¿Cambia
algo?
José
Alberto Lesso «Todo
aquel que esté contra el aborto, por favor levante su mano». Es el título.
La única imagen que el vídeo ofrece es la mano “levantada” de un
niño abortado. Una imagen cruda, sin sangre, pero con un efecto
contundente sobre la conciencia de quien la ve. Hablo de un vídeo
que ha salido en Youtube. Se trata de una iniciativa
pro-vida realizada por el P. Frank Pavone, director de Sacerdotes por la
vida (Priests for life). Breve
y sencillo. Breve: a penas un minuto. Sencillo: una imagen y un mensaje.
«Esta es la mano de un niño que fue abortado –concluye el vídeo- Hagamos
duelo por estos niños. Que nuestros corazones estén lo suficientemente
rotos para que Dios entre en ellos y nos mueva a defender sus vidas». Este
vídeo, que también puede verse en http://www.priestsforlife.org/,
se suma a la campaña de sensibilización que la fundación Sacerdotes
por la vida está realizando. De
inmediato me llamó la atención la iniciativa. Se me figuró una
barquita que rema contracorriente en el caudaloso y potente río que va
cuesta abajo. No
pude dejar de preguntarme: ¿Qué sentido tienen estas iniciativas
cuando hay muchas instituciones internacionales que proponen, por no
decir imponen, una cultura abortista a los gobiernos locales? ¿Cambia
algo el ingente trabajo que hacen ONG’s, institutos y congregaciones
religiosas para convencer a cada joven, mejor dicho madre (pues ya lo
es), que desea abortar a no hacerlo, cuando son cientos de miles las que
abortan? ¿Cambia algo…? En
una ocasión, un turista madrugó para contemplar el amanecer en la
playa. Al llegar allí se encontró con que no era el único. Había un
lugareño que también paseaba por la costa. Al turista de inmediato le
llamó la atención que aquel hombre cada tres pasos se agachaba, recogía
algo de la arena y lo lanzaba al mar. Después de observarlo durante
unos minutos se acercó a preguntarle qué hacía. El lugareño le
explicó que era común en esa época del año que la marea bajara rápidamente
provocando que muchas estrellas de mar se quedaran en la arena y si él
no las devolvía al agua seguramente morirían. Dicho esto, se agachó
para tomar otra estrella que arrojó al mar. El turista contempló la playa y vio una inmensidad de terreno, llena de puntitos que seguramente eran más estrellas de mar varadas. Entonces, intrigado, le preguntó: “Perdone ¿para qué hace esto? ¿No es inútil ponerse a salvar estrellas? ¿Cambia algo el hecho de que usted arroje al mar estas estrellas cuando son cientos de miles las que seguramente morirán?” El lugareño se agachó. Recogió una estrella. La sostuvo entre sus manos unos segundos y la arrojó al mar. Luego volteó la mirada al turista y le dijo “¿Me preguntas si cambia algo? Para ésta… ¡Cambia todo!”.
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