Confabulación
internacional contra la maternidad
Norma
Mendoza Alexandry nmendoza_alexandry@hotmail.com
En
la generación pasada la familia regía las vidas de los seres humanos.
Era normal provenir de una familia numerosa en donde los roles estaban
claramente definidos: el padre trabajador que proveía el sustento y la
madre siempre ocupada con los problemas y situaciones que se presentaban
en la rutina diaria en familia. Los
niños eran generalmente un derivado del casamiento de su padre con su
madre y una gran cantidad de cónyuges permanecían casados la mayor
parte de sus vidas. El
Día de la Madre era una
gran fecha
donde la familia se reunía en casa y agradecía la dedicación,
entereza, paciencia, perseverancia y atenciones de la madre hacia sus
hijos y hacia su esposo. Sin
embargo, durante más de cuarenta años la familia ha estado bajo
constantes embates. Cuando en los años 60’s y
70’s algunas
mujeres
comenzaron
a atacar las normas culturales existentes, no lo hicieron
con la intención de destruir a la familia pues sus protestas no eran
anti-matrimonio. Querían cambios que incluyeran mayores oportunidades
para la mujer. Pero
ya desde aquellos años en el ámbito internacional surgieron voces de
un feminismo radical que hablaba del “patriarcado” como opresor de
la mujer y se difundieron ideas tales como: “La institución del
matrimonio es el vehículo principal para perpetuar la opresión de las
mujeres. Es a través del papel de esposa que la subyugación se
mantiene” (Marlene Dixon, Universidad de Chicago, EUA). Aún
más, el matrimonio era referido como una “práctica esclavizante”
que necesitaba ser destruida para dar paso a la igualdad entre mujeres y
hombres. La
siguiente generación de feministas radicales subió a las tribunas de
la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Allí, ante las
naciones del mundo podía difundirse más ampliamente el mensaje anti-familia
a través de documentos oficiales y tratados tales como la “Convención
sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la
Mujer” (CEDAW). Cuando
ésta
es ratificada, además del deber de elaboración de Informes tetra-anuales,
se asignan consejeros
que demandan cambios a los países cuyo objetivo final es la disolución
familiar y hacer a un lado a quienes se opongan. Los “derechos de la
mujer” son promovidos como “derechos humanos” e incluyen el aborto
disfrazado de “derechos a la salud reproductiva”. Al
día de hoy ¿se conoce a ciencia cierta en qué consiste ser madre? Tal
parece que ser madre implica obligaciones, a veces no deseadas.
Para un niño(a), maternidad implica una contraparte: la paternidad,
esto es, un comienzo, un principio y a la vez un desarrollo y dos
ejemplos complementarios. Cuando
escudriñamos antropológicamente qué es el matrimonio, éste ha sido
durante muchos años una institución que evoluciona; el
matrimonio es un regalo para la sociedad ya que deja siempre una base sólida
para la siguiente generación. El
matrimonio une las tres dimensiones de la paternidad / maternidad: biológica,
social y legal en una sola dimensión a favor de su descendencia. El
matrimonio otorga al hijo el siguiente mensaje: el hombre y la mujer de
cuya unión sexual tú naciste, van a estar contigo mientras crezcas
para nutrirte y amarte. El
matrimonio también
comunica a la sociedad que por cada niño que nace, existen una madre y
un padre reconocidos, responsables tanto del niño(s) como mutuamente. Las
mujeres no somos un conjunto o un grupo manejable al antojo de gobiernos
o transnacionales. Las mujeres provenimos de diferentes lugares, con
educación disímil y formas de actuar distintas. Pero el entendimiento
de nuestro papel en sociedad es lo que debe unirnos. Las mujeres tenemos
el importante papel del balance de la familia, la comunidad, la Nación
y el mundo. Podemos ser exitosas en el hogar, en instituciones
educativas y hacer carreras y también estar satisfechas con nosotras
mismas. Aunque
dichos distintivos por generaciones han sido valorados, hoy esas mismas
características únicas están siendo agredidas. En la ONU, el
Tratado “CEDAW” reta las leyes, la política y la cultura de las
naciones soberanas. Mediante
ese Tratado los países deben reportar el modo en que implementan el
contenido protocolario a un Comité revisor que impone sus
requerimientos. Algunos de éstos han sido: dirigir
a los gobiernos hacia la legalización de la prostitución, aunque el
CEDAW no lo especifique; 37 gobiernos pro-vida han sido instruidos
para cambiar sus leyes sobre el aborto, aunque en el Tratado mismo éste
no se mencione; Polonia ha sido frecuentemente cuestionado debido a su
gobierno a favor de la vida; Irlanda fue criticado por permitir
que la Iglesia Católica tenga fuerte influencia en las políticas públicas;
Libia
fue prescrita a reinterpretar el Corán para ajustarse a las reglas del
Comité; urgió a México a proveer acceso rápido y facilitar el
aborto; comunicó a la Rep. Checa que sus medidas proteccionistas
al embarazo y la maternidad eran sobre-protectoras; declaró a
Bielorusia que no aprobaba la prevalencia de estereotipos de roles
sexuales y por la introducción de símbolos tales como el Día de la
Madre y el Premio a la Madre que promueve en la mujer los roles
tradicionales. El
18 de diciembre de 1979 la ONU aprobó la Convención “CEDAW”.
El 17 de julio de 1980 México firma esta Convención y su ratificación
entra en vigor el 3 de septiembre de 1981. Más tarde el 15 de junio del
2001 México aprueba también el Protocolo Facultativo CEDAW mediante el
impulso y señalamiento de “urgencia” de hacerlo, de la Lic.
Patricia Olamendi y del apoyo del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).
Con
esto México se comprometió a consagrar en su legislación la igualdad
del hombre y de la mujer: “con ello se aceptó que el logro de la
igualdad radica en el adelanto de las mujeres, en su empoderamiento y en
su desarrollo” –declaraciones de la Lic. Patricia Espinosa,
expresidenta del Inmujere– y más adelante ella continúa diciendo:
“…nuestras leyes secundarias incumplen tanto los tratados como la
misma Constitución, dado que violan el principio de igualdad de género
y los derechos de las mujeres a la educación, a la salud, a participar
en la toma de decisiones y a disfrutar de una vida libre de
violencia…las más graves violaciones se dan en el ámbito de las
relaciones familiares”
(1). Este
año 2009
se efectuó en la ONU la 53ª Sesión de la “Commission on the
Status of Women” o Comisión sobre el Status Jurídico y Social de
la Mujer
(2-14
Marzo 2009).
Allí
México presentó dos documentos a través de su representante la Lic.
Rocío García Gaytán, presidenta en turno del Inmujeres. En estos
documentos se habla de los esfuerzos con objeto de crear un marco
institucional de los Estados para consolidar la “perspectiva de género”
en los deberes institucionales, con su inclusión en políticas públicas
y la inserción de la mujer en los niveles de toma de decisiones.
Demanda además evitar que se perpetúe “la percepción estereotipada
de los hombres como sostén de la familia y las mujeres como
responsables de otorgar cuidados y las consecuencias negativas que esto
acarrea para la participación de las mujeres en educación, en el
mercado laboral y en la vida pública” (2). El
artículo 5 de la CEDAW requiere de los países firmantes que
“modifiquen los patrones sociales y culturales de conducta de hombres
y mujeres…con objeto de lograr la eliminación…de todas las prácticas
basadas en…funciones estereotipadas de hombres y mujeres”. En
ambos documentos presentados por México en la ONU durante la CSW se
inscribe que: “Se busquen superar los estereotipos de género”.
La maternidad es claramente una de las “funciones estereotipadas” de
las mujeres que la CEDAW intenta eliminar. Notas
al pie: 1.
Coloquio nacional para el análisis de la aplicación del Protocolo
Facultativo de la CEDAW. Inmujeres, 2002. 2. García Gaytán R. Declaraciones en la ONU, 53ª sesión Commission on the Status of Women, Marzo 2009
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