Todos querían tocar su manto para ser curados. los emperadores consiguieron que acudiera a Constantinopla, para tenerle cerca, para rendirle veneración, escuchar sus sabios consejos y pedirle oraciones ante Dios.
Rigió la diócesis como un verdadero sucesor de los apóstoles durante 16 años y hacia finales del siglo VIII, lleno de merecimientos, se durmió en el Señor. El pueblo lloró su muerte como la de un padre y celoso pastor. Fue sepultado en un monasterio que él mismo había hecho construir fuera de las murallas de Catania. Su sepulcro fue muy venerado, sobre todo antes que los árabes ocupasen Sicilia. La fama de sus virtudes y de sus muchos milagros lo convirtió en centro de muchas peregrinaciones.
Otros Santos de hay: Nemesio, Potamio, Silvano, Eleuterio, Beato Juan Ogilvie.