A
favor de la mujer, contra el aborto
Fernando
Pascual
fpa@arcol.org
La
mujer necesita ser defendida de cualquier tipo de violencia. Nadie debe
insultar, despreciar, marginar, perseguir, dañar físicamente a las
mujeres. Nadie debe negar el acceso de la mujer al mundo de la cultura,
del trabajo, de la política, de la ciencia. Nadie debe caer en
actitudes de desprecio hacia ninguna mujer por ser mujer.
La
mujer tiene un derecho básico a la vida, que sostiene y permite la
existencia de los demás derechos. Por eso, nadie puede realizar ningún
acto que implique herir, mutilar, asesinar a las mujeres.
Precisamente
por eso, no existe derecho alguno al aborto. Porque en el aborto es
eliminado, es asesinado, un hijo en el seno de su madre. Y porque de
cada 100 abortos, el 50% (a veces más del 50%) son mujeres en la
primera etapa de su existencia humana.
Sabemos
que hay estados, como en La India o en China, en los que son eliminadas
miles y miles de hijas antes de nacer, simplemente por el hecho de ser
mujeres. Lo cual implica una discriminación enorme y una injusticia
contra la que no puede dejar de protestar ningún movimiento que sea auténticamente
“feminista”.
Pero
también sabemos que en otros países, considerados “libres” y
“democráticos”, se cometen millones de abortos en los que son
asesinados embriones masculinos y femeninos, hijos e hijas.
Necesitamos
recordar que ser mujer no es algo que inicia con el parto. Ser mujer
inicia con la concepción. La defensa de la mujer y de sus derechos, por
lo tanto, ha de aplicarse a la fase prenatal, debe llegar a la promoción
y defensa del derecho a la vida de cada mujer en los meses en que se
desarrolla hasta llegar al día del parto.
Estar
a favor de las mujeres implica estar en contra del aborto. Cualquier
grupo que defienda el mal llamado derecho al aborto promueve,
simplemente, una discriminación y una injusticia contra la mujer (también
contra el varón: no podemos callar ante los abortos que eliminan a
millones de embriones y fetos masculinos).
Defender
la vida de los embriones humanos, masculinos y femeninos nos lleva a
implementar políticas eficaces a favor de las millones de madres que no
abortarían si hubieran sido ayudadas y acompañadas a lo largo de los
meses de embarazo.
Es
posible, es urgente, cambiar una tendencia mundial que ha presentado el
aborto como “derecho” y ha olvidado que se trata de un “delito”,
como recordaba con firmeza el Papa Juan Pablo II. Es posible, es
urgente, promover una cultura de la solidaridad, de la justicia, del
amor, donde cualquier mujer sea respetada y amada desde su concepción
hasta la llegada de la hora de su muerte. Lo merece simplemente en
cuanto ser humano, y ello es suficiente para que la miremos y la
protejamos con eficaces instrumentos de asistencia jurídica, médica,
social y, sobre todo, con mucho amor.■
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