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Decálogo orientativo para iniciativas pastorales en la web
Tablones de anuncios y hojas parroquiales no son la única
actividad que cada vez más impulsan comunidades o sus pastores en
internet. Los ponen en alguna red social y suelen ser más leídos,
comentados y compartidos, y enriquecen la experiencia de fe de miles
de personas
Jorge Enrique Mújica, LC
09/01/2012 Quien
ha tenido la experiencia de participar activamente en la vida de
una iglesia católica, incluso quien sólo lo ha hecho de modo
excepcional, como turista o «católico de ocasión» (por razón
de una boda, primera comunión, etc.), habrá podido advertir la
presencia del todavía tradicional tablón de anuncios. En él se
exhiben los más variados avisos que van desde la mención del próximo
matrimonio hasta el cómo entrar vestidos al recinto, pasando por
las fechas de las próximas pláticas para confirmaciones o la
conferencia de algún erudito que estará de paso por la zona. Hay
algunas iglesias que han colocado su «tablón de anuncios» en
espacios digitales sin renunciar al tradicional. Otras incluso su
hoja parroquial. Los han puesto en alguna red social y se han dado
cuenta que suelen ser más leídos, incluso más comentados y
compartidos. Ciertamente
los tablones y las hojas parroquiales no son la única actividad
que de forma cada vez más constante y numerosa impulsan
comunidades o sus pastores en internet. La web no es una
moda pasajera, una tendencia o una manera de pasar el tiempo: es
una forma de intercomunicación genuina que en no pocos casos ha
venido a enriquecer y redimensionar la experiencia de fe de miles
de personas. El
trabajo cada vez más numeroso de parroquias o líderes
religiosos, sin embargo, parece encontrarse en no pocas ocasiones
con problemas de desarrollo que hacen menguar el esfuerzo al no
ver «resultados cuantificables» e inmediatos. ¿Hay algún método
que ayude a estos grupos o individuos a aumentar el impacto de su
ministerio on line? Sin perder de vista que el factor «éxito»
en iniciativas confesionales sigue la dinámica de la fe, que
implica la gracia, podemos esbozar al menos un decálogo
orientativo: 1.
Animar a que los usuarios generen contenidos Las
redes sociales borraron la barrera entre el emisor y el receptor:
ahora todos somos capaces de ser generadores y, en cierta medida,
somos también receptores. Saber motivar y canalizar ese esfuerzo
puede derivar en contenidos más atractivos y variados en la
oferta de lo que se ofrece desde nuestra comunidad on line.
Esto significa, en la práctica, que no es un individuo quien lo 2.
Hacer «compartible» lo que se produce Quien
piensa en la web actual piensa necesariamente también en
compartir: en el «me gusta» de Facebook, en el «retuitear» de
Twitter, en el «+1» de Google+ o en el «rebloguear» de Tumblr;
de ahí que ya antes de publicar contenido se deba pensar en cómo
lo compartiría la gente. Entre más difícil sea hacerlo los
visitantes se desinteresarán por volverlo a intentar. Actualmente
las plataformas de redes sociales ofrecen todos esos recursos: en
Facebook puede consultarse la parte de desarrolladores (véase
este
enlace)
y es sobradamente conocida la plataforma http://www.addthis.com/. 3.
La interacción Se
dice que un espacio está vivo no por la cantidad de comentarios
que suscita sino por las respuestas por parte del autor de los
contenidos a esos eventuales comentarios. En otras palabras, la
interacción entre quien lee y quien publica es un indicador tanto
de la vivacidad del proyecto como de la atención que merecen
quienes intervienen por medio de esos canales de participación. 4.
La oferta de contenidos de valor Lanzar
una iniciativa en la web implica «enfrentarse» -al menos
indirectamente- a grandes portales que producen contenidos de altísima
calidad. Existe una más o menos extendida valoración negativa
sobre las iniciativas confesionales porque, en no pocos casos,
producen materiales de escaso valor audiovisual o con lamentables
faltas gramaticales. Crear
contenido implica tiempo de reflexión. Y en el ámbito de la web
2.0 el contenido avanza cada vez a lo audiovisual que a lo
exclusivamente textual. La oferta de contenido en proyectos
confesionales no debe perder de vista que son espacios que deben
mover a un paso ulterior en el camino de fe de los visitantes: al
encuentro con Dios como miembro de una comunidad. 5.
Estrategia contra improvisación Hay
que plantearse metas, trabajar por objetivos, tener claro qué se
quiere lograr, qué se irá haciendo para alcanzarlo y la motivación
de fondo para alcanzarlo.
La
gente lee cada vez menos. Si a textos largos se añade un
vocabulario complicado la garantía de fracaso está asegurada.
Pensar en qué nos gustaría encontrarnos a nosotros mismos y
apostar por lo útil, práctico y breve (de hecho la gente «consume»
más video que texto). 7.
El termómetro Para saber cómo se va nada mejor que alguien más que nos lo diga. Actualmente hay diferentes herramientas-medidores que nos dicen quiénes, de dónde y cuánto tiempo ingresan las personas a los portales. Eso puede ayudar a conocer qué contenidos son los más leídos, los que más comentarios o reacciones suscitan, lo que puede servir como planeador o hacia dónde se pueden enfocar los esfuerzos. Por su practicidad y porque son gratuitos mencionamos a http://www.shinystat.com/es/, http://www.clustrmaps.com/ y Google Analytics: http://www.google.com/intl/es/analytics. 8.
Disponibilidad Para
hacer ajustes en la marcha y flujo constante de buenos contenidos,
también de otros, incluso desconocidos, pero que estén en sintonía
con el propio proyecto. 9.
Paciencia En
el trabajo pastoral on line no hay resultados inmediatos.
Suelen transcurrir de cinco a seis meses para comenzar a notar que
las cosas avanzan. 10.
Rece mucho Rece
para que se cumpla la voluntad del Señor y para que usted sepa
reconocerla y aceptarla. Su proyecto no es suyo, es de Dios. Si es
«suyo» entonces sí preocúpese. Si es de Él sepa que los números
no son lo que a Dios más le interesa (lo que no significa dejar
de poner cuanto está de la propia parte para que un proyecto
confesional dé lo mejor de sí).
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