Constituciones
y aborto
Fernando
Pascual Porque
las constituciones nacen, muchas veces, desde la imposición de grupos
de poder, deseosos de imponer sus propios intereses por encima de los
derechos de otros. Porque otras veces una constitución se basa en un
consenso más o menos frágil y abierto a muchas aplicaciones incluso
contradictorias. Y porque siempre existe el peligro de interpretar el
texto constitucional desde ideologías que buscan dañar a los más débiles
e indefensos. Lo
vemos claramente cuando se dice que una ley que permite el aborto de
seres humanos en sus primeras 12 semanas respeta la norma
constitucional. Afirmaciones y sentencias que digan lo anterior son una
prueba patente de la debilidad del constitucionalismo moderno. Nunca
puede ser un “derecho” el destruir la vida del propio hijo. El
primer paso para avanzar hacia una sociedad justa consiste en proteger
la vida de todos. Y la palabra “todos” incluye a quienes todavía
pesan unos pocos gramos y viven en el seno de una mujer (su madre), la
cual necesita siempre apoyo emocional, asistencia médica y ayudas económicas. Es
triste constatar que haya jueces, a quienes se ha encomendado la tutela
de los derechos de todos, capaces de aceptar y mantener en su aparente
“legalidad” un delito que va contra el derecho básico a la vida, el
aborto. Para
superar la injusticia del aborto despenalizado o legalizado, para
construir estados y constituciones capaces de tutelar los derechos de
los más débiles, nos queda la tarea de emprender el camino largo, pero
eficaz, de formar a las nuevas generaciones en el conocimiento de los
derechos humanos y en el compromiso por defender en todo momento, en
todo lugar, las vidas de los hijos y de sus madres. Sólo así podremos construir sociedades más justas, que superarán discriminaciones arbitrarias y que fomentarán ese respeto y ese apoyo que hacen de la vida humana una aventura hermosa y llena de esperanzas
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