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La calidad
en la celebración de la Eucaristía: Desde
que el Santo Padre Benedicto XVI, asumió la Cátedra de San Pedro, no
ha dejado de abogar por la solemnidad que debe existir, sobre todo, al
celebrar la Eucaristía. Es necesario recuperar el esplendor de la
liturgia, lo cual, no debe entenderse como un derroche de dinero, sino
como una llamada a organizar mejor la celebración de la Santa Misa, es
decir, generar un sentido de “coordinación” para que todos los
participantes, especialmente, el sacerdote, los monaguillos, el coro, y
quienes leerán las lecturas, favorezcan que la celebración se lleve a
cabo con calidad. Es
muy común que los coros no estén bien organizados, sobre todo, cuando
son improvisados, sin embargo, es urgente afinar las voces y evitar, con
todo empeño y dedicación, que las melodías se confundan con gritos.
En diversos países como Canadá, la celebración de la Eucaristía es
realmente significativa, sobre todo, porque inspira a quien asiste,
particularmente, gracias a la implementación de la música sacra,
pues se esmeran en darle centralidad a la Eucaristía. Es
cierto, por otra parte, que en muchas comunidades de escasos recursos,
no es fácil tener un órgano o un gran altar, sin embargo, la dignidad
de la Eucaristía va más allá de los recursos, pues lo más importante
es que se genere un sentido de “formación” que favorezca la atención
hacía la Eucaristía. Cada templo, según su realidad social, puede
hacer algo por mejorar la celebración de la Misa. Otro
punto fundamental, es la homilía del sacerdote, la cual, tiene que ser
preparada con anticipación, sobre todo, para que no se convierta en un
sermón fuera de lugar. Cuando el sacerdote habla, tiene en sus manos la
oportunidad de transmitir un mensaje al mundo de hoy, esto es, ubicar el
mensaje de Jesús a la realidad social y cultural del lugar en el que se
encuentra el templo, la parroquia o la capilla. Muchas
veces, la celebración de la Eucaristía, se ve opacada por el tipo de
canciones que se utilizan, por esta razón, es muy importante comprender
que hay cierto tipo de música que se debería omitir, es decir, aquella
que no viene al caso con el momento que se está celebrando. La
Misa no es un espacio, en el que debamos estar exageradamente serios
como si fuéramos estatuas, sin embargo, es un hecho que también hay
ciertos aspectos que tenemos que cumplir, sobre todo, para encontrarnos
con Jesús y recibirlo con amor, entrega y entusiasmo.
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