CRUZADA DEL PSOE CONTRA LOS OBISPOS
Lo que Zapatero no puede impedir
Por José Luis Restán
Días de furia. Vuelan los insultos contra los obispos y saltan las
amenazas, del chascarrillo a la impostada solemnidad. Ruge la marabunta
cinematográfica en la noche de los Goya: "¡Disolución definitiva de
Paradojas de la vida,
en los decretos de contenidos mínimos de la nefasta Educación para
Ellos representan a un cuerpo social significativo en
España, que posee una sabiduría de la vida, una razón ética, que no puede ser
exiliada del ámbito público. La voz moral de
Hay en la nota cuatro puntos calientes que se refieren a
temas vitales para el bien común de la sociedad española, cuatro puntos con
evidente dimensión moral y que han estado en el centro de la acción política
durante la legislatura. La cuestión del laicismo, como exclusión de la
dimensión religiosa de la vida pública; la disolución de los perfiles jurídicos
del matrimonio y de la familia en nuestra legislación; la imposición de
Es evidente que la postura eclesial entra en colisión con la doctrina del PSOE en estos campos (al menos, se suponía, en tres de ellos), pero eso no es ninguna tragedia en una democracia abierta. Es necesario hablar de estas cosas (sí, señor Rajoy, no sólo de la cesta de la compra) y es importante que en este debate no intervengan sólo los partidos. Ninguna de las posibles contradicciones entre la nota episcopal y la política socialista pueden explicar la orgía desatada desde Moncloa y Ferraz. Menos aún la cuestión del terrorismo, en la que los obispos expresan algo en lo que han estado siempre de acuerdo (al menos formalmente) todas las fuerzas democráticas: que la paz no puede tener un precio político, que ETA no puede ser reconocida como interlocutora política del Estado de Derecho. Al PSOE le bastaba con decir: "Es lo que hemos hecho nosotros". A fin de cuentas, ¿no es eso lo que han sostenido los socialistas en todos los debates sobre el particular?
El problema radica en la decisión, ya desembozada, de sacar
a
El propio Zapatero ha entrado de lleno en la refriega,
advirtiendo a los obispos que "en democracia, el máximo poder no lo tienen
los poderosos sino los ciudadanos". Se olvida de que en esta escena el
poderoso es él (legítimamente, pues ha sido democráticamente elegido) mientras
que los obispos representan precisamente a una parte de la ciudadanía: quizás
la que a él más le molesta, pero a la que debe el mismo respeto que a cualquier
otro sujeto social. Gracias a Dios, el único poder que hoy tiene
De todo esto hay que tomar nota, y si el cuerpo aguanta, con
algo de humor. Dice Pepe Blanco que nada volverá a ser igual con
Detrás de las máscaras ideológicas, de los esquemas preconcebidos y de los mensajes envenenados, está la gente; gente con sus esperanzas y temores, con sus oscuridades y dolores, con su deseo de sentido y de felicidad. Debemos salir al encuentro de esa gente, sea cual sea su color político o su condición moral, para mostrarle la racionalidad, la belleza y la verdad del cristianismo. Y eso no hay Zapatero que lo pueda impedir.
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