24 DE OCTUBRE.
SAN ANTONIO MARIA CLARET,
obispo y fundador ( + 1870)
E17 de mayo de 1950 el Papa Pío Xll al canonizar a S. Antonio María Claret dijo de el: "Alma grande, nacida como para ensamblar contrastes; pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo; pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante; de apariencia modesta, pero capaz de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra; fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia; siempre en la presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior; calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y entre tantas maravillas, como luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Divina Madre"...
Aquí está encerrada esta maravillosa vida de este hombre que mandaría que en su tumba escriban aquellas palabras de otro gran hombre que también fué duramente perseguido, San Gregorio VII: "Amé la justicia y odié la iniquidad; por eso muero en el destierro".
Pío XI le llamó "Precursor de la Acción Católica tal como es hoy". Y alguien dijo de él "que era el hombre mas extraordinario del siglo XIX". Nació en Sallent (Barcelona) el 23 de diciembre de 1807. El mismo, en su Autobiografía dirá: "Me pusieron por nombre Antonio Adyutorio Juan; pero yo, después, añadí el dulcísimo nombre de María, porque María Santísima es mi Madre, mi Madrina, mi Maestra y mi todo, después de Jesús" Sus padres se llamaron Juan Claret y Josefa Clara. Educaron cristianamente a su hijo. Como la familia no marchaba lo suficientemente desahogada se ve obligado a trabajar en el humilde telar paterno, cosa que hace con gran maestría y admiración de todos. Es un modelo en todas las virtudes: laboriosidad, caridad, piedad, dulzura.
Una obsesión tiene en su corazón desde su nacimiento: salvar almas. El tenía muy claro que el Señor había venido al mundo a salvar al hombre y que para alcanzar su misión había encomendado este apostolado a los hombres. Desde muy pequeño el párroco de su pueblo ya lo asocia a su apostolado y le llama, con buen humor "su coadjutor parroquial". Esta obsesión por las almas es la que le llevara a escalar los mas difíciles puestos: Arzobispo de Santiago de Cuba, Confesor de la Reina Isabel II y su primer Consejero, Preceptor del Príncipe de Asturias y de los Infantes, Primado de las Indias Occidentales, Apóstol de la Hispanidad, fecundo escritor, predicador ardiente, y lo que mas vale: un gran santo. Cuando lo hagan Obispo pondrá en el escudo de armas: Charitas Christi urges nos y cuando muere en el destierro, ya deshecha su salud por los desvelos que ha sufrido por las almas, aun gritará: "¡Almas! ¡Almas!". Será esta una idea obsesionante que jamás le abandonará, mas aún, será la que le dará fuerzas para poder salir airoso en todas las embestidas del enemigo que no le faltaran a lo largo de toda su vida.
Desde muy pequeñín una idea le obsesionaba, dice él en su autobiografía, y pensaba en ella durante el día y durante la noche en las largas horas de insomnio, pues siempre "fuí poco dormilón": la idea de la eternidad. "Condenado para toda la eternidad". Este pensamiento es el que le torturaba y no le dejaba descansar. A este se añadió otro similar que es el que hizo cambiar el ritmo de vida de San Francisco Javier: "¿De qué le aprovecha el hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?". Estos dos pensamientos fueron, sin duda, los que le empujaron a abandonar el mundo y a abrazar la carrera sacerdotal. Tuvo como compañero de estudios en Vic a Jaime Balmes. Aquí recibía el don del sacerdocio el 13 de junio de 1835. Tenia 27 años. Los 35 años que le quedan de vida los gasta en las misiones que hemos recordado dejando huellas imborrables en cada una. Para continuar su obra, el 16 de julio de 1849, funda los Hijos del Corazón Inmaculado de Maria, Claretianos. E1 24 de octubre de 1870, moría este gran Padre del Concilio Vaticano I. La Virgen María salió a recibirle.
Otros Santos de hoy: Félix, Genaro, Fortunato, Bernardo, Marcos.