A Benedicto XVI le hace falta un Ratzinger

Diego Contreras | laiglesiaenlaprensa.com

   

En los últimos días, pero no solo, he visto algunos artículos y comentarios en los que se venía a decir que el Papa no gobierna, que no tiene en mano la situación de la Curia, a la que ni siquiera entiende, etc.

 

Dicen que lo demuestra las polémicas en torno al caso del ex director de Avvenire (del que hablamos aquí y aquí). Doy un salto hacia atrás: hace años, se decía del cardenal Ratzinger que con sus tejemanejes controlaba el “ala conservadora” de la Curia, y que incluso gracias a esa “red” que había construido logró pilotar su propia elección como Papa (sic: eso decía, por ejemplo, un memorable artículo de Juan Arias en El País).

 

No digo que la verdad esté en el medio. En realidad, es cierto que al Papa actual no le “interesa” la Curia, en el sentido de que no piensa dedicar los años que le quedan de vida a reformar estructuras. Sabe que su misión es otra: confirmar en la fe a los cristianos. Pero para eso hace falta gobernar. Y esto lo está demostrando en aspectos que son el verdadero “core business” de la Iglesia: identidad doctrinal, liturgia, unidad de los cristianos, disciplina (incluso con mano de hierro: véase, por citar el ejemplo más reciente, la “tolerancia cero” con los casos de pedofilia confirmados en el clero).

 

También gobierna en casos como la polémica del ex director de Avvenire: no cabe duda de que ha solicitado a intervenir a la Secretaría de Estado cuando la situación estaba subiendo de tono (en mi opinión, la Secretaría de Estado debería haber tomado la iniciativa de intervenir antes). Sobre ese episodio, insisto en que me parece a estas alturas evidente que se trata en un 90 % de una “telenovela” periodística exquisitamente italiana, realizada y alimentada por un modo de hacer periodismo que simplemente da pena.

 

Hay algo, sin embargo, que sí se echa en falta en el pontificado actual: la figura de un cardenal Ratzinger. Ahí, Benedicto XVI ha sido mucho menos afortunado que Juan Pablo II. Esto refuerza la convicción de que aquí lo interesante, lo que pasará a la historia (y tenemos el privilegio de presenciar),  es lo que hace y dice el Papa: el resto vuela como las páginas de un periódico usado