"¿Aún hay un Papa en Roma?", preguntó aquella abuelita de Tayikistán

El obispo católico Clemens Pickel explica cómo es su diócesis en Sarátov, Rusia, donde hay 47 sacerdotes, sólo 4 rusos
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Vídeo en YouTube de AIN sobre Mons Pickel y la diócesis de Saratov
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Dmitri Vlásov / Trad. T. Fedótova

Clemens Pickel es el obispo de San Clemente en Sarátov, una de las cuatro diócesis católicas en Rusia. Pastorea unos 35.000 católicos, herederos de pioneros o de deportados ucranianos, alemanes, polacos... que viven dispersos entre los 47 millones de habitantes de la demarcación. Lo entrevista Dmitri Vlásov en el portal religioso ruso “Blágovest-Info”. Tatiana Fedótova lo traduce para ForumLibertas.
 
- Eminencia, usted lleva 20 años trabajando en los países de la ex URSS. ¿Podría contarnos su itinerario?

- Nací en 1961 en Alemania Oriental, en una familia católica. Después del colegio ingresé en el seminario. Al principio, en la RDA sabía poco sobre la vida de los cristianos en la URSS. En 1979, aún estudiando en el seminario, vino  a nuestro pueblo una abuelita de Tayikistan. Era de etnia alemana y además católica. Pero vivía en una total aislamiento de la Iglesia y no sabía nada de su vida actual. Esa mujer con toda seriedad preguntó si aún había un Papa en Roma.
 
Después de conocer a esa viejecita, se me despertó el interés por la vida en la Unión Soviética, y poco después fui a la URSS. Me ordené en 1988. Serví mis dos primeros años en Alemania, y en 1990 vine a Tajikistan, atendiendo las comunidades de etnia alemana de Dusambé, Kurgán Tubé y Vakhsh. Un año después se necesitó un cura para Marx [el antiguo Ekaterinenstadt] – en el Volga, no lejos de Sarátov. El párroco de allí, Iosif Werth, fue nombrado por el Papa Juan Pablo II obispo de Novosibirsk, y hacía falta sustituirle. Y me eligieron a mí.
 
Fui párroco en Marx hasta 1998, el momento de crear una nueva administración apostólica con el centro en Sarátov, y me pusieron a encabezarla. Mi ordenación como obispo, que celebró el entonces nuncio arzobispo John Bukovsky, tuvo lugar en mi parroquia “natal”, la de Cristo Rey de Marx, construida durante mi servicio parroquial. Hay que decir que tuve dificultades para encontrarme un sustituto, y hasta el 2000 seguí pastoreando la comunidad de Marx, ya siendo yo obispo.

 - ¿Cuál es la estructura étnica de sus fieles?

- Es muy variada. El esqueleto histórico de la comunidad católica del Volga eran los alemanes. En Marx la parroquia era puramente alemana. Los sábados, la liturgia se celebraba en ruso, y los demás días, en alemán. Y en Sarátov, entre los católicos hay descendientes de los alemanes, polacos, ucranianos, bielorrusos. Pero todos ellos son rusohablantes. Y si celebráramos misa en polaco o alemán, no se enterarían de nada.

 - ¿Algo de la estadística de su diócesis?

 - Nuestra diócesis abarca el territorio de 27 sujetos de la federación Rusa. Son 52 parroquias, pero no todas tienen sus templos. En total, entre iglesias y capillas, son 27. El clero son 47 sacerdotes, de los cuales sólo 4 son rusos. Los demás provienen de 20 países de todo el mundo.

 - ¿Cómo es que vinieron a Rusia? 
 
- Todos los sacerdotes extranjeros expresaron su propio deseo de servir en Rusia. Y esto nos une mucho. Creo que en las diócesis donde los curas todos son de la misma nacionalidad, no hay tanta amistad y comunión fraterna.

 - ¿Cómo son sus relaciones con los ortodoxos?

 - Bastante positivas. Una muestra gráfica es que, para celebrar el décimo aniversario de nuestra catedral, vino el obispo Longin de Sarátov y Volsk,  para felicitarnos. En el territorio de nuestra diócesis hay 18 obispados ortodoxos. Con algunos de los jerarcas ortodoxos tenemos unos contactos amistosos y fraternos. Y en otros lugares, nuestras relaciones se desarrollan en una dirección muy positiva. Hace poco he visitado la dirección del obispado ortodoxo en Krasnodar, donde me recibieron cálidamente. Se puede discutir mucho acerca de las causas de la mayor calidez en el clima actual entre los católicos y ortodoxos, Pero yo creo que ahora se resucita la sensación de aquella unidad profunda entre nuestras dos Iglesias que nunca se cortó pero, quizá, antes nadie tenía tanto en cuenta.

 - ¿En qué radica el sentido del servicio de la Iglesia Católica en Rusia?

 - Supongo, que este servicio se parece mucho al de la Iglesia Ortodoxa: queremos llevar a Cristo a este mundo. Queremos predicar los valores cristianos. Queremos que el hombre sea hombre, no máquina ni tampoco un animal y que no destruya a los demás. Creemos que la persona ha de cumplir plenamente su vocación, y para esto necesita estar en contacto con Dios. Los ortodoxos, los católicos y los cristianos de otras confesiones pueden hacer mucho en esta dirección, predicando a Cristo en la sociedad que hoy visiblemente se aparta de Dios más y más.