Comprobar
primero, publicar después
Diego
Contreras | laiglesiaenlaprensa.com
Como
suele ocurrir, las rectificaciones tienen mucho menos impacto en
la prensa que las noticias a las que pretenden rectificar. Hace unos días,
Vittorio Feltri, director de Il Giornale (propiedad de la familia
Berlusconi), dijo que las acusaciones que había lanzado en septiembre
contra Dino Boffo, director del diario Avvenire (propiedad de la
Conferencia episcopal italiana) eran una “bagatela”, una cosa de
poca sustancia. Admite que se basó en un folio anónimo y que la
reconstrucción de los hechos muestra que se trató de una mentira.
Hay
que recordar, para quien no haya seguido este caso, que las acusaciones
eran particularmente insidiosas: un caso de molestias homosexuales, con
el que se pretendía descalificar la autoridad moral del diario de
inspiración católica. Lo publicado por Il Giornale
desencadenó una tormenta que llevó a la dimisión del propio Boffo
como director de Avvenire, para no implicar a la Iglesia en la
polémica.
Ahora
Feltri dice que “Boffo ha sabido esperar, teniendo una actitud sobria
y digna que suscita admiración”. Reconozco que siempre es buena la
rectificación. Pero no puedo evitar ver en esa frase un destilado de
puro cinismo. Las reglas periodísticas más elementares, esas que enseñamos
a los alumnos de primero, llevan a comprobar primero y a publicar después.
Basta ver los periódicos de esos días para constatar que no fue un
simple error. En realidad, Feltri se lanzó a una auténtica cacería
humana. Ahora pretende “precisar” (tal vez por miedo a las
repercusiones legales y profesionales). Ya lo decía Kapuscinski,
"los cínicos no sirven para este oficio".
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