| El Padre Pro es un santo del
siglo veinte. Murió en 1927, y fue beatificado por el Santo
Padre Juan Pablo II en 1988.
Nació en Guadalupe, México, el 13 de enero
de 1891.
Siendo muy niño se intoxicó al comer unas
frutas pasadas y estuvo al borde de la muerte. La mamá lo
llevó ante la imagen de la Sma. Virgen y lo encomendó con
toda su fe, y el niño curó prodigiosamente.
De jovencito es sumamente inquieto. Muy
alegre, trabajador y optimista, pero pone toda la casa en
revolución. Un día oye que la mamacita llena de angustia
exclama: "Oh Dios mío: convierta a este hijo mío". Y el
joven que amaba inmensamente a la buena mamá, le da un
abrazo y le dice: "Mamá: mi segundo nombre es Agustín, y San
Agustín fue un gran convertido. Ya verás que yo también me
voy a convertir". Y desde aquel día mejoró notablemente su
conducta.
Le encantan la música y la declamación. Al
escucharle sus discursos en las veladas estudiantiles, las
ancianas dicen: "Este sí que serviría para sacerdote
predicador". Con sus hermanos y hermanas (son seis en total)
organiza una pequeña orquesta que ameniza las reuniones del
barrio.
Su papá tiene una mina, y Miguel al
charlar con los mineros va conociendo los problemas del
pueblo pobre y se va encariñando con los más necesitados.
Le agrada más la acción que el estudio.
Ayuda a su padre en la administración de los negocios, pero
sigue sus estudios regularmente.
A los veinte años siente un gran vacío:
necesita de alguien que lo dirija espiritualmente. Se da
cuenta de que él sólo no logrará atinar con el camino de la
perfección y de la santidad. Afortunadamente un Padre
jesuita lo invita a una convivencia de tres días, y allí
encuentra paz y luces espirituales.
Un día tiene un grave accidente: al pasar
por una carrilera se le queda un pie trabado entre los
rieles, y ya viene un tren. Invoca a la Sma. Virgen y logra
sacar el pie, precisamente cuando ya el tren está por
llegar. en acción de gracias le ofrece a la Virgen María el
sacrificio de no tratar con muchachas durante un año. Y lo
cumple.
Desde su encuentro con los padres
jesuitas, Miguel ha cambiado totalmente. Ahora ya es más
meditador y menos superficial. Su hermana se va de religiosa
y él siente también un gran dese o de entrar a una
comunidad. Los jesuitas lo aceptan para su noviciado o año
de preparación para entrar en la congregación.
En 1911 se va al noviciado de los
jesuitas. Para su alma tan inquieta, aquella quietud y
seriedad del noviciado se le vuelve supremamente dura. El
Padre Maestro de novicios lo invita a resistir siquiera por
seis meses, y entonces Miguel, que todo lo que hace lo hace
con toda su alma, se dedica de lleno a la oración, a la
meditación y a las buenas lecturas y llega a ser un novicio
muy alegre y simpático, pero también muy piadoso y cumplidor
de sus deberes.
En 1913 hace sus votos o juramentos de
pobreza, castidad y obediencia y queda admitido como jesuita
(La Comunidad de los Padres Jesuitas fue fundada por San
Ignacio de Loyola hacia el 1550 y es la comunidad religiosa
de varones más numerosa en el mundo. Son más de 25,000, y se
especializan en dirigir Universidades y centros de
estudios).
Ese año 1913 estalla una revolución en
México y el papá de Agustín pierde sus bienes que pasan a
manos de los guerrilleros. El noviciado jesuita es invadido
y los religiosos tienen que salir huyendo disfrazados.
Miguel viaja disfrazado de charro y por entre maizales y
montes logra llegar a Guadalajara. Los superiores viendo el
peligro que corren los jóvenes novicios los envían a Estados
Unidos a seguir sus estudios. Pero el no saber inglés les
trae muchas molestias y entonces lo envían a España, país
neutral durante la primera guerra mundial (1914 - 1918).
Aprovechando sus cualidades naturales,
Miguel hace de payaso, actor, equilibrista, y caricaturista,
y así distrae mucho a los demás compañeros y hasta a los
superiores, en aquellos años de horribles angustias
mundiales. Llega la terrible gripa asiática en 1917, que
lleva al sepulcro a miles y miles de personas, y entonces
Miguel se va a los salones donde yacen montones de enfermos
con fiebres y los distrae muy sabrosamente con sus
representaciones cómicas. Los enfermos piden frecuentemente
que les envíen al joven seminarista para que los distraiga
en aquellas horas monótonas de su enfermedad.
Los domingos y festivos va a los barrios
pobres a enseñar catecismo a los niños y se encariña
grandemente con esta gente abandonada.
Los jesuitas lo envían a Bélgica para que
vea cómo trabajan los sacerdotes con los obreros, y luego a
París para que conozca los apostolados sociales de la
Iglesia. Así se va encariñando más y más con el apostolado
entre los más pobres.
Pasa noches sin dormir a causa de un
fortísimo dolor en el estómago. Sólo se consuela rezando. Al
fin descubren que es una úlcera y la operan. Se restablece y
es ordenado sacerdote en 1925, y enviado otra vez a su
patria México, donde la persecución a la Iglesia Católica es
espantosa.
Llega a su patria disfrazado de
comerciante y con carnet de ganadero y en la aduana no se
dan cuenta de que es sacerdote y lo dejan entrar.
El presidente Calles ha jurado acabar con
la religión católica y prohibe toda actividad en favor de la
religión. Los católicos se unen y se proponen defenderse y
fundan la "Liga para la defensa de la religión". Nombran
como capellán al Padre Pro. 150 jóvenes bajo la dirección
del joven sacerdote van por las calles repartiendo hojas
volantes contra las leyes antirreligiosas e invitando a la
resistencia pacífica. Recogen ayudas y las llevan a las
familias cuyos jefes han sido llevados a la cárcel por ser
católicos.
El Padre Pro va por las casas celebrando
la eucaristía, disfrazado de vendedor o de médico, etc.
Viaja en bicicleta como un mensajero y organiza un grupo de
400 catequistas para enseñar la religión. Los policías son
diez mil pero no lo logran capturar.
Un día el Padre Pro va en un taxi y se da
cuenta de que la policía lo viene siguiendo. Le dice al
taxista: "Siga viajando despacio. Pero no se detenga. Yo me
lanzo del auto en movimiento". Y se lanza al pavimento, y se
hace el borracho andando de lado a lado por la calle. Los
policías al creer que es un borracho, siguen adelante
diciendo: "Ese no puede ser un sacerdote".
Otro día en una droguería al ver que la
policía viene en su busca toma del brazo a una señorita y
como un par de novios se alejan de allí sin que la policía
pueda sospechar que ese es el sacerdote que están buscando.
En plena persecución dicta en ciudad de
México una tanda de retiros por tres días a un gran número
de sirvientas y ninguna cuenta a la policía que ese es el
famoso Padre Pro. Disfrazado de mecánico va a los garajes y
talleres a dar conferencias de religión a los obreros, y
vestido a la última moda llega a las casas de los ricos a
dictar conferencias de religión a las señoras ricas allí
reunidas.
Sus grandes devociones son la Eucaristía,
el Espíritu Santo y la Sma. Virgen. Celebra la misa con gran
devoción, aunque siempre a escondidas porque el gobierno
anticatólico ha prohibido la celebración. Lleva la comunión
a los católicos que están prisioneros, y con obsequios a los
guardianes de las cárceles consigue que los traten mejor.
Les lleva regalos cada vez. Respecto al Espíritu Santo
exclama: "Yo por mi poca instrucción debería decir negro y
digo blanco en mis charlas, porque confío en el Divino
Espíritu y El me ilumina siempre lo que debo decir". Y en
cuanto a la Sma. Virgen sentía por Ella el afecto de un buen
hijo hacia la mejor de las madres y la Madre de Dios lo
libró y le salvó la vida muchísimas veces, porque los
peligros eran de todos los días y a todas horas.
Al fin el presidente Calles al saber que
el gran movimiento católico tenía como lema "Viva Cristo
Rey" (y que por eso era llamado de los Cristorreyeros) tenía
como jefe principal al Padre Pro, ordenó que lo pusieran
preso, inventando que dizque era un revolucionario
responsable de atentados (siendo que jamás nuestro santo
apoyó ninguna acción violenta contra el gobierno. A su misma
hermana le decía: "Rezo por el presidente Calles con el
cariño con que rezo por mi madre").
Lo llevaron a la cárcel y le dictaron
sentencia de muerte. Antes de ser fusilado le dijeron que
expusiera su último deseo: "Quiero que me dejen unos
momentos para rezar y encomendarme al Señor". Y en el
momento en el que le iban a disparar extendió sus brazos en
cruz y gritó: "Viva Cristo Rey". Y murió mártir por defender
la santa religión católica. Era el 23 de noviembre de 1927.
Cuando el presidente Calles estaba
moribundo sintió un gentío que desfilaba por frente de su
habitación. Preguntó al secretario qué era aquello, y el
otro le respondió: "Son miles y miles de católicos que
desfilan cantando, rezando y gritando "Viva Cristo Rey". Y
el perseguidor exclamó entristecido: ¡Nos vencieron! Y
murió.
La sangre de los mártires es semilla de
nuevos cristianos decían los antiguos. El Padre Pro derramó
su sangre por defender la religión de Cristo y ahora en
México el catolicismo es la religión de la inmensa mayoría y
sigue progresando admirablemente con la bendición de Dios.
Valeroso Padre Pro: te rogamos por todos
los que extienden la religión en el mundo. Que gasten todas
sus energías en hacer amar y conocer siempre más y más a
Cristo Jesús.
Si estos y aquellos pudieron llegar a la
santidad, ¿por qué no voy a poder llegar yo también? (San
Agustín).
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