24 DE MARZO

SAN JOSÉ ORIOL,

presbítero (+ 1727)

A San José Oriol, barcelonés, se le podían aplicar las palabras de un paisano suyo, el Beato Manuel Domingo y Sol. Decía el Beato tortosino: "No sabemos si estamos destinados a ser un río caudaloso, o si hemos de parecernos a la gota de rocío que envía Dios en el desierto a la planta desconocida. Pero más brillante o más humilde nuestra vocación es cierta: No estamos destinados a salvarnos solos". Bella frase que nos obliga a todos.

La mayoría si que lo sabemos. No estamos destinados a brillar como una estrella de primera magnitud. Pero si a iluminar, aunque sea como una pequeña luciérnaga. Todos debemos ser testigos del Evangelio.

San José Oriol brilló así. Por su humildad y sencillez. Por su falta de aparatosidad y por su fidelidad en las cosas pequeñas. Por haber dignificado el cargo de beneficiado de una iglesia, tarea tan poco vistosa.

José Oriol nació en Barcelona. Fue monaguillo en Santa Maria del Mar, y ordenado sacerdote en 1676. Fue beneficiado en Santa Maria del Pino durante más de cuarenta años. Se santifica en su silla coral, simplemente

asistiendo puntual al canto de las horas canónicas en las Misas conventuales. Para él el rezo de las horas canónicas era verdadera oración. No todos lo vivían así. Se cuenta que en cierto cabildo, se desató una tormenta mientras rezaban en el coro. Y uno, asustado, propuso:"Hermanos, vayamos a la capilla del Santísimo a rezar" (!!!).

Además de beneficiado, fue profesor particular de dos niños durante diez años. Luego, muchas horas de paciente confesionario, ante el que se formaban grandes colas. E1 contacto con los hijos de San Felipe Neri le ayudó mucho. Es un santo hecho por Dios para enseñar serenidad, efectividad en cualquier puesto, porque los suyos fueron siempre simplicísimos.

Y siendo tan sencillo y sin relieve, estaba muy bien preparado. Era muy diestro en la lengua hebrea. Fue doctor en teología. Leía mucho a San Juan de la Cruz. Su predicación no era muy elocuente, pero el ejemplo de su vida convencía. Es un santo taumaturgo. A su lado florecen los milagros.

Viaja a Roma para visitar el sepulcro de los apóstoles. Vuelve a Barcelona, donde le indican que está su puesto por ahora. Como beneficiado, le encomiendan diversas tareas, algunas incómodas, como la de bolsero, que reparte los ingresos, y la de apuntador de los impuntuales. La tarea de enfermero es la que hace más a gusto. Visita cárceles y hospitales.

Intenta otra vez peregrinar, esta vez como misionero, con destino al Japón, donde espera el martirio. Decía el cura de Ars que no creía en una vocación sacerdotal sin arrebatos misioneros. Llegó hasta cerca de Marsella, pero cayó enfermo y tuvo que volverse triste a Barcelona.

La austeridad de su vida era proverbial. Era llamado "el Doctor Pan y Agua", pues ese era su único alimento cotidiano. Vivía en una buhardilla paupérrima. El dinero que recibía pasaba directamente de sus manos a las de los pobres. Cuentan que una vez dijo el Santo que prefería que le encontraran muerto en una casa de mala nota que con una peseta en el bolsillo. Y era hijo de artesanos catalanes, que sabia valorar el fruto del trabajo. Quizá la anécdota no es exacta, pero refleja el espíritu de Oriol.

Celebraba la Misa con una unción que conmovía a todos. Se confesaba diariamente antes de celebrarla. E1 Señor le había revelado cuál seria la última. Muere santamente, puestos los ojos en el Crucifijo, mientras la escolanía del Pino le cantaba a media voz el Stabat Mater.

Otros Santos de hoy: Marcos, Timoteo, Simeón, Dionisio, Alejandro, Agapito, Segundo.