Capitalismo, Socialismo y Comunismo. Reflexiones...


Uno de los temas que siempre evito tocar es el de la política, principalmente porque mi blog es de apologética (zapatero a su zapato), segundo porque se que estas reflexiones me pueden pasar factura algún día, sin embargo esas razones han dejado ya de influenciarme, por lo que heme aquí, tocando un tema que no es mi especialidad, y en el cual en muchos puntos se podría decir soy un completo ignorante.

Entiéndase que ahora lo que expongo es nada más que mi opinión personal, mi perspectiva del asunto. Recuérdese que la Iglesia no propone un sistema económico-social definido, pero si exige que estos deben promover y respetar la libertad y dignidad humana.

El Capitalismo.


 

El capitalismo como todo sistema económico ha demostrado en la práctica ventajas y desventajas. La principal ventaja es que se estimula de forma directa la productividad en la economía. Quien produce más, con menores costos, obtiene un mayor beneficio económico que a su vez puede volver a invertir generando en espiral una riqueza creciente. En los sistemas capitalistas se estimula la individualidad, la imaginación y la innovación, ya que el individuo quien figura como inversor es quien exprime sus neuronas buscando la manera de incrementar su beneficio económico. Se descubren nuevos nichos de mercado, nuevas formas de comercio, etc.

 

Es precisamente la innovación la que ha hecho que personas de la nada hayan hecho grandes fortunas gracias al capitalismo, como Bill Gates de Microsoft, Larry Page, Sergey Brin (de Google), Mark Zuckerberg (Facebook), Shawn Fanning (Napster), J. K. Rowling (escritora de Harry Potter), etc.

El problema en la práctica ha sido que como la finalidad de este sistema es aumentar la producción, ya sea aumentando el rendimiento, o reduciendo “costos”, esto muchas veces se ha traducido en la explotación inhumana del hombre, violando su dignidad humana. El hombre pasa a ser un recurso de producción más. Suelen surgir poderosos grupos económicos que mantienen explotados y bajo condiciones injustas e infrahumanas a los más desposeídos, los cuales generalmente tienen pocas probabilidades de salir de sus condiciones marginales. No porque el sistema se los impida, sino porque su educación y cultura no les permite entender la forma de hacerlo. Salvo algunas excepciones, el rico se hace más rico, y el pobre se hace más pobre.

Se suelen llegar a extremos como los que se ven en Estados Unidos, donde bien puedes morir de hambre, como que si no estas asegurado más vale no enfermarte (A este respecto vale la pena ver la película John Q. Protagonizada por Denzel Washington, donde se dramatiza este tipo de realidad).

El Socialismo.

Años de explotación terminan por colmar el vaso y surge así el socialismo a manera de la revolución, engendrada por un rechazo a la opresión y explotación a la que han estado sometidos millones de personas por tanto tiempo.

Así, el socialismo surge como un deseo de buscar el bien común y la igualdad social, un sistema ideal donde todos son iguales, donde se busca una sociedad sin clases estratificadas unas subordinadas a otras. En pocas palabras el socialismo es una reacción ante los excesos de un capitalismo sin reglas o capitalismo “salvaje” como se le suele llamar.


 

La máxima expresión del socialismo es el comunismo donde no existe la propiedad privada de los medios de producción, estando estos en manos del Estado (es de este tipo de socialismo de que pretendo hablar). El socialismo busca primeramente el bienestar social antes del bienestar individual.

 

Muchos han sido los problemas en la práctica que han tenido los sistemas socialistas de tipo comunistas, y dos son los que considero más graves.

El primero es que frecuentemente ha caído en lo mismo que buscaba solucionar, cercenando la dignidad y la libertad humana en distintos ámbitos (religioso, político y económicos entre otros).

El segundo es que se ha demostrado ineficiente como modelo económico. La causa principal es quizá que depende exclusivamente del compromiso del individuo con el sistema, siendo que el motor no es el fin de lucro, poderoso como motivador en los sistemas capitalistas.

Cuando no se obtienen los resultados esperados en este tipo de sistemas, generalmente se debe a que el individuo no ve necesidad de esforzarse, porque trabaje lo que trabaje, ganará lo mismo que el compañero que trabaja a media máquina. No se hace común ver a las personas trabajando horas extras o esforzándose al máximo -a excepción de los idealistas, los cuales son siempre minoría-. Son menores las iniciativas también en el aspecto económico y productivo ya que no hay una recompensa proporcional al esfuerzo. Aunque esto intenta compensarse con adoctrinamiento, aún así estos sistemas suelen ser menos productivos que sus contrapartes capitalistas.

Si esto no fuera poco, los sistemas comunistas nunca han logrado la meta que han propuesto como ideal, una igualdad total sin diferencia de clases, y termina ocurriendo precisamente lo contrario: Una minoría formada por la clase dirigente termina teniendo acceso al poder y a la riqueza, a diferencia del grueso de la población. Esto sin hablar del nuevo tipo de discriminación con los disidentes de dichos regímenes que terminan siendo perseguidos, desterrados y en muchos casos condenados a muerte por ser enemigos del proceso revolucionario.

Regímenes comunistas, consecuencias nefastas de su implantación violenta.

Si estudiaramos los frutos de los distintos regímenes comunistas a lo largo de la historia encontraremos con no pocas violaciones a la dignidad humana.


 

En la China comunista, Mao Zedong demostró una ineficiencia colosal en políticas económicas cuando implementó durante la década de 1950 lo que llamó “el gran salto hacia adelante”. Mao volcó a toda la población a producir un solo producto (el acero) y así superar al Reino Unido en este rubro. Terminó ocasionando una colosal hambruna que costó la vida de entre 20 y 30 millones de personas.

Cuando Mao comenzó a perder poder debido a la ineficiencia de sus políticas, convocó lo que se llegó a llamar la “revolución cultural”, donde millones de jóvenes producto de un profundo lavado de cerebro llegaron a cometer atrocidades que iban desde matar a sus propios profesores, a denunciar a sus propios padres para ser brutalmente ajusticiados de forma pública sin la mejor oportunidad de un juicio justo. Aunque es difícil precisar la cantidad de víctimas de la revolución cultural, expertos estiman entre 400.000 y un millón.

 


La Rusia de Stalin no tuvo tampoco mucha suerte con la implantación del comunismo, luego de que este implantara un régimen totalitario que causara según estimaciones la muerte de entre 4 y 60 millones de personas. Se cuenta que se establecían “cuotas” de arrestos y ejecuciones, al punto que ningún sector de la población quedó a salvo. Irónicamente, el principal organizador de estas purgas (Nikolái Yezhov, quien ejerció de Comisario General de la Seguridad del Estado) terminó siendo objeto de los delirios paranoicos de Stalin y terminó siendo también “purgado”.



 


 

En la Cuba de Fidel Castro, el pueblo cubano sufrió la tragedia de salir de Guatemala, para caer en Guatepeor. La represión de los disidentes del régimen se estima en de miles de presos políticos ejecutados entre 1959 y 1961, y tristemente cuando Fidel preguntaba en acalorados discursos al pueblo que hacer con los “traidores”, era la población misma la que gritaba “paredón!”. Lo que se ganó en hospitales se perdió en libertad, y es que poco le iba a servir a un fusilado la asistencia médica gratuita. Es sorprendente que personajes como el Che Guevara sean recordados como héroes, habiendo sido causantes de tantas muertes por fusilamiento.

 

Si un sistema es bueno, no hay porqué tenerte adentro a la fuerza.

Si los sistemas comunistas fueran tan maravillosos, no habría que tomar medidas para tener a la población encerrada a la fuerza.


Grande fue el horror de los habitantes de la Alemania Oriental cuando un fatídico 13 de Agosto de 1961 despertaron y se encontraron con una mini muralla China que les impedía el acceso a la Alemania Occidental (todo el muro de Berlín fue construido en un día). La razón era que entre 1949 y 1961 aproximadamente unos 3 millones de personas abandonaron la Alemania Oriental comunista. (Sólo en las dos primeras semanas de agosto de 1961 emigraron 47.533 personas). La economía comenzó a verse afectada por el éxodo de profesionales y trabajadores.


 

 

Aún así hubo quien no pretendía que dicho muro les impidiera salir, y muchos fueron los que murieron tratando de pasar el muro. La Fiscalía de Berlín considera que 270 personas, 33 de la cuales murieron como consecuencia de la detonación de minas) fuero muertos en la zona del muro.

Ni hablar de “el mar de la felicidad cubana” (como es llamado por mi presidente), sitio del descanso eterno de tantos ahogados que prefieren arriesgar su vida y salir de Cuba sin nada y hasta nadando.

Esto no ha ocurrido en potencias occidentales. En Estados Unidos inclusive se consideró la creación de un muro, pero no para evitar que la gente emigre, sino para controlar la inmigración ilegal.

Es incomprensible como puede un sistema comunista afirmar ser superior que sus contrapartes capitalistas, siendo que no puede ni siquiera mantener a su población adentro por voluntad propia.

La preocupante situación de Venezuela y otros países latinoamericanos.


 

No deja de ser para mi y para millones de venezolanos motivo de gran preocupación lo que acontece en mi país. Se intenta instalar la “franquicia” del fracasado modelo comunista, que no solo llevó a la quiebra a al poderosa Union Soviética, sino que también ha fracasado en Cuba y otros paises. Sorprendente que luego de que la Unión Soviética comenzara a ver la luz y China comenzara a evolucionar lentamente, nosotros querramos ir en retroceso y chocar con la misma piedra.

No me explico que alguien que tenga el mínimo respecto por la vida puede avalar el uso del lema “patria o muerte” siendo que con ese lema se justificó la muerte de miles de personas cuyo único crimen fue discrepar con el régimen.

 

Yo he sido testigo de las huellas que ha ido dejando la “revolución” en mi país. Se ha discriminado a miles al negarles puestos de trabajo solo por haber “firmado” para un referéndum revocatorio. Se presiona y obliga a los empleados públicos a participar en las marchas. Se inhabilitan candidatos a las gobernaciones que no han sido condenados. Se intenta imponer una reforma a punta de decretos leyes que fue ya rechazada por el pueblo por la vía democrática, violando la voluntad popular a la vez que se pregonaba que el pueblo era el “soberano”. Se expropian tierras y ahora empresas.

Se ha sembrado el odio entre hermanos del mismo pueblo. Mientras se pregona que “ser rico es malo”, los miembros del gobierno y sus familiares viven en la más ostentosa opulencia en un nepotismo aberrante. Lo peor es que la franquicia la compran nuevos presidentes a lo largo de todo latinoamérica, pues saben que funciona, pero funciona no para desarrollar el país y solucionar los problemas crónicos que nos aquejan, sino para mantener indefinidamente a un hombre en el poder. Después de todo, si Fidel mandó hasta que se cansó, y funcionó una vez, ¿porqué no ha de funcionar dos, tres y hasta cuatro veces?

A esto lo único que faltaba era intentar ocasionar un cisma en la Iglesia, pero eso también lo ha intentado con el surgimiento de la mal llamada “Iglesia Católica paralela”, en un intento quizá de conducirnos por el rumbo de China, donde hay una Iglesia oficial controlada por el estado, y una perseguida y clandestina en comunión con Roma.

Un camino alternativo.

Luego de haber reflexionado mucho en el tema, se me había ocurrido que quizá un modelo socio-económico que combinara las ventajas del capitalismo y del socialismo, pero que a la vez corrigiera aquello en lo que han fallado sería un paso adelante en la evolución. Luego me enteré que lo que a mi se me había ocurrido, ya se le había ocurrido a muchos pensadores quienes la han llamado “la tercera vía”, y que en su momento fue rechazado por los lideres comunistas entre los cuales se puede contar al mismo Lenin.

En mi opinión sería maravilloso un modelo donde se recompense el esfuerzo, la innovación y la creatividad humana, donde se respete la propiedad privada, pero a la vez donde no se tenga el capital tan idolatrado que se coloque por encima del ser humano. Que el capital esté al servicio del hombre, y no el hombre al servicio del capital, como proclama el socialismo, pero que se busque la igualdad tal como pienso debería ser, garantizando las mismas oportunidades y los mismos derechos a todos por igual. Si yo trabajo más, y produzco más, es lógico que obtenga el merecido beneficio por ello.


Escrito por José Miguel Arráiz