El
capital humano y la familia
Alejandro
Lara Cuando
uno habla de capital se piensa instintivamente en bienes de capital,
como maquinaria, equipo, acciones, etc. Sin embargo hay otro tipo de
capital. Los estudios escolares, un curso de computación, gastos en
servicios médicos, y la formación de virtudes, como la puntualidad y
la honestidad, también pueden ser considerados como capital. Son
capital en el sentido que estos elementos pueden mejorar la salud,
aumentar los ingresos, o dar a la persona un mejor entendimiento de la
literatura para toda la vida. Por lo tanto, es perfectamente acorde con
el concepto tradicional de capital el decir que los gastos en educación,
capacitación, servicios médicos, etc., son inversiones en capital. Sin
embargo esto produce capital humano, y no físico o financiero. Es
capital pues no es posible separar a la persona de sus conocimientos,
habilidades, estado de salud, o valores, como sería posible mover
valores físicos o financieros sin afectar a su dueño. Las
inversiones en educación y capacitación son las formas más
importantes de invertir en capital humano. En los estudios del doctor
Becker, así como en otros similares, se muestra como en los Estados
Unidos la educación preparatoria, así como la educación
universitaria, hacen que se aumenten de manera sustancial los ingresos
de las personas. Esto incluso descontando los costos directos e
indirectos propios de los estudios escolares y después de hacer los
ajustes necesarios por variables como antecedentes familiares y
habilidades propias de la gente mejor educada. Estudios recientes
muestran esta misma tendencia en otros países del mundo. Así mismo, se
ha observado que ya sea por problemas escolares, inestabilidad familiar
u otras razones, las personas sin una educación superior no están
debidamente capacitadas para trabajar en las economías modernas.
El
hecho de que las inversiones en capital humano tienden a ser positivas
desde una preceptiva de costo-beneficio lo demuestran claramente los
cambios en el nivel de educación de las mujeres. Antes de los años
1960’s, en los Estados Unidos, era más común que las mujeres se
graduaran de preparatoria que los hombres, pero menos común que
continuaran con una educación universitaria. Las mujeres evitaban áreas
como matemáticas, ciencias, economía y derecho, y preferían más bien
educación, economía familiar, lenguas y literatura. Dado que
pocas mujeres trabajaban por un salario, escogían el tipo de educación
que les ayudara en su labor en el hogar y a conseguir un buen
matrimonio. Todo
esto ha cambiado radicalmente. A partir de los 1970’s, y aún más
recientemente, se ha dado un incremento enorme en la participación de
mujeres casadas en el mercado de trabajo. Muchas mujeres se toman muy
poco tiempo libre de sus trabajos incluso para tener hijos. Como
resultado, el valor en el mercado de las habilidades de las mujeres se
ha incrementado enormemente, y están dejando labores que
tradicionalmente eran propias de las mujeres para dedicarse a
contabilidad, leyes, medicina, ingeniería y otros campos que pagan
mejor. A raíz de esta mayor participación de las mujeres casadas en la
fuerza laboral, las ventajas de tener ganancias por un trabajo
remunerado han tenido un efecto mayor en su comportamiento que las ideas
tradicionales acerca del papel que deben desempeñar las mujeres. El
análisis en el capital humano asume que el nivel de escolaridad aumenta
los ingresos y la productividad principalmente proveyendo conocimientos,
habilidades y una manera de analizar los problemas. Analizando los números
vemos que hay una gran correlación entre ingresos y escolaridad. Sin
embargo, otro punto de vista niega que el nivel de escolaridad aumente
la productividad. Según este enfoque, los egresados de universidad
ganan más que los que sólo hicieron preparatoria no porque la educación
universitaria aumente la productividad, sino porque los estudiantes más
productivos pueden hacer sus estudios universitarios. Aunque no niego el
gran valor que tiene la educación por sí misma, me parece que es
necesario poner atención a este segundo enfoque. El
capital humano y la familia Toda
discusión sobre el capital humano no puede omitir la gran influencia
que tiene la familia en los conocimientos, habilidades, valores,
actitudes y hábitos de sus hijos. Las pequeñas diferencias en la
educación de los niños tienden a crecer a través del tiempo, con la
edad y la escolaridad, debido a que los niños aprenden más fácilmente
cuando están mejor preparados. Por esto, incluso pequeñas diferencias
en la educación y formación dadas por la familia, cuando son niños,
son normalmente multiplicadas a través del tiempo en grandes
diferencias cuando ya son adolecentes. Es por esto que el mercado
laboral no puede hacer mucho por ayudar a las personas que no han
desarrollado hábitos de trabajo o poseen otras carencias en su formación;
y por qué es tan difícil diseñar políticas que ayuden a estos
grupos. Los padres tienen una gran influencia en la educación, en la
estabilidad matrimonial, y en muchas otras áreas de la vida de sus
hijos. En
el seno de las familias es donde se forman los hábitos y las actitudes
básicas que permiten a los niños y jóvenes aprovechar adecuadamente
las oportunidades educativas escolares que se les ofrecen. Aunque poco
medibles desde el punto de vista económico, algo como el sistema de méritos
dentro del hogar aumenta mucho más el capital humano que el acudir a
una excelente institución educativa. Cuando lo que aprenden en el hogar
y lo que reciben en la escuela van por la misma línea, entonces el
capital humano se multiplica. Sin embargo cuando hay contraposición
entre la escuela y el hogar el efecto es el contrario. Algo
característico de los hogares realmente cristianos es el sano deseo por
la perfección cristiana y el de corresponder al máximo por los
talentos que Dios nos ha dado, ambas invitaciones plasmadas en el
Evangelio (Cf. Mt. 5, 46-48 y Mt. 25, 14-30). Esto crea dos actitudes básicas
que son muy valiosas desde el punto de vista del capital humano: por un
lado un esfuerzo constante por hacer todo lo mejor posible,
especialmente cuando se trata de ayudar a los demás y, por otro lado,
la conciencia de que daremos cuenta a Dios por los talentos que nos ha
dado y, por tanto, el esfuerzo por hacerlos rendir al máximo en favor
de uno mismo y de los demás. Las
familias dividen sus ingresos en relación al número de hijos que
tienen y la cantidad que pueden gastar en cada hijo. La cantidad de
hijos y la cantidad gastada por hijo tienden a estar relacionadas de
manera inversa. La razón es obvia. Un mayor número de hijos aumenta el
costo efectivo de gastar un peso más en cada hijo. Esta relación
negativa, a nivel de las familias, implica también una relación
negativa entre el incremento de la población de un país y las
inversiones en capital humano. Este indicador puede ser engañoso, pues
lo cuantificable en la inversión de capital humano es la educación
escolar y poco más, pero no la educación dentro del seno del hogar. El
capital humano y el desarrollo económico Los países que han logrado un incremento sostenido en los ingresos de las personas han logrado también un incremento significativo en el campo de la educación y capacitación de su fuerza laboral. Un estudio de 1985 encontró que el incremento en el promedio de escolaridad entre 1929 y 1982 explica una cuarta parte del incremento del ingreso per cápita de la población. Pero es incapaz de explicar el resto de este crecimiento. Esto puede ser debido a que no es posible medir el efecto en los ingresos que tienen las mejoras, a través del tiempo, en campos como la salud, la capacitación en el trabajo, y otras formas de capital humano
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