El papa saluda “con afecto” a los pastores y fieles de la
Iglesia en Ecuador que, dentro del contexto de la Misión
Continental, auspiciada en Aparecida por el
Episcopado Latinoamericano y del Caribe, y en preparación
al VII Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá
lugar en Milán, se proponen llevar a cabo un proceso de reflexión
del Evangelio "que permita a los matrimonios y hogares
cristianos responder a su identidad, vocación y misión".
El tema del congreso, afirma el papa “reconoce que la
familia, nacida del pacto de amor y de la entrega total y sincera de
un hombre y una mujer en el matrimonio, no es una realidad
privada, encerrada en sí misma”.
“Ella por vocación propia presta un servicio maravilloso y
decisivo al bien común de la sociedad y a la misión de la
Iglesia”, añade.
Subraya que “la sociedad no es una mera suma de individuos,
sino el resultado de relaciones entre las personas, hombre-mujer,
padres-hijos, entre hermanos, que tienen su base en la vida familiar
y en los vínculos de afecto que de ella se derivan”.
“Cada familia entrega a la sociedad, a través de sus
hijos, la riqueza humana que ha vivido. Con razón se puede
afirmar que de la salud y calidad de la relaciones familiares
depende la salud y calidad de las mismas relaciones sociales”.
Reconoce el papa, comentado el tema del congreso que “el
trabajo y la fiesta atañen particularmente y están hondamente
vinculados a la vida de las familias: condicionan sus elecciones,
influyen en las relaciones entre los cónyuges y entre los padres e
hijos, e inciden en los vínculos de la familia con la sociedad y
con la Iglesia”.
A través del trabajo, “el hombre se experimenta a sí mismo
como sujeto, partícipe del proyecto creador de Dios. De ahí que la
falta de trabajo y la precariedad del mismo atenten contra la
dignidad del hombre, creando no sólo situaciones de injusticia y de
pobreza, que frecuentemente degeneran en desesperación,
criminalidad y violencia, sino también crisis de identidad en las
personas”.
Y urge a que “surjan por doquier medidas eficaces,
planteamientos serios y atinados, así como una voluntad
inquebrantable y franca que lleve a encontrar caminos para que todos
tengan acceso a un trabajo digno, estable y bien remunerado,
mediante el cual se santifiquen y participen activamente en el
desarrollo de la sociedad, conjugando una labor intensa y
responsable con tiempos adecuados para una rica, fructífera y
armoniosa vida familiar”.
“Un ambiente hogareño sereno y constructivo –afirma
Benedicto XVI--, con sus obligaciones domésticas y con sus afectos,
es la primera escuela del trabajo y el espacio más indicado para
que la persona descubra sus potencialidades, acreciente sus
ansias de superación y dé curso a sus más nobles aspiraciones.
Además, la vida familiar enseña a vencer el egoísmo, a nutrir la
solidaridad, a no desdeñar el sacrificio por la felicidad del otro,
a valorar lo bueno y recto, y a aplicarse con convicción y
generosidad en aras del bienestar común y el bien recíproco,
siendo responsables de cara a sí mismos, a los demás y al medio
ambiente”.
En cuanto a la fiesta, el papa señala que “humaniza el tiempo
abriéndolo al encuentro con Dios, con los demás y con la
naturaleza”.
De ahí que las familias necesiten “recuperar el
genuino sentido de la fiesta, especialmente del domingo, día del Señor
y del hombre”.
“En la celebración eucarística dominical, la familia
experimenta aquí y ahora la presencia real del Señor Resucitado,
recibe la vida nueva, acoge el don del Espíritu, incrementa su amor
a la Iglesia, escucha la divina Palabra, comparte el Pan eucarístico
y se abre al amor fraterno”, subraya.
Reiterando su “cercanía y cordialidad” a los ecuatorianos,
el papa confía los frutos de este congreso “a la poderosa
intercesión de Nuestra Señora de la Presentación del Quinche,
celestial patrona del Ecuador” e imparte a todos los presentes la
bendición apostólica.