| El Bautismo de niños en los
padres de la Iglesia y la historia
Por José Miguel Arráiz
Introducción
El bautismo de niños es una práctica inmemorial de la Iglesia que
fue instituida por los apóstoles. He querido en estas líneas, no
profundizar sobre los argumentos bíblicos a favor del bautismo de niños
(ya tratados en otra
ocasión), sino en los testimonios que nos ha dejado la Iglesia a lo
largo de la historia a favor de este sacramento, en el cual somos sepultados
con Cristo en su muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue
resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así
también nosotros vivamos una vida nueva. Tratare también
brevemente cuales han sido las herejías que a lo largo de los siglos
han colocado obstáculos para que los niños sean regenerados al nacer
del agua y del espíritu y su evolución a través de la
historia.
El bautismo de niños en los padres de la
Iglesia en siglos I al IV
En los primeros cuatro siglos de la era cristiana se encuentra completa
unanimidad al respecto (siendo Tertuliano prácticamente la única
excepción). Hay numerosos testimonios de padres de la Iglesia que
hablan de la importancia del bautismo de niños. Hubo por su puesto
quien optaba por retrasar su bautismo, pero por motivos censurados por
la Iglesia, como era el de no abandonar la vida pecaminosa y obtener el
perdón de los pecados al momento de la muerte (bastante insensato dado
que nadie sabe en qué momento va a morir o si va a tener la oportunidad
de bautizarse), o incluso librarse de las penitencias que tendrían que
hacer en caso de volver a caer en pecado luego de bautizarse.
San Ireneo de Lyon

Obispo y mártir. Fue discípulo de San Policarpo que a su vez fue discípulo
del apóstol San Juan. Célebre por su tratado “Contra las Herejías”
donde combate las herejías de su tiempo, en especial las de los gnósticos.
Nació aproximadamente en el 130 d.C. y murió en el 202 d.C.
Se hace eco de la fe de la Iglesia primitiva que profesaba que todo
hombre nace en la carne, y por tanto debe nacer del agua y del espíritu,
lo cual interpreta inequívocamente como el bautismo, con el cual se
obtenía también la remisión de los pecados.
“Y [Naamán] se zambulló a sí mismo. . .
siete veces en el Jordán. No fue por nada que Naamán ya viejo,
enfermo de lepra, fue purificado al ser bautizado, sino para
indicarnos a nosotros, que, como leprosos en el pecado, somos
limpiados, por medio del agua sagrada y la invocación del Señor, de
muestras transgresiones, siendo espiritualmente regenerados como bebes
recién nacidos, aun cuando el Señor ha declarado: «El que
no naciere de nuevo a través del agua y el Espíritu, no entrará en
el reino de los cielos»”
San Ireneo de Lyon, Fragmento 34 (1)
A lo largo de los escritos de este y otros padres se verá como en ningún
momento restringen la gracia y los dones de Dios a nadie, ya sean bebes,
adolecentes, o adultos. En el siguiente texto aunque no se encuentra una
referencia explícita al bautismo de infantes, si encontramos la
creencia de que Dios puede derramar su gracia y santificar a todos,
independientemente que tengan edad para creer o no (rechazando con
siglos mas de un milenio de antelación los argumentos utilizados por
anabaptistas).
“Porque vino a salvar a todos: y
digo a todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean bebés,
niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por eso quiso pasar
por todas las edades: para hacerse bebé con los bebés a fin de
santificar a los bebés; niño con los niños, a fin de santificar a
los de su edad, dándoles ejemplo de piedad, y siendo para ellos
modelo de justicia y obediencia; se hizo joven con los jóvenes, para
dar a los jóvenes ejemplo y santificarlos para el Señor”
San Ireneo, Adversus haereses 2, 22,4 (2)
Orígenes

Orígenes fue escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico.
Vivió en Alejandría hasta el 231, se pasó los últimos 20 años de su
vida en Cesarea del Mar, Palestina y viajando por el imperio romano. Fue
el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y ejerció una
extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.
El testimonio de Orígenes es de capital importancia, no solo porque al
igual que otros padres nos explica el porqué es necesario bautizar los
niños, sino por su testimonio explícito de que esta fue una costumbre
que la Iglesia recibió de los apóstoles directamente. Orígenes
confirma de antemano con su pluma lo que ya la arqueología comprobaría
al encontrar evidencias de bautismos de infantes por parte de la Iglesia
primitiva.
“La Iglesia ha recibido de los Apóstoles
la costumbre de administrar el bautismo incluso a los niños.
Pues aquellos a quienes fueron confiados los secretos de los misterios
divinos sabían muy bien que todos llevan la mancha del pecado
original, que debe ser lavado por el agua y el espíritu.”
Orìgenes In Rom. Com. 5,9: EH 249 (3)
“Si los niños son bautizados “para la remisión de
pecados” cabe preguntarse ¿de qué pecados se trata? ¿Cuándo
pudieron pecar ellos? ¿Cómo se puede aceptar semejante testimonio
para el bautismo de niños si no se admite que “nadie está exento
de pecado, aún cuando su vida en la tierra no haya durado más que un
solo día”?. Las manchas del nacimiento son borradas por el
misterio del bautismo. Se bautiza a los niños porque “si no se nace
del agua y del espíritu, es imposible entrar al reino de los
cielos” .
Orígenes, In Luc. hom. 14, 1.5 (4)
“Había muchos leprosos en Israel en los días del profeta
Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, solo Naamán el sirio”,
que no pertenecía al pueblo de Israel. Consideren el gran número de
leprosos que había hasta ese momento “en Israel según la carne”.
Vean, por otro lado, al Eliseo espiritual, nuestro Seños y Salvador,
que purifica en el misterio bautismal a los hombres cubiertos por las
manchas de lepra y les dirige estas palabras: “Levántate, vete al
Jordán, lávate y tu carne quedará limpia”. Naamán se
levantó, se fue y al bañarse se cumplió el misterio del bautismo,
“su carne quedó igual a la carne de un niño”. ¿De qué niño?
De aquel que “en el baño de la regeneración” nace en Cristo Jesús”
Orígenes, In Luc. hom. 33, 5 (5)
“Si te gusta oír lo que otros santos dijeron acerca del
nacimiento físico, escucha a David, cuando dice: “Fui formado, así
reza el texto, en maldad, y mi madre me concibió en pecado”;
demuestra que toda alma que nace en la carne lleva la mancha de la
iniquidad y del pecado. Esta es la razón de aquella sentencia que
hemos citado más arriba: Nadie está limpio de pecado, ni siquiera el
niño que sólo tiene un día. A todo esto se puede añadir
una consideración sobre el motivo que tiene la Iglesia para la
costumbre de bautizar aun a los niños, siendo así que este
sacramento de la Iglesia es para remisión de los pecados.
Ciertamente que, si no hubiera en los niños nada que requiriera la
remisión y el perdón, la gracia del bautismo parecería
innecesaria.”
Orígenes, In Lev. Hom. 8,3 (6)
San Hipólito de Roma
Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo
de San Ireneo de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía y los
misterios griegos, su misma psicología, indica que procedía del
Oriente. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Orígenes—durante
su viaje a la capital del Imperio—le oyó pronunciar un sermón.
Con ocasión del problema de la readmisión en la Iglesia de los que habían
apostatado durante alguna persecución, estalló un grave conflicto que
le opuso al Papa Calixto, pues Hipólito se mostraba rigorista en este
asunto, aunque no negaba que la Iglesia tiene la potestad de perdonar
los pecados. Tan fuerte fue el contraste que se separó de la Iglesia y,
elegido obispo de Roma por un reducido círculo de partidarios suyos,
fue así el primer antipapa de la historia. El cisma se prolongó tras
la muerte de Calixto, durante el pontificado de sus sucesores Urbano y
Ponciano. Terminó en el año 235, con la persecución de Maximino, que
desterró al Papa legítimo (Ponciano) y a Hipólito a las minas de
Cerdeña, donde se reconciliaron. Allí los dos renunciaron al
pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana, que
de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por terminado el cisma.
Tanto Ponciano como Hipólito murieron en el año 235.
Un testimonio de singular importancia lo tenemos también gracias a la Tradición
apostólica, el cual es uno de los más antiguas e
importantes constituciones eclesiásticas de la antigüedad (fue escrita
hacia el año 215). En ella encontramos instrucciones específicas sobre
la administración del bautismo en donde consta la práctica de bautizar
niños y como en virtud de la fe de los padres podían ser bautizados.
“Al cantar el gallo, se comenzará a rezar
sobre el agua. Ya sea el agua que fluye en la fuente o que fluye de lo
alto. Se hará así salvo que exista una necesidad. Pero si hay una
necesidad permanente y urgente, se utilizará el agua que se
encuentre. Se desvestirán, y se bautizarán los niños en
primer término. Todos los que puedan hablar por sí mismos, hablarán.
En cuanto a los que no puedan, sus padres hablarán por ellos, o
alguno de su familia. Se bautizará enseguida a los hombres y
finalmente a las mujeres…
El obispo al imponerle las manos dirá la invocación: “Señor Dios,
que los has hecho dignos de obtener la remisión de los
pecados por medio del baño de la regeneración, hazlos
dignos de recibir el Espíritu Santo y envía sobre ellos tu gracia,
para que te sirvan siguiendo tu voluntad; a ti la gloria, Padre, Hijo
y Espíritu Santo, en la Santa Iglesia, ahora y por los siglos,
Amen”
San Hipólito , Tradición apostólica 20,21 (7)
San Cipriano de Cártago

Obispo de Cártago nacido hacia el año 200, probablemente en Cartago,
de familia rica y culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. El
disgusto que sentía ante la inmoralidad de los ambientes paganos,
contrastado con la pureza de costumbres de los cristianos, le indujo a
abrazar el cristianismo hacia el año 246. Poco después, en 248, fue
elegido obispo. Al arreciar la persecución de Decio, en 250, juzgó
mejor retirarse a un lugar apartado, para poder seguir ocupándose de su
grey.
Se tiene evidencia de que durante su vida hubo quien pretendió retrasar
el bautismo de infantes hasta luego del octavo día de nacido, en
semejanza de la circuncisión, por lo que se hace necesario que
Cipriano, a su nombre y al de 66 obispos, le envíe una carta a Fido
testimoniando la fe de la Iglesia acerca de que el bautismo de niños no
tiene que ser retrasado y que los infantes pueden ser bautizados en
cualquier momento. La carta completa está disponible en la Web en el
volumen V de Ante-Nicene Fathers de Schaff (protestante) como en la New
Advent Encyclopedia (8).
Entre algunos extractos interesantes tenemos:
“Pero en relación con el caso de
los niños, en el cual dices que no deben ser bautizados en el segundo
o tercer día después de su nacimiento, y que la antigua ley
de la circuncisión debe considerarse, por lo cual piensas que alguien
que acaba de nacer debe no ser bautizado y santificado dentro de los
ocho días, todos nosotros pensamos de manera muy diferente
en nuestro Concilio. Porque en este curso que pensabas tomar, nadie
está de acuerdo, sino que todos juzgamos que la misericordia
y gracia de Dios no debe ser negada a ningún nacido de hombre.
Porque como dice el Señor en su Evangelio: «El Hijo del hombre no ha
venido a destruir la vida de los hombres, sino a salvarlas», en la
medida que podamos, debemos procurar que, si es posible, ningún alma
se pierda…
Por otra parte, la fe en las Escritura divina nos declara que todos,
ya sean niños o mayores, tenemos la misma igualdad en los divinos
dones…
Razón por la cual creemos que nadie debe ser impedido de obtener la
gracia de la ley, por la ley en la que fue ordenado, y que la
circuncisión espiritual no debe ser obstaculizada por la circuncisión
carnal, sino que absolutamente todos los hombres tiene que ser
admitidos a la gracia de Cristo, ya que también Pedro en los
Hechos de los Apóstoles, habla y dice: «El Señor me ha dicho que yo
no debería llamar a ningún hombre común o inmundo.» Pero si nada
podría obstaculizar la obtención de la gracia a los hombres, y el más
atroz de los pecados y no puede poner obstáculos a los que son
mayores. Pero si hasta a los más grandes pecadores, y los que habían
pecado en contra de Dios, cuando creen, se les concede la remisión de
los pecados y nadie se ve impedido del bautismo y de la gracia, ¿cuánto
más deberíamos obstaculizar un bebé?, que, siendo recién nacido,
no ha pecado, salvo en que, habiendo nacido de la carne de Adán, ha
contraído el contagio de la muerte antigua en su nacimiento? …
Y por lo tanto, querido hermano, esta era nuestra opinión en el
Concilio, que por nosotros, nadie debe impedirse el bautismo y la
gracia de Dios, que es misericordioso y amable y cariñoso para con
todos. Que, puesto que es a lo observado y mantenido en el respeto de
todos, que nos parece ser aún más respetarse en el caso de los
lactantes…”
San Cipriano de Cartago, Carta 58, a Fido sobre el bautismo de
infantes (9)
Es importante notar que aquí lo que Fido y posiblemente otros presbíteros
pretendían hacer no es negar el bautismo a los niños, tal como un gran
sector del protestantismo hace hoy, sino simplemente retrasarlo para
luego del octavo día de nacido.
Gregorio de Nacianceno
Arzobispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, nacido en Nacianzo,
Capadocia en el año 329, y fallecido en el 389. Célebre por su
elocuencia y por su lucha en su colaboración en la lucha contra el
arrianismo, junto con padres como San Basilio y San Gregorio de Nicea.
Es reconocido como uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia
Griega.
Escribió un bello sermón sobre el bautismo donde se testimonia la fe
de la Iglesia primitiva en que si bien para el adulto es necesaria la fe
para recibir el sacramento, no es así para el niño (quien lo recibe en
virtud de la fe de los padres), por tanto no hay excusa alguna para
postergar el bautismo, ni siquiera en el caso de los niños.
“11. Hagámonos bautizar para vencer.
Tomemos nuestra parte de esas aguas, más detergentes que el hisopo, más
puras que la sangre de las víctimas impuestas por la Ley, más
sagradas que las cenizas de la becerra, cuya aspersión podía ser
suficiente para dar a las faltas comunes una provisoria purificación
corporal, pero no una completa remisión del pecado: ¿Hubiera sido
necesario, sin ello, renovar la purificación de aquellos que la habían
recibido una vez?
Hagámonos bautizar hoy, para no estar obligados a
hacerlo mañana. No retardemos el beneficio como si
nos ocasionase algún problema. No esperemos haber pecado más para
ser, mediante él, perdonados en mayor medida. Eso sería hacer una
indigna especulación comercial a propósito de Cristo. Tomar una
carga mayor de la que podemos llevar es correr el riesgo de perder en
un naufragio, navío, cuerpo y bienes, o sea todo el fruto de la
gracia que no se ha sabido aprovechar…
17… Incluso los niños: no dejéis tiempo a la malicia para
apoderarse de ellos, santificadlos cuando todavía son inocentes,
consagradlos al Espíritu cuando todavía no hayan sacado los dientes.
¡Qué pusilanimidad y qué falta de fe la de las madres que temen al
carácter bautismal por la debilidad de su naturaleza! Antes
de haberlo traído al mundo, Ana dedicó a Samuel a Dios, e,
inmediatamente después de su nacimiento, lo consagró; desde
entonces, lo llevó vestido con un hábito sacerdotal sin ningún
temor de los hombres, a causa de su confianza en Dios.
No hay necesidad, entonces, de amuletos ni encantamientos, medios de
los que se sirve el maligno para insinuarse en los espíritus
demasiado ligeros y tornar en su beneficio el temor religioso hacia
Dios: oponedle la Trinidad, grande y hermoso talismán...
Gregorio Nacianceno, Sermón 40,11-17 (sobre el santo bautismo) (10)
Recomienda como opinión personal que si no están en peligro de morir
esperar a los 3 años hasta que puedan recitar someramente los misterios
de la fe, aunque señala que no es requisito la razón para poder
recibir el sacramento:
“26. Todo esto está bien dicho para
aquellos que solicitan por sí mismos el bautismo, pero ¿qué
podemos decir de los niños, todavía de poca edad, que son incapaces
de darse cuenta del peligro en que están y de la gracia del
sacramento? ¿Se los bautizará también? Ciertamente, en
caso de peligro inmediato es mejor bautizarlos sin su consentimiento
que dejarlos morir sin haber recibido el sello de la iniciación.
Estamos obligados a decir lo mismo que respecto a la práctica
de la circuncisión, la que se realizaba en el octavo día
prefigurando el bautismo y que también se ejercitaba sobre niños
desprovistos de razón. De la misma manera se realizaba la
unción sobre los travesaños de la puerta y que, aun cuando se
tratara de cosas inanimadas, protegía a los primogénitos.
¿Respecto a los demás niños? He aquí mi opinión: esperad a que
lleguen a la edad de tres años, de modo que sean capaces de
comprender y expresar someramente los misterios; a pesar de la
imperfección de su inteligencia, reciben la señal, y su cuerpo, lo
mismo que su alma, se encuentra santificado por el gran sacramento de
la iniciación. Ellos deberán rendir cuenta de sus actos en el
momento preciso en que, en plena posesión de la razón, lleguen al
conocimiento completo del Misterio, pues no serán responsables de las
faltas que les haga cometer la ignorancia propia de su edad. Además,
de todos modos les resulta ventajoso poseer la muralla del bautismo
para protegerse de los peligrosos ataques que caen sobre nosotros y
sobrepasan nuestras fuerzas.
27. Pero, se dirá, Cristo, que es Dios, se hizo bautizar a
los treinta años y tú nos empujas a precipitarnos al bautismo.
Afirmar de ese modo su divinidad, es lo que resuelve la objeción. Él,
la pureza misma, no necesitaba purificación, pero se hizo
purificar por vosotros como por vosotros se hizo carne, pues Dios no
tiene cuerpo. Además, él no corría ningún peligro por
retardar su bautismo, pues podía regular a voluntad su sufrimiento
como había regulado su nacimiento. Para vosotros, por el contrario,
no sería pequeño el peligro, en caso de abandonar el mundo
sin haber recibido, a vuestro nacimiento, más que una vida
perecedera, sin estar revestidos de incorruptibilidad.”
Gregorio Nacianceno, Sermón 40,26-27 (sobre el santo bautismo)
(11)
San Juan Crisóstomo

Patriarca de Constantinopla y doctor de la Iglesia, nacido en Antioquía,
Siria en el año 347, es considerado uno de los cuatro grandes Padres de
la Iglesia de Oriente. En la Iglesia Ortodoxa griega es reconocido como
uno de los más grandes teólogos y uno de los tres Pilares de la
Iglesia, juntamente con San Basilio y San Gregorio.
“¡Dios sea loado! El, que produce tales
maravillas. ¿Ves cuan múltiple es la gracia del bautismo? Algunos sólo
ven en ella la remisión de los pecados, mientras que nosotros podemos
alinear diez dones de honor. Por esta razón bautizamos también a los
niños de poca edad, cuando todavía no han comenzado a pecar, para
que reciban la santidad, la justicia, la filiación, la herencia, la
fraternidad de Cristo, para que se conviertan en miembros y morada del
Espíritu Santo.”
San Juan Crisóstomo, Sermón a los neófitos, 1(12)
San Basilio el Grande

Preeminente obispo de Cesárea y doctor de la Iglesia, nacido en el año
330 y fallecido en el 379, es reconocido como uno de los cuatro grandes
Padres de la Iglesia de Oriente, junto con San Atanasio, San Gregorio
nacianceno y San Juan Crisóstomo.
“Hay un tiempo conveniente para cada cosa:
un tiempo para el sueño y otro para la vigilia, un tiempo para la
guerra y un tiempo para la paz. Sin embargo, el tiempo del bautismo
absorbe toda la vida del hombre. Si no es posible al cuerpo vivir sin
respirar, mucho menos lo será para el alma subsistir sin conocer a su
creador. La ignorancia de Dios es la muerte del alma. Aquel
que no ha sido bautizado tampoco ha sido iluminado. Así como sin luz,
la vista no puede examinar aquello que le interesa, del mismo modo, el
alma no puede contemplar a Dios. Además, todo tiempo es favorable
para lograr la salvación por medio del bautismo, ya se trate
de la noche o del día, de una hora o de un menor espacio de tiempo,
por muy breve que sea. Seguramente, la fecha que se aproxima, es, en
mayor medida, la más apropiada. ¿Qué época podría ser, en efecto,
más adecuada para el bautismo que el día de Pascua? Pues ese día
conmemora la resurrección, y el bautismo es una fuente de energía
para lograr la resurrección.
Por esta razón, la Iglesia convoca desde hace mucho tiempo a
sus “niños de pecho,” en una sublime proclamación, a
fin de que aquellos a quienes ella dio a luz en el dolor, colocándolos
en el mundo después de haberlos alimentado con la leche de la enseñanza
de la catequesis, gusten del alimento sólido de sus dogmas.”
San Basilio el Grande, Protríptico del Santo Bautismo, 1(13)
El pelagianismo, primera herejía en
rechazar el bautismo de niños.
Pero fue en el siglo V donde apareció la primera herejía que negaría
la necesidad del bautismo incluyendo el bautismo de infantes. Fue de Pelagio,
un monje influenciado por las doctrinas paganas (especialmente del estoicismo).
Minimizaba la eficacia de la gracia y consideraba que la voluntad, con
su libre albedrio, puede alcanzar por sí sola la santidad. Para los
pelagianos no existía ningún pecado original, pensaban que si Adán no
fue creado inmortal por lo que hubiera muerto aunque no hubiera pecado,
y que los niños se encuentran en el mismo estado de Adán antes de su
caída, por lo que no contraían ningún pecado original. Al negar el
pecado original por consecuencia veía el bautismo de niños como
innecesario.
Luego de hacerse monje Pelagio viaja a Roma antes del año 400. Luego de
que Roma fuera conquistada y saqueada por los godos parte para Cartago y
luego a Jerusalén acompañado de Celestio, otro partidario del
pelagianismo quien le ayuda de forma eficiente a propagar sus doctrinas.
Dieciocho obispos incluyendo a Juliano de Eclana se adhirieron al
pelagianismo, San Agustín combate la herejía tenazmente. Los obispos
pelagianos son privados de sus sedes y son condenados por los concilios
africanos de Cartago y Milevis (años 411, 412 y 416) los cuales
sentencian:
“Igualmente plugo que quienquiera niegue que
los niños recién nacidos del seno de sus madres, no han de ser
bautizados o dice que, efectivamente, son bautizados para remisión de
los pecados, pero que de Adán nada traen del pecado original que haya
de expiarse por el lavatorio de la regeneración; de donde
consiguientemente se sigue que en ellos la fórmula del bautismo
“para la remisión de los pecados”, ha de entenderse no verdadera,
sino falsa, sea anatema. Porque lo que dice el Apóstol: Por un solo
hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así a
todos los hombres pasó, por cuanto en aquél todos pecaron [cf. Rom.
5, 12], no de otro modo ha de entenderse que como siempre lo entendió
la Iglesia Católica por el mundo difundida. Porque por esta regla de
la fe, aun los niños pequeños que todavía no pudieron cometer ningún
pecado por sí mismos, son verdaderamente bautizados para la remisión
de los pecados, a fin de que por la regeneración se limpie en ellos
lo que por la generación contrajeron.”
II Concilio Milevis, 416 y XVI Concilio de Cartago, 418, aprobados por
los papas San Inocencio I y San Zósimo, del Pecado Original y de la
gracia, canon 2 (14)
Sin embargo, los pelagianos se niegan a someterse a los concilios. Los
concilios escriben al Papa para que apruebe las decisiones de estos
concilios locales, lo cual hace el Papa Inocencio I. San Agustín con la
sentencia de la Sede Apostólica (Roma) da el caso por terminado, sin
embargo luego de la muerte del Papa Inocencio, Celestio hace ante el
Papa Zósimo una confesión de fe que estuvo a punto de confundirle,
pero este confirma las sentencias de su predecesor. Posteriormente el
concilio de Éfeso en el año 431 volvió a condenar al pelagianismo que
intentaba propagarse ahora por Inglaterra.
San Agustín.

Obispo de Hipona y doctor de la iglesia, es reconocido como uno de los
cuatro doctores más reconocidos de la Iglesia Latina. Nació en el 354
y llegó a ser obispo de Hipona durante treinta y cuatro años. Combatió
duramente todas las herejías de la época y murió el año 430. Los
textos en contra del pelagianismo son abundantes, por lo cual por cuestión
de espacio citaré solo unos pocos en los cuales profundiza en la
necesidad de bautizar infantes para purificarles del pecado original.
“El bautismo de los párvulos de Padres
cristianos.
A causa de esta concupiscencia, ni siquiera del matrimonio justo y legítimo
de hijos de Dios nacen hijos de Dios. Porque los que engendran, aunque
ya hayan sido regenerados, no engendran como hijos de Dios, sino como
hijos del siglo. En efecto, tal es la sentencia del Señor: «Los
hijos de este siglo engendran y son engendrados». En cuanto somos
todavía hijos de este siglo, nuestro hombre interior se corrompe. Por
esta razón, ellos son engendrados también hijos de este mundo, y no
serán hijos de Dios si no son regenerados. Pero, en cuanto
somos hijos de Dios, el hombre interior se renueva de día en día, y
también el hombre exterior, por el baño de regeneración, es
santificado y recibe la esperanza de la futura incorrupción, por lo
que con toda razón es llamado templo de Dios…”
San Agustín, El Matrimonio y la concupiscencia, Libro I, XVIII, 20(15)
“Todo el que niega que los niños son arrancados, al ser
bautizados, de esta potestad de las tinieblas, de las que el
diablo es el príncipe, es decir, de la potestad del diablo y de sus
ángeles, es refutado por la verdad de los mismos sacramentos
de la Iglesia. Ninguna novedad herética puede cambiar o
destruir algo en la Iglesia de Cristo, ya que la cabeza dirige y ayuda
todo su cuerpo, tanto a los pequeños como a los grandes”
San Agustín, El Matrimonio y la concupiscencia, Libro I, XX, 22
(16)
“En efecto, desde que fue instituida la circuncisión, en el
pueblo de Dios, que era entonces la señal de la justificación por la
fe, tenía valor par significar la purificación del pecado original
antiguo también para los párvulos, por lo mismo que el bautismo
comenzó a tener valor también para la renovación del hombre desde
el momento en que fue instituido. No que antes de la circuncisión no
hubiese justicia alguna por la fe- porque el mismo Abrahán, padre de
las naciones que habían de seguir su misma fe, fue justificado por la
fe cuando todavía era incircunciso-, sino que el sacramento de la
justificación por la fe estuvo oculto del todo en los tiempos más
antiguos. Sin embargo, la misma fe en el Mediador salvaba a los
antiguos justos, pequeños y grandes”
San Agustín, El Matrimonio y la concupiscencia, Libro II, XI, 24
(17)
La reforma protestante y el movimiento
anabaptista

Seria siglos después donde ya no serian los pelagianos sino un
movimiento completamente distinto, y nacido en Zurich dentro de la misma
reforma protestante en el contorno inmediato del reformador Ulrico
Zuinglio donde otro movimiento se levantaría en contra del bautismo de
los niños. A los partidarios de este movimiento se les denominó
anabaptistas (o baptistas).
El nacimiento de este movimiento se remonta al año 1523 cuando llega a
Zurich la reforma. No pasaría mucho tiempo para que comenzaran las
divisiones dentro del protestantismo. Se separan de Zuinglio varios
grupos de protestantes anteriormente colaboradores para formar una
comunidad independiente de la tutela de la autoridad civil. Entre estos
se contaban Conrado Grebel (1498-1426
begin_of_the_skype_highlighting 1498-1426 end_of_the_skype_highlighting),
Feliz Mantz (1500-1527) entre otros. Comenzaron a desarrollar la idea de
que solo los que creen rectamente y llevan conducta recta son miembros
de la Iglesia, por lo que según su opinión el bautismo de niños no
podía ser ni siquiera considerado como bautismo, y era por tanto
invalido. Los anabaptistas comenzaron entonces a hacerse rebautizar
rechazando la validez de su primer bautismo y alegando que solo aquellos
que pudieran expresar conscientemente su fe en Cristo podían ser
bautizados.
En el año 1524 Grebel rechaza que su nuevo hijo sea bautizado lo que
ocasiona un conflicto con el consejo de Zurich, en enero de 1525 el
consejo dispone que sea expulsando de la cuidad quien en el plazo de
ocho días no bautizara a su hijo. Se les prohíbe predicar a Grebel y
Mantz, sin embargo (18), dado que el protestantismo había rechazado la
autoridad de la Iglesia a instancia de la libre interpretación de la
Biblia, este nuevo movimiento no tenía porque someterse a las nuevas
autoridades protestantes. Se había abierto la caja de pandora, y de aquí
en adelante no habría manera de que el protestantismo mantuviera unidad
doctrinal.
Es en este contexto donde las inquisiciones protestantes hicieron su
aparición. A pesar de que se sirvieron de la tortura y el 7 de Marzo de
1526 se decretara pena de muerte a todo el que realizara un segundo
bautismo, les fue imposible contener a los anabaptistas (lo mismo
sucedería con cada nueva denominación protestante) Comenzaron así las
ejecuciones de anabaptistas, entre ellas las más sonadas las de Félix
Mantz, (por muerte de agua), Jorg Blaurock y Miguel Sattler (quemados
vivos). Las victimas continuaron, pero el anabaptismo se propagó
llegando incluso a Alemania, la tierra de Lutero, y a los países
reformados, donde la palabra de Calvino era ley.
Prohibidos en regiones católicas como protestantes, surgen distintos
grupos anabaptistas (menonitas, hutterianos), algunos pacificos, otros
no tanto. Uno de los líderes de estos grupos violentos anabaptistas fue
Tomas Müntzer, quien luego de haber sido seguidor de Lutero termino
siendo su férreo enemigo. Liderizó grupos de campesinos que si bien
comenzaron haciendo reclamaciones justas, y buscaron el apoyo moral de
Lutero, terminaron por tomar el camino de la violencia cuando éste
terminó por darles la espalda. Es aquí cuando Lutero escribe «Contra
las cuadrillas de bandidos y asesinos de los campesinos»
(WA 18, 357-361) donde exhorta a los príncipes a realizar una matanza
de campesinos en público o privado, que culmina en una grotesca
masacre.
Al pasar del tiempo la tendencia anabaptista fue penetrando en distintas
denominaciones protestantes, encontrando sus tendencias referentes al
bautismo incluso en denominaciones no anabaptistas (pentecostales,
metodistas) pero rechazados por otras (calvinistas, luteranos,
reformados). La división ha llegado a ser tal, que he llegado a saber
de comunidades eclesiales luteranas que rechazan el bautismo de infantes
(aunque vendrían siendo la excepción y no la regla).
Entre algunas confesiones protestantes rechazando las doctrinas
anabaptistas podemos mencionar:
“ El bautismo: “Enseñamos que el Bautismo
es necesario para la salvación y que por el Bautismo se nos da la
gracia divina. Enseñamos también que se deben Bautizar los
niños y que por este Bautismo son ofrecidos a Dios y reciben
la gracia de Dios. Es por esto que condenamos a los Anabaptistas que
rechazan el Bautismo de los niños.”
Confesión de Augsburgo 1530 Artículo 9 (Iglesias Luteranas)
“No sólo han de ser bautizados los que de hecho profesan fe
en Cristo y obediencia a EL, sino también los niños
hijos de uno o de ambos padres creyentes.”
Confesión de Westminster 28.IV (Iglesias reformadas)
“Pregunta: ¿Se ha de bautizar también a los niños?
Respuesta: Naturalmente, porque están comprendidos, como los adultos,
en el pacto, y pertenecen a la iglesia de Dios (a). Tanto a
éstos como a los adultos se les promete por la sangre de Cristo, la
remisión de los pecados (b) y el Espíritu Santo, obrador de la fe ©;
por esto, y como señal de este pacto, deben ser incorporados a la
Iglesia de Dios y diferenciados de los hijos de los infieles (d), así
como se hacía en el pacto del Atiguo Testamento por la circuncisión
(e), cuyo sustito es el Bautismo en el Nuevo Pacto (f).a. Gén.
17:7.-b. Mateo 19:14.-c. Luc. 1:15; Salmo 22:10; Isaías 44:1-3;
Hechos 2:39.-d. Hechos 10:47.-e Gén.17:14.-f. Col. 2:11-13.
Catecismo de Heidelberg pregunta 74. (Iglesias reformadas)
“Nos oponemos a los anabaptistas, los cuales no aceptan el
bautismo infantil de los hijos de los creyentes. Pero según
el Evangelio, «el reino de Dios es de los niños», y estos están
incluidos en el pacto de Dios. ¿Por qué, pues, no deben recibir la
señal del pacto de Dios? ¿Por qué no deben ser consagrados por el
santo bautismo, teniendo en cuenta que ya pertenecen a la Iglesia y
son propiedad de Dios y de la Iglesia? Igualmente desechamos las demás
doctrinas de los anabaptistas que contienen pequeños hallazgos
propios y contrarios a la Palabra de Dios. Resumiendo: No somos
anabaptistas y con ellos no tenemos nada en común. “
Confesión Helvética (Antigua confesión protestante de 1566)
“Por esta razón, creemos, que quien desea entrar en la vida eterna
debe ser bautizado una vez con el único Bautismo sin repetirlo jamás;
porque tampoco podemos nacer dos veces. Mas este Bautismo es útil no
sólo mientras el agua está sobre nosotros, sino también todo el
tiempo de nuestra vida. Por tanto, reprobamos el error de los
Anabaptistas, quienes no se conforman con un solo bautismo que una vez
recibieron; y que además de esto, condenan el bautismo de los niños
de creyentes; a los cuales nosotros creemos que se ha de bautizar y
sellar con la señal del pacto, como los niños en Israel
eran circuncidados en las mismas promesas que fueron hechas a nuestros
hijos. Y por cierto, Cristo ha derramado su sangre no menos para lavar
a los niños de los creyentes, que lo haya hecho por los adultos. Por
lo cual, deben recibir la señal y el Sacramento de aquello que Cristo
hizo por ellos; conforme el SEÑOR en la Ley mandó participarles el
Sacramento del padecimiento y de la muerte de Cristo, poco después
que hubieran nacido, sacrificando por ellos un cordero, lo cual era un
signo de Jesucristo. Por otra parte, el Bautismo significa para
nuestros hijos lo mismo que la Circuncisión significaba pata el
pueblo judío; lo cual da lugar a que san Pablo llame al Bautismo
“la circuncisión de Cristo”
Confesión Bélgica 1619 Artículo 34 (La Confesión Reformada de los
Paises Bajos y de varias iglesias reformadas actuales, de 1619)
Los anglicanos también rechazaron el anabaptismo:
“Del Bautismo. El Bautismo no es solamente
un signo de la profesión y una nota de distinción, por la que se
identifican los Cristianos de los no bautizados; sino también es un
signo de la Regeneración o Renacimiento, por el cual, como por
instrumento, los que reciben rectamente el Bautismo son injertos en la
Iglesia; las promesas de la remisión de los pecados, y la de nuestra
Adopción como Hijos de Dios por medio del Espíritu Santo, son
visiblemente señaladas y selladas; la Fe es confirmada, y la Gracia,
por virtud de la oración a Dios, aumentada. El Bautismo de
los niños, como más conforme con la institución de Cristo, debe
conservarse enteramente en la Iglesia.”
Los 39 Artículos de la religión, (Confesión doctrinal histórica de
la Iglesia Anglicana) Capítulo 27.
Juan Calvino en su obra “Institución de la Religión Cristiana”
dedica una sección a refutar el anabaptismo. Puede consultarla aquí
Referencias
(1) Texto en inglés en
http://www.ccel.org/print/schaff/anf01/ix.viii.xxxiv
http://www.newadvent.org/fathers/0134.htm
(2) Tomado de la edición preparada por la Conferencia del Episcopado
Mexicano en el año jubilar 2000
(3) Patrología I, Johhanes Quasten, pág. 189
(4) El Bautismo, Selección de textos patrísticos, traducción y notas
Enrique Contreras osb. Editorial Patria Grande, pág. 41
(5) Ibid pág. 43
(6) Patrología I, Johhanes Quasten, pág. 189
(7) El Bautismo, Selección de textos patrísticos, traducción y notas
Enrique Contreras osb. Editorial Patria Grande, pág. 45,47
(8) http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.iv.lviii
http://www.newadvent.org/fathers/050658.htm
(9) Traducido desde http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.iv.lviii
http://www.newadvent.org/fathers/050658.htm
(10) El bautismo según los padres griegos, Adaptación Pedagógica: Dr.
Carlos Etchevarne, Bach. Teol., pág. 14, 16-17
Texto en inglés en http://www.ccel.org/print/schaff/npnf207/iii.xxiii
http://www.newadvent.org/fathers/310240.htm
(11) Ibid pág. 22-23
Texto en inglés en http://www.ccel.org/print/schaff/npnf207/iii.xxiii
http://www.newadvent.org/fathers/310240.htm
(12) Ibid pág. 57
(13) Ibid pág. 4
(14) Denzinger ENRIQUE, El Magsiterio de la Iglesia, Manual de Símbolos,
Definiciones y Declaraciones de la Iglesia en materia de fe y
costumbres, versión directa de los textos originales, por Daniel Ruiz
Bueno, Editorial Herder 1963, pág. 39
(15) Obras completas de San Agustín, Tomo XXXV, Escritos antipelagianos
(3.°), Réplica a Juliano, BAC 457, pág. 272
(16) Ibid pág. 276
(17) Ibid pág. 332
(18) Para una historia más detallada del movimiento anabaptista puede
consultar: Manual de Historia de la Iglesia, por Hubert Jedim, Tomo V,
Editorial Herder
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