9 DE MAYO
SAN GREGORIO
obispo de Hostia (+1048)

En la Edad Media fueron muy frecuentes las pestes. Incluso se habla de la gran peste. Pero en realidad fueron muchas las que hubo. Eran tiempos de cultura teocéntrica, y las pestes se interpretaban como castigo de Dios. Se acudía a los Santos para obtener su protección y hasta se les asignaba la protección de alguna peste especial. Como San Gregorio de Ostia, al que se acudía como abogado contra la langosta.

Con San Gregorio, obispo de Ostia, sucede lo que la Sagrada Escritura dice de Melquisedec. No nos consta ni la patria, ni los padres, ni su primera educación. Pero muy buena debió de ser, y muchas sus cualidades personales, por los altos cargos a que fue elevado.

Se sabe que entró muy joven en la Orden de San Benito, en el monasterio de San Cosme y San Damián de Roma, y ya desde su noviciado brilló por su ciencia y su virtud. Todos auguraban que ornaría de gran honor la Orden benedictina. Pronto se verificó el vaticinio, pues los rápidos progresos que hizo le merecieron el concepto de docto y de santo.

Murió el abad de San Cosme y San Damián, y todos le eligieron como sucesor. En vano se excusó por todos los medios que le sugirió la humildad, pues, convencidos los monjes de las cualidades de que estaba adornado Gregorio, insistieron en la elección hasta conseguirlo.

Desempeñó el cargo con tanto celo, prudencia y suavidad que pronto la disciplina monástica brilló en el monasterio, debido a sus sabias exhortaciones, a sus muchas virtudes y a sus edificantes ejemplos.

Pronto cundió su fama por Roma. E1 Papa Juan XVIII le pidió una más estrecha colaboración, y lo nombró cardenal y obispo de Ostia, una de las llamadas diócesis suburbicarias de Roma, para las que el Papa designa personas de mucha confianza y consejo. Le encomendó además el cuidado de la biblioteca apostólica, cargo que desempeñó con acierto y sabiduría.

Cuando así brillaba en Roma San Gregorio, ocurrió en España una terrible plaga de langosta, que asoló totalmente las provincias de Navarra y la Rioja. Los naturales de estas regiones acudieron al Papa a pedirle socorro. Y tanta era la confianza del nuevo Papa en Gregorio que no dudó en enviarle a España para que aliviase la situación, tan desesperada.

Gregorio recorrió las zonas devastadas por la langosta, consolando y predicando. Organizó ayunos y rogativas públicas, les exhortaba con palabras de fuego a la conversión para que Dios se apiadase de ellos, y la plaga desapareció. Le acompañaba Santo Domingo de la Calzada.

Los cinco años que habían durado sus grandes trabajos, cotinuos sacrificios e incesantes fatigas, debilitaron totalmente su salud. Cayó enfermo de gravedad y se retiró a Logroño. Recibió los últimos Sacramentos entre transportes de amor, y con edificación de todos, y fijando los ojos en el cielo, fue a descansar en los brazos del Padre Celestial.

Según las costumbres de la época, era muy grande la devoción a las reliquias de los Santos, y era también muy frecuente la traslación de las reliquias de unos sitios a otros, por diversos motivos y necesidades.

Los escritos de la época nos dicen que sus sagrados restos fueron trasladados prodigiosamente a Piñalba, cerca del monasterio de Irache y de Estella, en Navarra, donde los fieles seguían acudiendo para pedir al Santo obispo de Ostia protección y auxilio, sobre todo en las plagas de langosta, pues le tenían por especial abogado contra este contagio.

Otros Santos de hoy: Hermas, Pacomio, Nicolás, Geroncio.