Cristo les da la cara a los jóvenes:

 

Aunque, como Iglesia, a veces nos da un poco de miedo, atrevernos a trabajar por la juventud y su realidad, Cristo sale al encuentro de cada uno de ellos, pues su mensaje es fuerte, dinámico y capaz de transformar ideas y corazones. Aunque no es el caso de todos los jóvenes, muchos de ellos, viven bajo la influencia del materialismo, el individualismo y los excesos, sin embargo, más que culparlos o generalizar, lo importante es reconocer que nos ha faltado testimonio, esto es, capacidad de transmitir a Cristo y, desde ahí, mostrarles que hay otro camino.

 

Hay muchos jóvenes que, desde su presencia en la escuela y en la sociedad, se la juegan por Jesús, sin embargo, muchas veces, están solos en una batalla que no es únicamente de ellos, es por esto, que por un lado, hay que acompañar a los jóvenes que ya han abrazado la fe y, al mismo tiempo, a quienes buscan respuestas o se encuentran apartados. Nada de juzgar, ni poner etiquetas, sino seguir luchando, especialmente, al proponer la opción que Cristo les ofrece.

 

Cristo, a través de nosotros, quiere darles la cara a los jóvenes, es decir, a todo lo que tenga que ver con ellos. Si nada más los juzgamos, o los hacemos a un lado, en ningún momento, podremos hacer algo por ellos, de hecho, está probado que todos aquellos catequistas que acostumbran dar sermones únicamente, son una de las causas, por las cuales, muchos jóvenes ya no quieren poner un solo pie en la Iglesia.

 

Pasemos del verbo “juzgar” al “compartir”, es decir, acompañar a los jóvenes con nuestra vida, compartiendo un mismo ideal y razón de vivir. Sólo de esta manera, en medio de las dificultades de nuestro tiempo, podremos ser verdaderos discípulos y misioneros de Jesús, a partir de la realidad juvenil.

 

Carlos Diaz