Ayuno: abstinencia
"El ayuno
cura nuestras enfermedades, deseca los humores superfluos de nuestros cuerpos,
pone en fuga los demonios, arroja los malos pensamientos, purifica el espíritu,
limpia el corazón, santifica el cuerpo, eleva los hombres hasta el trono de
Dios. Por último, el ayuno es el alimento de los Angeles, y el que le practica,
se puede considerar como en el orden de aquellos bienaventurados espíritus. (S.
Atanasio, de Sanctiss. Deipara, sent. 5, Tric. T. 2, p. 172.)"
"Si el demonio os impele a practicar austeridades tan
excesivas que altere vuestra salud, y que vuestro cuerpo se inutilice, y sea
incapaz de todos los ejercicios, no sigáis su instigación, antes bien, moderad
vuestros ayunos. (S. Atanasio, ibid., sent. 6, Tric. T. 2, p. 172 y 173.)"
"Ayunamos y nos abstenemos del vino y de la carne, no por
horror, como si fueran cosas malas, sino porque esperamos que en recompensa de
privamos aquí de un alimento agradable a los sentidos, gozaremos en el cielo de
un alimento divino, y que sembrando ahora con lágrimas, cogeremos algún día con
gozo abundante cosecha. (S. Cirilo de Jerusalén, Cath. 4, sent. 5, Trie. T. 2,
p. 336.)"
"No hay tierra, sea isla o continente, no hay ciudad o
nación hasta las extremidades más remotas del mundo, en donde el edicto general
del ayuno no se haya hecho público: los soldados, los caminantes, los
marineros, los mercaderes, todos le han oído y recibido con grande alegría.
Nadie, pues, se excluya del número de los que ayunan, pues en él debe
comprenderse toda suerte de condiciones y dignidades. (S. Basilio, Orat. 2,
sent. 12, Tric. T. 3, p. 192.)"
"No volváis ni a la derecha ni a la izquierda; así como es
peligroso pasar los límites de la templanza en el comer, también es fuera de
razón abatir demasiado el cuerpo con abstinencias excesivas, inutilizándole
para todo lo bueno por haberle enflaquecido demasiado. Estamos, pues, obligados
a cuidar de nuestros cuerpos, no sólo por el amor natural, sino para podernos
servir de ellos en los ejercicios de la filosofía cristiana. (S. Basilio, de
Vera Virg., sent. 26, Tric. T. 3, p. 195.)"
"No dice simplemente el Apóstol que no se ha de cuidar de
su carne, sino que añade, para satisfacer a sus deseos. Se debe, pues, reprimir
con los ejercicios de la continencia la propensión e inclinación de la carne a
los deleites y los vicios: pero al mismo tiempo se ha de procurar conservarla
con las fuerzas que se necesitan para adquirir las virtudes. (S. Basilio, ¡bid., sent. 27, Tric. T. 3, p. 195.)"
"Estamos desterrados del Paraíso por no haber querido
ayunar. Ayunemos, para que se nos permita volver a él. (S. Basilio, Homl. 1, de
jejun., sent. 4, adic. Tric. T. 3, p. 380.)"
"El ayuno es el alimento de] alma y del espíritu, la vida
de los Angeles, la muerte del pecado, la extinción de las culpas, el remedio de
la salud, la raíz de la gracia, el fundamento de la castidad; por la escala del
ayuno había subido Elías antes de entrar en aquel carro de fuego que le
arrebató al cielo. (S. Ambrosio, de Elía et jejun., c. 3, sent. 23, Tric. T. 4,
p. 320.)"
"Castigo mi cuerpo, y le reduzco a servidumbre. Castigar el
cuerpo, es mortificarle con el ayuno, y no concederle sino lo necesario para
vivir, de modo, que no llegue a darle placer; y entonces se 1e reduce a
servidumbre, cuando no se le permite seguir su voluntad antes bien se le obliga
a hacer la del espíritu. (S. Ambrosio, c. 7, sen 98, Trie. T. 4, p. 333.)"
"Para ayunar de modo que agradéis a Dios, es preciso ser
benignos con vuestros criados, cariñosos con los extraños, caritativos con los
pobres, levantaros temprano para ir a
"En otros tiempos del año hay algunos ayunos por los cuales
s merece premio si se observa: mas en Cuaresma peca el que deja de ayunar. Los
otros ayunos son voluntarios; pero los de Cuaresma so de obligación: a los
otros nos convidan; pero a estos nos obligan: y no tanto son precepto de
"La ley de la abstinencia es de Dios nuestro Señor: la
prevaricación de esta ley es del demonio. Por comer nos vino la culpa, en 1a
comida conocemos nuestra flaqueza, la virtud de la fortaleza está e el ayuno.
(S. Ambrosio, de Elía et jejun., c. 4, sent. XXI, adic. Tric. 4, p. 400.)"
"Cuando se ayuna todos los días, se ha de evitar tomar el
alimento con exceso al fin del ayuno: porque es cosa inútil pasar dos o tres dí
sin comer, si se ha de desquitar con la gula de una sola comida largo tiempo
que se había dado al ayuno. (S. Jerónimo, Ad
Eustoch ep. 22, sent. 18, Tric. T. 5, p.
"¿Qué haré yo para que Dios reciba
agradablemente mi ayuno. Parte tu pan para dar al pobre. No os obliga la
escritura a distribuir muchos panes, para que no os excuséis con la pobreza.
Habla de un solo pan, y aún no os pide que le deis entero, sino que deis al
pobre tanto como hubierais comido, si no hubierais ayunado: para que vuestro
ayuno no sirva al ahorro, sino al alimento del alma. (S. Jerón lib.
"En los días de ayuno debemos a ejemplo de Daniel
abstenernos de manjares delicados, y no comer carne, ni beber vino. (S. Jerónim
in cap. 20, sent. 79, Tric. T. 5, p. 252.)"
"Debemos mortificamos no solo con el ayuno sino también en la
calidad de las viandas. (S. Paulino, sent. 5, Tric. T. 5, p. 330.)"
"No os tengáis ya por Santos, por haber empezado a
practicar el ayuno y la abstinencia: porque estas virtudes son solamente medios
para ayudaros a conseguir la santidad, mas no son la perfección. (S. Paulino, sent. 26,
Tric. T. 5, p. 333.)"
"La abstinencia y la mortificación del cuerpo son
excelentes virtudes, cuando al mismo tiempo nos abstenemos de los vicios y
pecados. (S. Paulino, Ibid., ibid., ibid.)"
"No os contentéis con que ayune la boca: ayunen también los
ojos, los oídos, los pies, las manos y todo vuestro cuerpo. (S. Juan Crisóst.,
Homil. 3, sent. 8, Tric. T. 6, p. 301.)"
"Si no tenéis la salud suficiente para ayunar, a lo menos
os podéis abstener de las delicias; y esta especie de abstinencia, apenas en
nada es inferior a la del ayuno. (S. Juan Crisóst.,
Homil. 58, cap.
"No ayunamos por razón de la fiesta de
"Los ayunos vencen las concupiscencias, rechazan las
tentaciones, abaten la soberbia, mitigan la ira, y alimentan hasta su madurez
todos los afectos virtuosos de la buena voluntad; esto se entiende cuando los
acompaña la benevolencia de la caridad y el prudente ejercicio de las obras de
misericordia. (S. León, Papa, Serm. 15, c. 2, sent. 10, Tric. T. 8, p.
384.)"
"No basta extenuar el cuerpo con la abstinencia, si no
adquiere el alma nuevas fuerzas. Cuando se procura afligir al hombre exterior,
es preciso confortar el interior. Cuando negamos a la carne el alimento
corporal, se debe alimentar el alma con delicias espirituales. (S. León, Papa,
Serm. 39, c. 5, sent. 32, Tric. T. 8, p. 389.)"
"A tan grandes misterios se debía tan incesante devoción y
tan continuada reverencia, que nos presentásemos a la vista de Dios, cual es
razón que nos halle en la fiesta de
obras de devoción y con los castos ayunos.
(S. León, Papa, Serm. 42, sent. 36, Tric. T. 8, p.
390.)"
"La perfección de nuestro ayuno no consiste en sola la
abstinencia del alimento, ni se priva al cuerpo de la comida con fruto, si el
alma no se retira de la iniquidad, y la lengua no se refrena en las
murmuraciones. Debemos, pues, moderar la libertad de comer, de tal modo que
sujetemos a la misma ley los otros deseos. Este tiempo, en que, purificados de
las manchas de todos los vicios, debemos aspirar a la perpetuidad de las
virtudes, es tiempo de mansedumbre, paciencia, paz y tranquilidad: es tiempo de
perdonar las ofensas, de despreciar las injurias, y de olvidarnos de los
agravios recibidos. (S. León, Papa, Serm. 42, sent. 37, Tric. T. 8, p.
391.)"
"Supuesto que tomamos esta mortificación para extinguir el
incentivo de los deseos carnales, ningún género de continencia debemos procurar
tanto como el vivir sobrios, sin alguna injusta voluntad, y permanecer ayunos
de toda acción que sea contraria a las buenas costumbres. Este ejercicio no
excluye a los enfermos, por más indispuestos que estén: porque también en el
cuerpo inútil y consumido se puede hallar la integridad del corazón, y siempre
se pueden colocar los fundamentos de la virtud, en donde tuvo su asiento la
iniquidad. La misma enfermedad de la carne es suficiente penitencia, y tal vez
excede a las mortificaciones voluntarias: pero es preciso que el alma cumpla su
deber, y ya que no se sustenta con los manjares del cuerpo, no se alimente con
alguna injusticia. (S. León, Papa, Serm. 44, c. 2,
p. 168, sent. 38, Tric. T. 8, p. 391.)"
"Los que habéis de celebrar
"Hemos de ayunar de tal modo, que en vez de reservamos el
precio de lo que en otro tiempo costaría la comida, se lo demos a los pobres.
(S. Cesáreo de Arlés, Serm. 46, sent. 9, Tric. T. 9, p. 45.)"
"Santificar el ayuno es manifestar con otras buenas obras
que nuestra abstinencia es digna de Dios. Se debe advertir a los que se abstienen,
que ofrecen a Dios una abstinencia agradable si dan a los pobres los alimentos
de que ellos mismos se privan. (S. Gregorio el Grande, sent. XIV, adic. Tric.
T. 9, p. 382 y 383.)"