SAN ANTOLÍN
Mártir, patrono de Palencia
Apamea (Siria) a principios del siglo iv
El año 1999 la catedral de Palencia (allí la llaman la bella desconocida) acogió la séptima edición de Las Edades del Hombre con el lema: Memorias y Esplendores. Los visitantes superaron el medio millón y pudieron contemplar, hecha de piedras talladas, la cripta de San Antolín. Allí precisamente, en la cripta, comenzaba el itinerario de la exposición. Dicha cripta visigótica y prerrománica, que guarda un pozo en el corazón de la catedral palentina, aprovechó restos romanos anteriores y se inició en el siglo VII, en la época hispanovisigoda, siendo ampliada en 1034, ya en los comienzos del románico castellano, cuando Sancho el Fuerte restauró la diócesis palentina, en el área de los antiguos vacceos.
Todo parece indicar que Palencia ya era sede episcopal en el año 457, y, desde luego, en varios concilios de Toledo, entre 589 y 693, firmaron obispos de Palencia, cuya catedral sería la actual cripta visigótica de San Antolín, patrono de la ciudad de Palencia. Allí ‑en la cripta‑ reposan sus reliquias y en el retablo mayor de la catedral hay una escultura policromada del mismo santo, debida a Felipe Bigarny, que realizo en 1506. Años mas tarde, en 1559, el cabildo catedralicio decidió colocar en el centro del retablo, siguiendo las directrices marcadas por el Concilio de Trento,una buena pieza en bulto de nuestro mártir San Antolín, que es la que ahora está en la capilla de San Ildefonso, mide 120 cm de altura y fue retocada en 1906. En su lugar, pusieron en 1609, otra estatua del santo patrono, debida a la mano y la gubia de Gregorio Fernández, cuando era joven. Es una escultura llena de vida, de extraordinaria elegancia, con las manos tensadas, la cabeza ancha y el cuello largo y curvado, con pliegues menudos en el alba y duros y quebrados en la dalmática, signo de que era diácono. En la sillería del coro, en el espaldar de la silla episcopal, hay cincelado otro San Antolín en madera de nogal, correspondiente al siglo XV, y otra talla del patrono de Palencia existe en la capilla del Sagrario en la catedral, tallada en el siglo XVI por Juan Ortiz el Viejo, palestino de la escuela burgalesa.
El patronazgo de San Antolín sobre la Iglesia palestina se remonta al menos al siglo XI, quizás al tiempo de su restauración (1034), tiempo en que llegaron también allí sus reliquias. Y en su festividad, el 2 de septiembre, nunca debió faltar la música. De hecho, en el siglo XVII, Andrés Barca, un músico poco conocido del barroco y sacerdote de Alfaro (La Rioja), que se asentó definitivamente en Palencia hasta su muerte (1680), compuso un «romance en diálogo», titulado Al más ínclito francés, en el que relata, cual si fueran coplas de ciego, la vida sucinta del santo. ¡Lástima que no pueda disponer de él para regocijo de los lectores!, quienes ya se estarán impacientando porque no les narro la vida de San Antolín.
Y es que de este santo, como de tantos otros, sabemos más bien poco. De momento, sólo que fue mártir y que es patrono de Palencia y de otros varios pueblos y villas, como Nava de Roa y Medina del Campo, y que su culto estuvo extendido por Francia, Asturias, Galicia, León y Castilla, donde se encuentran aún asociaciones y hospitales dedicados al santo.
Pero no sabemos si San Antolín fue francés, sirio o español. Desde el siglo XIV al siglo XVII los palestinos creían que San Antolín era francés, y en el siglo XVII un canónigo de la catedral palestina, Salvador de Catamuga, se empeñó en demostrar que fue español, de junto al río Arlanzón, pero fracasó en el intento. Por su parte, los Bolandistas ‑unos estudiosos de este tema de los santos y los mártires‑ más bien se inclinaron por que era sirio, uno de los mártires de Apamea de Siria, junto con su discípulo Almaquio y el presbítero Juan. Otros mártires de Apamea son Cayo y Alejandro. Habría sufrido el martirio a principios del siglo IV, en tiempos del emperador Diocleciano, siendo decapitado y sus miembros dispersados. De estos miembros en la catedral palentina se guardan y veneran como reliquias el omóplato y el húmero del brazo derecho. Lo que no se sabe es quién las hizo llegar a Palencia. Pero lo que sí está plenamente documentado son los esfuerzos que el cabildo de la catedral palentina hizo a principios del siglo XVII por intentar localizar el resto de las reliquias de San Antolín en Pamiers (Francia), aunque también el intento fue vano, pues todas las informaciones que recibieron llevaban a una conclusión: las reliquias de San Antolín las robaron y destruyeron los calvinistas. Este vano intento era fruto de la importancia que todavía entonces se daban a las reliquias de los santos y de los mártires.
En la Iglesia, el culto a las reliquias de los santos se popularizó en el sigo N y, hasta el tiempo de la Ilustración (siglo XVIII), este culto pertenecía a lo que podemos llamar religiosidad popular, y la posesión de reliquias por parte de una ciudad era una dimensión de gran valor, religioso, pues para venerarlas se hacían peregrinaciones a ella, lo que promovía las comunicaciones y el crecimiento de las ciudades, si tenían reliquias importantes.
Quizás el hecho de que también se venere como mártir otro San Antolín en Pamea (Pamiers), en Francia, que parece que murió mártir en el último tercio del siglo VII, ha sido fuente de confusiones para los historiadores antiguos, o quizás, simplemente, lo que llevó a la confusión y a la fusión, fue la cercanía lingüística entre Pamea y Apamea. En cualquier caso, y mientras los estudiosos nos van aclarando las cosas, el 2 de septiembre los palentinos festejan, en mi opinión, a su santo patrono, San Antolín, diácono y mártir de Apamea de Siria, cuyas reliquias las pueden venerar en la cripta visigótica de la catedral.
RAFAEL DEL OLMO, O.S.A.