Benedicto XVI tiene un padre: Romano Guardini
El joven Ratzinger lo tuvo como maestro y desde entonces no ha cesado
de inspirarse en su pensamiento. A cuarenta años de la desaparición
del gran intelectual ítalo-germano, un análisis de su influencia sobre
el Papa actual
por Sandro Magister
ROMA, 1 de octubre de 2008 – Este mismo día, cuarenta años atrás,
en Munich de Baviera fallecía Romano Guardini (1885-1968), el filósofo
y teólogo ítalo-germano a quien su biógrafa Hanna-Barbara Gerl definió
como "un Padre de la Iglesia del siglo XX".
Los libros de Guardini han nutrido la parte más viva del pensamiento
católico del siglo XX. Entre sus alumnos hubo uno en especial, quien
hoy es Papa. Se trata de Joseph Ratzinger, que cuando era estudiante y
contaba con un poco más de veinte años, pudo no sólo leer sino también
escuchar en vivo a aquél a quien él eligió como su gran
"maestro".
Como teólogo, como cardenal y también como Papa, Ratzinger ha
confesado muchas veces en sus libros que quería continuar recorriendo
las sendas abiertas por Guardini. En "Jesús de Nazareth"
declara desde los primeros renglones que tiene en mente un clásico de
su maestro: "El Señor". Y en la "Introducción al espíritu
de la liturgia " muestra ya desde el título que se inspira en una
obra maestra del mismo Guardini: "El espíritu de la
liturgia".
A los cuarenta años de su desaparición, en Italia, en Alemania y en
otros países europeos le serán dedicados simposios, seminarios y
congresos que buscarán analizar su extraordinaria contribución al
pensamiento filosófico y teológico.
Pero uno de los campos más interesantes para explorar es el
entrecruzamiento entre la biografía y el pensamiento de Guardini y los
del actual Pontífice.
Es lo que hace en el ensayo que sigue uno de los mayores expertos en la
materia, Silvano Zucal, profesor de filosofía en la Universidad de
Trento y responsable de la edición crítica integral de las obras de
Guardini, editadas en Italia por Morcelliana.
El artículo ha sido publicado en el último número de "Vita e
Pensiero", la revista de la Universidad Católica de Milán.
Ratzinger y Guardini, un encuentro decisivo
por Silvano Zucal
En este ensayo queremos poner la atención en el vínculo entre Romano
Guardini y Joseph Ratzinger, el ahora Papa Benedicto XVI. Él ha
definido a Guardini como “una gran figura, intérprete cristiano del
mundo y de la propia época" y vuelve con frecuencia a Guardini en
casi todos sus escritos.
En realidad, para Ratzinger la voz de Guardini es todavía actual, y que
en el peor de los casos resulta ser nuevamente audible. En efecto, el
pensador ítalo-germano no ha escrito solamente muchos libros que han
sido traducidos a muchas lenguas, sino que en su época llegó a formar
a toda una generación, la generación a la que el mismo Pontífice se
siente perteneciente.
Antes de adentrarnos por completo en la visión de Guardini, retomada
por el actual Pontífice, detengámonos en el sorprendente
entrecruzamiento biográfico de las dos personalidades.
En el viaje de Benedicto XVI a Verona, el 19 de octubre de 2006, ha
salido a la luz un “encuentro” particular entre los dos. En efecto,
no se puede olvidar que Verona es la ciudad en la que nació Guardini el
17 de febrero de 1885. Profundamente conmovido, el Papa recibió como
regalo precisamente en Verona una copia del acta bautismal de Guardini,
cuyo bautismo se celebró en la iglesia de San Nicolò all¿ Arena. En
este sentido, hay un singular entrecruzamiento de destinos entre Romano
Guardini y Joseph Ratzinger. Desde los primeros años de su infancia
Guardini se mudará de Italia y por formación intelectual y espiritual
se convertirá en “alemán”. Luego de los años de enseñanza en
Berlín, desde 1923 hasta 1939, en la segunda posguerra, luego de los
tres años de docencia en Tubinga, desde 1945 hasta 1948, enseñará en
forma ininterrumpida "christliche Weltanschauung", visión
cristiana del mundo, en Munich de Baviera. La ciudad que eligió
Guardini es en consecuencia justamente Munich, donde fallecerá
precisamente en 1968.
Ratzinger recorrerá exactamente el camino inverso. Luego de la enseñanza
de dogmática y de teología fundamental en la Escuela superior de
Freising, continuará su actividad docente en Bonn (1959-1969), la
ciudad de la formación y de los comienzos de la actividad docente de
Guardini, en Münster (1963-1966), y por último en Tubinga durante un
trienio (1966-1969), como le ocurrirá también al mismo Guardini. Pero
a partir de 1969 Ratzinger enseña dogmática e historia de los dogmas
en la Universidad de Ratisbona, hasta que el 25 de marzo de 1977 el Papa
Pablo VI lo nombrará arzobispo de Munich-Freising. Al igual que para
Guardini, Münich parecía también para Ratzinger la etapa definitiva.
Pero los dos caminos se diferenciaron. Si el filósofo veronés será
llamado para siempre al norte, a la ciudad de Munich que él tanto
amaba, porque la sentía como una especie de ciudad-síntesis en la que
también su alma italiana podía encontrarse como si estuviera en su
casa, el teólogo alemán por su parte tendrá al sur como destino. Y no
volverá jamás a casa, aun cuando el deseo de retornar a su Baviera era
imperioso y parecía que podía ser satisfecho. Roma e Italia se
convertirán en su definitiva "patria" espiritual.
Más allá de estos itinerarios, a la vez entrecruzados y opuestos en
sus direcciones, estas dos figuras extraordinarias tendrán forma de
encontrarse también personalmente. Ratzinger será no solamente lector
de Guardini, sino también en algunas ocasiones “oyente”, como lo
había sido en Berlín también el gran teólogo Hans Urs von Balthasar.
En los años que van de 1946 a 1951 – precisamente los años en los
que Ratzinger estudió en la Escuela superior de Filosofía en Freising,
en las inmediaciones de la capital bávara, y luego en la Universidad de
Munich – Guardini asume en esta misma ciudad, en la universidad y en
la Iglesia de Munich, el rol de liderazgo intelectual y espiritual que
todos le reconocen. Para Ratzinger, en ese momento con poco más de
veinte años, la fascinación de una figura como la de Guardini es
indiscutible y marcará fuertemente su mismo perfil intelectual. Cuando
a partir de 1952 él comienza su actividad docente en la mismísima
Escuela de Freising donde había sido estudiante, el eco de las
lecciones de Guardini llegaba con fuerza a la pequeña ciudad, que
respiraba cuanto aire cultural e intelectual había en la vecina capital
bávara. El vínculo intelectual entre el futuro Papa y el “maestro”
se hizo extraordinariamente intenso.
En efecto, son muchísimos los elementos que vinculan estrechamente a
los dos pensadores, quienes se convertirán posteriormente en figuras
decisivas de la Iglesia del siglo XX. Si uno llegará a ser cardenal y
luego Papa, también a Guardini se le ofrecerá el cardenalato, al que
renunciará. Ambos se preocupan por reencontrar lo esencial del
cristianismo, buscando responder a la provocación de Feuerbach.
Guardini escribirá sobre esto en 1938 la espléndida obra que lleva por
título "La esencia del cristianísimo”, mientras que Ratzinger
dedicará al tema su "Introducción al cristianismo", escrita
en 1968, indudablemente su obra más célebre y también, quizás
probablemente, la más importante.
De la misma manera, también los vinculan estrechamente la preocupación
por la Iglesia, su sentido y su destino. Si Guardini profetizaba en 1921
que “ha comenzado un proceso de gran alcance: la Iglesia despierta en
las almas", en forma más dramática Ratzinger planteaba con igual
radicalidad el problema eclesiológico, a partir del cual él sostenía
que la tesis guardiniana se había invertido: "El proceso de gran
alcance es que la Iglesia se apaga en las almas y se diluye en las
comunidades".
En este sentido, basta pensar en la gran resonancia que tuvo la
intervención que tan profundamente impactó, pronunciada por Ratzinger
el 4 de junio de 1970 en la Academia Católica de Bayern, en Münich,
frente a miles de personas, sobre el tema "¿por qué hoy esto
todavía en la Iglesia?". Él dijo entonces: “estoy en la Iglesia
por los mismos motivos por los que soy cristiano: porque no se puede
creer como si fuésemos individuos aislados. Se puede ser cristiano únicamente
en la Iglesia, no junto a ella".
Análoga es también la preocupación de los dos por el futuro de una
Europa que tiende a repudiar su pasado. Basta pensar en las lecciones de
Guardini sobre Europa y las intervenciones de Ratzinger, quien también
como Papa ha querido recordar el sentido de Europa y de sus raíces,
considerando a Europa “una herencia vinculante para los cristianos”.
LA CUESTIÓN LITÚRGICA
Un punto crucial de encuentro entre el actual Papa y Guardini es
indudablemente la liturgia. Ambos están unidos en la pasión común por
ella. Para poner en claro su deuda respecto a Guardini, Ratzinger tituló
a su libro sobre el tema litúrgico, publicado en la fiesta de san Agustín
de 1999 y que tuvo un éxito extraordinario (4 ediciones en un año),
"Introducción al espíritu de la liturgia", recordando
precisamente el célebre "El espíritu de la liturgia" de
Guardini, publicado en 1918.
Escribe el mismo Ratzinger en la premisa a su libro: "Una de mis
primeras lecturas luego del inicio de mis estudios teológicos, al
comienzo de 1946, fue la opera prima de Romano Guardini, 'El espíritu
de la liturgia', un pequeño libro publicado en la Pascua de 1918 como
volumen inaugural de la colección 'Ecclesia orans', a cargo del abad
Herwegen, muchas veces reeditada hasta 1957. Con justa razón, esta obra
puede ser considerada como el inicio del movimiento litúrgico, ya que
contribuyó de manera decisiva a hacer que la liturgia, con su belleza,
su riqueza oculta y su grandeza que trasciende al tiempo, fuese
redescubierta como centro vital de la Iglesia y de la vida cristiana.
Dio su contribución para que la liturgia se celebre en forma
‘esencial’ (término tan apreciado por Guardini); la quiso
comprender a partir de su naturaleza y de su forma interior, como oración
inspirada y guiada por el mismo Espíritu Santo, en la que Cristo sigue
haciéndose contemporáneo a nosotros, irrumpiendo en nuestra
vida".
Y prosigue la comparación. Ratzinger parangona su propio intento con el
de Guardini y lo considera del todo coincidente en lo espiritual, aunque
en un contexto histórico radicalmente diferente: "Quiero arriesgar
un paralelismo, que como todos los paralelismos es en gran parte
inadecuado, pero que ayuda a comprender. Se podría decir que la
liturgia era hasta ese entonces — en 1918 — en ciertos aspectos
similar a un fresco que se ha conservado intacto, pero que estaba casi
tapado por una cobertura exterior: en el Misal, con el que el sacerdote
celebraba la liturgia, su forma esta plenamente presente, tal como se
había desarrollado desde los orígenes, pero para los creyentes estaba
escondida en gran parte por instrucciones y formas de oración de carácter
privado. Gracias al movimiento litúrgico y — de manera definitiva —
gracias al Concilio Vaticano II, el fresco fue sacado a luz y por un
momento nos quedamos todos fascinados por la belleza de sus colores y de
sus figuras".
Pero luego de la limpieza del fresco, el problema del "espíritu de
la liturgia" hoy vuelve a ser propuesto por Ratzinger. Manteniendo
la metáfora: para el actual Papa, diversas y equivocadas tentativas de
restauración o de reconstrucción, preocupación acercada por la masa
de visitadores, han hecho que el fresco haya sido puesto gravemente en
peligro y con el peligro de arruinarse si no se toman las medidas
necesarias para poner fin a tales influencias dañinas. Para Ratzinger,
no se trata de volver al pasado. En efecto, él dice: «Naturalmente, no
se debe volver a taparlo, sino que es indispensable una nueva comprensión
del mensaje litúrgico y de su realidad, de tal forma que el haberlo
llevado a la luz no representa el primer paso de su ruina definitiva.
Este libro querría representar precisamente una contribución a tal
comprensión renovada. Sus intenciones coinciden entonces
sustancialmente con lo que Guardini se había propuesto en su momento;
por eso he elegido a propósito un título que recuerda expresamente ese
clásico de la teología litúrgica". Y también en el desarrollo
del texto, sobre todo en el primer capítulo, él confronta las tesis de
Guardini y su célebre definición de la liturgia como
"juego".
En la intervención conmemorativa de 1985, Ratzinger se detenía a su
vez en la fundación histórico-filosófica de la renovación litúrgica
propuesta por Guardini. En la obra "Formazione liturgica"
[Formación litúrgica] de 1923 el filósofo saludaba con espíritu
liberador el fin de la época moderna, ya que ésta había representado
la ruina del ser humano y, más en general, del mundo, una brecha
esquizofrénica entre una espiritualidad desencarnada y mentirosa y una
materialidad embrutecida que es solamente un instrumento en las manos
del hombre y de sus objetivos. Se aspiraba al "espíritu puro"
y se cayó en lo abstracto, en el mundo de las ideas, de las fórmulas,
de los aparatos, de los mecanismos y de las organizaciones. El
alejamiento de lo moderno coincidía en Guardini – subrayaba Ratzinger
– con el entusiasmo orientado al paradigma medieval bien ejemplificado
en el libro del mártir del nazismo Paul Ludwig Lansberg, "Il
Medioevo e noi" [El Medioevo y nosotros], publicado en 1923. Para
Guardini, esto no significaba abandonarse a un romanticismo del
Medioevo, sino recoger la lección permanente. En el acto litúrgico está
el verdadero auto-cumplimiento del cristiano, por eso en la lucha por el
símbolo y por la liturgia lo que está en juego – comenta Ratzinger
sobre la estela de la lección de Guardini – es el devenir mismo del
hombre en su dimensión esencial.
El futuro Papa se detendrá luego también en las afirmaciones
expresadas por Guardini en su famosa carta enviada en 1964 a los
participantes al tercer Congreso Litúrgico de Maguncia, que contenía
la célebre pregunta: "¿El acto litúrgico, y con él sobre todo
lo que se llama 'liturgia', está quizás tan vinculado históricamente
a la Antigüedad o al Medioevo que por honestidad se lo debería
abandonar hoy del todo?". Ésta era una pregunta que en realidad
escondía un interrogante dramático: ¿el hombre del futuro estará
todavía en condiciones de cumplir el acto litúrgico que requiere un
sentido simbólico-religioso ya en extinción, más que la sola
obediencia de la fe?
Ya sin el pathos optimista de la primera hora, Guardini entreveía el
rostro de lo postmoderno con rasgos bien diferentes de los deseados
anteriormente por él. Se trataba de un verdadero y auténtico shock
espiritual, causado por la civilización técnica que invade todo, como
ya lo atestiguaron sus "Cartas del Lago de Como", publicadas
en 1923. Por eso, subraya Ratzinger, "a pesar de la alegría
producida por la reforma litúrgica del Concilio desarrollada a partir
de su trabajo, algunas de las dificultades de los últimos tiempos se
encuentran explicitadas en su carta de 1964. Guardini exhorta a los
liturgistas reunidos en Maguncia a tomar en serio el alejamiento de los
que consideran a la liturgia como ya no exigible y a reflexionar sobre
que se puede hacer para que se acercan a ella, si la liturgia es
esencial".
LA OPCIÓN TEOLÓGICA FUNDAMENTAL
Guardini, recuerda Ratzinger, se encontró sumergido de lleno en el
drama de la crisis modernista. ¿Cómo salió de ella? Fiel a la lección
de su primer maestro, el teólogo de Tubinga Wilhelm Koch, pero atento
también a los límites y a los riesgos de esa perspectiva, se orientó
hacia la búsqueda de un nuevo fundamento y lo encontró a partir de su
conversión. "La breve escena — subraya el futuro Papa — de cómo
Guardini, luego de la pérdida de la fe, ingresa de nuevo en ella, tiene
algo de grande y emocionante, justamente en la modestia y simplicidad
con la que él describe el proceso. La experiencia de Guardini en la
buhardilla y sobre el balcón de la casa de sus padres muestra una
semejanza verdaderamente asombrosa con la escena del jardín en el que
san Agustín y Alipio encontraron la aparición de la propia vida. En
ambos casos entreabre la parte más interior de un hombre, pero al mirar
el interior de lo que es más personal y más oculto o al escuchar el
latido del corazón de un hombre se percibe de golpe el repicar de
campanas de la historia más grande, porque es la hora de la verdad,
porque un hombre ha encontrado la verdad".
Un encuentro ya no con Dios entendido en sentido universal, sino con
"el Dios concreto". Ratzinger destaca que en ese momento
Guardini comprendió que tenía a la mano toda su vida entera, y contó
con ella y más bien tuvo que disponerse a hacerlo. La elección fue la
de dar su vida a la Iglesia, y es de aquí que viene su opción teológica
fundamental: "Guardini estaba convencido que sólo libera el pensar
con el sujeto Iglesia y, sobre todo, hace posible la teología. Programa
que hoy es nuevamente actual y debe ser tomado en consideración en la
forma más profunda, como petición a la teología moderna".
Para Guardini, un conocimiento teológico constructivo no puede
realizarse nunca cuando la Iglesia y el dogma aparecen solamente
"como límite y cierre". De aquí su lema, provocador desde el
punto de vista teológico: "nosotros éramos decididamente
no-liberales", lema que alude al hecho que para él la Revelación
divina se ponía como criterio último, como “hecho originador” del
conocimiento teológico, y la Iglesia era “su portadora”.
El dogma se convertía así en el ordenamiento fecundo del pensamiento
teológico. Fundamento efectivo de su teología fue entonces la
experiencia de la conversión, que para Guardini constituyó la superación
del espíritu moderno y, en especial, su derivación subjetivista
post-kantiana. Para nuestro pensador, entonces, "al comienzo no está
la reflexión, sino la experiencia. Todo lo que se presentó más tarde
como contenidos, está desarrollado a partir de esta experiencia
originaria".
Al describir la estructura fundamental del pensamiento de Guardini, el
futuro Papa se detiene sobre las que, a su entender, constituyen las
categorías principales en el interior de la unidad de la liturgia, de
la cristología y de la filosofía.
Ante todo, el “vínculo entre pensamiento y ser”. Es un vínculo que
implica la atención hacia la verdad misma, la búsqueda del ser detrás
del hacer. Basta pensar en las palabras pronunciadas por Guardini en su
lección de prueba en Bonn: “el pensamiento parece querer de nuevo
dirigirse en actitud adorante hacia el ser". Sobre la estela de
Nicolai Hartmann, de Edmund Husserl y, sobre todo, de Max Scheler, para
Ratzinger la propuesta de Guardini expresaba "el optimismo por el
hecho que en ese entonces la filosofía marchaba de nuevo como cuestión
de los hechos mismos, un comienzo que llevaba completamente sólo en
dirección de las grandes síntesis del medioevo y del pensamiento católico
formado por ellas". Para Guardini – subraya el futuro Papa – la
verdad del hombre es la esencialidad, la conformidad con el ser, mejor
dicho, "la obediencia al ser" que es ante todo obediencia de
nuestro ser frente al ser de Dios. Sólo de este modo se llega a la
fuerza de la verdad, a ese primado determinante y orientador del logos
sobre el ethos, sobre lo cual Guardini insistía desde hace muchísimos
años. Lo que él quería, concluye Ratzinger, era siempre “un nuevo
avance hacia el ser mismo, la preocupación por lo esencial que se
encuentra en la verdad”.
Con el pensamiento obedeciendo al ser — a lo que se muestra y que es
— han emergido además muchas otras categorías del pensamiento de
Guardini, que el futuro Papa sintetiza de esta manera: "La
esencialidad, a la que Guardini contrapuso una veracidad meramente
subjetiva; la obediencia que resulta de la relación con la verdad del
hombre y que expresa su modo de tornarse libre y de ser integralmente
uno con la propia esencia; por último, la prioridad del logos sobre el
ethos, del ser respecto al hacer”.
A ellas se agregan otras dos categorías, que emergen de los escritos
metodológicos de Guardini: lo "concreto-viviente" y la
"oposición polar".
Lo "concreto-viviente", además de ser una categoría general
del pensamiento de Guardini, asume también, según Ratzinger, una
valencia cristológica: "El hombre está abierto a la verdad, pero
la verdad no está en cualquier lugar, sino en lo concreto-viviente, en
la figura de Jesucristo. Este concreto-viviente se demuestra como verdad
precisamente a través del hecho que él es la unidad de lo
aparentemente contrapuesto, puesto que el logos y el a-logos se unen en
él. La verdad está únicamente en el todo". "Lo
aparentemente contrapuesto" es a lo que alude la otra categoría
metodológica fundamental, la de la "oposición polar" de los
opuestos que, mientras se oponen, a la vez se reclaman mutuamente:
silencio-palabra, individuo-comunidad. Sólo quien sabe tenerlos juntos
puede abandonar toda forma de peligroso exclusivismo y todo dogmatismo
deletéreo.
UNA ADVERTENCIA PARA EL FUTURO
El 14 de marzo de 1978 la Academia Católica de Baviera otorgó el
"Premio Romano Guardini" al presidente del Land de Baviera,
Alfons Goppel, y para pronunciar la "Laudatio", como se
acostumbraba, se llama a Joseph Ratzinger en calidad de presidente de la
Conferencia episcopal bávara. Fue un texto de extraordinario densidad,
en el que reseñó las diversas dimensiones de lo “político”: la
política como arte, la pertenencia del político a un territorio, la
responsabilidad hacia el Estado, el vínculo entre verdad y conciencia
en el ámbito político.
En este último pasaje, Ratzinger retomó una vez más la lección de
Guardini: "En Alemania habíamos hecho experiencia del tirano que
manda a la muerte, destierra y confisca. La utilización sin conciencia
de la palabra es una especie particular de tiranía, que a su modo
igualmente manda a la muerte, confisca y destierra. También hoy hay
motivos suficientes para expresar similares advertencias y para reclamar
las fuerzas que están en condiciones de impedir una tiranía de este
tipo, la que crece a ojos vista. La experiencia de la sanguinaria tiranía
de Hitler y el estar alerta frente a nuevas amenazas hicieron que en sus
últimos años, casi contra su temperamento, Romano Guardini se
convirtiese en un dramático pregonero de la ruina de la política, a
causa de la anulación de las conciencias, y lo impulsaron a invitar a
una interpretación justa, no meramente teórica sino real y eficaz, del
mundo según el hombre que actúa políticamente en base a la fe".
Guardini llegó a proponer temas de tal relieve en el mundo académico
alemán, desde Berlín a Tubinga y hasta en Munich. Relación
controvertida –afirma el futuro Papa – la del pensador con la
universidad alemana, que desde los tiempos de la cátedra en Berlín lo
llevó a sufrir "a causa de la impresión de estar más allá del
canon metodológico de la universidad, por la cual en efecto no fue
abiertamente reconocido. Se consoló pensando que con la lucha para
comprender, juzgar y dar forma, podía ser el precursor de una
universidad que en ese entonces todavía no existía". Ratzinger
hace aquí una acotación que hace pensar en las recientes polémicas
sobre la fallida visita del Papa a la Universidad de Roma "La
Sapienza": "Está a favor de la universidad alemana el hecho
que Guardini pudo encontrar espacio con su propio camino y la pudo
sentir cada vez más como morada de la propia vocación
particular". Sólo el nazismo le quitó provisoriamente las cátedras
y, recuerdo de ese trágico evento, luego de la guerra — subraya el
futuro Papa — y en una intensa intervención académica sobre la
cuestión judaica Guardini defendió en forma apasionada la universidad
como el lugar donde se indaga sobre la verdad, donde los asuntos y las
experiencias humanas se miden a la luz de los criterios del pasado gran
y sin el asedio del presente, donde más se debería despertar la
responsabilidad para con la comunidad.
No habría triunfado el Tercer Reich, nos recuerda Ratzinger con
palabras de Guardini, si la universidad alemana no hubiese conocido su
“ruina” a causa de la remoción de la cuestión de la verdad por
parte de modelos académicos dominantes: "Guardini tomo posición,
en la época, con un arrebato implorante que normalmente parecía serle
totalmente extraño, contra la politización de la universidad y su
penetración por parte de los dirigentes de los partidos, de las
vocinglerías de las asambleas y del alboroto de la calle, y ha gritado
a sus oyentes: Señoras y señores, ¡no lo permitan! Se trata de algo
que remite a lo que es común a todos nosotros, la historia
futura".
__________
La revista de la Universidad Católica de Milán en la que ha sido
publicado el artículo:
>
Vita e Pensiero
__________
Una página memorable de Guardini, en un servicio de www.chiesa:
>
“Settimana Santa a Monreale”, autore Romano Guardini
(12.4.2006)
__________
Traducción en español de José
Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.
__________
1.10.2008
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