AÑO PAULINO
       Por iniciativa del Papa Benedicto XVI, el día 28 de junio se inició un año jubilar especial para conmemorar el bimilenario del nacimiento del Apóstol San Pablo.
Figura gigantesca de la historia del Cristianismo. Judío inteligente y apasionado. En sus cartas y en el libro de los Hechos de los Apóstoles tenemos una auténtica autobiografía:
       Viví como fariseo, el partido más riguroso de nuestra religión. Fuí un ardiente perseguidor de la Iglesia. Me creí en el deber de combatir con todas mis energías la causa de Jesús de Nazaret. Y efectivamente, así lo hice en Jerusalén. Yo encarcelé a muchos de sus discípulos en virtud de los poderes recibidos de los jefes de los sacerdotes, y cuando se les quitaba la vida, daba mi aprobación. Recorrí muchas veces todas las sinagogas obligándolos a renegar de su fe a fuerza de torturas. Mi furor contra ellos llegó a tal extremo, que los perseguí hasta en las ciudades extranjeras. Con qué furia perseguía yo a la Iglesia de Dios intentando destrozarla. Incluso aventajaba dentro del judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, como fanático partidario de las tradiciones de mis antepasados. Perseguí a muerte este camino, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres. Fui blasfemo, perseguidor y violento. Lo hacía por ignorancia.
       Saulo -su otro nombre hebreo- amaba la verdad. Y a fuerza de dar con la cabeza contra el muro, un día de sopetón se topó con ella, y quedó subyugado para siempre:
       Me dirigía a Damasco con ánimo de traer a Jerusalén encadenados a los creyentes que allí hubiera para que fueran castigados. Al mediodía ví en el camino una luz más brillante que la del sol, que me envolvió a mí y a los que iban conmigo. Caímos todos por tierra, y oí una voz que me decía en arameo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Es inútil que des coces contra el aguijón". No veía nada, debido al resplandor de aquella luz.
       Pablo se encuentra con Jesucristo, y cae en la cuenta de que hasta entonces había estado equivocado y ciego. Recobra la vista, y se pasa sin vacilaciones al crucificado. Desde entonces proclamará que Jesús es el Hijo de Dios. Se dirigirá a todos sin excepción: judíos y gentiles, sabios e ignorantes, filósofos, autoridades, hombres y mujeres, gente sencilla, aristócratas... porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Quiere llegar a todas las naciones, incluso a las más remotas. Prácticamente surcó el mar Mediterráneo en varias ocasiones. No es improbable que haya llegado a España, considerada entonces como el fin de la tierra. Quiere abrir los ojos a los que tienen entenebrecida la mente y oscurecido el corazón para que se conviertan de las tinieblas a la luz.
       Seguirá a Cristo sin volverse atrás: Nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús. Por él, vivirá, trabajará, sufrirá y morirá. Pasa de perseguidor a perseguido, y su vida se convierte en una novela de aventuras: aguantando mucho, sufriendo, pasando estrecheces y angustias, soportando golpes y palizas, prisiones, tumultos, duros trabajos. Cinco veces he recibido de los judíos los treinta y nueve golpes de rigor; tres veces he sido azotado con varas, una vez apedreado, tres veces he naufragado; he pasado un día y una noche a la deriva en alta mar. Los viajes han sido incontables. Muchas veces he estado en peligro de muerte: peligros al cruzar los ríos, peligros provenientes de salteadores, de mis propios compatriotas, de paganos; peligros en la ciudad, en despoblado, en el mar, peligros por parte de falsos hermanos. Trabajo y fatiga. A menudo, noches sin dormir, hambre y sed, muchos días sin comer, frío y desnudez.
       San Pablo culminará su carrera decapitado en Roma durante la persecución de Nerón, al mismo tiempo que San Pedro. Su cuerpo descansa en la Basílica de San Pablo Extramuros, en la ciudad eterna.
       Apasionante, de película. Sin comentarios. Gracias, Benedicto XVI.