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“De dioses y hombres”: por la libertad religiosa
Por su interés, reproducimos a continuación este artículo de
opinión del obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla,
publicado este domingo por el Diario Vasco
ForumLibertas.com
25/01/2011 A
estas alturas ya nadie duda de que el cine no es, ni puede serlo,
un arte aséptico en lo que se refiere a los valores o
contravalores que transmite. La proliferación de películas de
marcado acento anticatólico ha sido muy notoria en los últimos años,
pero gracias a Dios, cada vez son más los que, poniendo en práctica
el conocido refrán “más vale encender una luz que maldecir las
tinieblas”, tienen la osadía de realizar un cine de marcada
inspiración cristiana. Se trata de producciones generalmente
modestas en su presupuesto, pero que tienen el acierto de
trasladar a la pantalla, con notable éxito, testimonios reales y
concretos, que contrastan con la abundancia de leyendas negras
difundidas en la filmografía sobre la vida e historia de la
Iglesia.
Este
filme alcanza especial relevancia y actualidad, por el hecho de
que su llegada a España ha coincidido con un momento de notable
recrudecimiento de la persecución y el exterminio de las minorías
cristianas de tradición milenaria, en países de mayoría
musulmana e hindú. El destino de estos cristianos, tanto en
Oriente Medio como en Oriente, se torna cada vez más dramático e
incierto, a raíz de la confluencia de tres circunstancias: el
resurgimiento de los fundamentalismos, el error y fracaso de la
guerra de Irak, y el olvido de las raíces cristianas en
Occidente. Los cristianos árabes se encuentran en medio de un
peligroso “sandwich”: sospechosos de complicidad con Estados
Unidos, por el mero hecho de ser cristianos; y al mismo tiempo
ignorados por un Occidente laicista que se avergüenza de sus raíces. Recientemente,
el sociólogo Massimo Introvigne denunciaba que el fundamentalismo
islámico y el laicismo, son dos caras de la misma moneda. Sin
pretender comparar lo que ocurre en Oriente y en Occidente, es un
hecho que la libertad religiosa no es respetada ni por unos ni por
otros. En el fondo se trata de un desequilibrio entre fe y razón:
El laicismo de Occidente difunde un racionalismo antirreligioso,
mientras que los fundamentalismos de Oriente impulsan una
religiosidad irracional. En Occidente existe una dictadura del
relativismo, mientras que desde Oriente emergen los fanatismos
intolerantes. El
desarrollo de los acontecimientos está demostrando que, en
nuestros días, el diálogo interreligioso entre una cultura
cristiana y otra musulmana o hindú es perfectamente viable. El
verdadero choque de trenes se produce en el encuentro del
laicismo, por un lado, y el fundamentalismo, por el otro, que se
retroalimentan, hasta el exterminio. Lo malo es que, como dice el
refrán, “cuando dos elefantes pelean, sufre la hierba”. Y en
este caso, los principales perjudicados de esta situación están
siendo las minorías cristianas en países de mayoría musulmana e
hindú. Tanto en Occidente como en Oriente, el antisemitismo del
siglo XX está siendo sustituido en el siglo XXI por un modo de
cristianofobia. El
Papa Benedicto XVI dirigió un mensaje al mundo el primer día de
este año, Jornada de la Paz, con el título de “La Libertad
religiosa, camino par la paz”, en el que recordaba aquellas
palabras del Concilio Vaticano II: “La
libertad religiosa es condición para la búsqueda de Como
conclusión y ejemplo práctico, es emocionante escuchar en la
escena final de esta bella película “De dioses y hombres”, el
testamento que el superior de aquella abadía cisterciense dejaba
escrito antes de su martirio: «He vivido lo suficiente como para
saberme cómplice del mal que parece prevalecer en el mundo;
incluso del que podría golpearme ciegamente. (…) Conozco el
desprecio con que se ha podido rodear a los habitantes de este país
tratándolos globalmente. Conozco también las caricaturas del
Islam fomentadas por un cierto islamismo (…) Mi muerte,
evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado de
ingenuo o de idealista. Pero estos deben saber que, por fin, seré
liberado de mi más punzante curiosidad, y que podré, si Dios así
lo quiere, hundir mi mirada en
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